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La gatita Mancha y el ovillo rojo

Miguel Hernández Gilabert

[Nota preliminar: Para la fijación textual de esta edición se ha tomado como base la ed. de A. Sánchez Vidal y J. C. Rovira con la colaboración de C. Alemany de la Ed. Espasa-Calpe, cotejándose con la de la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales.]

Había un ovillo en el costurero. Era un ovillo muy grande y muy rojo. Era un ovillo muy bonito. La gatita Mancha dijo al verlo:

La gatita Mancha dijo al verle:

¡Miaumero! ¡Miaumero!

Una pelota roja.

Yo la quiero. Yo la quiero,

Yo llegaré hasta el costurero.

El costurero está muy alto.

Pero todo será cuestión

de dar valientemente un salto

aunque me lleve un coscorrón.



Saltó la gatita Mancha. Cayó dentro del costurero. El costurero, el ovillo rojo y la gatita Mancha cayeron de la mesa y rodaron por el suelo. Dijo la gatita:

¡Miaumiar! ¡Miaumiar!

¡Yo no puedo correr!

¡Yo no puedo saltar!

¡Yo no puedo ni un pelo mover!

¿Quién me quiere ayudar?



Al oírla, vino Ruizperillo. Y vino su madre. Y la hermanita de Ruizperillo también vino. Y toda la familia de Ruizperillo vino a ver a la gatita Mancha enredada en el ovillo. Todos reían viéndola cada vez más enredada en el algodón del ovillo rojo.

La madre de Ruizperillo dijo:

Mancha, Manchita,

usted está de broma.

Ahora necesita

mi ayuda, gatita, paloma.

Este ovillo

no es para una gata pequeña,

sino para una que enseña

viejo el solomillo,

vieja la nariz y aguileña.

No sabe usted

bordar ni coser,

gatita de dientes

y uñas de alfiler.



Toda la familia de Ruizperillo rio hasta que la gatita Mancha salió de su cárcel de algodón. Entonces, Ruizperillo dejó en el suelo su pelota de goma para que Mancha jugara con ella. Y la gatita asustada echó a correr asustada diciendo:

¡Fus! ¡Fus! ¡Parrafús!


Porque el gato más valiente,

si sale escaldado un día,

huye del agua caliente,

pero, además, de la fría.