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71

103-30.


«Rendir el golpe crudo
de corazon esento»


dicen las ediciones de Valladolid, 1617; Barcelona, 1618; Madrid, 1772; Madrid, 1829; y la de la Biblioteca de Autores Españoles. Nosotros preferiríamos leer (como también hizo Rosell):

«rendiral golpe crudo el coraçon esento». (N. del E.)  

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104-4. Algunas ediciones (como la de Barcelona, 1618; la de Madrid, 1772; la de la Biblioteca de Autores Españoles, y la de Rosell) dicen «causa», en vez de «cansa»; enmienda que nos parece desacertada. Cervantes gusta de asociar los conceptos de turbación y de cansancio, como también de contraponer el primero al de descanso. Así, al final del libro V de Galatea, escribe:


   «Por ti la luz de mis cansados ojos,
tanto tiempo turbada, y aun perdida...»


Y al principio del libro II: «hermana Leonarda -que assi se llamaua la turbadora de mi descanso...». (N. del E.)

 

73

107-18. Es el soneto XXXI en la edición de las Obras de Francisco de Figueroa impresa en Lisboa por Pedro Craesbeeck en 1625 (de la cual poseyó ejemplar Salvá, y se conserva otro en la Biblioteca Nacional de Madrid), y dice así:



   «¡Ah, de quan ricas esperanças vengo
al deseo más pobre i encogido
que jamás encerró pecho herido
de llaga tan mortal como yo tengo!

   Ya de mi fee, ya de mi amor tan luengo,  5
que Phili sabe bien quan firme ha sido:
ya del fiero dolor con que he vivido,
i en quien la vida a mi pesar sostengo,

   otro más dulce galardon no quiero,
sino que Phili un poco alce los ojos  10
a ver lo que mi rostro le figura:

   que, si lo mira, i su color primero
no muda, i aun quiçá moja sus ojos,
bien será más que piedra helada i dura.» (N. del E.)


 

74

108-9. Es el lindísimo soneto XXVII de la edición lisbonense, de 1625, de las Obras de Figueroa, cuyo texto es como sigue:



   «La amarillez i la flaqueza mia74.1,
el comer poco i el dormir perdido,
la falta quasi entera del sentido,
el debil passo, i la voz ronca i fria,

   la vista incierta, i el más largo dia  5
en suspiros i quexas repartido,
alguno pensará que aya nacido
de la passada trabajosa via.

   I sabe bien Amor que otro tormento
me tiene tal, i otra razon mas grave  10
mi antigua gloria en tal dolor convierte.

   Amor solo lo sabe, i yo lo siento.
¡Si Phili lo supiesse!... ¡O mi suave
tormento! ¡O dolor dulce! ¡O dulce muerte!» (N. del E.)


 

74.1

Reminiscencia de Garcilasso (Cancion I, v. 40 y 49). (N. del E.)

 

75

108-16. Alude Cervantes a la Cancion IV de Figueroa, que dice así (según la citada edición lisbonense de 1625):



   «Sale la Aurora, de su fertil manto
rosas suaves esparziendo i flores:
pintando el cielo vaa de mil colores,
i la tierra otro tanto,
quando la dulce pastorzilla mia,  5
lumbre i gloria del dia,
no sin astucia i arte,
de su dichoso alvergue alegre parte.

   Pisada del gentil blanco pie, crece
la hierva, i nace en monte, en valle o llano:  10
qualquier planta que toca con la mano,
qualquier arbol florece.
Los vientos, si soberbios van soplando,
con su vista amansando,
en la fresca ribera  15
del rio Tybre sientase i m’espera.

   Dexa por la garganta cristallina
suelto el oro que encoge el sutil velo;
arde de amor la tierra, el rio, el cielo,
i a sus ojos se inclina;  20
ella, de azules i purpureas rosas,
coge las más hermosas,
i, tendiendo su falda,
texe dellas despues bella guirnalda.

   En esto vee que el sol, dando al Aurora  25
licencia, muestra en la vezina cumbre
del monte el rayo de su clara lumbre,
que el mundo orna i colora.
Turbase, i una vez arde i se aíra,
otra teme i suspira  30
por mi luenga tardança,
i, en mitad del temor, cobra esperança.

   Yo, que estava, encubierto, los más raros
milagros de [natura]75.1 i de amor viendo,
i su amoroso coraçon leyendo  35
poco a poco en sus claros
ojos, principio i fin de mi deseo,
como turbar los veo,
i, enojado conmigo,
temblando, ante ellos me presento, i digo:  40

   “Rayos, oro, marfil, sol, laços, vida
de mi vida i mi alma i de mis ojos:
pura frente, que estás de mis despojos
más preciosos ceñida:
hevano, nieve, purpura i jasmines,  45
ambar, perlas, rubines:
tanto vivo y respiro,
quanto sin miedo i sobresalto os miro.”

   Alça los ojos a mi voz, turbada,
[i, mirando los mios, segura i leda,  50
sin moverlos, a mi se llega, i queda
de mi cuello colgada,
i assi está un poco embebecida; i luego,
con amoroso fuego,
blandamente me toca,  55
i bebe las palabras de mi boca].

   Despues comiença, en son dulce i sabroso
(i, a su voz, cessa el viento i para el rio):
“Dulce esperança mia, dulce bien mio:
fuente, sombra, reposo  60
de mi sedienta, ardiente i cansada alma:
vista serena i calma:
¡muera aqui, si más chara
no me eres que los ojos de la cara!”

   Assi dize ella, i nunca en tantos nudos  65
[fue de yedra o de vid olmo enlazado,
quanto fui de sus brazos apretado,
hasta el codo desnudos;
i, entrando en el jardin de los amores,
cogi las tiernas flores  70
con el fruto dichoso:
¿quien vio nunca pastor tan venturoso?]

   Cancion: si alguno de saber procura
[lo que despues passamos,
si envidioso no es, di que gozamos  75
quanta amor pudo dar gloria y ventura]


Es singular lo ocurrido con esta poesía. Se ha impreso, que sepamos, siete veces (en las ediciones de Figueroa de 1625 y 1626, reproducida esta última por A. M. Huntington en 1903; en la de Coimbra, 1661; en el tomo IV del Parnaso español de Sedano, en el XX de la Coleccion de Ramón Fernández [el P. Estala] y en el II de los Poetas líricos de los siglos XVI y XVII, de Adolfo de Castro), y las siete sustituyendo por líneas de puntos o rayitas los versos de las últimas estrofas y de la deshecha que hemos puesto en cursiva. Esos diez y siete versos que no se hallan en las ediciones, no habían de faltar en el manuscrito de D. Antonio de Toledo, citado por Luis Tribaldos en su Discurso preliminar, sino que se omitirían «por buenos respetos». Pero, afortunadamente, no se han perdido: consta la canción de Figueroa en el manuscrito 2864 de la Biblioteca Ricardiana (folios 7 v.-9 r.), descrito por E. Mele y A. Bonilla en Dos Cancioneros Españoles (Madrid, 1904; página 12); y, por añadidura, la poesía entera se ha impreso antes que la edición de 1625, puesto que figura en La Silva curiosa del caballero navarro Julián de Medrano (Paris, 1583; ídem, 1608; Madrid, 1878), al final de la primera parte del libro I, y bajo el rótulo: «El pastor Coridon declara por estos versos y cancion el dichoso fin de sus amores y de su hermosa pastora Silvia.» Medrano se apropia tranquilamente la canción de Figueroa, y la reproduce con ligerísimas variantes. Fue un hurto feliz, gracias al cual pueden leerse ahora completos los nombrados versos de Tirsi.

Por lo demás, la canción de Figueroa fue tan famosa, que Luis Barahona de Soto la imitó en aquella otra suya que empieza


«Cual llena de rocío»,


y que reprodujo Pedro Espinosa en sus Flores de poetas ilvstres (Valladolid, 1605). En las mismas Flores consta otra imitación de la canción de Figueroa, en la poesía del mariscal de Alcalá que comienza:

«Como entre verde juncia».75.1 (N. del E.)

 

75.1

La edición de 1625: «fortuna». (N. del E.)

 

75.1

I, 250-14 [«En las mismas... juncia» añadido del apéndice «Adiciones a La Galatea» de op. cit., p. 325 (N. del E.)]

 

76

[«cuando» corregido de la fe de erratas del original (N. del E.)]

 

77

[«estrecheça» corregido de la fe de erratas del original (N. del E.)]

 

78

114-31. La edición de Valladolid, 1617, y la mayoría de las siguientes, traen:


   «Injustas pagas, voluntades justas
a cada passo vemos,
dadas por mano de fortuna esquiua.»


Pero sobra una sílaba en el primer verso de la edición de 1585. Lo enmendamos suprimiendo la desinencia del plural, según indican los paréntesis. (N. del E.)

 

79

[«cenizas» corregido de la fe de erratas del original (N. del E.)]

 

80

115-28. La primera edición: «inoxorable». (N. del E.)