Selecciona una palabra y presiona la tecla d para obtener su definición.
Indice


20

La hulla que se consume viene de Newcastle, y casi todas las papas de Falmouth. (N. del A.)



 

21

Teníamos toda clase de especulaciones inglesas en Sudamérica, algunas realmente divertidísimas. Aparte de muchas compañías similares que hallé en Buenos Aires, encontré una de lecheros. Ocurrió de repente a algunos hijos menores de John Bull que, como había numerosas vacas lindas en las Provincias Unidas del Río de la Plata, abundancia de buen pasto, y los porteños carecían de manteca para su pan, respondería admirablemente una compañía para batir leche y producir manteca; y antes que esa idea envejeciese muchos meses, un cargamento de muchachas lecheras escocesas se mecía en las calmas ecuatoriales, en viaje para fabricar manteca en Buenos Aires. Cuando palpitaban o suspiraban (pues no podían salir a cubierta a causa de las lluvias) Neptuno, como de costumbre, abordó el barco, y los marineros presentes dicen que su primera observación fue que nunca había visto tantos pasajeros y tan pocas barbas que hacer, sin embargo, cuando se le explicó que no eran hijos de Bretaña sino Juanas Bull, sin barba, el viejo dios sonrió y se fue. La gente de Buenos Aires fue fulminada por el arribo inesperado de tantas muchachas; sin embargo, se hicieron arreglos privados, y, en consecuencia, tuvieron leche antes que generalmente se supiera que habían conseguido vacas. Pero las dificultades con que tropezaron fueron grandísimas; en vez de apoyar sus cabezas en pacientes animales domésticos, se les puso por delante una cantidad de vacas chúcaras, con aspecto tan fiero que ninguna muchacha que se hubiese sentado alguna vez en banco de tres patas, se atrevería a aproximarse, y menos a ordeñarlas. Pero los gauchos embistieron a las vacas, las manearon con guascas y, luego que se amansaron, los almacenes de Buenos Aires se llenaron literalmente de manteca. Pero ahora, y para triste moraleja de esta historia: después de haberse vencido todas las dificultades, se descubrió, primero, que la manteca no duraba, y segundo que, de cualquier modo, los gauchos y nativos de Buenos Aires... preferían el aceite. (N. del A.)






Indice