1
Ya en sus más juveniles escritos, Ortega había corregido y radicalizado la concepción scheleriana de la intimidad, entendiendo esta -al margen de toda metáfora- como la conciencia del carácter ejecutivo de los actos personales. Más allá de la intimidad Sensu stricto se hallaría el «fondo insobornable» de la persona. Especialmente importantes a este respecto son las ideas orteguianas de «soledad como sustancia» e «intimidad consigo y con las cosas». Véase J. Marías, Ortega. Circunstancia y vocación (2ª ed., Madrid, 1983) y Ortega. Las trayectorias (Madrid, 1983).
2
«A diferencia de los demás seres del universo -escribe Ortega en El hombre y la gente-, el hombre no es nunca seguramente hombre, sino que ser hombre significa, precisamente, estar siempre a punto de no serlo, ser viviente problema, absoluta y azarosa aventura». El suicidio y el «deshombrecimiento», feliz término de la prosa quevedesca, son la consecuencia de no querer cumplir la radical «vocación del hombre». Un dístico de Goethe dice así: «Él la llama razón, mas tan sólo la emplea para ser más bestial que cualquier bestia sea». Para Goethe, el deshombrecimiento quevedesco equivale a hiperbestialización. No pocos sucesos de la historia reciente están confirmándolo.
3
Algo más he dicho sobre ella en el capítulo «Creencia y esperanza» de mi libro La espera y la esperanza, y en el artículo «Creencia, esperanza y amor», publicado en el número de la revista Cuenta y razón (núm. 11, mayo-junio 1983), dedicado a conmemorar el centenario de Ortega y Gasset.
4
Aplicado a la relación interpersonal, el concepto del «amor creyente» como superación del «amor distante» y el «amor instante» ha sido elaborado por mí en Teoría y realidad del otro. Pienso, sin embargo, que, entendido como amorosa creencia en la realidad propia de la cosa amada y como amorosa procura de su perfección, también puede ser aplicado a la relación con los entes no personales, un animal, un jardín o una institución.
5
Debo remitir a mis libros La espera y la esperanza y Antropología de la esperanza.
6
Exponiendo el pensamiento filosófico de Zubiri, escribe I. Ellacuria: «Yo no soy mi vida, sino que mi vida es la yoización de mi realidad, la personalización de mi personeidad, el efectivo autoposeerse de aquella realidad que es de suyo suya. En esta personalización, en esta constitución de mi propia figura de ser, va en juego lo que va a ser de mí, lo cual plantea el carácter metafísico de mi constitutiva in-quietud. Junto a la intimidad metafísica, que remite mi ser a la realidad, está la inquietud metafísica de mi realidad, que ha de configurar lo que va a ser de ella, su propio ser en la vida que transcurre»
(«Introducción a la antropología de Zubiri», Realitas, I, 1974).