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301

Véase A. Rumeau, «Una travesura de Larra o dos dramas y una comedia a un tiempo», Ínsula, núms. 188-189 (1962), pág. 3.

 

302

Memorias, ed. cit., pág. 157 b.

 

303

Ob. cit., pág. 28.

 

304

«Larra’s Duende», pág. 42.

 

305

Obras, I, 11.

 

306

Vid. A. González Palencia, ob. cit., III, págs. 113-14.

 

307

Obras, I, 39 a.

 

308

«Bajo el aspecto político -según Mesonero Romanos-, este biforme personaje era un tipo especial de volubilidad y travesura»: Godoy lo envía de diplomático a Constantinopla, José Bonaparte lo nombra redactor de la Gaceta de Madrid, tiene que emigrar a Francia donde el Duque de Orleáns, después rey Luis Felipe, le proporciona un puesto en su Biblioteca; corifeo de los liberales en el trienio constitucional, no desaprovecha la ocasión de hacer el juego al Duque de Angulema cuando los franceses vienen a restaurar el Absolutismo. Los méritos que hizo en el Correo Literario y Mercantil, y «por la mediación del ministro Ballesteros», le valieron para publicar por su cuenta las Cartas Españolas a pesar del privilegio exclusivo que tenía el editor del Correo. Al morir Fernando VII, «Carnerero, obediente como un girasol -concluye Mesonero su semblanza-, fundó el periódico La Revista Española, hallando en ella el medio de prodigar el humo de su incienso a los diversos matices políticos que se sucedieron...». (Memorias, ed. cit., pág. 179 a). Véase también M. Roca de Togores, Bretón de los Herreros, Madrid, 1883, págs. 147-48.

 

309

Obras, I, 57 b. Luego, siendo Larra redactor de La Revista Española, dirigida por el mismo Carnerero con quien ahora polemiza tan violentamente, se refiere a la «coquetería» de su periódico en un comentario sobre la fusión de La Revista y El Mensajero de las Cortes, es decir, a la alianza de Carnerero con Alcalá Galiano.

 

310

«Un periódico del día, o el Correo Literario y Mercantil», Obras, I, págs. 36-47.