Puede encontrarse Chronicle of the Cid, que es una combinación de diversas fuentes, como explica Southey en su prólogo, con una introducción de V. S. Prichett (New York: Heritage Press, 1958).
Sobre el hispanismo de Southey, véase Ludwig Pfandl, «Robert Southey und Spanien. Leben und Dichtung eines englischen Romantikers unter dem Einflusse seiner Bezeiehungen zur pyrenäischen Halbinsel», Revue Hispanique, 28 (1913), 1-315. Tres episodios en Omniana de Southey y Coleridge, todos de Southey, aluden a libros de caballerías: «Lions of Romance» (págs. 85-87), que menciona Palmerín de Oliva, «Amadis and Esplandian» (págs. 90-91) y «Tirante el blanco», ya citado en el capítulo 3. Los dos primeros se publicaron por primera vez en The Athenaeum, 4 (1808), 30-31 y 125-126 respectivamente.
Mientras que en España había un Belianís literario desde mediados del siglo XVIII (McClelland, págs. 58, 62 nota 2, etc.) la primera edición de Amadís desde 1587 no se publicó hasta 1838. Sobre las nuevas ediciones de Malory, véase Johnston, Enchanted Ground, págs. 190-192; sobre el resurgimiento de la literatura artúrica en Inglaterra, véanse los dos últimos capítulos de Stephen Knight, Arthurian Literature and Society (New York: St. Martin's, 1983), y Raymond H. Thompson, The Return from Avalon: A Study of the Arthurian Legend in Modern Fiction (Westport, Connecticut: Greenwood, 1985). El estudio pionero fue el de Nathan Comfort Starr, King Arthur Today: The Arthurian Legend in English and American Literature, 1901-53 (Gainesville: University of Florida Press, 1954). Sobre el renacimiento de la literatura artúrica en la Inglaterra del siglo XVIII, véase Kurt Gamerschlag, «Arthur Coming Alive Again: 18th-Century Medievalism and the Beginnings of a Modern Myth», en Mette Pors, ed., The Vitality of the Arthurian Legend: A Symposium (Odense: Odense University Press, 1988), págs. 91-103.
Mark Girouard, The Return to Camelot. Chivalry and the English Gentleman (New Haven y London: Yale University Press, 1981), en un asombroso último capítulo le atribuye cierta responsabilidad por la Primera Guerra Mundial. La acusación de Twain (en Vida en el Mississippi) que tuvo cierta influencia, por la «caballería sureña», en la Guerra Civil americana es bien conocida. También es bien conocido el papel que desempeñó la caballerosía sirviendo de estímulo al nacionalismo alemán, y con él, a la maquinaria militar alemana en la época expansionista y agresiva de Bismarck (Tymms, pág. 9) por medio de Wagner, tuvo cierta influencia en el movimiento nacionalsocialista.
El restablecimiento de la caballería por parte de Scott jugó un papel importante en el nacimiento del concepto moderno de Escocia. «Un drama prerromántico, Goetz von Berlichingen de Goethe, ya había inaugurado la tradición de las obras de teatro caballerescas, pero no fue hasta la era romántica cuando surgió el género literario de la novela caballeresca, que tuvo gran aceptación gracias a las dotes imaginativas de sir Walter Scott. Scott, de origen parcialmente celta, combinó con ingenio la nostalgia feudal y patriótica. En sus evocaciones le ayudó mucho el hecho de que la era de los ideales heroicos que intentó resucitar era mucho menos remota en Escocia que en la mayoría de los demás países. Pues no hacía mucho tiempo, quizás sólo una generación antes de su nacimiento en 1771, que había predominado el sistema de clanes en la sociedad de frontera a la que pertenecían sus antepasados. Y el patriotismo retrospectivo podía valerse de un acontecimiento tan reciente como la rebelión jacobita del "Bello Príncipe Charlie" de 1745-1746, que, en Waverly, la primera novela de Scott, se presenta con todo el encanto de una causa perdida. Evidentemente la nostalgia por el pasado y la simpatía por las causas perdidas a menudo van de la mano.» (Schenk, The Mind of the European Romantics, pág. 34.) Sobre este tema, véase Hugh Trevor-Roper, «The Highland Tradition of Scotland», en The Invention of Tradition, ed. Eric Hobsbawm y Terence Ranger (Cambridge: Cambridge University Press, 1983), págs. 15-41.
Girouard, pág. 30; también Pierce, Currents and Eddies, capítulos 5 y 7. «Para encontrar un éxito universal semejante al que tuvo Amadís de Gaula, es menester llegar en el siglo XIX a las novelas de Walter Scott» (Ángel Salcedo Ruiz, La literatura española, II [Madrid: Calleja, 1916], 386).
Peers, A History of the Romantic Movement in Spain, I, 107. Entre los españoles influidos por Scott tenemos a Milá y Fontanals, quien dijo que Scott era su autor preferido y el que le introdujo a los estudios medievales (Philip H. Churchman y E. Allison Peers, «A Survey of the Influence of Sir Walter Scott in Spain», Revue Hispanique, 55 [1922], 227-310, en las págs. 261-262). Scott es por lo tanto un antecesor clave en la tradición erudita que produciría la exaltación del heroísmo medieval español de Menéndez Pidal. Sobre sus consecuencias véase María Eugenia Lacarra, «La utilización del Cid de Menéndez Pidal en la ideología militar franquista», Ideologies & Literature, 12 (1980), 95-127, y «Consecuencias ideológicas de algunas teorías en torno a la épica peninsular», en Actas del séptimo congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas (Roma: Bulzoni, 1982), II, 657-666.
«El impacto de la obra de Scott no fue menos prodigioso que el de Lord Byron. Manzoni, Alfred de Vigny... e incluso Balzac, a pesar de sus críticas, admitió que Scott le había influido.» (Schenk, The Mind of the European Romantics, pág. 35.)
Vida de Scott escrita por Lockhart, citada en W. U. McDonald, Jr., «Scott's Conception of Don Quixote», Midwest Review, 1 (1959), págs. 37-42, en la pág. 37.
Skinner, pág. 335. Continúa: «La existencia de importantes paralelismos entre Cervantes y Scott era clara incluso para los contemporáneos de éste, y el distinguido crítico sueco C. A. Hagberg explicó estas conexiones en una fecha tan temprana como 1838». En una nota Skinner cita Ch. Aug. Hagberg, Cervantes et Walter Scott. Parallèle littéraire (Lund, 1838).