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1

El lector podrá recomponer las nuevas circunstancias históricas en Richard Herr, España y la revolución del siglo XVIII, Madrid, Aguilar, 1973; Francisco Aguilar Piñal, Introducción al siglo XVIII, Gijón, Ediciones Júcar, 1991; o María Ángeles Pérez Samper, La España del siglo de las Luces, Barcelona, Ariel, 2000.

 

2

«Nobleza hereditaria es la vanidad que yo fundo en que, ochocientos años antes de mi nacimiento, muriese uno que se llamó como yo me llamo y fue hombre de provecho, aunque yo sea inútil para todo», había dejado escrito con ironía José Cadalso en sus Cartas Marruecas (Madrid, Espasa Calpe, 1971, p. 55). Advierto al lector de que, con el propósito de facilitar la comprensión, modernizo la grafía, puntuación y ortografía en los textos de época, siguiendo las normas editoriales.

 

3

Véanse las descripciones de Antonio Domínguez Ortiz, La sociedad española del siglo XVIII, Madrid, CSIC, 1955; C. E. Kany, Life and Manners in Madrid, 1750-1800, New York, AMS Press, 1970, 2ª ed.; Fernando Díaz- Plaja, La vida cotidiana en la España de la Ilustración, Madrid, Edaf, 1997.

 

4

Paloma Fernández Quintanilla, La mujer ilustrada en la España del siglo XVIII, Madrid, Ministerio de Cultura, 1981, p. 35.

 

5

Véase Carmen Martín Gaite, Usos amorosos del dieciocho en España, Barcelona, Anagrama, 1987, 2ª.

 

6

María Elena Sánchez Ortega, «La mujer, el amor y la religión en el Antiguo Régimen», en La mujer en la historia de España (siglos XVI-XX), Madrid, UAM, 1984, pp. 35-58; y en el mismo volumen María Victoria López-Cordón, «La literatura religiosa y moral como conformadora de la mentalidad femenina (1760-1860)», pp. 59-69.

 

7

Ya existe una bibliografía relevante sobre esta materia, entre la que destaco: Paloma Fernández Quintanilla, La mujer ilustrada en la España del siglo XVIII, ya citada; Mujer y sociedad en España, 1700-1975 (ed. Rosa Capel), Madrid, 1982; La mujer en los siglos XVIII y XIX (ed. Cinta Canterla), Cádiz, Universidad, 1994; y muy particularmente Mónica Bolufer Peruga, Mujeres e Ilustración. La construcción de la feminidad en la España del siglo XVIII, Valencia, Inst. Alfons el Magnànim, 1998.

 

8

Véase Olegario Negrín, Ilustración y educación. La Sociedad Económica Madrileña, Madrid, Ed. Nacional, 1985; M. Carmen Iglesias, «Educación y pensamiento ilustrado», en Actas del Congreso sobre Carlos III y la Ilustración, Madrid, MEC, 1989, III, pp. 1-30; Francisco Aguilar Piñal, «La política docente», en Historia de España. XXXI. La época de la Ilustración. Vol. I. El Estado y la cultura (1759-1808), Madrid, Espasa-Calpe, 1987, pp. 437-487. Y en particular Manuel López Torrijo, «La formación de la mujer en la Zaragoza del siglo XVIII (Dos instituciones religioso-pedagógicas)», en Educación e Ilustración en España. III Coloquio de Historia de la Educación, Barcelona, Universidad de Barcelona, 1984, pp. 471-485; Margarita Ortega López, «La educación de la mujer en la Ilustración española», Revista de Educación, 1988, pp. 303-325; Teresa Nava Rodríguez, «La mujer en las aulas (siglos XVI-XVIII): una historia en construcción», Cuadernos de Historia Moderna, 16 (-1995), pp. 377-389.

 

9

Así lo pensaba Pablo de Olavide; «El fanatismo natural del corazón humano de extender su profesión hace que se les empiece a persuadir de la imitación del estado monacal, sobre cuyas sugestiones se les sorprende con el pretexto de que es vocación un dictamen juvenil formado por la seducción y admitido por debilidad sin preciso conocimiento de sus consecuencias» (Cit. por Luis Perdices Blas, Pablo de Olavide (1725-1803), el ilustrado, Madrid, Ed. Complutense, 1995, p. 104). Se suele decir que, según en qué circunstancias, esto ocurría de manera habitual: si los padres eran viudos, si convenía dejar toda la herencia al primogénito...

 

10

Pedro Rodríguez de Campomanes, Discurso sobre el fomento de la industria popular, Madrid, Impr. de Antonio Sancha, 1774, p. II.

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