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11

Cada intervención del Vejete se acompaña, simultáneamente, de la acción de mostrar el correspondiente frasco, con un cierto ambiente circense que seguramente permitiría la exhibición de las habilidades manuales del actor. (N. del E.)

 

12

Agustín Albarracín Teulón (op. cit., pp. 199 y 305) observa las propiedades del agua de azahar como remedio cordial. Aparte del error en la transmisión del texto, es posible también un juego intencionado de palabras entre azar y azahar, advertido ya por H. E. Bergman en su edición de Ramillete, p. 406, n. 5. (N. del E.)

 

13

La versión citada, atribuida a Cáncer, acota en esta ocasión: «sale el gracioso con caballo de caña y vara larga, vestido ridículamente». Este dato nos indica que el caballo sacado a escena, además de económico (escenográficamente), es un intencionado deterioro de la figura del caballero, que, por otra parte, es la única figura digna de ser jinete en la fiesta de toros. Sobre la acotación «vestido ridículamente», vid. nota a la última acotación. (N. del E.)

 

14

José Fradejas Lebrero, Geografía literaria de la provincia de Madrid, citada, p. 124: «Las verdes riberas del Jarama dieron fama a sus toros, repetidas veces cantados por nuestros poetas desde el siglo XVII hasta hoy.» Aduce ejemplos de Luis Zapata, Góngora, Lope, Quevedo, Tirso, Quiñones, etc. Los aspectos taurinos de este entremés son glosados por José María de Cossío, op. cit., t. II (1961), pp. 480-481. Vid. también nuestras notas al entremés El toreador. (N. del E.)

 

15

Algarrada: acto de conducir a los toros por la mañana temprano para encerrarlos en los toriles de la plaza. También se denominaba así al acto de echar un toro al campo para correrle con vara larga los caballeros del lugar (DA). (N. del E.)

 

16

Lo ridículo del gracioso disfrazado se intensifica al descubrirse bajo su ropa la camisa sucia manchada de palominos. Esta situación, que utiliza este signo no verbal como sinónimo de ridiculez, es frecuente en el entremés (vid., por ejemplo, El toreador Don Babilés, de F. Bernardo de Quirós, en Ramillete, p. 221, y, con posterioridad, el sainete de Torres Villarroel La tabernera de la Puerta de Villamayor, en donde una graciosa alardea de poseer camisas «con muchos palominos», ed. de J. Hesse, Madrid, Taurus, 1969, p. 34), hasta el punto que nos permite intuir una convención escénica (vid. Introducción, 5.2). (N. del E.)