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1

Todas las citas de El Matadero corresponden a las Obras completas de Esteban Echeverría, edición de Juan María Gutiérrez, Buenos Aires, Ediciones de Antonio Zamora, 1951, 310-324.

 

2

Beatriz Sarlo y Carlos Altamirano definen a El Matadero y a La Cautiva como «dramas de frontera»: un espacio de penetración de lo rural en lo urbano, que comunica -en vez de separar- campo y ciudad; y también una orilla, al modo de Borges. Esta violencia suburbana prefigura lo que en Borges será la violencia orillera, por cierto que con apreciables diferencias, pero siempre bajo el signo de lo popular (Beatriz Sarlo y Carlos Altamirano, «Prólogo» a Esteban Echeverría, Obras escogidas, Ayacucho, Caracas, 1991, XX y XXV).

 

3

Noé Jitrik analiza los corrimientos y las reformulaciones del esquema binario de civilización y barbarie, y de las categorías derivadas de cada uno de estos polos, en Muerte y resurrección de Facundo (Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1983). El hecho, paradójico en los términos de Sarmiento, de que Rosas se encuentre justamente en Buenos Aires, lo obliga a reacomodar las valoraciones dispuestas con gran certeza inicial dentro del modelo de una oposición binaria tajante.

 

4

Noé Jitrik observa que, en términos aún más generales, la mirada del narrador quiere poner orden sobre ese mundo del matadero, que se presenta desordenado (Noé Jitrik, «Forma y significación en El Matadero», en El fuego de la especie, Siglo XXI, Buenos Aires, 1971).

 

5

Juan Carlos Ghiano prolonga ese esmero de ubicación referencial, esta vez con un interés histórico: a partir de las indicaciones textuales de Echeverría, repone las referencias de espacio en que realmente estaba el matadero (ver El Matadero de Echeverría y el costumbrismo, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1968, 83).

 

6

Y es que no puede decirse, o no debería decirse, lo que el narrador de hecho dice: que el aislamiento del matadero y la complicación en cuanto a la circulación de animales es «lo que hace principalmente a mi historia». También en esto se advierte la voluntad de hacer uso de una palabra directa, nada difusa, que llegue prontamente al asunto principal, cuando lo que en verdad se está haciendo es atravesar sucesivas capas de mediación para que, cuando el asunto principal finalmente se alcance, adquiera toda su significación y toda su intensidad narrativa.

 

7

Ricardo Piglia marca el contraste entre la escena del comienzo de Facundo, en la que ese opositor que es Sarmiento transpone una frontera para escapar e irse al exilio, y el modo en que el unitario transpone una frontera, pero esta vez para hundirse a pleno en el espacio de los enemigos: «En lugar de huir y exiliarse, el unitario se acerca a los suburbios, se interna en territorio enemigo» (Piglia, Ricardo, «Echeverría y el lugar de la ficción», en La Argentina en pedazos, Ediciones de la Urraca, Buenos Aires, 1993, 9).

 

8

Ver Walter Benjamin, «El París del Segundo Imperio en Baudelaire», en Poesía y capitalismo. Iluminaciones 2, Taurus, Madrid, 1980.

 

9

Cristina Iglesia, «Mártires o libres: un dilema estético. Las víctimas de la cultura en El Matadero de Echeverría y en sus reescrituras», en Cristina Iglesia (compilación y prólogo), Letras y divisas, Eudeba, Buenos Aires, 1998.

 

10

De acuerdo con el análisis de Noé Jitrik, hay un cambio en el tono narrativo, un pasaje de la ironía a la seriedad, a partir de este momento del relato (ver «Forma y significación en El Matadero», op. cit.).