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Archivo de las Órdenes Militares, expedientes números 542 de Alcántara y 2.008 de Calatrava. En ellos constan los pormenores expuestos arriba. Véase también Berní y Català: Creación y antigüedad de los títulos de Castilla, fol. 317; Salazar y Castro (Casa de Lara, II, 729) y López de Haro (Nobiliarios, I, 336), que amplían algo esta ascendencia. L. de Haro, que la remonta hasta el siglo XIV, mezclando los apellidos Moscoso, Figueroa y otros, supone que el primero de esta familia que hizo asiento en Málaga fue un Gómez Suárez de Figueroa, que se casó con una hija de Gutierre Lasso de la Vega Fuensalida, comendador de los Bastimentos. Que de ambos procedió Gutierre Lasso de la Vega, caballero de Santiago, casado con doña Guiomar Manrique, hija de don Iñigo, primer alcaide de Málaga, en cuya conquista tomó parte; quienes, a su vez, procrearon a don Luis Lasso de la Vega, caballero de Santiago, marido de doña Francisca de Córdoba, hija de don Luis de Guzmán, marqués de Ardales.

De este don Luis y su mujer nació el abuelo de nuestros poetas que, según Haro, casó, no en Córdoba, como expresan las Pruebas, sino en Écija, con doña Ana de Figueroa, «hermana de don Luis Gómez de Figueroa, el de Córdoba». Y, al decir de este genealogista, de ellos fueron hijos don Luis Lasso, caballero de Santiago; don Gómez de Figueroa, caballero de Calatrava; don Juan de Córdoba «y otros hermanos».

Pero Salazar y Castro completa esta genealogía diciendo: que del don Gutierre Lasso y doña Guiomar Manrique nacieron: 1.°, «Don Luis Lasso de la Vega, señor de Puertollano, progenitor de los Condes de este título; 2.°, don Gómez de Figueroa, que fue arcediano de Antequera en Málaga, y yace en la antesacristía del monasterio de Nuestra Señora de la Victoria, de Málaga, cuyo patronato dejó a la casa de su padre; 3.º, don Iñigo Manrique; 4.º, don Gutierre Lasso; 5.º, don Bernardino de Figueroa; 6.°, don Pedro Lasso de la Vega, todos religiosos; 7.º, doña Isabel Carrillo, señora de Miranda de Anta, y 8.°, doña Ana Manrique, señora del Colmenar».

Don Luis, señor de Puertollano, casó con doña Francisca de Córdoba, su tía; y fue su hijo, entre otros, don Gutierre Lasso de la Vega, casado con doña Ana de Figueroa, hija de don Gómez de Figueroa, señor del Encinar, y de doña Lucrecia Mesía, de Granada.

Hijos de ambos fueron: 1.°, don Luis Lasso de la Vega, primer conde de Puertollano; 2.º, 3.º y 4.º, doña Lucrecia, doña Catalina y doña María, las tres monjas en la Paz, de Málaga; 5.º, don Pedro Lasso de la Vega, caballero de Alcántara (1621), que se casó con doña Elena Lasso, su sobrina, hija del Conde, su hermano; 6.°, doña Ana de Figueroa, casada en Almería con don Jerónimo Briceño de la Cueva; 7.º, don Gómez de Figueroa, casado con doña Ana de Francia; 8.°, don Juan de Córdoba, caballero de Santiago (1616), que se casó primero con doña Luisa de Francia y Medina (hermana de la madre de nuestros dos poetas) y segunda vez con doña Juana Enríquez; 9.º, doña Francisca de Córdoba, que se casó primera vez con don García Méndez de Sotomayor y en segundas nupcias con don Diego Leonardo de Argote, señor de Cabriñana y Villarrubia.

El Conde de Puertollano tuvo mucha descendencia y recogió también el Marquesado de Miranda de Anta. Una hija del 5.°, don Pedro, llamada doña María Antonia Lasso, casó con don Gómez de Figueroa, marqués de Vegaflorida, sobrino carnal de nuestros don Diego y don José de Figueroa.

Este conjunto de nombres, que nada dicen a la memoria ni al entendimiento, muestran, sin embargo, mejor que una disertación el ambiente social y de familia en que nacieron y vivieron los poetas cuya biografía trazamos.

 

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Libro de Bautismos de la parroquia de San Lorenzo de Sevilla, correspondiente a dicho año, folio 250.

 

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Véase la anterior genealogía.

 

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No fueron los únicos. Salazar y Castro (Casa de Lara, II, 734) les atribuye otros dos: 1.°, don Pablo de Figueroa, caballero de Calatrava (1633), que se casó con doña Constanza de Lara y Biedma, y de ambos fue hijo don Gómez de Figueroa, marqués de Vegaflorida, caballero de Santiago (1648), residente en Sevilla, que se casó con su tía y prima a la vez doña María Antonia Lasso, como queda dicho, y 2.°, doña Beatriz de Figueroa, de quien no hay noticias. Del matrimonio del Marqués de Vegaflorida con doña María Antonia, nació un don Pedro Lasso de la Vega. Pero se equivoca Salazar en cuanto al orden de nacimiento, que pone así: don Pablo, don José, don Diego y doña Beatriz.

En las pruebas del hábito de don José de Figueroa y Córdoba (Calatrava, 12968) se citan, además, un don Pedro Lasso, con su hijo don Antonio José Lasso de la Vega, al cual llama el poeta sobrino suyo, y a un don Gutierre Lasso de la Vega, que también hallamos recordado en las pruebas de Santiago de su otro sobrino, el don Gómez, hijo del don Pablo que sigue. De ninguno de ellos tenemos noticias. Don Pablo, que era el mayor, nació en Sevilla, hacia 1615; vivió en esta ciudad; se casó donde y como dice Salazar, siendo la doña Constanza hija de don Cristóbal de Biedma, familiar del Santo Oficio y de doña Gregoria de Lara, los dos sevillanos. Hijo de ambos fue el citado don Gómez de Figueroa Lasso de la Vega, que nació en Sevilla y fue bautizado en la parroquia de la Magdalena el 5 de septiembre de 1635. Su padre, que había obtenido, siendo de diez y ocho o de veinte años, el hábito de Calatrava, en 1633 (expediente número 12.970), sacó para su hijo en 1648 el de Santiago (expediente número 3.073). De modo que fueron, entre todos, seis los hermanos de nuestros poetas.

 

5

La acción de esta comedia pasa en Salamanca, de cuya ciudad se citan lugares poco notables, como la mesa de trucos de la calle del Lobo y personas de entonces, según se ve en este pasaje del final, en que recuerda un popular dentista llamado el Rubio de la Plaza.

La mención de tal personaje sólo puede ocurrirse al que lo haya visto.

En otro lugar, al principio, se alude también a cosas universitarias. Dice Juana:


   Transformándonos el traje
y sexo, nos dejó hechas:
a usté un pulido estudiante
de alcorza, de nieve y perlas,
y a mí un gorrón, parecido
al capón de las comedias.
Sin decirnos dónde vamos,
sale de aquesta manera
a pasear de Salamanca
las calles, sin ver que arriesga,
en las barbas y el andar,
que nos conozcan por hembras,
y que quizá el Juez de Estudio
dé con las dos en la trena,
por embaidoras de leyes
y adúlteras de la Escuela.



 

6

En La Hija del mesonero, cuyas primeras escenas se desarrollan también en Salamanca, dice don Juan (acto I):


   Un mes habrá que llegamos
de Burgos a esta ciudad,
insigne Universidad
donde ya de asiento estamos.
Apenas hemos tenido
tiempo de ver sus grandezas,
y ya enojado tropiezas
en que no hemos aprendido
todo el Derecho civil...



 

7

En A cada paso un peligro, que toda ella sucede en Salamanca, dice don Gaspar (página 7):


   Pero antes que la justicia
venga a examinar cruel
los vecinos de este barrio,
vámonos a la Merced,
pues está cerca de aquí.



Que esta comedia es obra de la juventud de don Diego lo demuestra el pasaje (página 18) en que dice Inés:


   Esta dama
fue hija de don García,
aquel capitán de fama
que murió en Fuenterrabía.



Recordar este suceso muestra que era reciente cuando el poeta escribía, porque no mucho después ocurrieron otros importantes, como la batalla de Rocroy (1643), a que referirse con aquel objeto, pues en ella murieron muchos buenos españoles y alguno, como veremos, pariente del mismo don Diego.

 

8

En esta comedia, en que también una mujer se disfraza de hombre, aquí de soldado, supone el poeta que trata de embarcarse en San Sebastián para Flandes con el Conde de Fuentes, en 1595, y va describiendo el país por donde pasan la heroína y su criada:

LOPE.-
   Aguarda
que al monte llegado habemos
de nuestra villa...
....................
LOPE.-
   Desde aquí
cinco leguas está el puerto
de San Sebastián, adonde,
Martín, nos embarcaremos
con el gran Conde de Fuentes.
MARTÍN.-
Tolosa ha de estar en medio
del camino; allí podrás
descansar...
LOPE.-
Esta es la playa
de San Sebastián; en ella
hablaré al Conde de Fuentes...
JUANA.-
¡Qué hermoso está el mar !
LOPE.-
   Parece
que las olas lisonjean
al viento, pues blandamente
se mecen a sus mareas.
MARTÍN.-
¡Dios me libre dél!
JUANA.-
   ¿Por qué?
MARTÍN.-
Porque no tiene más vueltas,
un cochero, si se enoja.


Habla de la costumbre que tenían los mozos y mozas de formar grupos de baile en la playa y hasta imita un romancillo de cantar:


   La niña de plata
por la playa vuela
y con dos jazmines
florece la arena.
De bailar se cansa,
y el aura halagüeña
a soplos le enjuga
lo que suda en perlas.



Nada de esto se recuerda sin haberlo visto.

 

9

Así lo afirma Calderón en su comedia No hay cosa como callar.

 

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Jornada I.