1
El término «lays» es intraducible. Del latín lendus y del godo linthon, es uno de los vocablos provenzales y catalanes más antiguos, en que se resume la «Gaya Ciencia». Primitivamente el «lay» fue canción que se cantaba acompañada del arpa, construía generalmente en versos de ocho sí. Luego pasó a ser género histórico y narrativo, especie de crónica versificada y adornada; de esta suerte degeneraron las antiguas canciones de caballería, de cruzada y de amores. En tiempo de Ramón Lull los «lays» se construían en estrofas de diverso metro y distinto número de versos. «Lays» famosos son las canciones de los Caballeros de la Tabla Redonda, la del Rey Artús etc., conservándose asimismo numerosos «lays» que no son sino alegorías religiosas.
2
Es una invocación a la Trinidad, evocando sabiamente al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo en su existencia esencial y operación infinita de paternidad, filiación y espiración. El estudio, la defensa y la exposición del misterio de la Trinidad ocupan muchas páginas en el «Opus», Iuliano. Llamó con el nombre de «Santísima Trinidad» al colegio que fundó en Miramar, de lenguas extranjeras, para misioneros (el primero del mundo y de la historia), gracias al mecenazgo del buen rey de Mallorca Jaime II. Este misterio era el centro de todas las controversias que tuvo Ramón Lull con los árabes y los judíos; intentando demostrarlo «per raons necessàries» en su enjundioso «Libre de demostracions» y otros.
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Se ha de distinguir entre juglar y trovador. Era trovador el poeta culto, que componía y tañía en las grandes y pequeñas cortes, amador de damas y poeta de gentileza. Lo fue Ramón Lull siendo paje de Jaime el Conquistador y continuó siéndolo mientras era senescal de Jaime II de Mallorca, hasta su conversión a los 30 años. Juglar era el trovador del pueblo, grosero muchas veces, inculto, pero atrevido, que logró por sus gracias penetrar en los castillos y palacios; y de él se valían con frecuencia los príncipes y barones para ciertos menesteres y aun para obra política, retribuyéndolos espléndidamente. Y así los juglares muy pronto degeneraron en truhanes, alcahuetes, espías y bufones.
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Ramón Lull, hijo y nieto de conquistadores y senescal en una de las floridas Cortes, nunca desmintió su profesión trovadoresca y su amor a la «Gaya ciencia». La conversión a Dios le sorprendió «escribiendo una vana canción para debelar la virtud de una dama bien amada», como él mismo confiesa y se halla en sus dos biografías coetáneas, la «Vita», de que se conservan dos códices, latino y catalán, y las miniaturas, o biografía plástica del «Breviculum», conservado en Karlsruhe. Como San Francisco (cuyo discípulo fue Ramón Lull, hasta el punto de que Chesterton ha dicho de él que fue «el franciscano más auténtico») fue «Juglar de Cristo» en medio de las muchedumbres, así Ramón Lull quiso ser y fue «Juglar de Valor», porque así lo exigía su oficio de «Procurador de infieles».
5
Camino de Viena, donde acudía Ramón Lull para negociar en el Concilio el establecimiento de colegios misionales de lenguas, halló a un canónigo o clérigo bonvivant que también acudía al Concilio con otros fines muy distintos, cuales eran los de obtener prebendas que llegar a sus sobrinos y enriquecer a su familia. Trabaron conversación, y al ver que Ramón Lull intentaba disuadirle de sus vanos propósitos y ganarle para la causa del apostolado, el clérigo, que sólo creía positivo las riquezas, le dijo: «Ya sabía yo, por haberlo oído muchas veces, que vos erais un visionario. Pero ahora veo que estáis loco de remate». Ramón Lull contestó que quizás el loco fuese él; pues lo que le decía eran cosas las más razonables y en cambio carecían de toda razón las cosas que el clérigo le decía. En el dramático libro «Desconsuelo de Ramón» canta «por loco me han tenido muchas veces...» Y en el delicioso libro «Del Amor y del Amado» (el hombre viador y la Sabiduría de Dios, el Dios encarnado para salvar a los hombres, es decir, el Verbum Dei), se hice llamar loco con frecuencia en sus bellísimos versículos: y en efecto, «Dime, loco, preguntaron el Amigo. ¿De quién eres? Respondió: Soy de amor. ¿Quién te ha engendrado? Amor. ¿Dónde naciste? En amor. ¿De dónde vienes? De Amor. ¿Adónde vas? Al amor. ¿Dónde estás? En amor. ¿Tienes algo que no sea amor? Tengo culpas y entuertos con mi Amado. ¿Hallaste perdón en tu Amado? Dijo el Amigo que en su Amado eran misericordia y justicia; y por esto vivía entre amor y esperanza». De esta suerte sublimó al arte de trovar hasta llegar a las más altas y purísimas cumbres de la mística.
6
Es curioso observar que en este «Libre de Contemplació», escrito en los años siguientes a su conversión (un capítulo cada día durante dos años) había ya concebido plenamente su vasto e intenso sistema filosófico, lleno de originalidad. Ideas originales suyas son, por ejemplo, las de la «primera y segunda intención» que sostiene firmemente en multitud de exposiciones filosóficas y morales, dedicando a esta doctrina un tratado especial (Libre d’entenció). En esta doctrina compendia el problema filosófico de la finalidad del universo. La primera intención es el plan divino de la ordenación de las criaturas, según la dignidad divina del fin. Es por ende el fin doctrinal de una prodigiosa teleología universal. Quien por ser libre puede pervertir el orden de las dos intenciones, con esto pervertirá el fin último de las criaturas y de sí mismo. Esta teoría se completa con la doctrina de los «dos movimientos» y consiguientemente con la de la «libertad» o del «Libre albedrío humano». El bien -dice- proviene de cosa existente (divinamente ordenado); el mal de cosa no existente. El mal es privación del fin y del orden; y por ende implica perversión. La libertad reside mayormente en el querer que en el poder y en el saber.
7
Ramón Lull admite «Cinco potencias del alma»: vegetativa, sensitiva, imaginativa, motriz y racional. Sólo en el hombre se encuentran las cinco potencias, porque participa del poderío de las demás criaturas. Admite a su vez los «Cinco sentidos» de la filosofía clásica y a ellos se reducen sus lucubraciones en la primera época de su especulación filosófica. Pero luego acepta y defiende un quinto sentido que denomina «Affatus» (1294), «Liber de affatu seu de sexto sensu humano». Afato, dice, «es aquella potencia por la cual el hombre manifiesta su concepción». El fin, pues, de este sexto sentido es «manifestar la concepción que se hace dentro de la substancia animada y sensible», que en el hombre tiene lugar o se hace «según racionabilidad e imaginabilidad». Es, pues, el sentido del lenguaje; por el cual se hace posible la definición interna intelectual, o sensual, y a su vez su expresión extrínseca, o anuncio de su concepción a las demás criaturas y especialmente al hombre. El animal también acepta y comprende a su modo la obra del «sexto sentido».
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Véase la nota anterior.
La concepción filosófica de las «Cinco potencias» corresponde a un examen general; porque particularmente halla Ramón Lull en el hombre las otras tres potencias o virtudes, que coinciden con la trilogía agustiniana: memoria, entendimiento y voluntad. Según Ramón Lull, todas las cosas, por lo mismo que antes de ser hechas fueron en el Verbum Dei, en la inteligencia de Dios, son semejanzas con respecto a la idea divina; todo da idea y es semejante de Dios en diverso grado; y halla la más vívida semejanza de Dios, es decir de su Trinidad esencial en estas tres potencias superiores del alma humana, que forman la unidad troncal del alma; e inspiraron en el primer período de su especulación, aquella vastísima e intensa concepción de tres Artes (sobre la base fundamental del «Ars Magna»), que son: Ars inventiva veritatis, Arma amativa boni y Ars memorativa; de las cuales nacieron y crecieron frondosos y fructíferos los tres Árboles de Ciencia, de Amor y de Membranza.
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Re-crear, es decir, volver a crear.
10
El «Ars Magna» ha sido objeto de aplicación a la armonía y a la música, como en todas las ciencias, desde las del derecho a las de la medicina y astronomía. Actualmente el gran Iulista de Maguncia doctor Adam Gottron acaba de descubrir deliciosas piezas armónicas muy inspiradas, compuestas con arreglo a los postulados del Ars Iuliana. Ya en 1901 un gran músico, el maestro Vancells, escribió un atinado comentario sobre las normas Iulianas aplicadas a la música, exponiendo en dos cuadros el origen del intervalo de quinta y cálculo de todos los grados por la escala de quintas mayores, la sucesión diatónica por tetracordes, etc.