«Los poderes fundamentales de ambos magos [Urganda y Merlín] son el de vaticinar los sucesos que ocurrirán en el futuro y el de conocer el pasado de cada uno de los personajes. Dotados de estos poderes, los magos no desempeñan un papel pasivo ante el curso de acontecimientos, sino que intervienen directamente en la marcha. Urganda, por ejemplo, le da a Amadís su lanza... y a Galaor su espada.... Merlín constantemente aconseja a los reyes sobre lo que debe hacer, revela la verdad del nacimiento de Arturo para que se lo acepte por rey... [y] sugiere la idea de la Tabla Redonda» (Eloy Reinerio González, «El Amadís de Gaula: Análisis e interpretación», tesis, Ohio State University, 1974, págs. 186-187).
Indudablemente Santiago habría «predicho» cosas que ya habían sucedido, como la completa cristianización de la Península, y la gloria de España bajo los Habsburgos; éste es el tipo de predicción que encontramos en Persiles, IV, 6 y en El cerco de Numancia.
Para una introducción rápida, véase Leonard Patrick Harvey, The Moriscos and «Don Quijote», Conferencia inaugural de la Cátedra de Español, Universidad de London, King's College, 1974 (London: King's College, ¿1975?), basada, en un grado considerable, en cuanto a los libros plúmbeos se refiere, en Kendrick; Menéndez Pelayo ofrece detalles adicionales, Historia de los heterodoxos españoles, Biblioteca de Autores Cristianos, 150-151, 2.ª edición (Madrid: Católica, 1965-1967), II, 247-250, y, menos imparcial, Henry Charles Lea, Chapters from the Religious History of Spain connected with the Inquisition (Philadelphia: Lea Brothers, 1890), págs 108-117. Los textos pueden encontrarse traducidos, junto con una introducción, en Miguel José Hagerty, Los libros plúmbeos del Sacromonte (Madrid: Nacional, 1980); acerca de su contenido véase Darío Cabanelas, «Intento de supervivencia en el ocaso de una cultura: Los libros plúmbeos de Granada», Nueva Revista de Filología Hispánica, 30 (1981 [1983]), 334-358.
«Pseudo-Historicity», págs. 124-126.
El otro escenario ficticio posible habría sido Santiago de Compostela.
La tardía aparición (en el siglo XII) de Santiago en la Historia de España medieval como caballero, «en un cavallo blanco con una senna blanca, et grand espada reluzient en la mano» (Primera crónica general, ed. Ramón Menéndez Pidal [Madrid: Gredos, 1955], II, 360) y, como Merlín, haciendo predicciones, parece un reflejo de la literatura caballeresca anterior. No he visto el libro de Klaus Herbers, Der Jakobuskult der 12. Jahrhunderts und der «Liber Sancti Jacobi». Studien über das Verhältnis zwischen Religion und Gesellschaft im hohen Mittelalter (Wiesbaden: Steiner, 1984).
«De muchos santos que de pocos años a esta parte avía canonizado la iglesia, y puesto en el número de los bienaventurados, ninguno se llamava el capitán don fulano, ni el secretario don tal de don tales [es decir, armas o letras], ni el conde, marqués o duque de tal parte, sino fray Diego, fray Jacinto, fray Raimundo; todos frailes y religiosos, porque las religiones son los aranjuezes del cielo, cuyos frutos de ordinario se ponen en la mesa de Dios» («El licenciado Vidriera», II, 110, 11-19); «más vale ser humilde frailecito de qualquier orden que sea, que valiente y andante cavallero; más alcançan con Dios dos dozenas de diciplinas que dos mil lançadas» (III, 120, 1-5), a lo cual Don Quijote responde «todo esso es assí». El interés de Cervantes por los santos recientes, incluyendo al protagonista de su única obra religiosa, El rufián dichoso, es una prueba que puede usarse al establecer su punto de vista religioso.
«Supuesta batalla [cursiva en el original] entre Ramiro I y los ejércitos de Abd al-Rahmán II, en la que se habría aparecido el apóstol Santiago combatiendo contra los moros, montado en un caballo blanco. Por ella se habrían libertado los cristianos del vergonzoso tributo de las cien doncellas, que venía de tiempos del rey Mauregato, y en agradecimiento a la ayuda del Apóstol, Ramiro, en el célebre privilegio de los Votos (supuesto del 25 de mayo de 844, en realidad una falsificación del siglo XII), establece para los habitantes de toda España, conforme fuera liberándose su territorio, la obligación de pagar a la iglesia de Santiago una medida de trigo y otra de vino por cada yugada de tierra.... La leyenda, que ha tenido y tiene aún acérrimos defensores, y ha dado motivo a una bibliografía extensísima, carece de todo fundamento histórico. Ninguna de las más antiguas crónicas cristianas de la Reconquista (Alfonso III, Albeldense) la menciona, y la existencia de esta batalla ni siquiera se plantea a un historiador serio.» (L[uis] V[ázquez] de P[arga], en Diccionario de historia de España, 2.ª edición.)
«Para cuya seguridad [doncellas], andando más los tiempos y creciendo más la malicia, se instituyó la orden de los cavalleros andantes» (I, 149, 24-26). Uno de los cuatro santos y cavalleros del capítulo 58 de la Segunda Parte es San Jorge, «uno de los mejores andantes que tuvo la milicia divina;... y fue, además, defendedor de donzellas» (IV, 226, 17-20).
Francisco de Rades y Andrada, Chrónica de las tres órdenes y cavallerías de Sanctiago, Calatrava y Alcántara (1572; reimpreso en Barcelona: El Albir, 1980), fols. 4v-5v. Rades evita tomar una postura firme en un punto tan delicado, que habría hecho la Orden de Santiago más antigua que su rival principal, la de Calatrava; véase la introducción de Derek Lomax, pág. ix. Ningún historiador moderno atribuiría esta antigüedad a una orden militar.