31
Vid., por ejemplo, las de GUIDO MANCINI en las pp. 300-310 de su «Perfil de don Leandro Fernández de Moratín», en Dos estudios de literatura española, Barcelona, Planeta, 1969.
32
ANDIOC, Teatro y sociedad..., pp. 528-529; allí también las citadas opiniones de Alcalá Galiano y del calificador del Santo Oficio.
33
Vid., JUAN MANUEL AZPITARTE ALMAGRO, «La 'ilusión' escénica en el siglo XVIII», en Cuadernos Hispanoamericanos, CII, n.º 303, septiembre, 1975, pp. 657-673.
34
En Obras de D. Nicolás y D. Leandro Fernández de Moratín, B.A.E., II, Madrid, Hernando, 1898; los tres párrafos citados, en la pág. 320.
35
«El ejemplo más significativo es a este respecto aquel 'Maldito seas tú y tu camino y la bribona que te dio papilla', que profiere Calamocha en la escena décima del acto segundo de El sí: maldición corriente si la hay ('la madre que te parió'), pero ha sufrido empero cierta elaboración que, sin debilitar su fuerza expresiva ni su carga concreta, la hace a pesar de todo decente y, por ende, digna de pronunciarse coram populo»; ANDIOC, Teatro y sociedad..., pág. 529.
36
Vid., KOWZAN, art. cit.; también, ANDRÉ HELBO, «El código teatral», y UMBERTO ECO, «Parámetros de la semiología teatral», ambos en A. HELBO et al., Semiología de la representación, Barcelona, Gustavo Gili, 1978, pp. 25-39 y 45-53, respectivamente, y A. UBERSFELD, Lire le théâtre, pp. 25-40; L'école du spectateur, pp. 21-50. Por lo que se refiere a la semiología de los gestos, vid., LUCIANO GARCÍA LORENZO, «Elementos paraverbales en el teatro de Antonio Buero Vallejo» (en: José María Díez Borque y Luciano García Lorenzo [eds.], Semiología del teatro, Barcelona, Planeta, 1975), en especial las pp. 106-108; cfr. ahora UBERSFELD, L'école..., páginas 211-237.
37
B.A.E., II, loc. cit.; cfr. AZPITARTE, art. cit., pp. 669-673.
38
El mismo gesto se repite en «se pasea con inquietud» (II, 11) y en «paseándose con inquietud» (III, 11).
39
Marcado también en las frecuentes acotaciones que indican besos, abrazos y caricias entre los personajes: Paquita, en I, 3; la misma y su madre, en II, 5; Don Carlos a su tío, en II, 11 y 12; Don Carlos, Paquita, Don Diego y Doña Irene, en III, 13.
40
Comentando este rito, usual en las comedias moratinianas, apunta GLENDINNING, art. cit., que «está calculado para demostrar que la felicidad y armonía sólo siguen al reconocimiento de la verdad y de la razón [...] es un rito de reconciliación».