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La imprenta manual

Jaime Moll


Universidad Complutense

El análisis y estudio del libro impreso es una exigencia necesaria e imprescindible para conocer y valorar sus aportaciones en los distintos campos en los que puede ser considerado: histórico, económico, sociológico y como portador de un texto que difunde. Desde hace más de dos décadas, dedicamos nuestros esfuerzos a propugnar estos tipos de análisis, que en el aspecto textual son de la máxima importancia. Es preciso y totalmente necesario valorar las distintas ediciones de una obra, para no caer en el fetichismo de la variante, cotejando ediciones que carecen de todo valor textual, aunque sean de gran interés desde otros puntos de vista. Algunas correcciones de una edición no autorizada sólo nos permitirán conocer cómo se interpretaban los errores en el sentir de la época. En las ediciones autorizadas por el autor hay que pretender captar las incidencias del proceso de manufacturación que se interponen entre su original y la versión que sale de las prensas, con posibles variaciones hechas por el autor. De esta valoración se deriva la construcción de una bibliografía estructurada, base para el estudio de la obra en su aspecto textual y en el de su difusión.

En esta exposición nos limitaremos a considerar varios aspectos de la imprenta manual. Su estudio puede abordarse desde variados puntos de vista y con distinta finalidad. En nuestro caso, interesa analizar los aspectos técnicos del proceso que sigue la elaboración de los libros de la época de la imprenta manual en su incidencia en los problemas de la transmisión del texto de que son portadores.

La imprenta permitió la reproducción de una copia del texto en múltiples ejemplares, teóricamente iguales. Esta producción de ejemplares que pretenden ser iguales diferencia la transmisión impresa de un texto de su transmisión manuscrita. Como puede fácilmente deducirse, omitimos cualquier referencia a otros aspectos diferenciales introducidos por la imprenta, como el abaratamiento del producto, amplitud de su difusión, influencias sobre la presentación del texto, etc. Nos interesa analizar el sistema de producción impresa frente al de la producción manuscrita en relación con la transmisión del texto, sus paralelismos y sus divergencias.






ArribaAbajoLa preparación de la edición

Tres son las fases de la producción impresa: composición, casado e imposición y tirada. Ante un original, manuscrito o impreso (véase abajo, pp. 32 sigs.), la persona que decide su edición -autor, editor- fija una serie de aspectos de la presentación material del futuro libro, sea primera edición o reedición: formato, letrerías a usar, detalles sobre el ajuste de las páginas, tirada, ritmo de impresión, corrección de pruebas, aspectos que pueden reflejarse en un contrato notarial. Tomadas estas decisiones, entregado el original y preparado éste en varios aspectos (véase abajo, pp. 65 sigs.), se inicia la composición de la obra, que realiza el componedor, modernamente llamado cajista, oficial de las artes gráficas que ha pasado un aprendizaje de unos seis años, conocedor de los aspectos técnicos de su profesión y de la correcta ortografía de la lengua en que va a componer.




ArribaAbajoLa composición

En relación con la finalidad de su trabajo -hacer una copia de un texto- existen pocas diferencias entre el copista y el componedor, pues realizan las mismas funciones, aunque el resultado es diferente: producción de una copia manuscrita sobre papel o pergamino, o de una copia en metal, a base de tipos sueltos, que permitirá múltiples reproducciones. El proceso que siguen ambos es idéntico: lectura de un fragmento del texto, retención temporal del mismo y escritura; vuelta a la última palabra leída para reanudar los pasos señalados. Se diferencian en el material escritorio: mientras el copista va trazando con su instrumento las letras y signos, el componedor va cogiendo de los cajetines de su caja los tipos correspondientes, donde la letra que necesita está en relieve, invertida lateralmente. En su mano izquierda tiene un aparato llamado también componedor, que está formado por dos listones de madera o metal, colocados en ángulo recto, con un tope fijo en un extremo y variable en el otro, para poder adaptarlo a la longitud prevista de la línea, aunque también puede ser fijo. Los tipos que va cogiendo con su mano derecha los va colocando en el componedor, de izquierda a derecha, invertidos verticalmente. Las líneas que se forman se justificarán mediante espacios de distinto grosor, para que todas tengan igual longitud, con lo que se logrará una mejor presentación, pero que es también exigencia para que el molde de cada página forme un conjunto compacto, que permita, una vez atado por los costados, su traslado sin que se descomponga.

De lo expuesto podemos fácilmente deducir que los errores posibles son comunes al copista y al componedor, a los que hemos de añadir los propios de este último. Malas lecturas, por lectura global, por dificultad de la letra -en algunos contratos de impresión se especifica que se entregará una copia en letra clara-, por el uso de palabras no habituales, son tres casos que distanciarán la copia del original. También los saltos hacia adelante o hacia atrás, al recuperar el final de la lectura anterior, por darse una palabra igual o parecida. Cambios inconscientes en el proceso de retención, como alteraciones en el orden de la frase, cambios de palabras con o sin variación del sentido, en suma, los mismos casos que encontramos en la transmisión manuscrita, que han sido estudiados por la crítica textual.

Exclusiva de la imprenta es la errata debida a un tipo que en la distribución no se colocó en el cajetín que le correspondía, o bien la equivocación del componedor al coger un tipo por otro; también colocar un tipo invertido. Habitualmente son erratas más fáciles de detectar.

El componedor se sienta ante el chibalete, estructura de madera sobre la que se colocan en posición inclinada las cajas. Estas son unos cajones, de poca altura, con divisiones en su interior llamadas cajetines, donde se ponen los tipos. A cada cajetín le corresponde una determinada letra, signo o espacio. La caja se divide -pueden ser materialmente dos cajas- en caja baja, la parte más cercana al componedor, que contiene principalmente las minúsculas, y caja alta, con las mayúsculas. Después de colocar el original en el divisorio -tabla delgada y alargada que se fija en la caja, con una hendidura en su parte inferior para sostener las hojas, aseguradas en su posición por una especie de horquilla llamada mordante, que también sirve como señal de lo que se ha compuesto- el componedor va realizando su copia. Sin embargo, a diferencia del copista, no copia el texto de una manera seguida. La unidad de impresión no es la hoja del libro resultante, sino el pliego -la prensa no admite tamaños más pequeños- que doblado cierto número de veces y en determinada forma nos dará el formato del libro. El pliego se imprime primero por una cara, después por la otra, y las páginas, que una vez doblado el pliego serán consecutivas, se presentan en cada cara del mismo en una predeterminada posición, pero no en su secuencia numérica. Como en las imprentas no hay habitualmente tipos suficientes no ya para componer toda la obra sino para mantener compuestas varias formas, y, por otra parte, existe un ritmo de trabajo entre el componedor y la prensa, se van componiendo las páginas correspondientes a una cara del pliego y posteriormente las de la otra cara. Para ello es preciso contar el original, o sea marcar en él lo que ocupará cada página. Es ésta una de las operaciones más delicadas de la imprenta, causa de importantes alteraciones textuales (véase abajo, pp. 65 sigs.).




ArribaAbajoCasado e imposición

Del componedor van pasando las líneas a la galera, especie de bandeja rectangular, que en tres de sus costados tiene unos bordes más bajos que los tipos. Por el lado abierto se desliza una tabla muy fina, llamada volandera, que ocupa el fondo de la galera, sobresaliendo del mismo para facilitar su manejo. Cuando está completa una página, se ata la composición y, sacando la volandera, se la hace deslizar sobre una tabla, donde se reunirán las que han de llenar una cara del pliego. Realizada la operación del casado, o sea situar cada molde de una página en la posición y orientación adecuada, se procede a la imposición, colocando la rama, que cercará los moldes. La rama es un bastidor rectangular de hierro, con una pieza del mismo metal en el centro, paralela a los lados cortos, llamada crucero, fija o de posición variable. Para mantener las distancias entre las cabezas y los lados de las páginas, se colocarán las guarniciones adecuadas, apretándolas con los tornillos de la rama, sistema habitual en España, o por medio de cuñas. Con ello se logrará un conjunto compacto que podrá ser trasladado a la prensa, sin que se caigan los tipos. La rama con los moldes constituye la forma, que contiene la copia en metal de la parte del texto que ocupa una cara del pliego. De la forma se saca la correspondiente prueba para que el corrector o el autor señale las erratas, que corregirá el componedor.




ArribaAbajoLa prensa

La prensa es un instrumento muy anterior a la invención de la imprenta, que se utilizaba para hacer vino, aceite, escurrir las hojas de papel que salen de la tina, etc. Al adoptarla la imprenta tuvo que ser modificada para que sirviese a sus necesidades y exigencias. A poca distancia de una superficie plana, la forma, que debe entintarse para cada pliego, se encuentra el cuadro, plano con movimiento vertical por la presión de un husillo con el que finaliza un tornillo movido por una barra. Al girar la barra el cuadro ejerce presión sobre el papel colocado encima de la forma entintada, y hace que la copia metálica traslade al pliego el diseño del ojo de los tipos entintados que la componen.

Puesto que la impresión se hace pliego a pliego, la barra que mueve el tornillo debe girar menos de 180º, pues de otra manera, sería necesario irla sacando de los agujeros laterales del tornillo -como se hacía, por ejemplo, en la prensa de papel- para ir aumentando la distancia entre el cuadro y la forma y poder entintar ésta y colocar el papel, repitiendo la operación en sentido inverso, con lo que el proceso de impresión se hubiese alargado demasiado. La resolución de este problema condicionó la estructura de la prensa manual de imprimir, al hacer que la forma se desplazase de la vertical del cuadro, con lo que se podía proceder a entintarla de una manera fácil, como también colocar sobre ella el pliego a imprimir.

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Grabado de Jan van Straet en el volumen Nova reperta, Amberes, hacia 1600

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Grabado de Hans Merian en la Gottfrieds Chronik, 1642

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Prensa vista desde fuera. Grabado procedente de la Encyclopédie, ou dictionaire raisonée des sciences, des arts, et des métiers [...] publié par M. Diderot [...] & quant à la partie mathématique par M. D'Alembert...

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Figura Iª. a. Piernas primera y segunda de la prensa, con dos pies cada una. x. Tintero, k. Muleta. f. Tablita sobre la que se colocan las balas cuando no se trabaja, p. Caballete, b. Someros. d. Cabecera de la pierna, c. Mortajas de las piernas, s. Listones. n. Mortajas para las espigas del somero D (figura 2ª).

Figura 2ª. A. Sombrero. B. Somero. C. Cajón. r. Mortajas del cajón, e. Agujero para el husillo. t. Tejuelo, q. Cuadro, s. Tornillos. D. Somero, m. Mortaja del somero para las orejeras de la matriz (figura 3ª).

Figura 3ª. s. Pasador que atraviesa el nabo del husillo y la golilla. M. Matriz, a. Orejeras. h. Husillo o rosca. o. Ojo en el que entra la punta de la barra (figura 4ª). z. Tejuelo, g. Punta del husillo.

Figura 4ª. Barra, h. Mango, c. Chaveta.

Este grabado, así como los de las dos páginas que siguen, pertenece a la obra Mecanismo del arte de la imprenta para facilidad de los operarios que le exerzan, de Juan Josef Sigüenza y Vera; Madrid, Imprenta de la Compañía, 1811.

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Figura 5ª. P. Escalera. a. Listones medianos. e. Bandas. Q. Espigas. o. Mortajas. r. Mortajas en las que entran las espigas de la escalera. j. Anilla en la que se asegura con un nudo un pedazo de maroma llamada "vaca", la cual se introduce en el agujero l del tablón (figura 6ª). s. Palomillas, con sus taladros. B. Lugar en el que se coloca un banco de igual altura que la escalera para poner el papel.

Figura 6 ª. R. Tablón. u. Cofre. E. Piedra. r. Cantoneras. v. Bisagras. x. Lugar en el que se coloca el caballete (figura 11ª). n. Cambrones. t. Agujero a través del cual asoma un extremo de la maroma o "vaca".

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Figura 7ª. F. Rodete. c. Cilindro de hierro que atraviesa el rodete, d. Cigüeña. e. Manija.

Figura 8ª. T. Tímpano. t. Medias bisagras, las cuales encajan en las del cofre (figura 6ª). b. Chaveta. X. Timpanillo. m. Punturas. V. Frasqueta. r. Chapa. l. Goznes o fijas. i. Chavetas.

Figura 9ª. H. Rama. t. Tornillos. o. Llave. r. Mortajas del crucero de la rama.

Figura 10ª. G. Balas.

Figura 11ª. Caballete que sostiene el tímpano cuando éste se levanta para poner o quitar pliegos. s. hierro en el que se amarra la maroma o "vaca". n. Agujero en el que se introduce el hierro q, con el que se va apretando la maroma o "vaca".

La prensa de imprimir está constituida por dos partes que forman una unidad: el armazón que contiene el cuadro con los elementos de presión y una estructura que permite que la forma deslice, situándose bajo el cuadro, una vez ha sido entintada y recibido el pliego.

El armazón de la prensa se asienta sobre dos zapatas alargadas. En uno de sus extremos encajan verticalmente dos gruesos postes, llamados piernas, que se mantienen paralelos y unidos por otros maderos colocados en sentido horizontal: el sombrero, encajado en las espigas del extremo superior de las piernas, y dos someros, uno en la parte superior y otro en la parte inferior. Dos postes menos gruesos y más cortos, los pilarotes, se asientan verticalmente en el otro extremo de las zapatas, unidos entre sí y con las piernas por varios maderos, formando un armazón para dar estabilidad a la prensa. Junto al pilarote izquierdo se encuentra el tintero.

En el somero superior se aloja la matriz metálica que guía la rosca de la parte alta del husillo. Éste tiene debajo de la rosca un ojo donde se introduce la punta de la barra. La parte inferior del husillo -el nabo- es cilíndrica, terminando en punta, por donde se ejerce la presión sobre el tejuelo del cuadro. El nabo se introduce en una pieza de madera de forma ortoédrica, llamada cubo, que es movida en sentido vertical al girar la rosca. El cubo está guiado en su movimiento por la cárcel, tabla doble de madera, sujetada en las piernas, con una abertura central por donde se desliza. El cuadro, de madera dura o metal, perfectamente alisado y plano, está colgado del cubo por unas cuerdas o piezas metálicas, que van de los ganchos de sus cuatro esquinas a los correspondientes de la parte inferior del cubo. En la parte superior central del cuadro se encuentra embutida una pieza metálica, el tejuelo, con una hendidura que acoge la punta del husillo. En el tejuelo se ejerce la presión sobre todo el cuadro.

Sobre el somero inferior se apoya un extremo de la escalera, mientras que un caballete la sostiene en el otro extremo. La escalera está formada por un marco de madera, con unos listones en su interior que tienen dos bandas de hierro, sobre las que el carro se desliza. El carro está formado por el tablón, tabla de madera, que tiene unos cambrones en su parte inferior para guiar su deslizamiento sobre las bandas de hierro. En la parte superior del tablón se asienta el cofre, marco que cerca la piedra o mármol, sobre la que se colocará la forma. En la parte inferior de la escalera, se encuentra un rodete, movido por una manivela, sobre el que se enrrolla y desenrrolla una cuerda o banda de cuero, que tiene fijados sus extremos en los del tablón. De esta manera se realiza el movimiento alternativo del tablón con el carro.

Para evitar que al colocar el pliego sobre la forma entintada quedase huella de tinta que no coincidiese con la dada por la presión del cuadro, se unió al carro, por medio de unas bisagras, un bastidor rectangular, llamado tímpano, cubierto de baldés, en el que encajaba otro bastidor más pequeño, también cubierto de baldés, llamado timpanillo. El espacio interior entre ambos se rellenaba con bayetas, formando la mantilla del tímpano, para suavizar el contacto del cuadro con los tipos. En el otro extremo del tímpano, unas chavetas fijan la frasqueta, otro bastidor cubierto de pergamino o papel, en el que se han hecho unas ventanas del tamaño de las páginas de la forma que se imprime, para impedir que se manchen los blancos marginales. En el centro de los laterales del tímpano se encuentran dos punturas, que perforan el pliego, agujeros que reciben el nombre de puntizones. Su finalidad es doble: fijar bien el pliego en el tímpano y al imprimir la retiración, habiendo colocado el pliego introduciendo los puntizones en las punturas, lograr un perfecto registro, o sea que las páginas de ambas caras del pliego coincidan.




ArribaAbajoLa tirada

Dos operarios especializados manejan la prensa, el tirador y el batidor. El proceso de impresión es el siguiente: situado el carro fuera del cuadro, después de imprimir un pliego, el tirador levanta el tímpano y luego la frasqueta. Mientras retira el pliego ya impreso y coloca uno nuevo -los pliegos han sido previamente humedecidos- el batidor entinta los moldes de la forma con una bala en cada mano. Las balas para entintar están formadas por un casquete de piel, relleno de lana, con un mango de madera. El batidor toma con las balas tinta del tintero, las frota entre sí para repartirla bien y a golpes la distribuye en los moldes de la forma. A continuación, el tirador hace caer la frasqueta sobre el tímpano, ambos sobre la forma, y da vueltas a la manivela para introducir la mitad del carro bajo el cuadro. Con la barra da un golpe, o sea la mueve hacia sí, con lo que baja el cuadro y se imprime medio pliego. El tirador devuelve la barra a su posición de descanso, con lo que se levanta el cuadro, hace girar de nuevo la manivela para que la otra mitad de la forma se sitúe bajo el cuadro y da un segundo golpe de barra para imprimir la otra mitad del pliego. Entretanto, el batidor entinta las balas. Moviendo la manivela en sentido contrario, el tirador desplaza el carro fuera del cuadro, iniciando de nuevo las operaciones descritas. Terminada la impresión de una forma, el batidor la lava con lejía y a continuación el componedor distribuye los tipos en los correspondientes cajetines de su caja.

Realizada la tirada del blanco -la primera cara del pliego que se imprime- se cambia la forma para imprimir la retiración, con lo que se ultima la impresión del pliego en el número de ejemplares fijado. Como se ve, para imprimir una cara del pliego se necesitan dos golpes de barra, o sea cuatro golpes para cada pliego. La tirada diaria -que recibe el nombre de jornada- es de mil quinientos pliegos, o sea que son necesarios seis mil golpes de prensa.




ArribaAbajoLa edición y sus variaciones

Impresos todos los pliegos del libro, que el impresor entrega al editor en rama, o sea sin encuadernar, queda terminada la edición del mismo, o sea el conjunto de ejemplares de una obra, impresos de una composición tipográfica única o que ofrece ligeras variaciones.

El proceso indicado de composición, impresión y distribución de los tipos de los moldes de cada forma imposibilita la realización de nuevas ediciones con la misma composición. Para una reedición, aunque se realice al poco tiempo, es necesario componer de nuevo la obra, con las consecuencias textuales que se derivan. Es más, si durante la impresión se decide aumentar la tirada o si por cualquier accidente se han deteriorado parte de los pliegos impresos, es necesario componer de nuevo las páginas necesarias, que aunque se hagan a página y renglón, presentarán siempre algunas alteraciones. Es preciso tener en cuenta, que en algunos casos, años después de realizada una edición, si quedan todavía ejemplares, puede hacerse una nueva portada e incluso nuevos preliminares y colofón con los datos actualizados con el fin de favorecer su venta. No se trata de una nueva edición sino de una emisión de la edición anterior, pues el texto no se ha compuesto de nuevo.

¿Se producen alteraciones del texto durante la tirada, con lo que los ejemplares múltiples producidos no serán iguales? Pueden producirse, voluntaria o involuntariamente. El entintado se hace con las balas golpeando los moldes, con lo que pueden saltar algunos tipos. Su recolocación no siempre es la correcta, si no la hace el componedor. Si durante la tirada se advierten erratas, a veces se para el trabajo, se corrige la composición y se continúa la impresión, sin destruir los pliegos ya impresos. Son las llamadas correcciones en prensa, que si se detectan es preciso estudiar, cotejando el mayor número de ejemplares, con lo que se diferenciarán los que ofrecen distintos estados del texto. En otros casos, la variación puede haberse previsto, como sucede con muchas coediciones, en las que se imprime una portada para cada editor. Nos hallamos ante emisiones distintas de una misma edición, sin que se vea afectado el texto.

Es preciso señalar que puede variar el orden de impresión de un libro. Se puede iniciar por la portada y preliminares hasta llegar al colofón, o bien se inicia por el texto -en los reinos de Castilla es obligatorio desde la pragmática de 1558- y al finalizar se imprime el cuaderno o cuadernos de preliminares con la correspondiente portada. Según el sistema seguido, puede darse el caso de que la portada tenga una fecha anterior en un año a la consignada en el colofón, o, por el contrario, la fecha del colofón sea anterior a la de la portada. Por otra parte, una obra puede realizarse en más de una prensa trabajando al mismo tiempo. Ello obliga a dividir el original en varias partes para repartirlas entre los componedores. También se puede repartir la composición e impresión de una obra entre dos imprentas (véase abajo, pp. 65 sigs.).

Hemos ya expuesto algunas de las variaciones que se realizan durante el proceso de impresión y que originan distintos estados en ejemplares de una misma edición. A veces estos cambios son posteriores a la impresión y venta del libro. Acciones administrativas o de la Inquisición exigen el cambio de alguna parte del texto, lo que obliga, si no se quiere mandar al molino de papel los ejemplares no vendidos, a componer los pliegos que han de sufrir variaciones para sustituir los prohibidos, con lo que se producen ejemplares distintos, unos con el estado original, otros con el estado corregido. De nuevo, un cotejo del mayor número de ejemplares permitirá localizar los distintos estados.




ArribaAbajoAlgunos problemas bibliográficos

Hay que prevenirse de otro tipo de variaciones realizadas modernamente por libreros anticuarios o bibliófilos, principalmente en la segunda mitad del siglo XIX, con el desarrollo de las técnicas fotolitográficas, que dan lugar a ejemplares manipulados, que pueden crear confusión. Un atento análisis y comparación de ejemplares nos permitirá detectarlas. Es preciso señalar, que si bien un facsímil o una reproducción fotográfica es de una gran ayuda para el trabajo, no debe excusarse la consulta directa y el análisis de los libros, pues hay detalles, a veces muy importantes, que no los puede detectar una reproducción.

Un aspecto que no se debe olvidar es el referente a los datos de producción y fecha que figuran en el libro. Si estos datos no existen, sólo un estudio tipográfico podrá asignar una edición a un determinado taller y precisar una fecha aproximada. El problema se presenta cuando los datos son falsos. En el caso de que exista una sola edición con determinados datos y estos sean falsos, la valoración de su texto debe cuestionarse. Si es reedición, su valor es nulo. En caso de primera edición será necesario analizar todas las posibilidades para establecer su relación con el original del autor.

Más problema presenta la existencia de dos ediciones con los mismos datos de producción y fecha. Varias son las posibilidades que pueden ofrecer. En el caso de obras con un rápido éxito de venta, los datos de producción y fecha pueden responder a la realidad. El problema se plantea en su orden de impresión y en la posibilidad de que el autor haya introducido variaciones en la segunda edición, o ésta sólo ofrezca alteraciones textuales originadas en el proceso de composición. Inexcusable es la diferenciación entre una edición auténtica y otra contrahecha, que toma de la primera sus datos de producción y fecha. Como se puede suponer, su valor textual es nulo, tanto si la fecha es cierta como si esconde una edición muy posterior.

De lo que muy someramente acabamos de exponer, creemos que se puede deducir una firme conclusión: sólo el análisis del libro impreso -con la deseable ayuda de los datos documentales, siempre que sea posible- nos permitirá penetrar en muchos aspectos de la transmisión del texto que difunde e intentar vislumbrar su grado de fidelidad a la voluntad del autor.






ArribaNota bibliográfica

La principal fuente para el conocimiento del proceso de la imprenta manual son los tratados destinados a sus profesionales. Hacia 1680, el componedor Alonso Víctor de Paredes, hijo y hermano de impresores, escribió -componiendo e imprimiendo un ejemplar único «para que me sirviesse de memoria»- un manual de su especialidad, obra de gran interés y utilidad para los investigadores: Alonso Víctor de Paredes, Institución y origen Marte de la imprenta y reglas generales para los componedores, edición y prólogo de Jaime Moll, Madrid, 1984.

Una visión general, breve, dedicada al no especialista pero muy ajustada a la realidad, incluyó Cristóbal Suárez de Figueroa en su versión ampliada de la obra del italiano Tommaso Garzoni, Plaza universal de todas ciencias y artes, Madrid, Luis Sánchez, 1615, ff. 367r-368v; el texto en cuestión se publica como Apéndice 1 en el presente volumen. La parte final del capítulo dedicado a los impresores, que no se encuentra en la edición original italiana, debe ser obra de su traductor o fue redactada por alguien de la imprenta de Luis Sánchez.

De principios del siglo XIX es el interesante manual de Juan Josef Sigüenza y Vera, Mecanismo del arte de la imprenta para facilidad de los operarios que le exerzan, Madrid, 1811. Se reeditó en 1822, con la adición de un vocabulario de términos técnicos. En 1992, se ha publicado un facsímil de la primera edición.

En cuanto a los manuales extranjeros, es de gran interés por su texto y principalmente por sus numerosas ilustraciones el apartado correspondiente de la Encyclopédie, de Diderot y D'Alembert, y la versión reelaborada de la Encyclopédie méthodique, editada por Panckoucke.

Manual básico moderno, síntesis de los trabajos de la escuela bibliográfica anglosajona de análisis del libro con finalidad textual, es la obra de Philip Gaskell, A New Introduction to Bibliography, Oxford, 1972, con reediciones posteriores, y ahora accesible en español: Nueva introducción a la bibliografía material, ed. J. Martínez de Sousa, Gijón, 1999.

Sobre la metodología del análisis de las correcciones en prensa, puede consultarse Jaime Moll, "Correcciones en prensa y crítica textual: a propósito de Fuente Ovejuna", Boletín de la Real Academia Española, LXII (1982), pp. 159-171.

Para el estudio de las variaciones que puede ofrecer una edición y el análisis y valoración de las distintas ediciones de una obra, véase Jaime Moll, "Problemas bibliográficos del libro del Siglo de Oro", Boletín de la Real Academia Española, LIX (1979), pp. 49-107.



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