21
O.C., 138 a y 146 a/b.
22
Op. cit., p. 90.
23
La alusión a las tendencias sadomasoquistas de Cambaceres puede hacer reír o al menos sonreír. A quienes la afirmación freudiana, según la cual «sadismo y masoquismo son las dos vertientes de una misma perversión cuyas formas activa y pasiva se encuentran en proporciones variables en un mismo individuo» (J. Laplanche et J.B. Pontalis, Vocabulaire de la psychanalyse, Paris, Presses Universitaires de France, 1973, artículo «sado-masochisme», p. 429), dejaría escépticos, remitimos a esta confesión del mismo Cambaceres: «Sí, en mis horas más acerbas, de esas que son la herencia de todo el que no nace con el corazón de pulpa, en el paroxismo del mal, en sus espasmos, he llegado hasta gozar del sufrimiento, me he sentido embargado todo entero de placer, de un placer monstruoso, inexplicable, risas que eran sollozos, delicias que eran tormentos; he probado un encanto secreto, infinito, horrible, en cebarme en el dolor, en soportar encarnizado toda la fuerza de su peso.» (O.C., p. 113 a)
24
En esta frase y en las siguientes, el subrayado es nuestro.
25
O.C., p. 104b, 175b y 133a, respectivamente.
26
O.C., p. 157a y «Muerte de Antoñito el Camborio» en el Romancero gitano.
27
O.C., p. 173a.
28
O.C., p. 133b.
29
Agreguemos que lo insólito y, por decirlo todo, lo incongruente de la imagen de la boca de un balcón es reveladora de la carga erótica inconsciente que el autor le comunica a la palabra.
30
O.C., p. 131b.