31
Véanse los trabajos de A. Tovar sobra estos fenómenos, citados en la Bibliografía. Acerca de la discusión sobre el mozárabe, el de Sanchís Guarner aludido en la nota 21.
32
Cf. el excepcional elogio de Bucheler, F., a propósito del estro poético del autor del núm. 1.113 de sus Carmina epigraphica (= CIL II 5857 = 3008), hallado en Argavieso, la antigua Labitolosa, al sureste de Osca.
33
Plutarco, Vitae. Sertorius, XIV 3.
34
Cf. Menéndez Pidal, R., Historia de España II, Madrid, 1935, p. 239.
35
Primera edición en 1888.
36
Especialmente pp. LIX-CXXXVIII. En el propio volumen, M. Díaz y Díaz dedica un apartado especial a los Dialectalismos del latín hispánico, pp. 236-250, pero con una actitud, si no escéptica, sí de prudente imparcialidad. Actitud de la que participa D. Alonso en su ya indicado Suplemento a dicho volumen I.
37
Permítaseme anotar que estas tomas de postura pueden darse con independencia de toda actitud personal. Así, el «panromanismo» que acabo de evocar procede de la cita literal del trabajo de J. Gil de que se ha hecho mención en el apartado anterior, trabajo que va dedicado explícitamente «A la memoria de D. Ramón Menéndez Pidal», de la mayoría de cuyas ideas constituye una demostración documental fehaciente.
38
He intentado probarlo a partir de un enfoque teórico general y ejemplificando precisamente con las dos primeras asimilaciones aquí catalogadas en «El “onus probandi” con respecto al cambio lingüístico», Rev. Esp. Ling. 7, 1977, pp. 25-33. En cuanto a la tercera, no tengo sino reiterar la reivindicación de su carácter también exquisitamente latino que había practicado en «Datos para la Filología latina en topónimos prerromanos», Emerita 30, 1962, pp. 263-272.
39
Latín de Hispania. Aspectos léxicos de la Romanización, Madrid, 1968, p. 43.
40
En Actas del V Congreso Español de Estudios Clásicos, Madrid, 1978, 31-130, especialmente pp. 36-40.