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1

Obsérvese la confusión de nombres debido o a la búsqueda de una rima fácil o, tal vez, lo que era usual en los textos de los entremeses, a la interpolación de nombres propios de actrices en el elenco de personajes. Esta confusión (Teodora / Lucía) ya fue advertida por H. E. Bergman, en Ramillete, p. 401, n. 2. (N. del E.)

 

2

Para reforzar más el sentido de inversión del papel de la mujer respecto al teatro serio en los entremeses (carácter pedigüeño, desenvuelto y libre, como ya indicara H. E. Bergman en Luis Quiñones de Benavente y sus entremeses, Madrid, Castalia, 1965), se la caracteriza con este apelativo que, de acuerdo con LM, p. 591, tiene la acepción marginal de «buscona». (N. del E.)

 

3

Libro de caja: libro de contabilidad usado por los mercaderes para sus entradas y salidas (DA). (N. del E.)

 

4

Lama: «Cierta tela de oro o plata» (DA). A partir de aquí se relacionan una serie de tejidos y prendas de vestir femeninas. En notas explicaremos las que ofrezcan al lector un sentido más oscuro o que estén ya en desuso. (N. del E.)

 

5

Humo: «Cierta tela de seda negra muy delgada» (DA). (N. del E.)

 

6

Finchado o hinchado: envanecido, engreído (DA). Potencia el sentido que la literatura en general (y con harta frecuencia los entremeses) del seiscientos conferían a la figura del portugués como extremadamente pretencioso y arrogante, pero, sobre todo, por su libidinosidad y ser fácilmente enamoradizos. Vid. Herrero García, M., Ideas de los españoles del siglo XVII, Madrid, Gredos, 1966, p. 134 y ss. (N. del E.)

 

7

Justillo: vestido interior ajustado, semejante al jubón pero sin mangas (DA). (N. del E.)

 

8

Vaquero: «Sayo o vestidura de faldas negras, parecido a los que usan los pastores» (DA). (N. del E.)

 

9

Ponleví: tacón de madera forrado de la misma piel que el zapato de las damas de la época (DA). (N. del E.)

 

10

En su producción dramática, Calderón utiliza en todas sus posibilidades la retórica amorosa. Aquí, en cierto modo, se encarga de ridiculizar esta verborrea por reducción al absurdo. Es, asimismo, una forma habitual de caracterización de sacristanes y licenciados con visos de poeta, como puede observarse en otras piezas cortas del dramaturgo (sobre todo en El sacristán mujer). (N. del E.)