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1

N. GLENDINNING, «Rito y verdad en el teatro de Moratín», en Ínsula, n.º 161, abril, 1960, pág. 6.

 

2

Cfr. R. ANDIOC, «A propos d'une reprise de La comedia nueva, de Leandro Fernández de Moratín», en Bulletin Hispanique, t. 63, LXXXII, 1961, pp. 54-61; ahí se manifiesta la preocupación del autor por cuidar personalmente aspectos como la elección de actores y reparto de papeles, supervisar en los ensayos cuestiones relativas a interpretación, decorados, muebles y trajes, exigir un ensayo final con todo el aparato teatral (sic), etc. Por lo que se refiere a El sí de las niñas, según J. PÉREZ DE GUZMÁN («Estudios sobre Moratín: La primera representación de El sí de las niñas», en La España Moderna, n.º 168, XIV, diciembre, 1902, pp. 108-111), Moratín atendió a los ensayos previos al estreno de enero de 1806, cuidando el vestuario con especial esmero. Su juicio favorable acerca de aquellas primeras representaciones, con especial alabanza a la ejecución por parte de los principales intérpretes, lo expuso en la «Advertencia» que precedía al texto de El sí en la edición de sus comedias (Aug. Bobée, París, 1825) y que reproducen las posteriores; también en sus cartas hay testimonios de su aprecio por el trabajo de alguno de aquellos actores: así, en la que escribe el 12-IX-1815 a D. Solís, esposo de María Ribera, la actriz que representó en 1806 el papel de Doña Irene. (Vid., L. Fernández de Moratín, Epistolario, ed. de René Andioc, Madrid, Castalia, 1973, pág. 584).

 

3

Para el éxito del estreno de El sí, vid. PÉREZ DE GUZMÁN, art. cit., y con datos muy precisos, R. ANDIOC, Teatro y sociedad en el Madrid del siglo XVIII, Fundación Juan March/Editorial Castalia, Madrid, 1976, páginas 47 y 497-501. Vid., testimonios del propio Moratín relativos a la acogida de su comedia en representaciones en Zaragoza (1806) y Barcelona (1820), en cartas a M. del Inca-Yupanqui y a J. A. Melón, en Epistolario citado, pp. 248-249 y 415, respectivamente. En el capítulo II de La Corte de Carlos IV (Obras Completas. Episodios Nacionales, I, Madrid, Aguilar, 1941, pp. 78-84) hizo Galdós un magnífico relato de aquel estreno, añadiendo a la viveza de la narración -excelentemente documentada- algunos juicios sobre la comedia, en relación con el teatro de la época, de notable perspicacia.

 

4

Algo sobre lo que ha llamado la atención R. ANDIOC, Teatro y sociedad..., pág. 512; discutiendo en una razonada nota el extendidísimo tópico que acusa a Moratín de «frío clasicismo», advierte: «Váyase a ver representar [...] El sí de las niñas por la excelente compañía de Miguel Narros, y se podrá saborear esa 'difícil facilidad' tan grata a Moratín, su humanidad mucho más conmovedora que una supuesta sobrehumanidad, y por último su modernidad».

 

5

Como se verá en las notas que siguen, de la copiosa bibliografía referida a El sí no es mucho lo que ha servido a mi propósito. Además de datos y opiniones dispersos en el mencionado Teatro y sociedad..., de ANDIOC, me han sido provechosas algunas de las notas al texto de su edición de esta comedia (Madrid, Castalia, 1968); útil también en ciertos puntos, el libro de HIDEHITO HIGASHITANI, El teatro de Leandro Fernández de Moratín, Madrid, Plaza Mayor, 1972; y más todavía, el artículo de JOAQUÍN CASALDUERO, «Forma y sentido de El sí de las niñas», en Nueva Revista de Filología Hispánica, XI, 1957, pp. 36-56 (recogido en Estudios sobre el teatro español, Madrid, Gredos, 1981, 4, pp. 233-258, por donde cito). No he visto el artículo de C. V. AUBRUN, «El sí de las niñas o más allá de la mecánica de una comedia», en Revista Hispánica Moderna, XXXI, 1965, pp. 29-35; ni tampoco el de JUAN VILLEGAS MORALES, «El sí de las niñas, de Leandro Fernández de Moratín», en su libro Ensayos de interpretación de textos españoles, Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 1963, pp. 99-142, pero sí algunas observaciones que recoge en su Interpretación y análisis del texto dramático, Otawa-Ontario, Girol Books, 1982.

 

6

Capítulo que fue antes un artículo, «Estructura de las cinco comedias originales de Leandro Fernández de Moratín: exposición, enredo, desenlace», en Segismundo, III, núms. 5-6 (1967), pp. 135-160; citaré por la versión del libro de 1972.

 

7

Así, sus censuras a lo que considera abuso de la casualidad como mecanismo dramático (págs. 80, 83-84) o su opinión sobre «la pesadez e insistencia sobre lo ridículo de Doña Irene» (pág. 77).

 

8

«Moratín, al haber tratado cada uno de los hilos de la trama por separado, habiendo hecho resaltar su tono, su consistencia y color, llega tranquilo al desenlace». (CASALDUERO, op. cit., pág. 257).

 

9

Mientras no indique lo contrario, cito según el texto de la edición de R. ANDIOC, señalando únicamente el acto y la escena (respectivamente, en romanos y arábigos).

 

10

HIGASHITANI, op. cit., pp. 81-83.