La historia de Cardenio y Dorotea tiene claros vínculos con la literatura caballeresca. Como se señala en el capítulo 5, tanto Cardenio como Dorotea leían libros de caballerías. El encuentro con Cardenio es llamado una «aventura» (I, 319, 13), su soneto introduce una breve discusión del talento poético de los caballeros andantes (I, 320, 30-321, 11), y el comentario de Sancho sobre la carta de Cardenio («lea vuestra merced algo..., que gusto mucho destas cosas de amores», I, 321, 19-20) es casi el mismo que los de Maritornes y de la hija de Juan Palomeque sobre sus libros de caballerías (II, 81, 25-82, 10).
Sin embargo, la historia en cuestión es principalmente épica, en el mismo sentido en que Persiles lo es. Pasa de la oscuridad a la luz, de la barbarie a la civilización, del desespero y la locura, causados por el amor, al matrimonio. Tiene, como Persiles, un acusado tema cristiano. (Véase Javier Herrero, «Sierra Morena as Labyrinth: From Wildness to Christian Knighthood», Forum for Modern Language Studies, 17 [1981], 55-67.) También es una épica en la forma en que es presentada y contada.
Peter Dunn, «Two Classical Myths in Don Quijote», Renaissance and Reformation, 9 (1972), 2-10.
Los lectores, naturalmente más conservadores que los autores, no estaban de acuerdo con Cervantes en que la forma de los libros de caballerías fuera excepcionalmente libre. Una significativa innovación de Don Quijote con respecto a los libros de caballerías anteriores fue el uso de «novelas y cuentos agenos» (III, 68, 28), y fue una característica que recibió comentarios negativos (III, 67, 17-23).
«Desreglado, sin orden ni méthodo» (Diccionario de autoridades).
Aún más curiosamente, son las cristianas nuevas Zoraida/María y Ana Félix quienes más merecen esta calificación.
I, 129, 21; II, 402, 12; Parnaso, 54, 25. Se dice que los personajes proporcionan pasatiempo en I, 286, 25; IV, 22, 18; y IV, 141, 11.
II, 7, 16; III, 62, 2.
I, 343, 29, y los pasajes citados en las notas 59 y 60 del capítulo 1.
«Lea estos libros, y verá como le destierran la melancolía que tuviere» (II, 373, 30-32); éste es también el significado del comentario de Juan Palomeque cuando dice que las aventuras de Cirongilio de Tracia le dejan «loco de plazer» (II, 85, 16). Don Quijote tenía cierta tendencia a la melancolía, y quizás eso explica parte del atractivo que los libros de caballerías tenían para él.
Parnaso, 54, 26; Don Quijote, I, 37, 32; y IV, 322, 7-8, donde las gracias de los dos protagonistas bastan para «alegrar a la misma melancolía». Se califica al libro de «alegre» en II, 7, 16.