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281

Ibíd., 30 b. La primera impresión conocida del panfleto citado por el Duende tiene la siguiente portada: Pan, y Toros. Oración apológica [sic], que en defensa del estado floreciente de España en el reynado de Carlos IV, dixo en la plaza de toros de Madrid, D. G. M. de Jovellanos. Madrid. Por don Santiago Fernández, año de 1812. Citamos por esta primera impresión. El párrafo reproducido por Larra se halla en la página 27. Se hicieron numerosas reimpresiones, como puede verse en el artículo cit. de François Lopez, y en Milton A. Buchanan, «Pan y Toros. Bread and Bulls», MLN, XX (1905), páginas 146-48. Las ediciones más recientes son las de Vicente Lloréns, en el Boletín del Seminario de Derecho Político. Universidad de Salamanca, núm. 27 (1962), págs. 159-166, y la de Antonio Elorza, en el volumen Pan y Toros y otros papeles sediciosos de fines del siglo XVIII, Madrid, 1971.

 

282

Obras de Jovellanos, ed. cit., II, pág. 179, nota de C. P., y pág. 266, nota del ed. Véase el «Discurso preliminar» de Cándido Nocedal en ibíd., I, pág. XII; Julio Somoza, Las amarguras de Jovellanos, Gijón, 1889, páginas 33 y sigs., e Inventario de un jovellanista, Madrid, 1901, págs. 73-75.

 

283

La historia clandestina de la Oración apologética puede verse en la obra citada de R. Herr (págs. 272-79) y sobre todo en el artículo citado de François Lopez, que atribuye el discurso satírico a León de Arroyal.

 

284

Según los pasajes publicados por François Lopez (art. cit., págs. 259-61) de los informes enviados por el Canciller de la Universidad de Salamanca al Consejo de Castilla. El Canciller informa que las ideas de los filósofos modernos adoptadas por el «espíritu de pura naturaleza independiente y libre» del profesor Salas, le han hecho «creer a rostro firme que el hombre es y debe ser independiente de otro hombre y que la potencia del Príncipe, y la subordinación del súbdito es una invención tiránica, y violenta al Estado natural y social de los Hombres» (loc. cit.). También se le acusaba a Salas de ser autor de la traducción de los Diálogos del A. B. C., de Voltaire, muy leídos en los círculos universitarios de Salamanca. Fue preso, condenado a abjurar de levi, absuelto ad cautelam y desterrado cuatro años, el primero de los cuales lo tuvo que pasar en un convento donde le vigilaron su conducta religiosa. Véase R. Herr, ob. cit., y Antonio Elorza, «Nota introductoria» a la ed. cit., págs. 8-9.

 

285

François Lopez, pág. 258, nota 7.

 

286

M. A. Buchanan, «Further Notes on Pan y Toros», MLN (1925), págs. 32-33. También nos informa en este artículo de una copia manuscrita con la fecha de 1804.

 

287

Ed. cit., págs. 375-377. Que sepamos, ésta es la primera vez que aparece la Oración apologética con el título de Pan y Toros. Como la disertación de Vargas Ponce es de 1807, el escrito ya debía de circular antes con dicho título. Es evidente, por lo tanto, que el nuevo título no es una invención de don Santiago Fernández, primer impresor del panfleto, cuando intentó publicarlo ya en 1809 durante la ocupación francesa, según asegura François Lopez: «l’oeuvre publiée à Madrid par Santiago Fernández n’avait de nouveau que son titre: Pan y Toros [...] Cette modification du titre est sans doute une heureuse trouvaille de l’éditeur qui, on le sait, voulut donner encore plus d’attrait à sa brochure en l’attribuant à Jovellanos» (pág. 263). A nosotros nos parece lo más probable que la atribución a Jovellanos se produjera cuando se añadió el nuevo título, quizá entonces se quitara la última letra de las cinco (D. G. M. J. S.) con que designa el autor la copia manuscrita referida por el decreto de 1796 que incluye la Oración apologética en el Índice inquisitorial. La atribución a Jovellanos cuando éste se hallaba detenido en el castillo de Bellver, de Mallorca, contribuiría a acentuar el carácter de protesta y la actualidad de aquel papel clandestino. Recordemos que, según Carlos Posada, la atribución se debía a «la malicia de algunos de sus enemigos con el ánimo de perderle». Los que no eran sus enemigos, sin ser tampoco amigos, pero querían aprovechar el nombre del Jovellanos perseguido como enseña de oposición, pudieron favorecer el enredo. Como dice F. Lopez, «venant d’un auteur aussi prestigieux, et contenant une impitoyable satire de l’Espagne de Charles IV, elle ne pouvait qu’être accueillie avec enthousiasme par les libéraux» (loc. cit.). Algunos años antes de que estos «liberales» recibieran tal designación política, tendrían más motivos aún para acoger con entusiasmo, clandestinamente, una sátira contra la España de Carlos IV, firmada por un autor que además de ser muy prestigioso era un político injustamente perseguido por aquella España satirizada en el discurso. No es de extrañar que, en tales circunstancias, Vargas Ponce, que sí era amigo de Jovellanos y tenía que saber que él no era el autor, no lo nombrara en relación con Pan y Toros, ni siquiera para negar la atribución. Decimos que no es de extrañar, pues en el mismo apéndice incluyó Vargas, sin nombrar al autor, la sátira que en 1797 había sido publicada en el Diario de Madrid con las iniciales J. Ll., con las que Jovellanos solía, a veces firmar (E. Helman, Jovellanos y Goya, ob. cit., pág. 73 y especialmente la nota 3 de las págs. 87-88).

 

288

Art. cit., págs. 255-56. Para la traducción inglesa véase Milton A. Buchanan, «Pan y Toros. Bread and Bulls», págs. 145-148. Vicente Lloréns, en la breve nota preliminar a su edición citada, indica que el Quarterly Review de Londres, en octubre de 1813, extractó y comentó la traducción de Pan y Toros juntamente con el discurso de Ruiz de Padrón contra la Inquisición, traducciones que habían aparecido conjuntamente en un volumen.

 

289

Ob. cit., pág. 277.

 

290

Art. cit., págs. 267-268.