1
M. Proust (1987: 19).
2
R. Barthes (1971: 185)
3
En los últimos tiempos se reincide -por enésima vez- en la rancia acusación iniciada en 1947 (cf. J. G. Johnson, 1993: 87). L. García-Abrines (1993: 12) encuentra que «el manuscrito que usó Palma (lo mismo que Odriozola) es el que hoy posee la Universidad de Yale. Palma, en el párrafo omitido mencionado, dice que había 'en la primera pájina del manuscrito una lijera noticia biográfica de Caviedes'. Esto es completamente falso»
. Pero, en realidad, R. Palma (1899b: 336) declara que la «hoja suelta»
con dichos datos le fue sustraída en 1859 (cf. D. R. Reedy, 1982: 295, 1984: XII), por lo tanto no puede encontrarse actualmente en el manuscrito de Yale. R. Vargas Ugarte (1947: XVI) ya afirmaba que «Palma tejió una breve biografía del poeta, aprovechando datos que, según él mismo, aparecían transcritos en una hoja del manuscrito que llegó a poseer», hoja que «enhoramala le fuera sustraíd[a]»
(G. Lohmann Villena, 1990a: 17, 19). Además la Madre M. L. Cáceres (1975: 22-23, n.) transcribe una pseudobiografía de Caviedes «encontrada en la Biblioteca de Avilés en Asturias [...] probablemente en algún diccionario o catálogo de autores españoles»
que es exactamente, término a término, la fuente que tal vez pudo (plausiblemente) usar Palma para elaborar su tan ninguneada «invención» biográfica (es dable, en efecto, que una copia suelta de esta pseudobiografía se encontrase entre la primera página y la tapa en pergamino del manuscrito de Yale cuando Palma lo examinó).
4
R. Vargas Ugarte (1947: XII). Los improperios contra Palma encuentran su vértice en la escritura de García-Abrines (1993: 12) que, dicho sea de paso, reparte a diestra y siniestra «abrazos crujientes»
a los varones y «con generosidad y ternura de jota aragonesa»
a las mujeres. El habla del «gran engaño de Ricardo Palma, una traición del autor de las tradiciones»
desconociendo el hecho de que Palma no pudo cotejar sus datos con los documentos de hoy y que su proceder tenía como fin divulgar los infolios en su poder con muchas menos correcciones que cualquiera de los exegetas actuales (cf. R. Palma, 1899b: 336); por lo demás, García-Abrines deja sin cargo a L. A. Sánchez y A. Tamayo Vargas quienes, eludiendo su responsabilidad, copiaron sin reparos esa pseudobiografía, asegurándola, igualmente, con su decantado «historicismo» (cf. M. L. Cáceres, 1990b: 918; E. Ballón Aguirre, 1986).
5
C. Bellini (1966: 154).
6
Por su parte D. R. Reedy (1982: 296) alude a la exclusión de «trozos poco delicados de algunos poemas»
.
7
Así lo llama Arias Larreta (1970: 261).
8
Menéndez y Pelayo (1913: 196, 1928: CCXIII) no avala ninguna «criba» de los textos caviedanos.
9
Vargas Ugarte (1946: XX, n. 2) consigna también, en apoyo de su punto de vista, un pasaje del artículo de J. M. Gutiérrez sin puntualizar explícitamente su fuente. En efecto, Vargas Ugarte modifica a su talante el texto que cita: «Mayor ejemplo de probidad literaria nos dio el ya citado Juan Mana Gutiérrez que se expresaba así en su estudio sobre Caviedes: 'El ejemplo de los editores españoles de las obras de Góngora y de Quevedo nos permitiría reproducir, cuando menos en parte, otras sátiras de Caviedes, tanto sobre vicios comunes como sobre defectos de determinadas personas, pero no queremos echarnos encima [en el original: "arrostrar"] la responsabilidad de hacer Trobar [en el original: "brotar"] a un tiempo el rubor en el rostro de la inocencia [en el original: "a un tiempo en el rostro de la inocencia el rubor de la modestia ofendida»] y la risa, imposible de contener ante las felices y saladas ocurrencias del mordaz limeño'"
, cf. J. M. Gutiérrez (1863: 7). Sin embargo, el mismo Gutiérrez (1863: 8) no sólo indica los títulos de los poemas que suprime (como Vargas Ugarte, 1947: XX, n. 3) sino que menciona «los primeros versos de ellos, para descargo -dice- de nuestra conciencia de historiadores»
.
10
Advirtiendo que su tesis tiene un objeto «estrictamente literario»
la Madre Cáceres (1975: 149 n.) omite «el texto de dos o tres composiciones de contenido repugnante que por lo demás se hallan reproducidas en otros manuscritos. Me permito esta omisión porque no se trata de una edición facsimilar ni de la recopilación de las obras completas del poeta, en cuyo caso, sí deben ser transcritas con integridad textual»
, como efectivamente sucede en su edición de 1990 de la obra atribuida al vate.