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El mito de las edades es originario del área cultural indo-mesopotámica. Está presente en diversos pueblos de la zona. En Grecia tiene su aparición más antigua en Hesíodo (Trabajos y Días, 106-201), que distingue cinco edades: oro, plata, bronce, héroes y hierro. Las variantes son múltiples pero todas tienen en común la concepción de un estadio de felicidad originaria que se degrada progresivamente hasta llegar a la infelicidad de nuestros días. Podemos encontrar este mito en la Biblia (Daniel 2.32), en Ovidio (Metamorfosis, I, 89-150), en Babrio (Fábulas) y en la literatura hindú (Panchatantra). El mito de las edades lo retoman los humanistas, pero hay una corriente que lo usa para invertirlo y cree, en lugar de en una edad de oro original que se degrada, en una edad primera salvaje, primitiva, carente de leyes, de religión y de letras a partir de la cual se progresa hacia la civilización. El cristianismo concibe la idea de progreso en una escala vertical hacia la mítica edad de oro que, desde su perspectiva, se consigue tras la muerte.
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Según Porras Barrenechea la concepción de las tres edades en la que se basan los Comentarios reales recuerda el plan de la historiografía eclesiástica con la sucesión de las tres leyes: ley de natura, ley mosaica, ley de gracia. Raúl Porras Barrenechea, ob. cit., p. 268.
23
José Antonio Maravall, Antiguos y modernos, Madrid, Alianza Editorial, 1986, p. 292.
24
Susana Jakfalvi-Leiva, ob. cit., p. 58.
25
Margarita Zamora, ob. cit., p. 14.
26
Margarita Zamora, ibid., p. 3.
27
Aurelio Miró Quesada, ob. cit., 1971.
28
Véase, al respecto, Narciso Alonso Cortés, «Sobre Ocampo y Morales», en Estudios dedicados a Menéndez Pidal, Madrid, 1950.
29
Ideas sobre los orígenes de las lenguas peninsulares: Aldrete (1606) y Nunes de Leão (1606), en I Congreso internacional de la SEHL, organizado por el Departamento de Lingüística General, Universidad de la Coruña, 1997.
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Así consta en Comentarios reales (I, 6). Sobre el padre Blas Valera puede leerse en Monumenta Peruana, edición de Antonio de Egaña, Roma, 1954, vol. I, pp. 283-284, 446, 512. Para la polémica sobre Valera, véase José de la Riva Agüero, La Historia en el Perú, Lima, 1910, pp. 13-32.