41
Cf. Vargas Hugarte (1947: X, XII), Cáceres (1975: 120, 1990a: 223), García-Abrines (1993: 11-12).
42
Cf. M. L. Cáceres (1990a: 221-222).
43
Hace buen tiempo, L. Coldmann (1969: 23) constataba que: «A la luz de las ciencias humanas contemporáneas, la idea del individuo en tanto que autor último de un texto y, en particular, de un texto importante y significativo, aparece cada vez menos sostenible. Desde hace algunos años, toda una serie de análisis concretos demuestran, en efecto, que sin negar ni al sujeto ni al hombre, estamos obligados a reemplazar al sujeto individual por un sujeto colectivo o transindividual»
.
44
Por ejemplo, D. R. Reedy (1993: XI) asegura que su propia edición caviedana no es expurgada pero, como hemos visto, desmerece los mismos poemas que rescata.
45
J. G. Johnson (1993: 100, 105) hace una leve mención a estas isotopías, pero siempre se termina por barnizarlas, efectivamente, concluye que «Caviedes crea su admirable humor y transmite su más serio mensaje»
...
46
Esto lo comprendió bien C. J. Cela al incorporar en su Diccionario secreto numerosas voces del Corpus caviedano.
47
La relación que sigue tiene en cuenta los documentos mencionados por G. Lohmann Villena (1990a: 13-90).
48
L. García-Abrines Calvo (1993: 23) transcribe el fol. 75 del Libro tercero de velaciones del archivo de la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, y en él la partida de velación de los padres de Caviedes con fecha 8 de febrero de 1640, es decir, cuatro años antes de la fecha señalada por Lohmann Villena.
49
A. Alonso (1967: 202) escribe: «Habiéndose casado Juan del Valle a los seis años de su llegada al Perú, hemos de admitir que no era un niño (como se suele decir) cuando dejó su patria andaluza»
.
50
En cuanto al nombre «Juan Cabiedes»
que aparece en la portada del primer manuscrito de la Biblioteca de la Universidad de Yale (Signatura 158) junto a la fecha «Año de 1689»
, García-Abrines Calvo en J. del Valle y Caviedes (1993: 125, n. 1) sostiene que «de haber querido el poeta dejar fe de su nombre en la portada, habría escrito sencillamente Juan del Valle y Caviedes, lo mismo que hizo en sus dos poemas, publicados en vida, en Lima, en 1688 y en 1689, o como firmó en su testamento. ¿Por qué Caviedes y no Valle y Caviedes? ¿Quién reconocería a Quevedo en un don Francisco Gómez? ¿No me llaman a mí Abrines?»
(las itálicas son del original). Por lo visto, García-Abrines no tiene en cuenta la eliminación del apellido paterno «del Valle» en los documentos notariales de la época.