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61

Art. citado, nota 1 de p. 198.

 

62

Núm. 428 de la colección. De época ya indudablemente visigoda según Da Navascués, J. M.ª, «El epitafio latino del rebbi Iacob, hijo del rebbi Senior», en Atti del Terzo Congr. Intern. di Epigr. Greca e Latina, Roma, 1959, p. 44. Destaca Ferrúa que «el que grabó o dictó el texto griego lo hablaba toscamente y conocía poco la ortografía». En cambio, el latín es bastante correcto, a reserva de algunas formas grecánicas en la onomástica (genitivos Iudanti y Maries).

 

63

Por tratarse en esta contribución precisamente de contactos lingüísticos en la España romana se prescindirá de los que puedan haberse dado entre estas lenguas con anterioridad a la romanización. Y, por razones de unidad, también de los que hayan podido darse con posterioridad a ella en tanto no haya intervenido el latín. Véanse para ello, en este mismo ANRW, los trabajos a que se hizo referencia al comienzo.

 

64

Repito, a este propósito, lo escrito en otra ocasión («La difusión del Cristianismo como factor de la latinización», en Assimilation et résistance à la culture gréco-romaine dans le monde ancien, Bucarest-París, 1976, pp. 271 -282, nota 35): Caro Baroja, J., Los pueblos del norte de la Península Ibérica, San Sebastián, 21973, p. 76: «En toda Guipúzcoa no se ha hallado más que una inscripción latina; en Vizcaya hay tres o cuatro...» Unas cuantas más, hasta 22, agrupa J. Gorostiaga, «El latín de las inscripciones paganas y cristianas de Vizcaya», Helmantica IV 14, 1953, pp. 341-349. Pero la gran mayoría pertenecen a la porción occidental de la actual provincia, que en la consideración de Caro Baroja queda excluida del territorio de habla vasca en la Antigüedad.

 

65

Trabajo citado en la nota anterior, p. 280.

 

66

Michelena, L., «El elemento latino románico en la lengua vasca», Fontes Linguae Vasconum 17, 1969, pp. 183-209. En la nota 26 de mi trabajo recién citado intenté una selección de los que se pueden dar por introducidos por la predicación o culto cristiano (56, que me parecieron bastante seguros). Incluso en ellos se dan diferencias tan acusadas de tratamiento fonético, que se los puede considerar testigos de un dilatado contacto con usuarios del latín.

 

67

Cf. en la Bibliografía los trabajos citados con los títulos Datos para la Filología latina en topónimos prerromanos, Adaptaciones latinas de términos hispánicos y La distribución de los fonemas ibéricos según la transmisión.

 

68

Monumenta Linguae Ibericae, Berlín, 1893, pp. LXXX-LXXXIII, con 39 términos propuestos como hispanismos más o menos seguros.

 

69

Jungemann, F. H., La teoría del sustrato y los dialectos hispanorromances y gascones, Madrid, 1955, pp. 418-424.

 

70

Cf. un corpus de las conocidas hasta la fecha del trabajo en García Bellido, A., «Tessera hospitalis del año 14 de la era, hallada en Herrera de Pisuerga», Boletín Academia Historia 159, 1966, pp. 149-166. Son, probablemente, de lengua céltica en su totalidad los núms. 23, 24 y 27, seguramente de época augústea; contienen elementos de flexión indudablemente célticos los núms. 7 y 10, de los años 14 y 28 d. C., respectivamente; onomástica céltica llega incluso hasta la núm. 20, del 239 d. C.

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