Mientras que el canónigo dice que los libros de caballerías existentes no pueden producir «admiración y alegría», ese es exactamente el resultado de las hazañas de Don Quijote: «los sucessos de don Quixote, o se han de celebrar con admiración o con risa» (IV, 67, 25-27; II, 181, 22-31). Admiración y risa son las respuestas de la duquesa a Sancho (III, 414, 14-15 y 420, 12-13), y Sansón tiene la misma reacción ante ambos (IV, 362, 19-22). Los ejemplos de los actos y las palabras de Don Quijote y Sancho que son causa de admiración o risa son demasiado numerosos para enumerarlos.
«Esta nuestra edad, necessitada de alegres entretenimientos» (II, 7, 15-16).
Uno es Tirant, el otro es Los diez libros de Fortuna de amor de Antonio de Lofrasso (I, 103, 13-28), que «por su camino» es el mejor de su clase, como Tirant lo es «por su estilo». Los comentarios del cura sobre los dos libros son tan parecidos que Cervantes debía de apreciarlos por el mismo motivo, y Lofrasso es, de los nombrados, el autor más severamente atacado en el Parnaso (45, 29-46, 26; 97, 11-13). El cura dice acerca del libro de Lofrasso: «tan gracioso ni tan disparatado libro como ésse no se ha compuesto... y el que no le ha leído puede hazer cuenta que no ha leído jamás cosa de gusto»; eso no es una alabanza de un libro admirable. La fortuna de amor cuenta al lector en un castellano abominable mucho más de lo que quiere saber sobre la patria del autor, Cerdeña, donde, por ejemplo, «la más parte de todos los pastores de los ganados ovejunos, vaqueros y cabreros, viendo los estragos y enormes daños que los civiles y baxos grosseros porquerizos, con las crescidas manadas de sus colmilludos puercos, en nuestras dehesas y pastos cada día hazen, no solamente comiendo y devorando, las tiernas y delicadas pasturas a nuestros mansos corderillos delicados, pero aun lo que peor es, van quebrando y previrtiendo nuestros antiguos privilegios estatutos y reales ordinaciones, de nuestros antepassados... an elegida [sic] a mi persona, para que de tales agravios los librasse, y en paz y concordia la república reduxesse, y desto dar quexa al gran mayoral por que informándole de la pretención y preheminencia que los ganaderos de antigos tiempos desta parte tienen y gozan, teniendo pastos particulares, y vedados, en los quales la entrada de los puercos en todo tiempo es prohibida» (fol. 152r-v). «La crítica ha actuado con rara unanimidad y ha condenado nuevamente a Lofrasso al equivalente literario del infierno dantesco. ¡Bien hecho!», escribió Juan Bautista Avalle-Arce, La novela pastoril española, pág. 178.
Éste era un tópico en la psicología renacentista, y todavía hoy es vigente hasta cierto punto. «Los ojos fueron las lenguas que descubrieron sus alegres y honestas pensamientos» (IV, 325, 13-15).
Russell y Close, en sus artículos y en el libro citado en la introducción, nota 344. Son predecesores E. M. Wilson, «Cervantes and English Literature of the Seventeenth Century», Bulletin Hispanique, 50 (1948), 27-52; A. A. Parker, «Don Quixote and the Relativity of Truth», Dublin Review, vol. 220, n.º 441 (otoño, 1947), 28-37, revisado y traducido con el título «El concepto de la verdad en el Quijote», Revista de Filología Española, 32 (1948), 287-305, y «Fielding and the Structure of Don Quixote», Bulletin of Hispanic Studies, 33 (1956), 1-16; e incluso Fitzmaurice-Kelly (véase la introducción de su edición de la traducción de Thomas Shelton [1896; reimpr. New York: AMS, 1967).
Tres estudios de Close, eclipsados por su libro, tratan indirectamente de problemas del humor: «Sancho Panza: Wise Fool», Modern Language Review, 68 (1973), 344-357, «Don Quixote's Love for Dulcinea: A Study of Cervantine Irony», Bulletin of Hispanic Studies, 50 (1973), 237-255, y «Don Quixote's Sophistry and Wisdom», Bulletin of Hispanic Studies, 55 (1978), 103-114. También debería mencionarse su «Cervantes' Arte nuevo de hazer fábulas cómicas en este tiempo», Cervantes, 2 [1982], 3-22, que trata básicamente de la teoría de la ficción y sólo incidentalmente del humor, y «Characterization and Dialogue in Cervantes's Comedias en prosa», Modern Language Review, 76 [1981], 338-356; también Jean Canavaggio, «Las figuras del donaire de Cervantes», en Risa y sociedad en el teatro español del Siglo de Oro (Paris: CNRS, 1980), págs. 51-64.
Hay un capítulo sobre el humor verbal en El «Quijote» como obra de arte del lenguaje de Helmut Hatzfeld, anejo 83 de la Revista de Filología Española, 2.ª edición (Madrid: CSIC, 1966), págs. 153-176, y un estudio de George K. Zucker, «La prevaricación idiomática: un recurso cómico en el Quijote», Thesaurus, 28 (1973), 515-525, y algunos comentarios sobre el humor verbal en Laura J. Gorfkle, Discovering the Comic in «Don Quixote», North Carolina Studies in the Romance Languages and Literatures, 243 (Chapel Hill: U.N.C. Department of Romance Languages, 1993). Adrienne Laskier Martín relaciona el humor con la locura y la paradoja en Cervantes and the Burlesque Sonnet (Berkeley: University of California Press, 1991), págs. 66-80 (libro reseñado por Emilie L. Bergmann en Cervantes, 11.2 [1991], 105-107). No he visto la tesis de Anne Marie Bodensieck, «The Linguistic Comic in Cervantes' Don Quixote de la Mancha», Wisconsin, 1928, ni la de Ames Haven Corley, «A Study in the Word-Play in Cervantes' Don Quixote», Yale, 1914. Sin embargo, no se ha intentado hacer con Don Quijote un estudio similar al de Teresa Aveleyra Arroyo de Anda en El humorismo de Cervantes en sus obras menores (México, 1962) (también «El humorismo de Cervantes», Anuario de letras, 3 [1962], 128-162), o al de Amelia Agostini de del Río en «El teatro cómico de Cervantes», Boletín de la Real Academia Española, 44 (1964), 223-307, 475-539 y 45 (1965), 65-116. Más adelante se usará el artículo de D. van Maelsaeke, «The Paradox of Humour: A Comparative Study of Don Quixote», Theoria [¿Natal, África del Sur?], 28 (1967), 24-42, por su información sobre el romanticismo alemán y Cervantes, pero no es un estudio sobre el humor; el de Roy Johnson, «The Humor of Don Quixote», Romanic Review, 54 (1963), 161-170, es un tratado sobre el carácter o temperamento del protagonista.
II, 361, 20-21. Sansón Carrasco, en las raras ocasiones en que es amable con Don Quijote, dice que tiene un «boníssimo juizio» (IV, 321, 23-24).
«Lo que hablava era concertado, elegante y bien dicho, y lo que hazía, disparatado, temerario y tonto» (III, 221, 22-24).
George McFadden, Discovering the Comic (Princeton: Princeton University Press, 1972), pág. 3; C. F. de la Vega, El secreto del humor (Buenos Aires: Nova, 1967), pág. 15 y passim; etc. Sobre el humor, como ha dicho Santiago Vilas, «nadie parece ponerse de acuerdo con nadie» («Hacia un concepto del humor», págs. 15-97 de su El humor y la novela española contemporánea [Madrid: Guadarrama, 1968], en la pág. 35). Para un análisis de las nociones tempranas sobre el humor, véase Patricia Keith-Spiegel, «Early Conceptions of Humor: Varieties and Issues», en Jeffrey H. Goldstein y Paul E. McGhee, eds., The Psychology of Humor. Theoretical Perspectives and Empirical Issues (New York y London: Academic Press, 1972), págs. 4-39. Entre los tratamientos modernos, me han sido útiles Mathematics and Humor de John Allen Paulos (Chicago: University of Chicago Press, 1980), y Bohdan Dziemidok, The Comical. A Philosophical Analysis, trad. de Marek Janiak (Dordrecht: Kluwer, 1993).
En términos de López Pinciano, para saber lo que es feo hay que conocer lo que es bello.