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El fracaso de Cervantes para resolver las cuestiones epistemológicas tratadas en el capítulo 5 tampoco tiene importancia. La cuestión del «soñar» es insoluble, y la amenaza de los magos ha desaparecido con el progreso de la ciencia. Los únicos problemas actuales vagamente relacionados son el trato adecuado y la responsabilidad social de los enfermos mentales, y el valor de la experiencia sensorial inducida o aumentada artificialmente.



 

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Véase F. Courtney Tarr, «Recent Trends in Cervantes Studies. An Attempt at Survey and Prognosis», Romanic Review, 31 (1940), 16-28, en la pág. 17.



 

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«El primer escalón de las ciencias... es el de las lenguas» (III, 206, 27-29). En el prólogo de La Galatea encontramos una alabanza de la riqueza de la lengua castellana, de la que el autor se dio cuenta al estudiar la «poesía» (I, xlviii, 1-15), y que podía mejorarse con el «agradable y precioso tesoro de la eloquencia» de los libros de caballerías bien escritos (II, 353, 15-16). El argot de los ladrones es usado por los galeotes y en «Rinconete y Cortadillo»; el vizcaíno deforma sintácticamente el castellano (I, 123, 28-30 y 124, 5-10; también en El vizcaíno fingido); en «La gitanilla» se señala con tolerancia la pronunciación de los gitanos (I, 41, 25-26), se alaba el buen uso de la lengua, que se asocia con la discreción y no con el origen geográfico en III, 244, 17-245, 4. En la «Historia del cautivo» se encuentra un sorprendente conocimiento del proceso de traducción (II, 224, 30-225, 14); también se comentan traducciones en el escrutinio de la librería y en la visita a la imprenta de Barcelona (véase Terracini, «Una frangia»). Palabras pintorescas, poco corrientes, arcaicas, y extranjeras son usadas de forma destacada y por distintos personajes y narradores; es evidente que interesaban a Cervantes. Se menciona explícitamente que Don Quijote imita el lenguaje caballeresco (I, 59, 22), y los errores lingüísticos de Sancho y Vivaldo son una fuente de humor. Hay indicios de comprensión de la arbitrariedad de la lengua. Para más referencias a la lengua en las obras de Cervantes, véase Aubrey F. G. Bell, Cervantes (Norman: University of Oklahoma Press, 1947), pág. 22.



 

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«A la llana, con palabras significantes, honestas y bien colocadas, salga vuestra oración y período sonoro y festivo;... dando a entender vuestros conceptos, sin intrincarlos y escurecerlos» (I, 37, 25-30), extraordinaria declaración de ideales lingüísticos y estilísticos. Es repetida por el licenciado Corchuelo: «pícome algún tanto de dezir mi razón con palabras claras, llanas y significantes» (III, 245, 5-7).



 

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Sea o no una técnica empleada conscientemente, encontramos en Don Quijote detalles sin explicar, que apoyan la creencia de que son reales y que fueron transcritos. Por ejemplo, nunca se nos dice por qué a Pasamonte se le llamaba «Ginesillo de Parapilla» (I, 307, 10-31), ni se explican las «manchas que se hizieron en la venta» (I, 309, 20-21), con las que Pasamonte amenaza al comisario; no sabemos a qué se refiere Ricote cuando dice a Sancho que «ya sabes que sé yo que las [necesidades] tienes muchas» (IV, 195, 23; he cambiado la puntuación). El sueño de la hija del ventero Palomeque (I, 207, 1-6) parece que sólo puede explicarse como la incorporación a la novela de un sueño real.



 

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Se incluirían aventuras tales como la de los rebaños o la de los molinos, que tiene fama sólo porque es la primera aventura de la pareja, y se representa gráficamente tan fácil y llamativamente. También se incluiría la estancia de Sancho en la sima, que es poco humorística y relativamente poco interesante (II Parte, capítulo 55).



 

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«Apenas se huvo partido Sancho, quando don Quijote sintió su soledad, y si le fuera posible revocarle la comisión y quitarle el gobierno, lo hiziera» (IV, 67, 28-31); «yo no le trocaría con otro escudero, aunque me diesen de añadidura una ciudad» (III, 405, 4-5). «No sabe hazer mal en nadie, sino bien a todos, ni tiene malicia alguna; un niño le hará entender que es de noche en la mitad del día, y por esta sencillez le quiero como a las telas de mi corazón, y no me amaño a dexarle por más disparates que haga» (III, 168, 15-20); «si yo fuera discreto, días ha que avía de aver dexado a mi amo. Pero ésta fue mi suerte y ésta mi mal andanza; no puedo más, seguirle tengo, somos de un mismo lugar, he comido su pan, quiérole bien, es agradecido, diome sus pollinos, y, sobre todo, yo soy fiel, y así es imposible que nos pueda apartar otro suceso que el de la pala y azadón» (III, 412, 21-29).



 

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Para una discusión, véase mi trabajo Las «Semanas del jardín», pág. 90-91.



 

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Como lo hace con Roldán y Reinaldos, en La casa de los celos.



 

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Véase sobre este tema E. C. Riley, «Episodio, novela y aventura en Don Quijote», Anales Cervantinos, 5 (1955-1956), 209-230; Bruce Wardropper, «The Pertinence of "El curioso impertinente"», Publications of the Modern Language Association, 72 (1957), 587-600; George Haley, «The Narrator in Don Quijote: Maese Pedro's Puppet Show», Modern Language Notes, 80 (1965), 145-165; E. C. Riley, «Three Versions of Don Quixote», Modern Language Review, 68 (1973), 807-819; y especialmente John J. Allen, Hero or Fool? [Part I]. Riley, «Episodio», proporciona la bibliografía anterior.



 
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