31
Cf. E. Cros, ob. cit.
32
L. López Grigera, ob. cit., pp. 266-270.
33
Cf. los trabajos de Helmut Hatzfeld, «El estilo barroco de Guzmán de Alfarache», Prohemio 6 (1975), pp. 7-19 y Francisco Rico, La novela picaresca y el punto de vista [1970]. Edición revisada, Barcelona, Seix Barral, 1982.
34
Frente a la insistencia frecuente en la oralidad (fingida) del Guzmán, Paul Julian Smith, «The Rhetoric of Representation in Writers and Critics of Picaresque Narrative: Lazarillo, Guzmán, El Buscón», Modern Language Review 82 (1987), pp. 88-108, subraya con razón las marcas de la escrituralidad, pasando por alto, sin embargo, las posibilidades de confluencia y la puesta en escena de la una a través de la otra.
35
Sobre este punto cfr. las agudas reflexiones B. W. Ife, ob. cit., pp. 138-146. Cabe recordar que la presentación de las contradicciones internas del hombre no era ajena a la época -piénsese en los conflictos amorosos expresados en las Églogas de Garcilaso o los soliloquios en el drama de honor- y que aquí se ofrece, además, como la proyección en el mundo de la concepción del hombre según San Agustín: quaestio mihi factus sum.
36
Sobre este tema vid., entre muchos otros, el trabajo de Klaus Meyer-Minnemann y Katharina Niemeyer, «Cervantes frente a la picaresca», en K. Meyer-Minnemann y S. Schlickers, ob. cit.
37
Cf. Iris Zavala, «Texto y contra-texto en el Guzmán de Alfarache», en Identitá e metamorfosi del barroco ispanico, Napoli, Guida, 1987, pp. 175-195.
38
Frente a C. B. Johnson, ob. cit., p. 104, hay que insistir en el hecho de que desde el punto de vista narratológico los autocomentarios del narrador en la Primera parte no llegan a ser metaficcionales en el sentido estricto del término, pues como revelación de la ficcionalidad del discurso y/o de la instancia del narrador, y que la tematización de la propia escritura puede igualmente servir a producir un efecto de realidad siempre cuando deja sin tocar el status 'ontológico' de la instancia narradora. En el caso del Guzmán los comentarios metanarrativos problematizan en primer lugar el status moral del narrador.
39
B. W. Ife, ob. cit., p. 143.