NOTA. Lo indicado con este
signo *, se suprime en la representación con objeto de abreviarla.
Escena I
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DON JUAN, a la derecha,
despachando con
CASTELL;
MAGÍN, que acaba de llegar; a la izquierda,
DOÑA MONSA, sentada, devanando una madeja que
sostiene
BONAIRE; junto a ella,
DOÑA SATURNA, leyendo cartas, que va metiendo
en su ridículo.
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JUAN.-
(A
MAGÍN.) ¿Qué
ocurre?
|
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MAGÍN.-
Romagosa ha dado un achuchón al
regimiento de Mallorca, de la columna de Zorraquín, matándole
seis hombres y cogiéndole catorce prisioneros.
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JUAN.-
¿Dónde?
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MAGÍN.-
Hacia Bellver.
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JUAN.-
¿Qué más?
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MAGÍN.-
El Trapense ha destrozado la columna
de Rotten.
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JUAN.-
Bien.
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—6→
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MONSA.-
Ese es el hombre, fray Antonio
Marañón, nuestro bendito guerrillero, defensor del trono y de la
fe.
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BONAIRE.-
¡Viva el Trapense!
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MONSA.-
Juicio, señor Bonaire. Con su
entusiasmo ha enredado la madeja.
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SATURNA.-
Y con sus chillidos no me deja
leer.
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BONAIRE.-
(Tratando de desenredar la
madeja.) Señoras, no es para incomodarse. ¡Viva el Rey
absoluto!
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MONSA.-
¡Adulón!
(Se levanta para arreglar la
madeja.)
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JUAN.-
(Al Oficial, que se levanta.) Que
salgan al instante los refuerzos que enviamos a Misas.
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CASTELL.-
(Saludando.) Mi General...
(Vase.)
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JUAN.-
(A
MAGÍN.) ¿Y tú...?
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MAGÍN.-
¿Me vuelvo a la
facción?
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JUAN.-
Sí.
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MONSA.-
¡Pobre Magín!
Déjale descansar siquiera un día. Encasa le necesitamos.
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MAGÍN.-
Quiere la señora doña
Susanita que aliste la litera para salir de paseo.
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JUAN.-
Es verdad. Puedes quedarte hoy.
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MAGÍN.-
Con permiso.
(Vase.
DON JUAN, silencioso, se sienta y examina un
plano.)
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BONAIRE.-
Ya está deshecho el nudo.
Adelante... No desharán tan fácilmente las tropas de Mina el que
le han armado nuestros guerrilleros en este laberinto de montañas.
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|
MONSA.-
En la montaña y en el llano,
Dios bendecirá las tropas de los leales.
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|
BONAIRE.-
Amén.
(Declamatorio.) Y hará
suya la causa de la Regencia, constituida en esta gloriosa ciudad de Urgell,
para arrancar a España de las uñas de toda esa taifa
masónica, comunera y democratizante. ¡Muera la libertad!...
|
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SATURNA.-
(Imponiendo silencio.)
¡Ss!..
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MONSA.-
(A
SATURNA.) ¿Qué noticias
hay?
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SATURNA.-
Excelentes. La duquesa de Montmorency
me dice que monsieur de Villéle se va convenciendo de la necesidad de la
intervención.
(A
DON JUAN.) ¿Y qué? Ese
fantasmón de Mina, ¿avanza?
|
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—7→
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|
JUAN.-
Trata de penetrar en la
Cerdaña.
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|
SATURNA.-
¿Estaremos seguros?
|
|
JUAN.-
¡Oh, sí!... Puede usted
escribir a sus amigos de la corte de Francia que la Regencia y sus guerrilleros
indomables sabrán redimir a la nación y devolver al Rey sus
fueros, su autoridad sagrada.
|
|
MONSA.-
Muy bien.
(Terminada de ovillar la madeja,
BONAIRE se ocupa en ordenar los ovillos en una
cesta.)
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|
SATURNA.-
La Regencia está reunida,
según creo.
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|
MONSA.-
Dos horas llevan ya deliberando.
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|
SATURNA.-
¡Y que no saldrán buenas
cosas de aquellas tres grandes cabezas!
|
|
BONAIRE.-
La primerita, el gallito como quien
dice, mi señor Marqués de Tremp.
|
|
MONSA.-
De mi esposo nada he de decir, pues no
es bien que yo le alabe...
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|
SATURNA.-
Pues ¿y el Arzobispo? ¿Y
dónde me dejas al Barón, con aquel pico de oro?
|
|
JUAN.-
¡Ah!... Pero más que el
discernimiento sutil importan hoy el valor rudo, la ira santa, perseguir al
democratismo en sus últimas guaridas, despedazarlo sin
compasión...
|
|
MONSA.-
Hijo, no tanto.
|
|
SATURNA.-
Aprenda el señor Bonaire.
|
|
BONAIRE.-
(Que está recogiendo la labor de
las señoras y poniéndola en una cestita.) ¡Ay!, en
punto a valor, nada tengo que aprender, mi señora doña Saturna.
(Se ríen.) No es cosa de
risa. Soy el hombre más intrépido de la cristiandad, porque soy
el más desdichado. Salí de mi casa de Barcelona resuelto a
quitarme la vida, poniendo fin a mis horribles desgracias...
|
|
MONSA.-
No; no repita usted la historia.
|
|
BONAIRE.-
Bueno. Pues cuando ya estaba a dos
dedos de la muerte, disponiéndome a tirarme por un despeñadero,
reflexioné y dije: «Pues más práctico y más
cristiano, sí, señoras, más cristiano será ponerme
a que me mate una bala de esas condenadas tropas liberales...». Y
héteme
—8→
aquí guerrillero de la santa causa con este
soberbio uniforme cogido al enemigo. He tenido la suerte de caer en la Seo con
la bendición, y el señor General lo mismo me ocupa en menesteres
de la Intendencia, que me manda a batir el cobre a la facción. Y
trabajando a pelo y a pluma, cuando no peleo allá, hago pasteles
aquí, y guiso, y peino a las señoras, y el señor Regente y
el señor Arzobispo me encargan mil diligencias...
|
|
SATURNA.-
No estará usted
descontento.
|
|
BONAIRE.-
No, señora. Pero no renuncio
al suicidio, digo, a la muerte. ¡Ah!, mis infortunios son tan atroces,
que no hay lengua que los pueda contar. Verán: la muy perra de mi mujer
y mis dos suegras, porque tengo dos, la madre de mi primera mujer y la
de...
|
|
MONSA.-
Sí, ya sabemos...
|
|
BONAIRE.-
Total, que quiero morirme. La vida me
es odiosa, señoras; la detesto como se detesta una serpiente mordiscona
que uno llevara dentro de sí. ¡No quiero vivir, no quiero!
Figúrense ustedes que aquellas feroces harpías...
|
|
SATURNA.-
Basta... Si quisiera el señor
Bonaire buscar quien lleve a Andorra mi carta para Francia...
|
|
MONSA.-
Antes hágame el favor de ver si
Susana está ya vestida.
|
|
BONAIRE.-
Voy.
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|
MONSA.-
Y que nos traigan las mantillas.
Tenemos que salir.
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|
SATURNA.-
¡Ah! Nos vuelve locas la dichosa
sobrinita.
|
|
JUAN.-
(Leyendo los planos y papeles y pasando
al centro con las señoras.) A mí también. Pero
confieso que su viveza y desenfado me encantan.
|
|
MONSA.-
Ha caído en nuestro
pacífico reino como una bomba. En los dos días que lleva en casa,
ha hecho una revolución en nuestras austeras costumbres.
|
|
BONAIRE.-
(Volviendo por la derecha con las
mantillas.) Está dándose la última mano. Ya
sale.
|
|
MONSA.-
Tres veces al día se cambia de
ropa, a estilo neto de París.
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|
—9→
|
|
JUAN.-
Costumbres de la gente principal con
quienes ha vivido allá.
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|
BONAIRE.-
Aquí dejo las mantillas.
(Las pone con mucho cuidado sobre la
mesa, preparándolas para que se las pongan.) Conque... si no me
mandan otra cosa...
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|
JUAN.-
Sí... Averigüe usted
dónde están alojados esos señores que han venido de
Francia a ponerse al servicio de la Regencia.
|
|
SATURNA.-
¿Franceses?
|
|
JUAN.-
No, españoles; y, según
parece, personas muy principales.
(Recogiendo de la mesa unas
cartas.) Aquí están sus credenciales, que dejaron en mi
oficina esta mañana. Además de las testimoniales de
Morejón y de Balmaseda, el uno trae carta de monsieur de Bulong,
secretario del vizconde de Chateaubriand; el otro de monseñor de
Broglie...
|
|
BONAIRE.-
Les he visto. Por las trazas parecen
gente muy buena, enemigos furiosos de la mal llamada libertad.
|
|
MONSA.-
Habrá que alojarles en los
pabellones de San Juan.
|
|
JUAN.-
Sin duda.
(A
BONAIRE.) Dígales usted que los
espero.
|
|
BONAIRE.-
Al momento.
(Vase por el foro.)
|
Escena II
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|
DON JUAN,
DOÑA MONSA y
DOÑA SATURNA;
SUSANA, por la derecha, muy elegante, con sombrero;
detrás,
BLASA, con el abrigo, el ridículo y dos
abanicos.
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|
SUSANA.-
(Con mucha viveza.) ¡Mi
tío!... ¿Dónde está mi tío, señor
Marqués de Tremp? ¿Dónde se mete vuestra Alteza?
|
|
MONSA.-
¡Ay, qué fuguilla!
|
|
BLASA.-
Señora, ¿qué
abanico lleva?
|
|
SUSANA.-
(Cogiéndolo.) Este.
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|
JUAN.-
¡Divina petimetra!
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BLASA.-
(Dándole el
ridículo.) Lleva los dos pañuelos, el librito, los
caramelos...
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—10→
|
|
SUSANA.-
(A
DON JUAN.) Tu padre...
(Impaciente.)
¿Dónde está? Necesito verle al instante.
|
|
SATURNA.-
Tontuela, la serenísima
Regencia está deliberando.
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|
BLASA.-
El abrigo.
|
|
SUSANA.-
Venga... Voy allá.
(Vase
BLASA.)
|
|
MONSA.-
(Deteniéndola.)
¡Loca!
|
|
JUAN.-
No: los señores Regentes
podrían trastornarse al verte, y Dios sabe qué atrocidades
acordarían.
|
|
SUSANA.-
¡Buena está vuestra
Regencia, que me parece a mí como la ínsula de Sancho!
|
|
MONSA.-
¡Jesús!
|
|
SUSANA.-
¡Qué cosas tan raras
encuentro en mi querida patria! ¿Esto que aquí gobierna y gasta y
triunfa es cosa de juego?
|
|
SATURNA.-
¡Niña!
|
|
JUAN.-
¿Tú qué
entiendes?
|
|
SUSANA.-
Que sí, que sí entiendo,
vaya. Soy una gran política. Vengo del país de las ideas, y
allí, aunque una se proponga ser tonta, no lo puede conseguir. Yo
pienso... Veréis lo que pienso.
|
|
MONSA.-
Veamos.
|
|
SUSANA.-
En el colegio de Saint Denis, donde
estuve seis años... ¡oh!, todas las niñas éramos
frenéticas partidarias de Bonaparte.
|
|
MONSA.-
¡Virgen de los Dolores!
|
|
SUSANA.-
Le adorábamos. No
hacíamos más que bordar águilas y
enes dentro de una coronita de laurel.
|
|
SATURNA.-
¡Dios nos asista!
|
|
SUSANA.-
Y cuando el héroe volvió
de la isla de Elba y pasó revista a las tropas, fuimos en
corporación y le ofrecimos ramitos de flores... ¡Oh, qué
hombre, qué genio! Nos miraba con gravedad de estatua, y nosotras le
tirábamos besos, así...
(Tirando besos.)
|
|
MONSA.-
(Persignándose.) ¡En
el nombre del Padre!...
|
|
SUSANA.-
Pero luego... pasan años, y
viene el conde de Provence a sentarse en el trono.
|
|
JUAN.-
¿Y os hicisteis realistas?
|
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—11→
|
|
SUSANA.-
Pero furibundas. En mi colegio no
hacíamos más que bordar flores de lis, y todas llevábamos
la cinta azul del Espíritu Santo.
|
|
SATURNA.-
Muy bien.
|
|
JUAN.-
¿Y a Luis XVIII, no le
ofrecisteis también ramitos de flores?
|
|
SUSANA.-
Sí... y él nos hizo mil
cucamonas y nos cogía la cara. Es un viejo monísimo. En fin, que
aquí donde me veis, soy partidaria del vencedor, y proclamo los hechos
consumados. Más claro: que soy de la escuela del príncipe de
Talleyrand, que come con todos y con todos triunfa y mangonea.
|
|
JUAN.-
Bien, bravísimo.
|
|
SATURNA.-
Como graciosa lo es... Y puesto que
te encuentras en casa el absolutismo...
|
|
SUSANA.-
Aquí que no peco... ¡Viva
el Rey absoluto!
|
|
MONSA.-
¡Muy bien!
|
|
SUSANA.-
Absolutismo hasta que nos saturemos
bien y pidamos otra cosa. Esta es la opinión, un monstruo que come
mucho, pero es
gourmet y no gusta de hartarse
siempre con el mismo manjar. En fin, las victorias que habéis alcanzado
sobre los liberales, quiero celebrarlas esta tarde con un bailecito,
ahí, en la explanada.
|
|
MONSA.-
Niña, déjate ahora de
bailes.
|
|
SUSANA.-
He mandado a Bonaire que me traiga
todos los músicos que encuentre en el pueblo.
|
|
SATURNA.-
Nada; se le ha metido en la
cabeza...
|
|
SUSANA.-
Pero ¿qué mal hay en
esto? Bailaremos y nos divertiremos. La guerra y la política no
están reñidas con el placer honesto. Me he criado en Francia,
donde los grandes sucesos históricos se han señalado siempre con
ruidosas fiestas... Pero nada dispondré sin tener el permiso de mi
tío, el Marqués Regente. Voy a verle.
|
|
JUAN.-
Bajo mi responsabilidad, yo doy el
permiso.
|
|
SUSANA.-
Bien, muy bien. Eso es rendimiento;
eso es galantería.
|
|
JUAN.-
Tendréis mucha gente. Las
sobrinas del señor Arzobispo, las de Castell, las de...
|
|
—12→
|
|
MONSA.-
Caballeros, muy pocos, porque
están todos en el campo de batalla.
|
|
JUAN.-
Puedes invitar a los que han venido
de Francia para defender con nosotros al Rey absoluto.
|
|
SUSANA.-
¿Sí?... ¿Se
llaman? ¿A ver si les conozco?
|
|
JUAN.-
El uno...
(Recordando.) no sé
qué de San Valerio...
|
|
SUSANA.-
¿San Valerio?... Saint
Valiere, quizás.
|
|
JUAN.-
No; es español. Hay otro,
recomendado por Balmaseda, que trae, además, cartas del secretario de
Chateaubriand.
|
|
SUSANA.-
(Con interés.) ¿Su
nombre...?
|
|
JUAN.-
Berenguer... me parece.
|
|
SUSANA.-
Ya, ya... le conozco, Berenguer. Le vi
y le hablé en el bosque de Foix la semana pasada en una fiesta que dio
madame de la Grangerie, nuestra parienta.
|
|
MONSA.-
¿Es francés?
|
|
SUSANA.-
Quia. Español recriado en el
Lauguedoc; el hombre de cabeza más exaltada que he visto en mi vida. Por
supuesto, frenético por el absolutismo.
|
|
SATURNA.-
¿Y están ya en Urgell
esos nuevos adalides?
|
|
JUAN.-
Sí... les espero
aquí.
|
|
MONSA.-
(Mirando por la izquierda.)
Concluida la sesión. Tu padre viene.
|
Escena III
|
|
|
Dichos;
EL MARQUÉS DE TREMP, y al fin de la escena,
MAGÍN.
|
|
MARQUÉS.-
Tres horas de Consejo.
¡Qué fastidio!
|
|
JUAN.-
¿Y al fin...?
|
|
MARQUÉS.-
Lo que propuse. Reforzar nuestras
guerrillas para contener a Mina, y armar cinco mil hombres más con los
recursos que nos enviaron Austria y Prusia.
|
|
JUAN.-
Muy bien.
|
|
SUSANA.-
(Abrazándole.) Tiito, mi
ilustre primo, el jefe militar de la plaza, me ha dado permiso para bailar un
poquitín esta tarde.
|
|
—13→
|
|
MARQUÉS.-
¿Sí? Me parece muy
bien.
|
|
MONSA.-
No te quejarás de tu primo.
|
|
SUSANA.-
¿Qué he de quejarme? Le
tengo en gran estimación.
|
|
SATURNA.-
Se desvive por complacerte.
|
|
SUSANA.-
(Vivamente.) Como que quiere
casarse conmigo.
|
|
MONSA.-
¡Chiquilla!
|
|
SATURNA.-
¡Qué descarada!
|
|
SUSANA.-
Sé que la familia ha tratado de
eso... Y mi tío, el señor Marqués Regente, me lo dijo esta
mañana.
|
|
MARQUÉS.-
Niña, te lo dije
reservadamente. Vamos, ten juicio.
|
|
SUSANA.-
Y reservadamente lo repito yo.
Serenísimo tío, repita usted ahora con absoluta reserva lo que yo
le contesté.
|
|
JUAN.-
A ver...
|
|
MARQUÉS.-
Pues me ha dicho que no le gusta
marido guerrero, que le preferirá pacífico.
|
|
SATURNA.-
¡Vaya una necedad!
|
|
JUAN.-
Ya la iremos curando de estas
filosofías. En todos tiempos hicieron buenas migas Cupido y Marte.
|
|
SUSANA.-
Retórico estáis. El
Cupido que yo conozco se asusta de la fiera...
|
|
MARQUÉS.-
(Riendo.) ¿De
nosotros?
|
|
SUSANA.-
Y de ellos. Todos sois lo mismo.
Quiero decir que odia con toda su alma la guerra fratricida
1, y no ve con buenos ojos a los héroes de estas
luchas crueles y feroces, cualquiera que sea su bandera.
|
|
JUAN.-
Ese será un Cupido extranjero:
español no es.
|
|
MARQUÉS.-
Hija mía, abominas de tu raza
y de tu familia. Todos en ella hemos sido guerrilleros.
|
|
MONSA.-
Tu padre...
|
|
SUSANA.-
Sí; ya sé... Fue un
sectario implacable, terror de los franceses en la gran guerra, y de los
liberales en las trifulcas del año 14.
|
|
SATURNA.-
Un defensor del trono legítimo
y de la sagrada fe.
|
|
SUSANA.-
Sí, sí... muy bonito.
Pero... os diré una cosa, aquí, en confianza. Cuando más
gozoso está mi espíritu, lo oscurece y lo aplana una nube negra,
la memoria de las
—14→
crueldades de mi padre, el tristemente
célebre Barón de Celis.
|
|
SUSANA.-
(Irritada.) Crueldades no... la
guerra es guerra.
|
|
MONSA.-
Tonta, ¿tú qué
sabes?
|
|
JUAN.-
Ha leído los amañados
relatos de los jacobinos franceses.
|
|
SUSANA.-
He leído, sí; y he
oído referir atrocidades sin cuento. En fin, doblemos esa hoja, aunque
al tocarla nos manchemos los dedos de sangre. No más guerrilleros, no
más espadones, llámense realistas, llámense patriotas.
|
|
MONSA.-
¡Qué ideas!
|
|
MARQUÉS.-
¡Maldita Francia, maldita
filosofía!
|
|
JUAN.-
Prima mía, tienes que hacerte
a nuestra atmósfera.
|
|
SATURNA.-
Amoldarte a nuestras ideas.
|
|
MARQUÉS.-
Para eso te hemos sacado del poder de
tus tías maternas, las buenas damas de Crevillard, y ahora te
españolizamos, te refundimos.
|
|
SUSANA.-
Bueno, bueno. Por de pronto,
divirtámonos.
|
|
MARQUÉS.-
Sí, sí; se aprueba lo
del baile. Pero antes irás a pagar tus visitas.
|
|
SUSANA.-
Al momento.
|
|
MAGÍN.-
(Por el foro.) La litera
está pronta.
|
|
SUSANA.-
¡Ah! Magín, a tiempo
llegas. Voy a encargarte una cosa.
|
|
MAGÍN.-
Mi niña... mándeme lo
que guste.
|
|
MARQUÉS.-
(A
DOÑA SATURNA mientras
SUSANA habla con
MAGÍN.) Yo me voy a pie al palacio
del Arzobispo. Allí os aguardo, y al regreso entraremos un rato en casa
del Barón Regente.
|
|
MAGÍN.-
Descuide mi niña. Yo lo
pondré todo como un vergel.
|
|
SATURNA.-
(A
DOÑA MONSA.) ¿Tú no
vienes?
|
|
MONSA.-
Iré después. Tengo que
hablar a Juan.
|
|
MARQUÉS.-
(A
DON JUAN.) Que salgan esta misma noche los
refuerzos.
|
|
SUSANA.-
(Haciendo a
DON JUAN una reverencia.) Adiós,
primo. Y paciencia. La guerra es la paciencia.
|
|
JUAN.-
Lo ha dicho Napoleón el
Grande.
|
|
—15→
|
|
SUSANA.-
Lo digo yo... Susana la Chica.
Adiós.
|
|
JUAN.-
(Irritado.) Pues yo digo: la
guerra es la guerra, ¡vive Dios!
|
Escena VII
|
|
|
SAN VALERIO,
FABRICIO y
BONAIRE.
|
|
VALERIO.-
(Después de ver que se aleja
DON JUAN.) ¡Ja, ja!... ¡Necio,
fantasmón, chacal nunca harto de sangre!
|
|
BONAIRE.-
(Asustado.) ¡Silencio!
|
|
FABRICIO.-
Déjanos, amigo Bonaire. No
viene mal un rato de expansión después de tanto fingimiento.
|
|
BONAIRE.-
(Mirando por las puertas.) No hay
nadie. Soledad completa.
|
|
VALERIO.-
(Abrazándole.)
¿Quién nos había de decir que encontraríamos
—18→
aquí al gran Bonaire, el famoso pastelero de la calle de la
Cucurulla?
|
|
BONAIRE.-
Ni yo contaba con echarme a la cara,
en este rincón del mundo, al gran tribuno de las logias, el maestro de
esgrima Valeriano de San Martí...
|
|
VALERIO.-
¡Chist!... que ahora se llama
Martín de San Valerio. Al revés te lo digo...
|
|
BONAIRE.-
Ni a mi querido amigo, el
hábil impresor y calígrafo Marcos Fabrés... hoy Fabricio
de...
|
|
FABRICIO.-
Mercadal. Abrázame otra vez,
honrado Bonaire.
|
|
VALERIO.-
No nos habíamos visto desde
aquella terrible zaragata en el Gran Oriente de Barcelona.
|
|
BONAIRE.-
(Asustado.) Por las barbas de
Moisés, no habléis aquí de Orientes ni...
¿Sabéis dónde estáis?
|
|
VALERIO.-
En el propio, en el auténtico
nidal de las águilas realistas.
|
|
FABRICIO.-
Ya daremos cuenta de ellas y de toda
su cría.
|
|
BONAIRE.-
¡Silencio!
(Vuelve a mirar por las puertas.)
Estamos solos. Todo el mundo fuera. Pero decidme, ¿estáis
locos?
|
|
VALERIO.-
Quizás.
|
|
BONAIRE.-
¿A qué demonios
venís aquí?
|
|
VALERIO.-
Lo primero, a cortarte las orejas si
nos vendes.
|
|
BONAIRE.-
Poco a poco. Yo ni vendo, ni compro,
ni estorbo, ni ayudo. No haré más que callar como una
empanada.
|
|
VALERIO.-
¿Podemos contar con tu
secreto?
|
|
FABRICIO.-
¡Oh, sí! Yo respondo de
él.
|
|
VALERIO.-
Supongo que no te habrás
afiliado en las negras, en las odiosas banderas del servilismo.
|
|
BONAIRE.-
¡Ah! No.
|
|
VALERIO.-
Pues ¿qué viniste a
buscar aquí?
|
|
BONAIRE.-
Una bala que me matara.
(Jurando.) Por esta.
También soy algo héroe.
|
|
FABRICIO.-
Como que en la logia se te puso el
nombre de Horacio Cocles.
|
|
BONAIRE.-
Horacio Cocles, sí; pastelero
y mártir.
|
|
VALERIO.-
Tunante, tú viniste aquí
a comer.
|
|
BONAIRE.-
Sí, hombre; a que me mataran y
a comer.
|
|
—19→
|
|
FABRICIO.-
¿Cómo se entiende?
|
|
BONAIRE.-
Porque yo quería morirme... de
cualquier manera, menos de hambre.
|
|
VALERIO.-
Sí... Debe de ser mala
muerte... Horacio Cocles, ¿podrías darnos algo... mientras vienen
esos señores?
|
|
BONAIRE.-
Sí...
(Les indica que se sienten, y saca de una
alacena o aparador una botella y copas.) Algo hay aquí para
cuando los jefes se pasan la noche de palique.
|
|
VALERIO.-
Venga.
|
|
BONAIRE.-
Echad unas cuantas salvas con esta
pólvora roja. ¡Oh!, es más viejo que la Inquisición.
De este no beben más que los señores Regentes... y yo.
(Sirve en las copas.)
|
|
VALERIO.-
(Brindando.) Por la Fortaleza.
(Bebe.) Pues no podemos revelar
nuestro secreto, ni aun contando con tu fidelidad.
|
|
FABRICIO.-
La cosa es muy grave.
|
|
BONAIRE.-
Sí; ya supongo que no
habréis venido a matar moscas. Ello debe ser aventura de gran peligro y
dificultad.
|
|
VALERIO.-
Lo que te digo, insigne Bonaire, es
que al menor descuido de lengua, te proporcionaré esa bala que tanto
deseas.
(Saca una pistola y la pone sobre la
mesa.)
|
|
BONAIRE.-
Te conozco, y la intimación no
es necesaria.
|
|
FABRICIO.-
Bonaire es leal: de él
respondo.
|
|
BONAIRE.-
Nada temáis de mí.
|
|
FABRICIO.-
Quizás prefiera otra clase de
balas. ¿Se las enseño?
(Interroga a
SAN VALERIO, el cual afirma con una
indicación de cabeza.)
|
|
BONAIRE.-
¿A ver?
|
|
FABRICIO.-
(Quitándose un cinto de seda y
mostrándolo.) Mira.
|
|
BONAIRE.-
(Lo toca; suenan las onzas que el cinto
contiene.) ¡Onzas!
|
|
VALERIO.-
Onzas y muertes reparto. Escoge lo
que más te agrade.
|
|
BONAIRE.-
¡Qué bonitas! La verdad
es que... ¡Linda metralla!
|
|
VALERIO.-
Para los que ayuden a la causa
santísima del pueblo.
|
|
BONAIRE.-
(Asustado.) Guardad eso, por San
Odón bendito...
|
|
FABRICIO.-
Conque ya sabes...
(Guardan las onzas y la pistola.)
|
|
BONAIRE.-
Ayuda, poca puedo prestaros; pero
contad con mi sigilo a toda prueba. ¿Me creéis?,
¿sí o no?
|
|
—20→
|
|
FABRICIO.-
Te creemos, sí.
|
|
VALERIO.-
Y en cuanto a nuestros planes,
sólo te diré que hoy somos más exaltados que ayer, y que
trabajamos por las libertades y derechos del pueblo, por la...
|
|
BONAIRE.-
Sí; ya sé toda la
canción...
|
|
VALERIO.-
Estos señores nos persiguen a
sangre y fuego, y tratan de exterminarnos como a bestias dañinas. Pues
seamos también cazadores intrépidos... y sagaces. Todos los
medios son buenos, con tal que conduzcan al fin...
(Se levanta, bebe otra vez y
brinda.) Por el triunfo de la Casa Fuerte, defendida por estos, tres
valientes campeones...
|
|
BONAIRE.-
(Recogiendo el servicio.)
¿Tres?... Yo no.
|
|
FABRICIO.-
Contamos a nuestro compañero
Berenguer...
|
|
BONAIRE.-
Ya.
|
|
VALERIO.-
Por cierto que me inquieta su
tardanza. Mira si viene.
(FABRICIO se asoma por la
puerta del foro.)
|
|
BONAIRE.-
(A
SAN VALERIO.) ¿Y a ese Berenguer,
le conozco yo?
|
|
VALERIO.-
No creo... ¡Oh, gran persona,
admirable hallazgo para nosotros!
|
|
FABRICIO.-
(Desde la puerta del foro.) Ya
viene. Como siempre, abstraído y divagando. Se detiene en la sala de
armas mirando las panoplias...
|
|
BONAIRE.-
(Asomándose.) ¡Ya,
ya le veo!... Parece que habla solo, o con los retratos que hay en las paredes.
(Vuelve al lado de
SAN VALERIO.) Su figura y sus aires son de
persona principal.
|
|
VALERIO.-
Primogénito de la casa de
Claramunt de Cerdaña. Familia ilustre de las que fueron perseguidas y
dispersas el año 14. Estos demonios de realistas mataron al padre,
deshonraron a la hermana, e hicieron tabla rasa de todo...
|
|
BONAIRE.-
Y el tal se guareció en
Francia... ¿Es valiente?
|
|
VALERIO.-
Como un Cid pobre y olvidado que
quiere abrirse camino por la revolución.
|
|
FABRICIO.-
(Llamando a
BERENGUER desde el foro.) ¡Pst...
pst... que estamos aquí!
|
|
—21→
|
|
BONAIRE.-
Ya, ya te entiendo. Este noble
arruinado, y que anhela vengar terribles injurias del despotismo, es en
vuestras manos...
|
|
VALERIO.-
Un arma...
|
|
BONAIRE.-
O una herramienta para demoler...
|
|
VALERIO.-
Eso, eso. Te digo que ni
buscándolo con candil se encontraría en toda España un
martillo como ese.
|
Escena VIII
|
|
|
Dichos;
BERENGUER por el foro, abstraído y hablando
solo.
|
|
FABRICIO.-
Chico, despierta...
|
|
VALERIO.-
Berenguer, deja en paz a los
espíritus y ven a nosotros.
|
|
BERENGUER.-
(Pasándose la mano por los
ojos.) La soledad pavorosa de este caserón y los odiosos
emblemas de la tiranía que veo en él...
(Observando la estancia.) agobian
mi espíritu, apagando las memorias recientes y avivando las pasadas.
|
|
VALERIO.-
¡Cuidado!... No basta
transfigurar la persona, los nombres y la palabra...
|
|
FABRICIO.-
Hay que disfrazar hasta los
pensamientos.
|
|
BERENGUER.-
Sí, sí... No
temáis que la farsa se malogre por mí. ¿Habéis
visto a ese verdugo, a ese monstruo?
|
|
VALERIO.-
¿Quién?
|
|
BERENGUER.-
El General matarife,
encarnación de una familia de asesinos.
|
|
VALERIO.-
Moderación en la palabra.
|
|
FABRICIO.-
Estamos solos.
|
|
VALERIO.-
No importa.
|
|
BERENGUER.-
(Alarmado súbitamente al ver a
BONAIRE.) ¿Quién es ese
pájaro?
|
|
BONAIRE.-
Yo no soy pájaro, sino un
amigo de los amigos de usted.
|
|
FABRICIO.-
Es de confianza. Puedes hablar
delante de él.
|
|
BERENGUER.-
¿Pertenece a nuestra
comunidad?
|
|
VALERIO.-
En espíritu sí.
|
|
FABRICIO.-
Y en cuerpo.
|
|
—22→
|
|
BERENGUER.-
¿Y sabe que este pobre
hidalgo, único resto de una familia destruida por los realistas, se une
a vosotros para una empresa de vindicación que ha de ser tan implacable
como justiciera? Sí; aquí estamos ya, en ta caverna de esas
terribles alimañas, decididos a destruirlas, sin temor de
obstáculos, de peligros ni de muertes.
|
|
BONAIRE.-
Bien por los hombres
intrépidos hasta el delirio.
|
|
BERENGUER.-
Diabólica aventura es esta.
Pero si salimos triunfantes, ¡qué orgullo, qué gloria! Con
la ayuda de Dios, sí, castigaremos los crímenes de estos infames
sectarios.
|
|
VALERIO.-
Ellos sanguinarios, nosotros
más.
|
|
FABRICIO.-
(Con saña.) Ellos crueles,
nosotros feroces.
|
|
VALERIO.-
No haya compasión.
|
|
BERENGUER.-
¡Compasión! ¿La
tuvieron ellos de mi padre? A manos de aquel tigre que se llamó
Barón de Celis, pereció mi familia. Vidas, hacienda, honra, todo
fue devorado y destruido. En tierra extranjera, el último de los
Claramunt, templando su alma en el infortunio y en la soledad, ha sabido
forjarla de nuevo para la venganza. En esa Francia, que ha sido mi amparo y mi
maestra, he adquirido la convicción de las justicias populares. Noble
nací, pueblo soy, y ofrezco mi sangre para el exterminio de las
tiranías, sean cuales fueren, y llámense como quieran
llamarse.
|
|
VALERIO.-
Bien.
|
|
FABRICIO.-
Así te queremos.
|
|
BONAIRE.-
¡Eh!... Cuidadito... Hablen
bajo... Ya no pueden tardar.
(Se asoma al foro para vigilar.)
|
|
BERENGUER.-
(Bajando la voz.) ¡Ah!
¿No sabéis? En el palacio del Arzobispo vi al Marqués de
Tremp, y cuando yo salía, encontré a Susana que entraba.
|
|
VALERIO.-
(A
BONAIRE.) La sobrina del Regente.
(Gozoso.) ¿Pero ya
está aquí?
|
|
BONAIRE.-
Hace dos días que llegó
la baronesita de Celis.
|
|
BERENGUER.-
¡Siniestro título, a fe
mía! Pues al verme se sonrió, sin poder disimular su gozo...
|
|
—23→
|
|
VALERIO.-
Como que le caíste muy en
gracia. Y a ti no te disgustó. ¡Oh!, la verdad. Aparte la
progenie, la niña es seductora.
|
|
FABRICIO.-
Y muy linda.
|
|
VALERIO.-
Espero que aquí
seguirás haciendo lo posible por ganarte su afecto...
(BERENGUER, que durante las
últimas frases ha caído en profunda meditación, no
contesta. Pausa.) Berenguer, ¿en qué piensas?
|
|
FABRICIO.-
Ese silencio, ¿qué
significa?
|
|
BERENGUER.-
¡Oh!... no sé... Es que
temo...
|
|
VALERIO.-
¡Temer tú!
|
|
FABRICIO.-
¡Temer un patriota que ha
jurado exterminar la tiranía!
|
|
BERENGUER.-
Pues sí, compañeros
míos, me impone temor...
|
|
VALERIO.-
¿Quién?
|
|
BERENGUER.-
Esa mujer, Susana. Y os
agradecería mucho que la dejarais fuera de todas nuestras
combinaciones.
|
|
VALERIO.-
Hijo mío, ¿qué
dices?
|
|
FABRICIO.-
¡Estamos lucidos!
|
|
VALERIO.-
Pues si empezamos con sensibilidades,
ya verás a dónde vamos a parar.
|
|
BERENGUER.-
(Con resolución después de
vacilar.) Bien. Pues lo que queráis. ¿Qué debo
hacer?
|
|
VALERIO.-
Muy sencillo. Continuar con sagaz
donaire y perseverancia marrullera tu campaña galante.
|
|
BONAIRE.-
Apunten este dato. Quieren casarla
con don Juan.
|
|
VALERIO.-
¡Magnífico! Ya ves.
Hijo, todo nos favorece. Dime, Bonaire, ¿es cierto que el titulado
General tira bien las armas?
|
|
BONAIRE.-
¡Vaya!... Aunque comparado
contigo, figúrate. Todos los ratos libres los dedica a la esgrima.
|
|
FABRICIO.-
¡Oh, fortuna!
|
|
VALERIO.-
¡Oh, Providencia!
|
|
BONAIRE.-
(Por
BERENGUER.) ¿Y el señor,
tira?
|
|
VALERIO.-
Es mi discípulo, y no te digo
más.
(A
BERENGUER con alegría.) Chico,
estamos en grande.
|
|
BONAIRE.-
(Alarmado.) Oído... que
vienen. Ya están aquí.
|
Escena IX
|
|
|
Dichos y
DON JUAN; después,
SUSANA y
DOÑA SATURNA.
|
|
JUAN.-
Señores...
|
|
VALERIO.-
(Presentando a
BERENGUER.) Nuestro compañero Luis
Berenguer.
(BERENGUER hace
reverencia.)
|
|
JUAN.-
Ya me ha dicho mi tío que le
vio a usted en el palacio del Arzobispo. La carta que ha presentado usted
pondera su bizarría y su acendrado amor a la tradición.
|
|
BERENGUER.-
El secretario del señor
vizconde de Chateaubriand, y el vizconde mismo, me honran con su indulgencia.
(Entran
SUSANA y
DOÑA SATURNA.)
|
|
SUSANA.-
(Aquí está. No me
engañaba el corazón.)
(Saluda ceremoniosamente.)
|
|
SATURNA.-
Bonaire. No olvide usted que nos ha
prometido hoy otro pastel de su invención.
|
|
BONAIRE.-
Sí, señora. Corro a la
cocina... Verán las señoras qué pastel les preparo... Cosa
rica.
(Vase por la derecha.)
|
|
SATURNA.-
¿Son estos los señores
que han venido de Francia a ponerse a las órdenes de la Regencia?
|
|
VALERIO.-
(Con exquisita
galantería.) Y a los pies de las ilustres amas de la casa de
Tremp, el más preciado adorno de la causa realista.
|
|
SATURNA.-
¡Oh, qué fino y
galán!
|
|
SUSANA.-
Se les invita a un baile modestito...
un pasatiempo ideado por mí.
|
|
VALERIO.-
Si no estoy equivocado, tengo el
honor inmenso de hablar con la nobilísima señora hermana del
señor Marqués, celebrada por su conspicuo entendimiento...
|
|
SATURNA.-
¡Oh! ¡Qué
lisonjero!... En Francia habrá usted oído hablar de
mí.
|
|
VALERIO.-
Y sé que envía usted
diariamente a su amiga la duquesa de Montmorency una relación admirable
de lo que ocurre en esta ciudad.
|
|
—25→
|
|
SATURNA.-
Es cierto, sí...
(Embelesada con los elogios.)
Pronto se conoce al caballero de ley.
|
|
VALERIO.-
En mí no hay mas mérito
que la sinceridad, señora.
|
|
JUAN.-
(Que ha estado hablando con
BERENGUER.) Querrán ustedes ser
presentados al Marqués Regente.
|
|
VALERIO.-
No deseamos otra cosa.
|
|
JUAN.-
(Por
BERENGUER.) Al señor ya le ha
visto.
|
|
BERENGUER.-
Y con su permiso me retiraré.
(Se va hacia el fondo recatándose
y aguarda a que
SUSANA se quede sola.)
|
|
SATURNA.-
Pasen a ver a mi hermano. Ya entra en
su despacho.
(Mirando por la derecha.) Ven
tú, niña.
|
|
SUSANA.-
(Buscando un pretexto para quedarse,y
mirando a
BERENGUER, a quien no ven los
demás.) Voy también... ¿Pero este Bonaire?...
(Llamando.) ¡Bonaire!...
Tengo que decirle...
(Va tras
DOÑA SATURNA, que sale por la derecha
oyendo las lisonjas de
SAN VALERIO, y cuando todos desaparecen, vuelve al
centro de la escena. BERENGUER avanza.)
|
Escena X
|
|
|
SUSANA y
BERENGUER.
|
|
SUSANA.-
Un momento, un momento nada
más. Usted desea hablarme.
|
|
BERENGUER.-
Y usted a mí.
|
|
SUSANA.-
Yo no. Lo que yo quiero es
reñirle.
|
|
BERENGUER.-
Se lo conocí en la cara cuando
la vi a usted en la puerta del palacio episcopal.
|
|
SUSANA.-
Le miré a usted furiosa.
|
|
BERENGUER.-
Terrible... Por eso me he quedado.
Ríñame usted.
|
|
SUSANA.-
Pues...
(Recordando.) Ya no me acuerdo...
¡Ah!, sí... ya, ya.
|
|
BERENGUER.-
¿A ver?
|
|
SUSANA.-
Que salió usted escapado de
Foix, como un criminal que teme que le descubran. Al despedirse de mí la
última de aquellas dos tardes de paseo y merienda en el bosque,
prometió usted visitar a mis primas, con quienes
—26→
yo
vivía, y, efectivamente, si te he visto no me acuerdo.
|
|
BERENGUER.-
Huí de usted como se huye de
un gran peligro.
|
|
SUSANA.-
¿Peligro yo? Gracias.
|
|
BERENGUER.-
Su hermosura, su gracia, su ingenio,
eran como la atracción de los abismos, cuyo fondo no se ve.
|
|
SUSANA.-
Sí, sí... Esa aria ya
me la cantó usted en Foix. Pero yo no le hice maldito caso. Ya le dije
que usted no había tenido aún la suerte... o la desgracia de
interesarme. Con todo su rendimiento, el galán no supo comunicar a la
dama ni una chispa, ni una, de ese fuego que le devoraba.
|
|
BERENGUER.-
Es verdad, y sólo me quedaba
el recurso de huir de usted. Pero yo, que siempre fui la contradicción
viviente, al querer huir del abismo, he corrido tras él.
|
|
SUSANA.-
¡Farsante! ¿Tengo yo
cara de abismo?
|
|
BERENGUER.-
Sí... Y ojos de insondable
profundidad...
(Mirándola fijamente a los
ojos.) que atraen...
|
|
SUSANA.-
(Entre risueña y enojada.)
Para que se vea lo embustero que es usted... y con qué descaro ensarta
las mentiras...
|
|
BERENGUER.-
¿Qué?
|
|
SUSANA.-
Señor Berenguer; no hay tal
abismo, ni tal atracción. ¡Si no ha venido usted a España
por mí, sino por entrar al servicio de la Regencia como absolutista
furibundo!
|
|
BERENGUER.-
Sí; pero...
|
|
SUSANA.-
Que está usted cogido... y ya
no le valen sus enredos...
(Afectando desdén y haciendo que
se va.) Ea, hemos terminado.
|
|
BERENGUER.-
Todavía no.
|
|
SUSANA.-
Es verdad. Tenía usted que
hablarme.
|
|
BERENGUER.-
Dos palabras.
|
|
SUSANA.-
Pues que sean muy breves.
|
|
BERENGUER.-
Tengo que suplicar a usted que
interceda con el General para que me destine al puesto de mayor peligro;
allí donde la muerte sea segura.
|
|
SUSANA.-
(Afligida.) ¡Ay, Dios
mío! ¿Quiere usted morirse? No; eso no.
(Corrigiéndose.) Bueno;
pues sí, señor Werther,
—27→
muérase usted todo lo
que quiera. Ya comprendo que es por desesperación de amante no
correspondido. Pues mire usted, eso me gusta mucho.
|
|
BERENGUER.-
¿Le gusta?
|
|
SUSANA.-
Sí... que por mí se
muera, o quiera morirse alguien, ¡qué hermoso! Cuando yo era
colegiala, soñaba que un galán muy bonito se dejaba matar por
mí... Y moría, sí... quiero decir, no moría ni se
mataba, porque en el momento preciso llegaba yo, y... Muy bien, señor
Berenguer, aplaudo su desesperación...
|
|
BERENGUER.-
Pero Susana, si este anhelo de morir
no es por usted, ni tiene nada que ver con el amor que me inspira.
|
|
SUSANA.-
(Desconcertada.) ¡Que no
es... que no es por mí! ¡Ay, qué chasco! ¿Por
qué no lo dijo usted antes? ¿Y cometerá usted la
grosería de querer morirse por otra?
|
|
BERENGUER.-
Bien sabe usted que sí.
|
|
SUSANA.-
¿Yo qué he de
saber?
|
|
BERENGUER.-
Si se lo he dicho.
|
|
SUSANA.-
(Incomodada.) A mí no me
ha dicho usted nada. ¡Pero qué embustero!
|
|
BERENGUER.-
Haga usted memoria.
|
|
SUSANA.-
¡Otra, otra!...
(Herida su mente por súbito
recuerdo.) ¡Ah! Ya me acuerdo. Perdone usted. Hoy tengo la cabeza
trastornada. Su tedio del vivir es por la soledad en que le ha dejado la muerte
de su querida madre. Sí; me lo dijo usted, y yo debí recordarlo.
Aquella santa señora, destituida de su posición, indigente,
proscrita, no tenía más consuelo de su infortunio que el amor de
su hijo. Pues mire usted, Berenguer, yo, sin conocerla más que por lo
que usted me ha contado, también la quiero.
|
|
BERENGUER.-
(Con emoción.) ¡Oh,
Susana!... En sus ojos conozco que es verdad lo que usted me dice.
|
|
SUSANA.-
Y cuando pienso que fue
víctima inocente de estas terribles discordias... créame usted,
por eso mismo la quiero más y venero su memoria.
|
|
BERENGUER.-
¡Usted!
|
|
—28→
|
|
SUSANA.-
(Conmovida.) Sí... Yo soy
así. Me interesa profundamente la nobleza desgraciada, la virtud
perseguida, y cuando siento sus ayes de dolor, aunque suenen lejos de
mí, allá se me va toda el alma.
|
|
BERENGUER.-
(Con ardor.) Susana, es usted un
ángel, y yo debo amarla a usted aunque no quiera, aunque no deba
amarla.
|
|
SUSANA.-
¿Cómo?
|
|
BERENGUER.-
Aunque usted no quiera.
|
|
SUSANA.-
Yo no se lo prohíbo.
(Recobrando su viveza y
coquetería.) Lo que haré será no corresponderle...
No se puede, no señor... Pero, por Dios, no vaya usted a que le maten.
Trate usted de consolarse, de llenar ese vacío...
|
|
BERENGUER.-
Sólo podrá llenarlo el
sentimiento de reparación, Susana; el castigo de los que nos quitaron
honra, vidas, hacienda...
|
|
SUSANA.-
Los constitucionales...
(BERENGUER calla mirando al
suelo.) Los fanáticos del año 14. ¿Son esos los
verdugos de su familia? Conteste.
|
|
BERENGUER.-
(Decidiéndose a mentir.)
Sí. Mis enemigos son, y como al propio tiempo lo son de usted, seguro
estoy de que la Baronesita de Celis simpatiza con mi venganza.
|
|
SUSANA.-
Pues no señor, ea... Usted no
me conoce. La venganza, ese horrible sentimiento que es el soplo de
Satanás en nuestros corazones, no cabe en mí. Dirá usted
que soy tonta, que desentono aquí, en el seno de mi familia.
|
|
BERENGUER.-
Sí que desentona.
|
|
SUSANA.-
Advierta que me he criado en ambiente
muy distinto del de este horno de rencores. Señor Berenguer, yo le
incito a usted a perdonar a sus enemigos.
|
|
BERENGUER.-
No puedo borrar la historia de mi
vida.
|
|
SUSANA.-
¡Bah! ¡La historia!...
¡historias! Por más que ahora parezca usted tan aferrado a sus
odios, acabará por complacerme.
|
|
BERENGUER.-
Imposible.
|
|
SUSANA.-
Porque yo, aunque usted lo niegue o
lo disimule, le subyugo, le domino...
|
|
—29→
|
|
BERENGUER.-
(Asustado.) ¡A
mí!... ¡Oh! No... Susana, usted no sabe quien soy.
|
|
SUSANA.-
Ya lo iremos sabiendo, señor
Berenguer. Es usted rencoroso. He visto en usted al hombre de convicciones
exaltadas, a la voluntad delirante y ciega que antepone los furores
políticos a los sentimientos más hermosos del alma. Créalo
usted: detesto el fanatismo.
|
|
BERENGUER.-
¿También el de los
suyos?
|
|
SUSANA.-
También... Que no nos
oigan.
|
|
BERENGUER.-
(Me desconcierta, me vuelve
loco.)
|
|
SUSANA.-
Y como soy así, quiero,
fíjese usted, quiero que el sectario se humanice y arroje de su alma
esas brasas del infierno, perdonando para olvidar y olvidando para
perdonar.
|
|
BERENGUER.-
(Oprimiéndose la cabeza.)
(¡Oh, Dios! ¿Qué mujer es esta?)
|
|
SUSANA.-
¿Qué dice usted...
qué piensa?
|
|
BERENGUER.-
Nada... locuras mías... que yo
la quiero a usted, y no quiero, no debo... En fin, que lo hermoso es
imposible... y lo absurdo... es muy bello... No sé... Estoy loco.
|
|
SUSANA.-
(Risueña.) Pues yo le voy
a curar de su demencia ahora mismo. Venga usted acá.
(Le lleva al otro lado.) Si usted
se humaniza, dispuesta estoy a hacer concesiones. Se ha dicho ojo por ojo.
|
|
BERENGUER.-
Y diente por diente.
|
|
SUSANA.-
Pues yo digo: corazón por
corazón, alma por alma.
|
|
BERENGUER.-
(Con efusión.) Susana,
¿usted me amará?
|
|
SUSANA.-
Podría ser.
|
|
BERENGUER.-
¡Alma hermosa!... No, no...
Susana, huya usted de mí.
|
|
SUSANA.-
¿Qué dice?
(Aparecen
SAN VALERIO y
FABRICIO en la puerta de la derecha y
observan.)
|
|
BERENGUER.-
No sé lo que digo. Usted me
anonada, me desorienta; usted me vuelve el alma del revés...
|
|
SUSANA.-
¿Y por eso me manda huir? Pues
ahora no quiero yo, ea. Prohíbo las escapatorias. Señor
fanático, oiga usted mi mandato.
|
|
BERENGUER.-
¿Qué?
(SAN VALERIO y
FABRICIO aparecen por la derecha y
escuchan.)
|
|
—30→
|
|
SUSANA.-
Acepto sus galantes obsequios, y que
quiera que no, tiene usted que hacerme la corte.
|
|
BERENGUER.-
Silencio; nos oyen.
|
Escena XII
|
|
|
BERENGUER, meditabundo;
SAN VALERIO y
FABRICIO.
|
|
VALERIO.-
(Que ha observado con recelo a
BERENGUER y a
SUSANA en la anterior escena.) No olvides
tu compromiso.
|
|
BERENGUER.-
Si os he vendido el alma...
¿Qué debo hacer?
|
|
VALERIO.-
Te lo diremos a su tiempo. Por de
pronto, perseverancia, astucia y mala sangre. La niña bonita, esa
preciosa víbora del absolutismo, puede ser en nuestras manos un
resorte... ¿sabes? Además, si consigues que te ame, no te
conviertas en guardador de su honra. Guárdala como guardó su
padre la de tu hermana.
|
|
BERENGUER.-
(Con súbito coraje,
echándole mano al cuello.) ¡Calla, o te...!
|
|
VALERIO.-
Suelta...
(BERENGUER le
suelta.) Bien, bien. Me gusta ese coraje.
|
|
FABRICIO.-
¿Eres nuestro?,
¿sí, o no?
|
|
BERENGUER.-
Vuestro, o del diablo, que es lo
mismo.
|
|
VALERIO.-
Bien. ¿Sostienes lo que
jurastes
2?
|
|
BERENGUER.-
Lo sostengo, como caballero que
soy.
|
|
VALERIO.-
(Saca una medalla del pecho, pendiente de
una cinta morada.) Júralo aquí, sobre la insignia de los
caballeros comuneros, el escudo de Padilla.
|
|
BERENGUER.-
(Tocando la medalla.) Lo juro. Os
pertenezco. Afiliado a vuestra facción, mandadme, y os obedeceré
ciegamente.
|
|
VALERIO.-
¿Juras no retroceder ante
ninguna prueba, ante ningún sacrificio, por tremendo que sea?
|
|
BERENGUER.-
Lo juro.
|
|
VALERIO.-
(Guardando la medalla.)
Está bien... Ahora, calma, vigilancia... y mala intención. Seamos
zorros antes de ser tigres.
(Suenan dentro tambores con aire de
minuetto.)
|
|
FABRICIO.-
El baile.
|
|
BERENGUER.-
(Recordando.) ¡Ah!...
Susana...
|
|
VALERIO.-
Sales a la explanada, y bailas con
ella.
|
|
BERENGUER.-
Voy...
(Andando mecánicamente.)
No tengo voluntad.
|
Escena I
|
|
|
DOÑA SATURNA y
CASTELL, que salen de la iglesia por el foro;
después,
MAGÍN,
BONAIRE y
FABRICIO; luego,
SAN VALERIO.
|
|
SATURNA.-
¡Qué alboroto!
|
|
CASTELL.-
Entusiasmo, señora. Es la
partida de Romagosa, que sale al campo.
|
|
SATURNA.-
¡Dios mío! Ocho
días de horrorosos combates. Y tantos heridos nos mandan acá, que
ya no tenemos manos para socorrerlos, ni aun sitio donde colocarlos.
(MAGÍN, herido, entra
por el foro, sostenido por
BONAIRE y
FABRICIO.)
|
|
—36→
|
|
CASTELL.-
Aquí nos traen otro.
|
|
SATURNA.-
Magín... ¡pobre
Magín!
(Acudiendo a él.)
¿Es grave?
(MAGÍN no contesta.
BONAIRE indica con un gesto que es herida
grave.) Todo sea por Dios... Ponedle aquí, hasta ver
dónde podemos colocarle.
(Le sientan en el banco.)
|
|
CASTELL.-
En San Roque está todo
lleno.
|
|
BONAIRE.-
¿No podríamos
acomodarle aquí, en el hospital de oficiales?
|
|
CASTELL.-
Ya no hay camas.
|
|
SATURNA.-
(Colocando al herido.)
Magín, ánimo. Tus heridas no serán cosa mayor.
|
|
MAGÍN.-
(Tocándose el cuerpo.) No
sé... Dios me favorezca.
(Quejándose.) ¡Ay,
ay!
|
|
SATURNA.-
(Al Oficial.) Vaya usted a San
Roque a ver si han llevado más heridos. Ni allá ni aquí
faltarán camas. Nosotras, las damas ilustres de la casa de Tremp,
dormiremos en el suelo para que los defensores del Rey absoluto tengan lecho
cómodo. Vaya, vaya usted.
|
|
CASTELL.-
Al momento.
(Vase.)
|
|
SATURNA.-
(A
FABRICIO.) ¿Y el señor de
San Valerio?
(Señalando a la
izquierda.)
|
|
FABRICIO.-
Creo que está durmiendo.
|
|
SATURNA.-
Si despertara le suplicaría
que me acompañase a casa con un par de hombres.
|
|
VALERIO.-
(Apareciendo en la puerta de la
izquierda.) Aquí está San Valerio, siempre a las
órdenes de la ilustre señora.
|
|
SATURNA.-
Dios se lo premiará.
(Vuélvese hacia
MAGÍN para darle ánimos.)
|
|
FABRICIO.-
(A
SAN VALERIO, pasando ambos a la
izquierda.) Iré yo, si quieres.
|
|
VALERIO.-
No; yo. Me interesa mucho conocer las
interioridades de aquella vivienda. Ocúpate en pagar a esos lo convenido
y en prevenir a todos... Sigilo y prudencia... calma, vigilante, ¿sabes?
(Cuchichean un momento.)
|
|
SATURNA.-
(A
MAGÍN.) Un poco de paciencia,
Magín, y te instalaremos holgadamente.
|
|
VALERIO.-
Cuando usted guste.
(FABRICIO se va por la
izquierda.)
|
|
SATURNA.-
Mucho le agradezco esta nueva prueba
de su delicadeza y atención.
|
|
—37→
|
|
VALERIO.-
Señora... Militar y caballero
es lo mismo.
(La conduce por el foro, haciendo
extremos de cortesía.)
|
Escena II
|
|
|
BONAIRE y
MAGÍN.
|
|
BONAIRE.-
Bien, bien, Magín.
Estás herido, gravemente herido. Puede que te mueras; puede que te
salves... Y qué, ¿vamos ganando?
|
|
MAGÍN.-
Sí. Pero el Rey, nuestro
señor, acuérdate de lo que te digo... no recobrará su
trono absoluto.
|
|
BONAIRE.-
¿Por qué?
|
|
MAGÍN.-
Porque lo que ganamos por las armas,
lo quita la traición. Amigo Bonaire, créelo como Dios es nuestro
padre: hay traidores en la plaza.
|
|
BONAIRE.-
¿Qué me cuentas?
¿Tú sospechas?...
|
|
MAGÍN.-
No sospecho: sé. Lo
descubrimos anoche Mongat y yo.
|
|
BONAIRE.-
Mongat ha muerto.
|
|
MAGÍN.-
Y a mí me falta poco. Oye: a
ti te lo cuento, a ti solo.
(Con sigilo.) El tal San Valerio
y el tal Fabricio son perros liberales de la piel de Robespierre maldito.
|
|
BONAIRE.-
(Con aspavientos de asombro.)
¡Jesús!
|
|
MAGÍN.-
¿Quieres saber más? Los
veintitantos hombres que entraron ayer, también vienen con las de
Caín.
|
|
BONAIRE.-
¡Por San Odón
bendito!
|
|
MAGÍN.-
Nada, que tenemos a Judas en
casa.
|
|
BONAIRE.-
(Tomándole el pulso.)
Amigo Magín, tú tienes fiebre, y te ha entrado el delirio.
|
|
MAGÍN.-
Ya me lo dirás cuando veas que
se alzan con la plaza, pasando a cuchillo a toda la guarnición y
personajes, desde los Regentes serenísimos al último furriel.
|
|
BONAIRE.-
¡Ábrete tierra y
tráganos!
|
|
MAGÍN.-
Milagro fue el descubrirlo... Oye...
Mongat y yo hicimos nuestro dormitorio en la ermita de San Odón.
Allí nos metimos. Entraron Fabricio y el otro, y creyéndose
solos, hablaron...
|
|
—38→
|
|
BONAIRE.-
Ya... Pues todo eso lo
soñasteis el pobre Mongat y tú...
|
|
MAGÍN.-
(Perplejo.) ¿Lo
soñaríamos? ¿Crees tú que lo
soñaríamos?
|
|
BONAIRE.-
Sin duda. Mongat no despertará
más.
|
|
MAGÍN.-
Y yo... ¿Estoy yo vivo, estoy
despierto?
|
|
BONAIRE.-
Sí, sí; pero no
estás en tus cabales, créeme a mí...
|
|
MAGÍN.-
¿Me habré yo muerto sin
saberlo?
|
|
BONAIRE.-
Todavía, no. Pero para estar
tranquilo debes imitarme; ser lo que yo soy...
|
|
MAGÍN.-
Y tú, ¿qué
eres?
|
|
BONAIRE.-
Filósofo.
|
|
MAGÍN.-
¿Pues no eres pastelero?
|
|
BONAIRE.-
Pero lo uno no quita lo otro. Puede
haber en una pieza pasteles y filosofías. Dime tú, ¿para
qué le sirve a uno la vida, esa gran bribona de la vida? Para sufrir,
para rabiar, para que este y el otro lo mortifiquen a uno y le achicharren la
sangre.
(MAGÍN cierra los
ojos.) Ánimo: voy a darte ahora un poquito de aguardiente.
(Se lo sirve de una frasquera que lleva
al cinto.)
|
|
MAGÍN.-
Esta filosofía sí que
me gusta.
|
|
BONAIRE.-
(Destornillando la tapa que hace de
vaso.) ¡Verás qué rico!... Pues sí;
convéncete de que el morirse uno es la única cosa buena que hay
en la vida... ¿Qué tal te sientes ahora?
|
|
MAGÍN.-
(Después de beber.) Mejor.
Parece que me vuelve la vida...
|
|
BONAIRE.-
*¡La vida! ¡Ja, ja!...
Fíate de esa embustera sin vergüenza...
|
|
MAGÍN.-
Digas tú lo que quieras, la
muerte es muy fea...
|
|
BONAIRE.-
Todo es comparar, Magín. Yo te
aseguro que el enemigo, disparándonos a quemarropa con cien fusiles, es
más bonito que mi mujer.
|
|
MAGÍN.-
¡Hombre!
|
|
BONAIRE.-
Y que mi suegra es más
horrorosa que una batería de cañones apuntando a nuestros
pechos...
|
|
MAGÍN.-
(Animándose.) Pues mira...
Ya soy otro...*
|
|
BONAIRE.-
No te fíes.
|
|
MAGÍN.-
*Dame más.
(Saboreando el aguardiente.)
¡Qué rico!
(Entonándose
—39→
y
poniéndose derecho.) Nada; que yo estoy bien, pero muy bien.
|
|
BONAIRE.-
Ponte en lo peor, te digo... y
acertarás.
(Bebe otro poco.) Yo te pregunto:
¿qué saca uno de vivir?
|
|
MAGÍN.-
Y de morirte, ¿qué
sacas?
|
|
BONAIRE.-
Pues saco... ahí es nada... No
ver más la jeta de aquellas harpías feroces, ni oír sus
chillidos broncos, ni recibir sus manotazos, estrujones y mordiscos... Saco el
finiquito de cuentas con mis acreedores; saco el librarme de tanto pillo, de
tanto necio, de aquel que me injuria, de estotro que me engaña...
¡De buena gana, te lo juro, me pondría yo en tu lugar; digo, que
quisiera estar en tu pellejo! ¡Qué gusto morirse! Y como es en
defensa de los santos principios, se va uno derechito a la gloria, donde no ve
más que caras de ángeles graciosos y de serafines
guapísimos.
|
|
MAGÍN.-
Pues yo quiero vivir...
(Animándose más.)
¡Por San Odón! Yo quiero ver caras de personas mortales, aunque
sean caras de traidores, que es lo que más aborrezco.
|
|
BONAIRE.-
(Cerrando la frasquera.) *Y a
propósito, eso que has descubierto, ¿es verdad, o no es verdad?,
yo no lo sé.
|
|
MAGÍN.-
*Tan verdad como que estamos
aquí.
|
|
BONAIRE.-
¡Qué tonto! ¿Y
tú puedes asegurar que estamos aquí?... Sé
filósofo, Magín amigo, y no afirmes nada tocante a la parecencia
o desaparecencia de las cosas, y di como yo que no sabemos si estamos
aquí, o en el otro mundo... o en aquel... o en el propio Limbo celeste o
acuático.
|
|
MAGÍN.-
(Tocándose.) No
sé... pero lo que es muerto, a fe de Magín, que no lo estoy.*
|
|
BONAIRE.-
Vivas o mueras, yo voy a darte un buen
consejo.
|
|
MAGÍN.-
A ver.
|
|
BONAIRE.-
De lo que oíste a San Valerio
y a Fabricio no digas una palabra al General ni a nadie, porque te
marearán a preguntas y no te dejarán descansar tranquilo... Como
se te escape algo, en seguida empieza la indagatoria... y que declares y que
jures... ¡Ay, pobre de ti entonces!
|
|
—40→
|
|
MAGÍN.-
No; yo debo decir...
|
|
BONAIRE.-
Sigue mi consejo y no te metas en
historias. Figúrate que ellos niegan, y no puedes probarlo...
Pasarás por embustero calumniador... digo, ¿y si les da por
vengarse de ti?
|
|
MAGÍN.-
Voy creyendo que tienes
razón.
|
|
BONAIRE.-
Ten por seguro que en esos dimes y
diretes habrías de irritarte, encolerizarte... ¡Bonito negocio!
Como que sin comerlo ni beberlo te morirías en pecado mortal.
|
|
MAGÍN.-
Eso no, ¡voto va!
|
|
BONAIRE.-
Tú te callas, y muy
agasajadito en tu cama de finas holandas, la cama de las señoras,
perdonas a todo el mundo, y mientras llega el dulce trance, te cuidan las
niñas bonitas del pueblo... y vengan calditos y vino blanco, y tal vez
buenos tragos de aguardiente... Conque...
|
|
MAGÍN.-
Y si me muero, ¿me callo
también?
|
|
BONAIRE.-
¡Hombre!
|
|
MAGÍN.-
Quiero decirte...
|
|
BONAIRE.-
Comprendido. Después de muerto
puedes hablar todo lo que quieras... Se lo cuentas a San Pedro y a...
|
|
MAGÍN.-
Quiero decirte que en el caso de que
me sienta moribundo... pues... si debo callar.
|
|
BONAIRE.-
Claro que sí... callar
siempre, siempre...
|
Escena IV
|
|
|
DOÑA MONSA y
DON JUAN, que, impaciente, tan pronto recorre la
escena como se para ante la puerta de la izquierda y aplica el oído a
ella.
|
|
MONSA.-
Pero qué, ¿te quedas
aquí?
|
|
JUAN.-
(Muy displicente.) Sí.
|
|
MONSA.-
¿Buscas a alguien?
|
|
JUAN.-
Sí.
(Párase ante la puerta, y la
empuja a ver si está abierta.)
|
|
MONSA.-
¿Esperas que salga?
|
|
JUAN.-
O que entre...
(Va hacia el fondo, mira y
vuelve.)
|
|
MONSA.-
Pero ¿no quedamos en que
irías a despachar a casa? Te esperan los secretarios de Guerra y
Hacienda.
|
|
JUAN.-
Sí... pero ya no voy.
|
|
MONSA.-
¿Temes que Mina, con los
refuerzos que ha recibido, ponga en un aprieto a la Regencia?
|
|
JUAN.-
Sí.
|
|
MONSA.-
(Remedándole.)
«Sí, no...». Lacónico estás. ¿Te
inquieta el número exorbitante de heridos?
|
|
JUAN.-
No; los heridos o se curan o se
mueren. Dios cuida de ellos.
|
|
MONSA.-
¡Ay! Y de nosotros,
¿qué hará Dios?
|
|
JUAN.-
Lo que le dé la gana.
|
|
MONSA.-
¡Vaya un humorcito!...
(Deteniéndole y
abrazándole.) Ven acá... Háblame con franqueza.
¿Es que ya no tienes fe en la causa?
|
|
—42→
|
|
JUAN.-
En la causa sí.
|
|
MONSA.-
¿Y en el valor, en la
constancia de los leales?
|
|
JUAN.-
De nada vale la lealtad cuando la
corrompe la traición.
|
|
MONSA.-
¿Traición has dicho?...
Hijo mío, ¿sospechas de alguno?
|
|
JUAN.-
Sí.
|
|
MONSA.-
¿De quién?
|
|
JUAN.-
(Enérgicamente, señalando
al cuarto de
BERENGUER.) De ese.
|
|
MONSA.-
¿Quién vive
ahí?
|
|
JUAN.-
Berenguer.
|
|
MONSA.-
¿Y sospechas también de
San Valerio y de Fabricio?
|
|
JUAN.-
No; son honrados. Por mis
espías sé que vigilan a su compañero.
|
|
MONSA.-
Pero ¿fundas tu sospecha en
algo real?
|
|
JUAN.-
En nada real la fundo...
(Recordando.) ¡Ah!
Sí... En los asaltos con que solemos entretenernos oculta su destreza, y
se reserva los hábiles golpes que, sin duda, sabe.
|
|
MONSA.-
Eres un niño. En algo
más te fundarás para acusarle.
|
|
JUAN.-
(Con alarde de franqueza ruda.)
Pues bien; le acuso porque le detesto... Ya ves; te descubro mi alma toda
entera.
|
|
MONSA.-
Toda no... Descubre más... Le
detestas porque estás celoso.
|
|
JUAN.-
Sí, madre... ¡Celoso! Me
declaro culpable de esa ridiculez.
|
|
MONSA.-
Tus celos podrán ser
infundados...
|
|
JUAN.-
No lo son.
(Furioso.) Madre, no me
contradiga usted, no defienda a quien me mata, a quien me crucifica.
|
|
MONSA.-
¡Dios mío, qué
carácter!
|
|
JUAN.-
Sí... Soy terrible...
Así me hizo Dios; así me trajo usted al mundo.
|
|
MONSA.-
Sosiégate... Reflexiona...
Digas lo que quieras, yo dudo que Susana...
|
|
JUAN.-
No dudes... Es mala, mala.
|
|
MONSA.-
Pero ¿qué ha hecho,
Dios mío?
|
|
JUAN.-
Olvida su decoro y el de la
familia.
|
|
MONSA.-
Mira lo que dices. Quizás
algún coquetismo inocente...
|
|
JUAN.-
¡Coquetismo inocente sus
entrevistas secretas con Berenguer!
|
|
—43→
|
|
MONSA.-
¿Dónde?
|
|
JUAN.-
Aquí... En la muralla... no
sé. Sus visitas a los hospitales, tanto ir y venir so color de cuidar
heridos, no son más que el disimulo de su liviandad.
|
|
MONSA.-
¡Ofuscación! Los celos
te ciegan.
|
|
JUAN.-
No me ciegan, me iluminan. Son como
la fe.
|
|
MONSA.-
¡Oh, qué delirio!
|
|
JUAN.-
*A la luz de mis odios veo las
honduras negras del alma de Berenguer. Ese hombre no es lo que parece. Es la
serpiente criada en la podredumbre de las logias, y que, arrastrándose,
viene hasta nosotros y nos acecha para matarnos, no con su fuerza, sino con su
veneno.
|
|
MONSA.-
Hijo del alma, me aterras.*
|
|
JUAN.-
(Con amargura rencorosa.) Vivimos
en pleno terror. España es una jaula de locos delirantes. Las ideas no
son ya ideas, sino furores. Luchamos ellos y nosotros, no por vencer al
contrario, ni aun para someterlo, sino para destruirlo. Por mi parte,
exterminaré y arrasaré cuanto se me ponga por delante... No hay
remedio; los desprecios de una mujer son nubes tempestuosas que en alguna parte
y de algún modo han de causar estragos.
|
|
MONSA.-
*¿Qué haría yo
para librarte de esa horrible aprensión?
(Con una idea feliz.) Hijo
mío, sea o no culpable Berenguer, mándale hoy mismo a la
facción del Trapense, que es la que opera más lejos.
|
|
JUAN.-
¡Y se iría
riéndose de mí!... No, madre. Podría su doblez ser
más perniciosa en otra parte.
(Con saña.) No;
aquí vino con las artes de Judas, fingiéndose amigo para
herirnos, para deshonrarnos... Pues aquí se queda, aquí.
|
Escena V
|
|
|
Dichos;
DOÑA SATURNA y
BERENGUER, por el foro; al fin de la escena,
CASTELL y
BONALD.
|
|
BERENGUER.-
(Viendo a
DOÑA MONSA al entrar.) Aquí
está, señora.
|
|
SATURNA.-
Gracias a Dios que te encuentro.
|
|
MONSA.-
Pero ¿qué es de ti?
|
|
SATURNA.-
Buscándote por todas partes.
Gracias al señor de Berenguer, cuya finura y amabilidad merecen mi
reconocimiento
(Se hacen ambos una reverencia.)
he podido franquear ese laberinto de patios llenos de pertrechos, y tantos
baluartes y galerías.
|
|
MONSA.-
Pero ¿no ibas con San
Valerio?
|
|
SATURNA.-
Sí. Por cierto que rectifico
la opinión que de la cortesía de ese sujeto había
formado.
|
|
JUAN.-
Pues ¿qué ha
ocurrido?
|
|
SATURNA.-
Figúrense ustedes...
Acompañome a casa, y al llegar allá, no hacía más
que correr de sala en sala... Es inteligente, eso sí, en cuadros,
tapices y bargueños. Pues señor, concluyo mi tarea; hago desarmar
las camas; dispongo lo que ha de ser llevado a San Roque y aquí, y
cuando quiero salir, busco a mi caballero
servente, y no le encuentro por
parte alguna.
|
|
MONSA.-
¿Voló?
|
|
BERENGUER.-
Sin duda exigencias del
servicio...
|
|
SATURNA.-
No hay servicio que deba anteponerse
a las atenciones que merecen las damas... Y lo más extraño es que
se quedó con mi ridículo.
|
|
JUAN.-
Ya parecerán el
ridículo y el hombre.
|
|
SATURNA.-
Sí, sí;
disculpáis la descortesía, la falta de buenas maneras, sin
reparar que esa es la verdadera causa de que se entronicen las revoluciones. Ya
no hay caballeros... Ved como sube y nos ahoga la desvergüenza
popular.
|
|
JUAN.-
Sin duda.
|
|
—45→
|
|
SATURNA.-
Pero en fin, ya estoy aquí,
gracias a la amabilidad de este señor, que se ha dignado
acompañarme.
|
|
JUAN.-
¿Y qué hacía en
aquella parte de la ciudad el señor de Berenguer?
|
|
BERENGUER.-
Iba en busca de vuecencia para
permitirme hacerle una petición.
|
|
JUAN.-
¡Qué casualidad! Yo vine
aquí en busca de usted condeseos de hablarle.
|
|
BERENGUER.-
A las órdenes de
vuecencia.
|
|
SATURNA.-
(A
DOÑA MONSA.) Tú dirás
si vamos a San Roque.
|
|
MONSA.-
Iremos, sí.
|
|
SATURNA.-
He mandado a Susana que cuide con sus
amigas de vigilar el servicio en el hospital de oficiales.
|
|
JUAN.-
(Vivamente.) No hace falta.
|
|
MONSA.-
Vigilaremos nosotras. Y mi parecer es
que prohibamos a la niña salir de casa.
(Consulta con una mirada a
DON JUAN, el cual lo aprueba. Óyese marcha
fusilera con pifanos y tambores. Entran por el foro sucesivamente
CASTELL y
BONALD.)
|
|
SATURNA.-
La Regencia sale del solemne rosario
en Santa María, y se dirige a su palacio...
|
|
CASTELL.-
Mi General, los señores
Regentes desean que Vuecencia asista a la sesión... Asisten
también todos los secretarios del despacho y el prior de Dominicos.
|
|
BONALD.-
Mi General...
|
|
JUAN.-
(Muy displicente.)
¿Qué?... ¿qué más?
|
|
BONALD.-
En la Ciudadela esperan a vuecencia
las fuerzas que van a salir.
|
|
JUAN.-
(Colérico.) Pero
¿tengo yo veinte cuerpos? Al castillo, a la Regencia, al hospital,
¡al demonio!
|
|
MONSA.-
(Procurando apaciguarle.)
¡Hijo, por Dios!...
|
|
SATURNA.-
(A
DOÑA MONSA.) Vámonos ya.
|
|
MONSA.-
Voy.
(Aparte a
DON JUAN, aludiendo a
BERENGUER, que permanece alejado del grupo
principal.) Haz lo que te dije... Aléjale... Tierra por
medio.
|
|
JUAN.-
Ya, ya... ¡Tierra... se
pondrá!
(DON JUAN hace a los
Oficiales seña de que se retiren, y se van acompañando a las
señoras.)
|
Escena VI
|
|
|
DON JUAN y
BERENGUER.
|
|
JUAN.-
¿Tenía usted que hablar
conmigo?
|
|
BERENGUER.-
Sí, mi General.
|
|
JUAN.-
Yo también con usted.
|
|
BERENGUER.-
Pues hable primero vuecencia.
|
|
JUAN.-
No; primero usted.
|
|
BERENGUER.-
La jerarquía exige...
|
|
JUAN.-
Usted primero. Lo mando.
|
|
BERENGUER.-
Obedezco. Pues quería suplicar
a vuecencia que me destine a las partidas que operan fuera de la plaza.
|
|
JUAN.-
(Con ironía.) Desea usted
combatir.
|
|
BERENGUER.-
Sí, mi General.
|
|
JUAN.-
Comprendo y aplaudo su ardimiento.
Pero militares de tanta valía, de lealtad tan probada, son más
necesarios dentro que fuera de la plaza.
|
|
BERENGUER.-
Estoy a sus órdenes.
|
|
JUAN.-
Y ahora yo. Señor Berenguer,
voy a dar a usted la mejor y más gallarda prueba de confianza. Usted
arde en deseos de probar su destreza, su arrojo en defensa de los grandes
principios.
|
|
BERENGUER.-
Es verdad. Los grandes principios, la
justicia sobre todos, me trajeron aquí.
|
|
JUAN.-
Ese amor a la justicia invoco yo para
asociarle a un trabajo menos brillante, pero más fecundo que las
operaciones militares.
|
|
BERENGUER.-
Vuecencia dirá.
|
|
JUAN.-
Sospecho, mejor dicho, sé que
dentro de la plaza hay traidores. Pero no puedo señalarlos... no los
conozco.
|
|
BERENGUER.-
¿Y qué?
|
|
JUAN.-
Que yo encargo a usted la delicada
misión de descubrirlos.
|
|
BERENGUER.-
Mi General, estimando la confianza,
debo decir a vuecencia que no soy espía ni polizonte.
|
|
—47→
|
|
JUAN.-
¿Se ofende usted?... Espero
que el señor Berenguer lo pensará mejor y comprenderá que
cuantos defienden al Rey absoluto están obligados a servirle en aquello
que se les encarga.
|
|
BERENGUER.-
Yo...
|
|
JUAN.-
(Sin dejarle continuar.)
Permítame usted. A media noche le espero en mi sala de armas con las
noticias que haya podido adquirir, y que desde luego aseguro han de ser
preciosas. En cuanto me las comunique, celebraremos el descubrimiento con un
asalto.
|
|
BERENGUER.-
Está bien.
|
|
JUAN.-
A florete sin botones, o a espada
española, como usted quiera.
|
|
BERENGUER.-
Lo que vuecencia guste.
|
|
JUAN.-
Sí; porque de otro modo, la
esgrima es juego de chicos, impropio de usted y de mí. ¿No piensa
usted lo mismo?
|
|
BERENGUER.-
Exactamente.
|
|
JUAN.-
Y no digo más.
|
|
BERENGUER.-
Y es bastante.
|
|
JUAN.-
Hasta la noche, señor de
Berenguer.
|
|
BERENGUER.
- Mi General, hasta la noche.
(Vase por el foro.)
|
Escena VII
|
|
|
BERENGUER y
BONAIRE.
|
|
BERENGUER.-
(Con amargura y desaliento.)
¡Ah, tirano rencoroso! Quieres someter mi vida y la tuya al juicio de
Dios. No; juicio no. La vida me pesa como una maldición, y te la
entrego. Quítamela, y te lo agradeceré.
|
|
BONAIRE.-
(Por el foro derecha, muy asustado y
descompuesto.) ¡Al campo, al fuego! Quiero una bala, una santa
bala que me quite esta vida indecente.
(Se pasea muy agitado por la
escena.)
|
|
BERENGUER.-
¿Qué tienes,
Bonaire?
|
|
BONAIRE.-
¿Qué he de tener?...
nada, que me voy a la facción ahora mismo en busca de mi salud, que es
la muerte.
|
|
—48→
|
|
BERENGUER.-
Lo mismo digo de mí. Pero yo
no salgo. Aquí encontraré mi remedio. ¿Qué te
pasa?
|
|
BONAIRE.-
¡Que están
ahí!
|
|
BERENGUER.-
¿Quién?
|
|
BONAIRE.-
¿Quién ha de ser sino
las mismísimas potencias infernales? Mi mujer y mis cuatro suegras;
digo, dos. ¡Ay!, anoche tuve los primeros barruntos de que
vendrían. Me dolían todos los huesos, graznaban las lechuzas, y
en el cielo vi unas nubes muy feas en figura de dragones, dromedarios y
salamandras. ¡Infeliz de mí! Han llegado hoy, y están en la
casa del Marqués de Tremp. Mi mujer es prima de Blasa. Vienen a
buscarme...
(Llorando.) y a pedir a la
Regencia que me entreguen a ellas vivo o muerto. No; vivo de ninguna manera.
Les entregarán mi cadáver.
|
|
BERENGUER.-
Tú ves fantasmas, pobre
Bonaire.
|
|
BONAIRE.-
¡Ah! No son fantasmas, sino
demonios reales y monstruos efectivos. Yo no los he visto; pero me lo ha dicho
Blasa, que vino a traerme un recado para usted.
|
|
BERENGUER.-
¿Qué?
|
|
BONAIRE.-
(Desmemoriado.)
¿Qué?... Pues se me ha ido de la cabeza... ¿Qué
era, Señor?... Vaya una tontería olvidárseme... ¡Ah!
Pues que esta noche vendrá doña Susanita...
|
|
BERENGUER.-
¿Es de veras?
(Disgustado.)
|
|
BONAIRE.-
Sí. Le han mandado que no
salga. Pero ella, como es así, se escapará luego con Blasa y
vendrá al hospitalito, de donde se dejará caer aquí como
al descuido... Conque ya lo sabe, para que la espere...
|
|
BERENGUER.-
Pues me harás el favor de ir
en busca de Blasa y decirle...
|
|
BONAIRE.-
¡Yo!
|
|
BERENGUER.-
Sí; que advierta a Susana que
no venga. Sé que la vigilan...
|
|
BONAIRE.-
¡Yo... yo ir allá,
yo!... Pero ¿está usted loco? Ni por todo el oro del mundo, ni
por una corona imperial voy yo ahora a la casa de Tremp.
|
|
BERENGUER.-
¡Qué tonto!...
|
|
—49→
|
|
BONAIRE.-
Pídame usted que me meta en
una cueva de leones hambrientos; pero no me pida que vaya donde sé que
están mis verdugos... No, no. Yo me voy al campo, a la facción.
Señor Berenguer; vámonos juntos, puesto que ambos nos tenemos por
desgraciados. Huyamos de este infierno, y busquemos ante el enemigo la gloria y
la dicha del morir.
|
|
BERENGUER.-
Yo no puedo salir ahora.
|
|
BONAIRE.-
Pues sepa que usted y sus amigotes
corren peligro... ¡Pero qué peligro, San Odón de mi alma!
Un guerrillero que ya está gozando de Dios, y otro que está
gravemente herido, pero que no quiere morirse ni a tiros, saben... vamos, que
oyeron hablar a San Valerio y a Fabricio... ¡Ay! Pongámonos en
salvo, Berenguer amigo.
|
|
BERENGUER.-
No... yo no puedo.
*¿Qué temes? Que alguien descubra y delate... Por mí nada
me importa ya. La mentira en que vivo llena mi alma de una consternación
indecible. Esta máscara infame me quema el rostro. Me la pusieron, me la
puse, celebrando un pacto con el infierno, en momentos de obcecación...
¡Ay!, hora tremenda, de angustia y pavor... mi madre moribunda, yo
amenazado de nuevas persecuciones. Pero ya no más, ya no más. Mi
conciencia estalla. No puedo mentir. Prefiero la muerte a la ignominia. Morir,
sí, y quédense en manos de Dios todas las venganzas y todas las
justicias.*
|
Escena IX
|
|
|
Dichos;
FABRICIO, por el foro, presuroso y con recelo de ser
visto en la calle.
|
|
FABRICIO.-
Aquí estoy.
|
|
VALERIO.-
Creí que no llegabas.
(Aparte los dos a la izquierda.)
|
|
FABRICIO.-
Pues no sé... ¿Te parece
que ha sido poca tarea? Con
—51→
tanto sigilo y tal exceso de
precauciones, imposible andar muy deprisa.
|
|
VALERIO.-
Bueno, ¿qué hay?
|
|
FABRICIO.-
Decisión, entusiasmo, coraje.
Todo prevenido.
|
|
VALERIO.-
¿No nos faltará alguno
en el momento preciso?
|
|
FABRICIO.-
Ninguno. Respondo con mi cabeza.
|
|
VALERIO.-
La ocasión que hemos escogido
no puede ser más oportuna.
|
|
FABRICIO.-
Esta noche no pasa de setenta hombres
la guarnición de la plaza. Me lo ha dicho Berenguer.
|
|
VALERIO.-
¿Sabes que de este no me
fío?
|
|
FABRICIO.-
¿Que no?
(Durante este diálogo,
BONAIRE se ha acercado a
BERENGUER, y con vivos ademanes le quiere
convencer de la necesidad de huir.)
|
|
VALERIO.-
Berenguer.
|
|
BERENGUER.-
¿Qué mandas?
|
|
VALERIO.-
Se aproxima el instante decisivo. La
gloria y la muerte nos contemplan. A ti no pienso confiarte en esta locura...
porque locura es de las que conducen a la perdición o a la victoria...
no te señalo, digo, ningún servicio de carácter
militar...
|
|
BERENGUER.-
¿Pues qué?
¿Qué tengo que hacer?
|
|
VALERIO.-
Ante todo, no habrás olvidado
tu compromiso.
|
|
BERENGUER.-
No puedo olvidar que he venido
aquí contratado de revolucionario y conspirador. He jurado fidelidad a
vuestra bandera, cuyos lemas son la intriga tenebrosa y la guerra de
exterminio.
|
|
VALERIO.-
Vamos al caso. Esta noche tienes
entrevista con Susana.
|
|
BERENGUER.-
No sé... No debe venir.
|
|
VALERIO.-
Pero viene. Yo lo sé.
|
|
BERENGUER.-
Bueno, ¿y qué?
|
|
VALERIO.-
Que en la entrevista que te haga la
niña esta noche, has de conseguir de ella...
|
|
BERENGUER.-
¿Qué, por Cristo?
|
|
VALERIO.-
Ya te lo dije esta mañana. Que
nos traiga... la correspondencia del Rey con los Regentes... que está
archivada en la casa de Tremp.
|
|
—52→
|
|
FABRICIO.-
Figúrate si es pieza de valor.
Los poderes que ha dado Fernando a estos caballeros para constituirse... y que
nosotros, si triunfamos, presentaremos a las Cortes en testimonio de...
|
|
BERENGUER.-
(Indignado.) Yo no puedo pedir a
Susana eso. Semejante infamia es impropia de ella y de mí.
|
|
FABRICIO.-
¿Ves? No nos sirve...
|
|
VALERIO.-
No es infamia... es un servicio
político. La santidad de la idea es el Jordán que todo lo
limpia.
|
|
BERENGUER.-
Me he contratado de revolucionario,
de guerrillero, de asesino, si queréis; pero no de ladrón de
papeles.
|
|
FABRICIO.-
¡Qué
tontería!
|
|
VALERIO.-
(Colérico.) Berenguer,
mira lo que dices.
|
|
BERENGUER.-
Lo he mirado bien.
|
|
BONAIRE.-
(Que ha estado vigilando por el
fondo.) Ahí está la niña. Viene con Blasa.
(Vuelve al foro.)
|
|
VALERIO.-
¡Si es un acto político
como otro cualquiera!...
|
|
BERENGUER.-
No...
|
|
BONAIRE.-
Han entrado en el hospital para hacer
que visitan a los heridos. No tardará la niña en aparecerse por
ahí...
|
|
VALERIO.-
Vámonos...
|
|
BERENGUER.-
(Acercándose a la puerta derecha y
tratando de ver el hospital.) Quizás no pueda pasar
aquí... No se atreverá.
|
|
VALERIO.-
Hay que vigilar a este hombre.
|
|
FABRICIO.-
Yo me encargo... Veré y
oiré.
|
|
VALERIO.-
Yo vuelvo al instante. Voy a la
muralla. Bonaire, ven.
|
|
BONAIRE.-
A tus órdenes, Gran Maestre.
(Vanse
SAN VALERIO y
BONAIRE.
FABRICIO se va también; pero en distintos
momentos de la escena que sigue se le ve aparecer tras el esquinazo de la
izquierda, vigilando.)
|
Escena X
|
|
|
BERENGUER; luego,
SUSANA.
|
|
BERENGUER.-
¿Vendrá? No sé
si lo temo o lo deseo...
(Con desesperación.)
¡Dios, Dios, cómo has hecho al hombre, cómo me has hecho a
mí! No me conozco, no sé quién soy, pues amo
—53→
a esa mujer con el mismo corazón, con la misma alma con que aborrezco su
nombre y su raza. ¡Ah!... aquí está.
|
|
SUSANA.-
(Aparece en la puerta y examina inquieta
toda la escena antes de avanzar.) Berenguer...
(Imponiendo silencio.) Pst...
mucho cuidado esta noche...
|
|
BERENGUER.-
Cuidado, siempre.
|
|
SUSANA.-
Mi primo, el General Caraculiambro,
como tú dices, ha mandado vigilarme... ¿Nos verá alguien,
Berenguer?
|
|
BERENGUER.-
No creo...
|
|
SUSANA.-
Y si nos ven y nos oyen...
|
|
BERENGUER.-
Pues nada.
|
|
SUSANA.-
Dirán: ¡cuánto se
quieren esos!... Verás lo que he tramado para venir aquí. Mis
tías están en San Roque. Su orden de no salir de casa se acata,
pero no se cumple. Me echo a la calle pensando en que hace mucha falta mi
presencia en los hospitales, y decido empezar mi visita por este. Ahí he
dejado a Blasa de guardia, para que me avise en cuanto la cara de alguna de mis
tías aparezca en el horizonte visible.
|
|
BERENGUER.-
¡Ay, Susana!, tus mentiras,
como inventadas por el amor, son graciosas, inocentes, y no dejan rastro en
nuestro espíritu. Otras hay que lo agobian con pesadumbre
irresistible...
|
|
SUSANA.-
¡Tétrico
estás!... Berenguer, me causas miedo... Y no puedo menos de relacionar
esas tristezas tuyas con algo que... ¿te lo digo?
|
|
BERENGUER.-
Dímelo.
|
|
SUSANA.-
Mira que es muy grave. Yo no lo he
creído, no. No he hecho más que asustarme.
|
|
BERENGUER.-
Dilo pronto.
|
|
SUSANA.-
Pues sospechan que tú... Mi
primo, ese loco sanguinario, es el que lo ha dicho al secretario de Hacienda...
a mi tío y al Arzobispo.
|
|
BERENGUER.-
¿Qué?
|
|
SUSANA.-
Un embuste ridículo... Pues
que tú... Sospechan que tú no eres lo que pareces, y que bajo el
antifaz que te has
—54→
puesto para engañarnos, se esconde el
patriota exaltado, el jacobino furibundo. ¡Dios mío, qué
noche he pasado, atormentándome con la idea de que resultara verdad, y
que te descubrían, y a los cinco minutos te fusilaban sin
compasión! No quiero decirte que me fusilaban también a
mí.
|
|
BERENGUER.-
A ti, ¿por qué?
|
|
SUSANA.-
Porque sí...
Abrazándome a ti en el momento de... las mismas balas nos atravesaban a
los dos.
|
|
BERENGUER.-
¡Corazón generoso y
amante, no te merezco! Dime, Susana; respóndeme con plena conciencia: si
lo que sospecha tu primo fuera verdad...
|
|
SUSANA.-
¡Oh!...
(Asustada.) ¿Qué
dices?
|
|
BERENGUER.-
No te asustes, y respóndeme.
Si yo fuera tal como cree o aparenta creer tu primo, ¿me querrías
lo mismo?
|
|
SUSANA.-
(Vivamente.) Pero como no
es...
|
|
BERENGUER.-
Responde, te digo.
|
|
SUSANA.-
(Reflexionando.) Pues... en ese
caso...
(Decidiéndose.) Te he dado
mi corazón, y no podría volver a tomarlo aunque quisiera. Si
fueses traidor, yo sería traidora, y los dos correríamos la misma
suerte.
|
|
BERENGUER.-
¡Oh! ¡Bendita mujer, por
más que busco y revuelvo en tu alma, no encuentro en ella ni un punto en
que pueda fundarme para dejar de quererte!
|
|
SUSANA.-
(Confusa.) ¿Qué
quieres decir?
|
|
BERENGUER.-
Óyeme;
(Con gran entereza.) lo que
sospecha ese hombre...
(Pausa; ambos se miran
aterrados.) es verdad.
(SUSANA se queda
inmóvil y como petrificada. Retrocede mirando a
BERENGUER sin poder articular palabra.)
Sí... Este secreto no cabe en mí. Quiere salir.
(Con horrible angustia.)
¡Oh, Dios, cuánto padezco! El secreto y el amor se pelean dentro
de mi alma, y destrozándose me destrozan, y mordiéndose me
muerden a mí...
(Airado contra sí mismo, se
golpea.)
|
|
SUSANA.-
(Trémula.) ¡Ay de
mí!
|
|
BERENGUER.-
¿Tiemblas?
|
|
SUSANA.-
Me muero.
(Cae desfallecida en el banco y se cubre
el rostro.)
|
|
—55→
|
|
BERENGUER.-
Sí... Aparta de mí tus
miradas, porque verías en mi rostro la infamia de olvidar a los
míos por quererte. Desatada en mí la verdad, lo diré todo,
aunque tu alma se desgarre en la desesperación como la mía.
Víctima fui de la facción sañuda que representas tú
y tu familia. He venido aquí con engaño para ser lo que fuisteis
con los míos, falaz primero, después brutal, sanguinario; he
venido a castigar la iniquidad con iniquidad, los crímenes con
crímenes. Triste condición de la humanidad... ya ves... Que no
siente verdaderamente la justicia sino por la venganza...
(Con amargura.) Y si la venganza
no existiera, ¡qué poca, qué poca justicia habría en
el mundo!
|
|
SUSANA.-
¡Oh, qué horrible! Pero
yo, Dios mío, ¿qué culpa tengo?
|
|
BERENGUER.-
(Acercándose a ella.)
Ninguna. La fatalidad ha inventado esta burla, este sarcasmo...
|
|
SUSANA.-
(Vivamente.)
¿Qué?
|
|
BERENGUER.-
Que tú seas buena. Fatalidad,
no. La Providencia ha querido que por tus ojos, más que por los
míos, vea yo la infamia de mi falsedad al entrar aquí. El amor
hace estos milagros. Pero no acaba, no, de cegar el abismo. Cuando más
descuidados estemos, saltará una ocasión, un incidente, que haga
revivir aquel pasado terrible, y nos espantaremos, tú de considerar
quien soy, yo de considerar quien eres.
(Muy inquieto.) Susana,
perdóname mi engaño. Somos incompatibles... Si odiosa es la
venganza, ignominioso es que yo te quiera... Aléjate de mí...
Muramos el uno para el otro... Tú puedes aún consolarte y ser
feliz... Para mí no hay consuelo... ni más solución que la
muerte...
|
|
SUSANA.-
*¡Qué obcecación!
Y ese odio a mi padre y a mi familia, ¿no puede ser infundado?
¿Quién te dice que no hay en ello error, falsas historias?...
|
|
BERENGUER.-
No; no son falsas... son historias
reales, vividas. Las han presenciado estos ojos, que ahora reproducen
imágenes sangrientas,
(Cerrando los ojos.) horrores que
veo cuando no quiero verlos...
(Desechando una imagen.) No
—56→
quiero, no... Yo he visto a mi padre caer, atravesado el pecho, en
la masía de Clariá, a donde fue conmigo y tres servidores
nuestros con objeto de rescatar a mi hermana, burlada y prisionera.
¡Qué infamias, qué horrores amparan con su sombra las
banderas políticas!... Mataron a mi padre los sectarios de aquel que no
nombro, no puedo nombrarlo, capitán de asesinos y ladrón de
honras. Con dificultad logré defender mi vida, que habría
entregado también a la infame turba si no la necesitara para ir en
socorro de mi madre, a quien pude salvar, llevándola hasta la
frontera... De mi hermana supimos que murió a los dos meses de
vergüenza y terror...
|
|
SUSANA.-
*
(Llorando le interrumpe.) No
sigas, ten piedad de mí.
|
|
BERENGUER.-
Mi casa y mi familia se hundieron
para siempre.
|
|
SUSANA.-
No es tu apellido Berenguer.
|
|
BERENGUER.-
Es mi nombre. Berenguer de
Claramunt...
|
|
SUSANA.-
Y olvidas que tu santa madre
murió perdonando a sus enemigos. Ejemplo sublime que no has sabido
imitar.
|
|
BERENGUER.-
Quiero, sí... Pero no tengo
esa virtud...
(Transición del abatimiento a la
ira.) Susana, huye de mí, te digo. Tu corazón, hermoso y
sano, podría encontrarse con las serpientes que salen del mío...
¿Para qué me has hecho evocar estos recuerdos lúgubres?...
En mí renace el espíritu de facción, ese sentimiento
irresistible que todo lo arrolla, que nada respeta...
|
|
SUSANA.-
Yo no tengo espíritu de
facción. Y como libre de esa locura, no me voy, no te dejo, no puedo
abandonarte. Tu vida está en gran peligro.
|
|
BERENGUER.-
Déjala. Mi vida no vale tu
interés por salvarla.
|
|
SUSANA.-
Sí lo vale, sí. Tu vida
me importa mucho. Ya ves, soy más generosa que tú, y borro el
pasado, lo arrojo de mí y abomino de él.
|
|
BERENGUER.-
Susana, te admiro; pero no puedo
imitarte.
(Con terrible lucha.) Soy hombre;
el hombre es esclavo del pasado.
|
|
SUSANA.-
Pues yo, mujer, vivo en el presente,
mirando impávida el porvenir. Quiéraslo o no, he de ser tu
redentora.
|
|
—57→
|
|
BERENGUER.-
En mi vida, en mi destino, mando
yo.
|
|
SUSANA.-
En todo eso mando yo, porque algo de
eso es mío, o debe serlo, y yo quiero, y Dios también quiere que
lo sea.
|
|
BERENGUER.-
¡Sublime criatura!
¡Cuánta grandeza en ti!... ¡Terrible sino el que de
mí te separa!
|
|
SUSANA.-
(Con entusiasmo.) Rompamos ese
sino, hagámoslo trizas.
|
|
BERENGUER.-
Imposible. Es más fuerte que
nosotros.
|
|
SUSANA.-
Pues yo te salvo, yo arreglaré
que puedas salir de la plaza disfrazado antes de media noche.
|
|
BERENGUER.-
¡Qué delirio! No puede
ser.
(Óyese la Ronda lejana;
pífanos
3 y tambores se acercan lentamente.)
|
|
SUSANA.-
¡La Ronda!
|
|
BERENGUER.-
Se cierran las puertas de la
plaza.
|
|
SUSANA.-
¿Pasan por aquí?
|
|
BERENGUER.-
Sí.
(Mirando por el foro.) Viene
también tu primo con toda la plana mayor. ¡Retírate, por
Dios!
|
|
SUSANA.-
Aguarda.
|
|
BERENGUER.-
(Muy inquieto.) No, no... El
escándalo sería tu perdición.
|
|
SUSANA.-
La mía no... la tuya.
|
|
BERENGUER.-
(Empujándola.) Pronto.
|
|
SUSANA.-
Entraré en el hospital hasta
que pasen esos... Pero con una condición.
|
|
BERENGUER.-
¿Qué?
|
|
SUSANA.-
Júrame por la memoria de tu
madre que me aguardarás aquí.
|
|
BERENGUER.-
Bien. Te lo juro... Ya vienen; ya
están aquí... Pronto.
|
|
SUSANA.-
Que me esperes.
|
|
BERENGUER.-
Sí, Sí...
|
|
SUSANA.-
(Con solemne acento.) Dios me
ilumina.
(Con gran tenacidad y
energía.) Quiéraslo o no lo quieras, yo salvo tu vida...
la compro, la gano, la robo, no sé... Porque es mía, tan
mía como estos ojos con que te veo... y no me la dejo quitar, ¡no,
no, no!... Contra cielo y tierra la defiendo.
(De una carrera entra en el hospital.
Pasa la Ronda.
SAN VALERIO aparece por la calle, y
escabulléndose entra en el cuarto de la derecha y se encierra, como
esperando a que se despeje la escena.)
|
Escena XII
|
|
|
BERENGUER,
SAN VALERIO y
FABRICIO.
|
|
BERENGUER.-
¿Volverá hacia
aquí?
(Mirando al interior.) Entra en
el palacio de la Regencia...
(Receloso, mirando al hospital.)
Aguardaré a Susana...
|
|
VALERIO.-
(Entreabre la puerta de su
cuarto.) Pasó la Ronda... Está solo... Espera a
Susana.
|
|
FABRICIO.-
(Avanza presuroso por el foro hacia
BERENGUER, a quien coge por un brazo.)
¡Traidor!
|
|
BERENGUER.-
(Irritado.) Suéltame.
|
|
VALERIO.-
(Avanzando hacia él.
Cogiéndole por el otro brazo.) ¿Y qué? ¿Te
traerá esa niña loca los papeles de la Regencia, los poderes del
Rey?
|
|
BERENGUER.-
(Secamente.) No.
|
|
FABRICIO.-
(Cogiéndole por el otro
brazo.) Si lo que ha hecho es denunciarse, desembuchando mil
tonterías sentimentales.
|
|
VALERIO.-
¿Qué has hecho?
|
|
BERENGUER.-
(Soltándose.) Ceder al
impulso de mi conciencia, que se
—59→
desbordaba. He revelado a Susana
mi engaño. Nada he dicho del vuestro.
|
|
VALERIO.-
¡Oh!... Pero el secreto y el
peligro son solidarios... Infame, al denunciarte faltas a tu compromiso.
(Le vuelve a coger del brazo.)
|
|
FABRICIO.-
¡Miserable, así pagas
nuestros beneficios!
|
|
VALERIO.-
Ante el cadáver todavía
caliente de tu madre nos dijiste: «Mi voluntad, mi vida os
pertenecen».
|
|
BERENGUER.-
Y por su santa memoria os digo ahora
que no soy vuestro.
|
|
VALERIO.-
¡Traidor!
|
|
BERENGUER.-
Dejadme, os digo, fieras, demonios o
lo que seáis... He revelado a Susana lo que me incumbía. Ni una
palabra he dicho que os comprometa, ni la diré. Nadie sospecha de
vosotros.
|
|
FABRICIO.-
Es que tu conducta puede
comprometernos...
|
|
VALERIO.-
Te creo capaz de delatarnos.
|
|
BERENGUER.-
Eso nunca. Moriría cien veces
antes de decir una palabra en contra vuestra.
|
|
FABRICIO.-
(Que ha mirado por la puerta del
hospital.) La niña vuelve...
|
|
BERENGUER.-
Dejadme solo...
|
|
VALERIO.-
Te acecharemos, y al menor indicio de
traición...
(Amenazante.)
|
|
BERENGUER.-
Ya viene...
|
|
FABRICIO.-
(Llevando a
SAN VALERIO detrás del esquinazo.)
Ocultémonos aquí.
|
Escena XIII
|
|
|
BERENGUER y
SUSANA;
SAN VALERIO y
FABRICIO, ocultos.
|
|
BERENGUER.-
Vuelves al fin...
|
|
SUSANA.-
(Consternada.) ¡Sí;
vuelvo con el espantoso enigma descifrado!
|
|
BERENGUER.-
¿Qué dices?
|
|
SUSANA.-
Ya sé la verdad. San Valerio y
Fabricio son los traidores.
—60→
Fingiéndose amigos entraron en
la plaza para apoderarse de ella con un atrevido golpe de mano.
|
|
BERENGUER.-
¿Quién te ha dicho
eso?
|
|
SUSANA.-
Un pobre guerrillero moribundo...
Esos locos sectarios han traído gente allegadiza, traidora como ellos, y
derramando el oro, han corrompido a muchos de nuestros leales.
|
|
BERENGUER.-
(Muy agitado.) Eso no es verdad.
El único traidor soy yo.
|
|
SUSANA.-
No te vale el acusarte. Eres
inocente; pero aunque no lo fueras, yo haré que lo parezcas, y te
salvaré.
|
|
BERENGUER.-
(Irritándose
gradualmente.) Te digo que no hay aquí más
traición que la mía.
|
|
SUSANA.-
Los culpables son ellos, y ahora
mismo los denunciaré a la Regencia.
|
|
BERENGUER.-
(Cogiéndola violentamente por una
mano.) ¡Susana!
|
|
SUSANA.-
(Queriendo soltarse.)
Déjame.
|
|
BERENGUER.-
No harás esa denuncia,
Susana.
|
|
SUSANA.-
¿Por qué?
|
|
BERENGUER.-
Porque te lo prohíbo... No la
harás.
|
|
SUSANA.-
Sí lo haré. Por ti nada
temas. Respondo de facilitarte la fuga.
|
|
BERENGUER.-
No. Huyan si quieren San Valerio y
Fabricio. Yo me quedo, y la responsabilidad de lo que ocurra después,
caiga sobre mí. Yo pagaré por todos.
|
|
SUSANA.-
¿Tú? Y me propones tal
absurdo a mí, que te quiero, que... Berenguer.
(Con vivo movimiento se suelta.)
|
|
BERENGUER.-
No irás, te digo...
(Con gran energía.) No
harás esa denuncia. Yo no quiero.
(Intenta cogerla y ella se escapa,
poniéndose a distancia.) ¡Oh! Ven... aguarda... Susana.
(Corre hacía ella y la coge ambos
brazos.)
|
|
SUSANA.-
Suéltame... lo haré...
Sólo matándome podrás impedirlo.
|
|
BERENGUER.-
(Estrechándola
fuertemente.) Obedéceme... ¿No ves mi rabia?...
¿No temes que mi locura llegue al frenesí?
(La oprime en un abrazo
frenético.)
|
|
SUSANA.-
Me ahogas...
|
|
—61→
|
|
BERENGUER.-
Sí... no te dejo, no...
(Salen de su escondite
SAN VALERIO y
FABRICIO, y avanzan cautelosamente.)
|
|
SUSANA.-
(Que les ve antes que
BERENGUER, y da un grito.) Esos
hombres...
|
|
VALERIO.-
(Aparte a
BERENGUER.) Cumple tu deber si no quieres
ser el más vil de los traidores.
|
|
FABRICIO.-
(Ídem.) Mátala, o
estamos perdidos.
|
|
VALERIO.-
Que no salga viva de aquí.
|
|
BERENGUER.-
¿Qué decís?
(Suelta a
SUSANA, pero queda junto a ella como
protegiéndola.)
|
|
FABRICIO.-
(Sacando un puñal.) Si no
cumples tu deber como honrado patriota, esclavo de tu causa, lo cumpliré
yo.
(SAN VALERIO hace
ademán de sacar un arma.)
|
|
BERENGUER.-
¡Al diablo la causa!
(SAN VALERIO y
FABRICIO avanzan hacia
SUSANA en actitud amenazadora.)
Atrás, fanáticos. Esta mujer es sagrada, y el que la ofenda
sabrá quién es Berenguer de Claramunt.
(SAN VALERIO y
FABRICIO se sobrecogen ante la actitud resuelta
de
BERENGUER.) Perezca todo antes que ella.
Vale más que todas las banderas, que todos los agravios y vindicaciones
de este mundo y del otro...
(Con fiereza.) El que quiera ir
al infierno, que se atreva a dar un paso.
(Aparecen Oficiales y Soldados.)
|
Escena I
|
|
|
BERENGUER, sentado a la derecha en un banco,
meditabundo;a la izquierda, en otro banco,
SAN VALERIO; junto a él,
FABRICIO, dormido;
BONAIRE, sentado en el suelo junto a
SAN VALERIO;
BONALD. Guardia en la puerta.
|
|
VALERIO.-
(Impaciente y colérico,
dándose un golpetazo en la rodilla.) ¡Maldición de
maldiciones!
|
|
BONAIRE.-
¿Se impacienta el Gran
Maestre?
|
|
VALERIO.-
Sí... y juro por las ternillas
de Holofernes, que deseo llegar al fin, cualquiera que sea.
|
|
BONAIRE.-
Estamos lucidos. Y gracias que no os
han metido en las mazmorras fétidas y oscuras. Están llenas de
carne de cañón, los pobrecitos que formaban vuestro
ejército revolucionario. A vosotros, los jefes, os han puesto en esta
sala hasta que llegue la hora de comparecer
—64→
ante el Consejo de
guerra, el cual dispondrá que seamos reducidos a polvo.
|
|
VALERIO.-
Pero tú, intrépido
Cocles Horacio, estarás en tus glorias. Deseabas una bala, y vas a
tener... ocho lo menos.
|
|
BONAIRE.-
Esto es una infamia...
¡Protesto! Yo no soy traidor... Soy filósofo... digo,
pastelero.
|
|
VALERIO.-
¡Ay! En estos lances, la
pastelería, aun siendo filosófica, tiene sus quiebras.
|
|
BONAIRE.-
Figúrate que estaba yo tan
tranquilo en Tresponts, después de entregar tu carta, cuando me traen el
cuento de que los tres dragones infernales habían ido en mi seguimiento,
y me buscaban de casa en casa por todo el pueblo. Saberlo y venirme para
acá en la primera caballería que encontré, fue todo uno.
Llego al amanecer, y ¡zas!, me trincan... Todo porque uno de los
andorranos dijo si yo era o no era... En fin, San Odón bendito nos
ampare...
|
|
VALERIO.-
Sí; fíate de San
Odón.
(Bajando la voz.) Mejor
invocaría yo a San Espoz y Mina.
|
|
BONAIRE.-
(Con mucha cautela.)
¿Sabes, amigo Valeriano, que aquello anda mal?... digo, bien para
nosotros. Misas no podrá resistir más tiempo, y si los liberales
siguen avanzando, pronto les tendremos a dos leguas de aquí, y la
serenísima Regencia tendrá que tomar con toda su serenidad el
caminito de Francia.
|
|
VALERIO.-
(Imponiendo silencio por la proximidad de
BONALD.) Chitón.
|
|
BERENGUER.-
(Que poco antes ha empezado a hablar con
BONALD, que se acerca a darle
ánimos.) Mi deseo es abreviar, llegar pronto al fin. Esta
tristísima expectación me anonada.
|
|
BONALD.-
No hasta la entereza, amigo
mío, hay que tener calma.
|
|
BERENGUER.-
Pero ese maldito Consejo,
¿cuándo se reúne?
|
|
BONALD.-
Creo que a las diez. Pero antes les
darán a ustedes algún alimento.
|
|
BERENGUER.-
Vale más que nos despachen
pronto, y así se ahorran la comida.
|
|
BONALD.-
(Dirigiéndose al otro
grupo.) Pronto comerán todos.
|
|
—65→
|
|
FABRICIO.-
(Despertándose.) Santa
palabra.
|
|
BONAIRE.-
Y nos cebarán, como si ya
estuviéramos en capilla, dándonos buenas magras, pavos, y tocino
del cielo.
|
|
VALERIO.-
Verás como no. Rancho de
patíbulo nos darán estos bárbaros.
(Alto, para que lo oiga
BERENGUER.) Y si hay golosinas,
serán para el señorito de la casa, para el angelical
Berenguer.
|
|
BERENGUER.-
Cállate, infame. Respeta la
común desgracia.
|
|
BONAIRE.-
Sí; no es ocasión de
bromitas.
|
|
VALERIO.-
Y tú, ¿para qué
echas roncas? ¡Ah! No siento la falta de libertad más que por no
poder darte el castigo que mereces.
|
|
FABRICIO.-
Por tu culpa estamos todos
aquí.
|
|
BERENGUER.-
¿Qué hablas ahí,
menguado? Tu fanatismo no es menos odioso que el de nuestros verdugos. Yo fui
tu discípulo ¡desdichado de mí!; pero el sentimiento de
humanidad me libró de tu bárbaro dominio: ya estoy libre, y
sabré morir con mi conciencia en paz.
|
|
VALERIO.-
¡Hipócrita!
|
|
BONALD.-
(Que viene del fondo.) La
señora doña Saturna, que consagra su vida al socorro de los
desgraciados, os trae víveres y desea entrar a veros.
|
|
VALERIO.-
¡Qué honor tan
grande!
|
Escena II
|
|
|
Dichos;
DOÑA SATURNA, por la derecha, y
BONALD.
|
|
SATURNA.-
Es inicuo que por que sean criminales
se les tenga tanto tiempo sin comer.
|
|
VALERIO.-
(Saludándola.)
Señora...
|
|
BONALD.-
Voy a disponer que se les sirva.
(Vase el Oficial.)
|
|
SATURNA.-
Señor de San Valerio, me trae
un deber de humanidad, y además un asunto de interés
propio...
|
|
VALERIO.-
La señora se compadece de este
desgraciado.
|
|
SATURNA.-
¡Oh, no puedo menos de suponer
que en esto hay una
—66→
grave equivocación! Cuando usted se
defienda ante el Consejo de las notas de traidor y falsario...
|
|
VALERIO.-
¡Oh! Sin duda oirá usted
buenas cosas, que podrá comunicar a Francia...
|
|
SATURNA.-
Pero ante todo, señor
mío, no habrá usted olvidado que anoche le confié mi
ridículo, en el cual había varias cartas...
|
|
VALERIO.-
¡Ah; sí, señora;
mil perdones! Llamáronme repentinamente para un asunto del servicio...
En mi alojamiento dejé el ridículo que pensaba devolver a usted.
Las cartas aquí están.
(Metiéndose la mano en el pecho,
saca las cartas y se las muestra.) Como son políticas, mi
calidad de conspirador me autorizaba para leerlas. Tenía derecho a ello.
El sagrado interés de la causa que defiendo me eximía de todo
escrúpulo de delicadeza.
|
|
SATURNA.-
¿Y cómo sabía
usted que eran políticas antes de leerlas?
|
|
VALERIO.-
Por el olor, señora. Los
conspiradores tenemos un olfato finísimo para estas cosas... En una de
ellas la duquesa de Montmorency dice a usted que Su Majestad Luis XVIII
retirará su protección a la causa del Rey absoluto si
continúan ustedes en su sistema de terror y de sangrientas
represalias... Conque aplique usted el cuento.
|
|
SATURNA.-
Recomienda la política de
clemencia, pero no la impunidad de esta clase de delitos.
|
|
VALERIO.-
¡Ah, señora!, en
política no hay más delincuentes que los vencidos o los que no
saben vencer.
|
|
SATURNA.-
(Guardando sus cartas.) Sea como
quiera, si Dios dispone que usted no se salve, procure morir santamente.
|
|
VALERIO.-
Moriré maldiciendo el
despotismo.
|
|
SATURNA.-
¡Ah!... y el pobre Berenguer,
¿está muy abatido?
|
|
VALERIO.-
(Indicando locura.)
Está...
|
|
BERENGUER.-
No, señora; tranquilo estoy.
Moriré creyendo que sólo Dios castiga, y que es locura combatir
una tiranía con otra.
|
|
VALERIO.-
¿Lo ve usted?
|
|
—67→
|
|
SATURNA.-
Vaya. Tomen algún alimento,
que estarán desfallecidos.
|
|
VALERIO.-
Con su permiso.
(Vase por el foro con
FABRICIO y
BONAIRE.)
|
|
BERENGUER.-
Si el comer es un trámite,
comamos y abreviemos.
(Dirígese al fondo.)
|
|
SOLDADO.-
(Que está de guardia en la puerta
de la derecha.) El señor General.
|
|
SATURNA.-
Al fin puedo verle. Gracias a
Dios.
|
Escena IV
|
|
|
Dichos;
EL MARQUÉS DE TREMP y
DOÑA MONSA, por la derecha. Después,
CASTELL.
|
|
MARQUÉS.-
(Desde la puerta.) Calma, hijo,
calma.
|
|
MONSA.-
Al fin te encontramos.
|
|
JUAN.-
(Airado.) La piedad me acosa.
|
|
MONSA.-
Para impedir que te ciegue la
ira...
|
|
MARQUÉS.-
Y a la piedad se une mi autoridad de
padre y de Regente.
|
|
SATURNA.-
¿La negarás?
|
|
JUAN.-
¿Cómo he de negarla?
(Resignándose.) En suma,
¿qué manda usted?
|
|
MARQUÉS.-
Que se suspenda el Consejo de
guerra.
|
|
JUAN.-
Las dilaciones son la
hipocresía de la debilidad.
|
|
SATURNA.-
Y a veces la garantía del
juicio sereno.
|
|
MONSA.-
Oye las razones de tu padre en un
asunto más que militar, político, de Estado.
|
|
MARQUÉS.-
Las circunstancias, hijo, se imponen.
Nuestras relaciones con las potencias nos obligan a proceder con pulso en la
aplicación de castigos.
|
|
MONSA.-
Imposible dar muerte a tantos
hombres.
|
|
MARQUÉS.-
Luis XVIII y su Gobierno paternal nos
recomiendan gran parsimonia en el empleo de procedimientos de rigor.
|
|
JUAN.-
Concluyamos: ¿qué
pretende la piedad?, ¿qué dispone la Regencia?
|
|
MARQUÉS.-
Que se imponga castigo; pero con
moderación.
|
|
JUAN.-
En política, como en guerra,
la moderación es cobardía, y la cobardía es la muerte.
|
|
MARQUÉS.-
Seamos severos, sin dejar de ser
humanos. Por tanto, será pasado por las armas el que resulte más
criminal entre los conjurados.
|
|
JUAN.-
¡Uno solo!
|
|
MARQUÉS.-
El peor, la verdadera cabeza del
complot.
|
|
—69→
|
|
JUAN.-
Y el más perverso,
¿cuál es? Todos lo son en igual grado.
|
|
MARQUÉS.-
(Con misterio.) Pero hay otro
asunto, en el cual nosotros, la familia, debemos proceder con tiento antes de
llevar a esos hombres ante el Consejo.
|
|
MONSA.-
Susana...
|
|
JUAN.-
Sí... Esto me vuelve loco.
|
|
MARQUÉS.-
No negarás que nuestra sobrina
aparece en lamentable conexión con los delincuentes. A unos
acusó; defiende a otros... ¿Qué significa esto?...
¿Tendrá fundamento el rumor de que Susana...?
|
|
JUAN.-
(Airado.) ¡Horrible,
horrible!...
|
|
MARQUÉS.-
¿Tú crees?
|
|
SATURNA.-
Creo en su liviandad, como creo en el
infierno.
|
|
SATURNA.-
No; no está probado que
nuestra sobrina ame a Berenguer.
|
|
MONSA.-
Sí, sí... Ella lo
declara.
|
|
MARQUÉS.-
¡Lo declara!... ¡Oh, me
temo que los criminales, en sus manifestaciones ante el Consejo, arrojen la
ignominia sobre nuestro nombre!
|
|
JUAN.-
¡Nuestro nombre, nuestra honra,
fuego de Dios, en lenguas de bandidos!... ¿Y ella?... ¡No; no hay
término bastante duro para increparla!... Su nombre mismo me quema los
labios.
|
|
MONSA.-
¡Infeliz mujer!
|
|
MARQUÉS.-
El caso es grave, gravísimo,
de cualquier modo que lo miréis.
|
|
JUAN.-
Ciertamente... Y respecto a los
conjurados, usted piensa que...
|
|
MARQUÉS.-
Que debemos interrogarles
privadamente, antes de enviarles al Consejo; y así, al paso que
desciframos el misterio de las conexiones de Susana con esos hombres, sabremos
cuál de ellos es el más criminal, el que debe perecer,
indispensable tributo a la justicia.
|
|
CASTELL.-
(Por el foro.) Mi General...
|
|
MARQUÉS.-
Manda que los traigan aquí, y
les interrogaremos a puerta cerrada y sin testigos.
(DON JUAN habla con
CASTELL retirándose al foro.)
|
|
—70→
|
|
MARQUÉS.-
(En el proscenio con las
señoras.) ¿Y Susana?
|
|
SATURNA.-
¿La interrogaréis
también?
|
|
MARQUÉS.-
(Vacilando.) No sé...
|
|
JUAN.-
(Después de dar órdenes a
CASTELL, volviendo al proscenio.) De
ningún modo.
|
|
MARQUÉS.-
¿Y por qué no? Es muy
sincera, y su testimonio puede darnos luz...
|
|
MONSA.-
Mi opinión es que no
venga.
|
|
SATURNA.-
Opino lo contrario: que venga y que
hable.
|
|
MARQUÉS.-
Sí, sí... Id a
buscarla, traedla en seguida, y entre tanto nosotros aquí procuraremos
sondear esas conciencias tenebrosas.
|
|
MONSA.-
Vamos.
(Vanse las señoras.)
|
Escena V
|
|
|
EL MARQUÉS DE TREMP,
DON JUAN,
BERENGUER,
SAN VALERIO,
FABRICIO y
BONAIRE. Oficiales y Soldados que los custodian. Un
Soldado coloca a la izquierda un sillón, donde se sienta
EL MARQUÉS. A su lado
DON JUAN, en pie.
|
|
MARQUÉS.-
Retírese la guardia.
(Retíranse los Soldados, quedando
uno en cada puerta de centinela.)
|
|
JUAN.-
¿Interrogamos primero a
Berenguer?
|
|
MARQUÉS.-
No... Antes a este.
(Por
SAN VALERIO.) A ver... Valeriano de San
Martí, no negará usted su verdadero nombre.
|
|
VALERIO.-
No, señor; no lo niego.
|
|
MARQUÉS.-
Maestro de armas, célebre
profesor de esgrima en Barcelona.
|
|
VALERIO.-
En Barcelona, como en Madrid, la fama
es conmigo más lisonjera de lo que merezco.
|
|
MARQUÉS.-
Y tú, Bonaire,
¿conocías a estos hombres antes de venir aquí?
|
|
BONAIRE.-
¿Yo?
(Dudando.) ¿Que si los
conocía? Sí, señor, y no señor... Solían ir
a mi tienda... A entrambos les oí celebrar por su destreza... digo...
pues...
|
|
—71→
|
|
JUAN.-
Siga usted. Este maneja con destreza
la espada... esotro la pluma.
|
|
BONAIRE.-
No sé... Lo que digo es
que...
|
|
MARQUÉS.-
Basta...
(A
FABRICIO.) Obra de usted son los
documentos y cartas que nos presentaron...
|
|
FABRICIO.-
No sé... no sé nada.
Sirvo mi causa, defiendo una idea. ¿Con qué armas, con qué
medios? Todos son legítimos cuando conducen a un legítimo fin. No
digo más.
|
|
MARQUÉS.-
Bien.
(A
SAN VALERIO.) ¿Y usted confiesa
también su culpabilidad en esta indigna conjuración?
|
|
VALERIO.-
(Con entereza.) Sí,
señor. Detesto el absolutismo. He consagrado mi vida a las ideas de
libertad y emancipación del pueblo. Tal como son mis enemigos,
fanáticos y crueles, así soy yo, por ley de guerra. Desconozco la
piedad; vivo para exterminar a mis contrarios y limpiar la tierra de toda
tiranía. El partido de Vuestra Alteza es el mal; yo, nosotros
también. Contra el despotismo todo es lícito, crueldad,
alevosía, engaño. Desprecio la vida. Si no puedo alcanzar la
gloria, venga pronto el martirio.
|
|
MARQUÉS.-
¿Y usted indujo a Berenguer a
venir aquí, o fue él quien a usted le indujo?
|
|
VALERIO.-
Él a mí.
|
|
BERENGUER.-
(Con entereza fría.) No es
verdad.
|
|
VALERIO.-
Pero no negará que
tenía agravios particulares que vengar. Su padre...
|
|
MARQUÉS.-
Sí... ya sé... Diga
usted, Berenguer. ¿Es cierto que un plan de venganza personal le
movió a usted a venir aquí, disfrazando alevosamente las
intenciones, la idea política y el nombre?
|
|
BERENGUER.-
Sí, señor; no puedo
negarlo.
|
|
VALERIO.-
Señor, permítame Su
Alteza que hable...
|
|
MARQUÉS.-
Hable usted.
|
|
VALERIO.-
Juzgue Vuestra Alteza de la
diferencia entre mis odios y los de Berenguer. Yo soy el enemigo
político que trabajo por que mi causa destruya y aniquile la vuestra.
—72→
Combato con vosotros a sangre y fuego. Pero este ha venido a
satisfacer una venganza personal, y no pudiendo o no sabiendo herir a esta
ilustre familia cuerpo a cuerpo, ha querido herirla en lo que vale más
que la vida, la honra.
|
|
JUAN.-
(Furioso.) Calla... No
nombréis la honra, o a entrambos os mando cortar la lengua.
|
|
BERENGUER.-
Señor, ese hombre no dice la
verdad.
|
|
VALERIO.-
La verdad digo.
|
|
BERENGUER.-
Compare Vuestra Alteza su ira con mi
resignación, y comprenderá quién esconde la conciencia y
quién la descubre.
|
|
MARQUÉS.-
(A
BERENGUER.) Para que sepamos si es o no
cierta la grave acusación de su cómplice, explíquenos
usted los misterios que envuelven su conducta. ¿Por qué si vino
usted a coadyuvar a un plan político se revolvió contra estos y
les amenazaba de muerte en el momento de ser sorprendidos?
|
|
BERENGUER.-
Porque Dios quiso que a poco de
entrar aquí yo amase la verdad y abominase la ficción y el pacto
infame que a ellos me ligaba. Nuestra amistad se convirtió en discordia,
y la venganza dejó de ser la pasión dominante en mi
espíritu...
|
|
VALERIO.-
(Vivamente.) Permítame Su
Alteza... Era que su natural hipócrita le inducía a haceros la
guerra, no como nosotros, con la guerra, sino con las traidoras armas del amor,
de un amor fingido, aleve...
|
|
BERENGUER.-
Voy a morir, y las injurias del que
fue mi compañero no me harán perder la serenidad.
|
|
MARQUÉS.-
(A
BERENGUER.) ¿Niega usted que ha
intentado herirnos en nuestra honra fingiéndose enamorado de una persona
de nuestra familia?
|
|
BERENGUER.-
Lo niego; sí, señor;
amé y amo a Susana con amor verdadero. Susana ha sido el ángel
que despertó en mi alma los sentimientos humanitarios y de
perdón. Le debo nueva vida, lo que no podéis quitarme, la grande,
la eterna.
|
|
—73→
|
|
MARQUÉS.-
Pero no se atreverá a decir
que mi sobrina le ama.
|
|
BERENGUER.-
Me atrevo a decirlo.
|
|
MARQUÉS.-
¡Amar al enemigo de su familia,
al que vino aquí con el propósito de exterminarnos!
|
|
BERENGUER.-
Sí, señor. Ante Dios y
por Dios juro que la hija del Barón de Celis me ama.
|
|
JUAN.-
¡Qué absurda farsa!
|
|
BERENGUER.-
Lo que llamamos absurdo suele ser la
única razón de nuestra existencia.
|
|
MARQUÉS.-
¿Y daba usted al olvido las
ofensas de antaño?
|
|
BERENGUER.-
No, señor; odio la
tiranía, y a todos los que a nombre de una idea cometen
crímenes.
|
|
MARQUÉS.-
Entonces, desdichado, se
aborrecerá usted a sí mismo y a sus compañeros.
|
|
BERENGUER.-
Les detesto también, porque
son tan tiranos como los de vuestro bando. Entre unos y otros asolarán
la tierra y la llenarán de sangre y ruinas.
|
|
MARQUÉS.-
Ya... cree usted que nuestro bando
realista es una fiera, y el bando contrario otra.
|
|
BERENGUER.-
Creo que es una sola fiera,
señor; una sola con dos cabezas. La idea exaltada y el orgullo
despótico la engendraron.
|
|
MARQUÉS.-
(Burlándose.) Será
horrible.
|
|
BERENGUER.-
Es hermosa, arrogante, y sus rugidos
enardecen a los hombres y les arrastran a un heroísmo brutal. En su piel
están pintorreadas todas las ideas. Cada cual ve en ellas lo que le
acomoda.
|
|
MONSA.-
Y morderá...
|
|
BERENGUER.-
Con una de sus feroces bocas muerden
los que me escuchan; con la otra... muerdo yo.
|
|
MARQUÉS.-
(A
DON JUAN.) ¿No te parece que este
hombre está loco?
|
|
JUAN.-
O lo finge para eludir el
castigo.
|
|
BERENGUER.-
Yo no rehuyo el castigo que me
corresponde por la ley de esa terrible bestia de la discordia. La vida me
abruma. Hay en ella un nudo que no puedo desatar. Forzoso es que lo corte.
Quiero la muerte. Matadme.
—74→
La imagen de la única persona
humana que me ha enseñado a perdonar me infunde valor y piedad. Perdono
a todos, y les agradeceré que abrevien mi suplicio.
|
|
MARQUÉS.-
No está en su juicio, no.
|
|
JUAN.-
(Rabioso.) Yo aseguro que cuanto
ha dicho este hombre es fingimiento; obra de un ingenio solapado; y el amor de
Susana no es más que una grosera invención para conseguir la
impunidad.
|
|
VALERIO.-
Yo también lo afirmo.
|
|
FABRICIO.-
Y yo.
|
|
MARQUÉS.-
Silencio.
|
|
BERENGUER.-
(Con calma.) Digan lo que
quieran. Palabras y juicios humanos nada me importan ya.
|
|
MARQUÉS.-
Vuestras discordias os delatan. Sois
reos de traición infame.
|
|
JUAN.-
Conspiraban contra nosotros, de
acuerdo con el enemigo. Ese tunante
(Por
BONAIRE.) llevaba los mensajes.
|
|
BONAIRE.-
Señores serenísimos,
yo...
|
|
MARQUÉS.-
Has abusado infamemente de nuestra
confianza, y eres más criminal que ellos, por lo cual recaerá
sobre ti el castigo que todos merecen.
|
|
BONAIRE.-
Bueno, señor... Está
muy bien.
(Esforzándose en aparecer sereno y
jovial.) *Yo acepto el castigo... y muy contento... y muy agradecido...
porque... ya lo saben... Deseo la muerte, y más ahora que he sabido una
cosa atroz, monstruosa y que me pone los pelos de punta.
|
|
MARQUÉS.-
¿Qué?
|
|
BONAIRE.-
Que mi mujer y mis dos suegras
quieren arrojarse a los pies de la Regencia... pidiéndoles mi vida...
¡No, no, y mil veces no! ¡Que me fusilen!... Yo pido a la
serenísima Regencia que les dé mi cadáver.
|
|
MARQUÉS.-
Se les dará.
(Aparte a
DON JUAN.) Creo que fusilando a este
pillete cumplimos.
|
|
BONAIRE.-
*Ya me tengo por muerto, y con la
poquita vida que me resta, pido a Vuestras Altezas que perdonen a todos...
menos a mí, se entiende. Si son traidores San Valerio y Fabricio, sean
castigados con la vida... ¡tremendo
—75→
castigo! Y por la misma
culpa de traición, condenen también a Berenguer y a doña
Susanita... Sí, sí; condenados a vida, y para mayor escarmiento,
condenados a matrimonio.
|
|
JUAN.-
¡Calla, imbécil!
|
|
MARQUÉS.-
Mi sobrina no es culpable.
|
|
BONAIRE.-
Ella lo dijo.
|
|
FABRICIO.-
Y dijo la verdad.
|
|
JUAN.-
¿Qué, qué es
eso?
(Aparece
SUSANA en la puerta de la derecha, seguida de
DOÑA MONSA y
DOÑA SATURNA.)
|
|
FABRICIO.-
(Señalándoles.) La
hermosa damisela, sobrina del señor Marqués, había
concertado con Berenguer entregarle los papeles del Rey que están en el
archivo de la Regencia.
|
|
MARQUÉS.-
(Aterrado.) ¿Será
posible?
|
|
JUAN.-
¡Qué infamia!
(Avanza
SUSANA y las dos señoras.)
|
Escena VI
|
|
|
Dichos;
SUSANA,
DOÑA MONSA y
DOÑA SATURNA.
|
|
SUSANA.-
(Adelantándose.) No
creáis esa fábula indigna. Mi delito, como el de Berenguer, es la
piedad, el perdón de las ofensas, el sacrificio de todos los horrores
del pasado a la verdad presente. Iguales en la culpa, igualadnos también
en el castigo. Vengo a deciros que si Berenguer muere, moriré con
él.
|
|
JUAN.-
(Cogiéndola por un brazo y
queriendo llevársela.) Esto no puede ser... Ven.
|
|
MONSA.-
¡Hija, por Dios!...
|
|
SUSANA.-
(Con gran firmeza.) No; no me
doblegaréis. Soy inflexible, soy indomable. Ante vosotros lo he dicho;
ante Dios lo he jurado. Su suerte es la mía. Perdonadle, o moriremos
juntos.
|
|
SATURNA.-
El delito es grande.
|
|
SUSANA.-
Todos sois lo mismo, jueces y
víctimas. En la conciencia de esos, como en la vuestra, existen las
mismas
—76→
negruras; en la conducta las mismas atrocidades. Sois un
solo monstruo, aunque parezcan muchos.
|
|
MARQUÉS.
- Déjanos, y aquí
decidiremos...
|
|
SUSANA.-
No; no me voy.
|
|
BERENGUER.-
Vida mía, obedece a tu
familia, y deja que Dios decida de mi suerte.
|
|
MARQUÉS.-
(Cariñosamente.)
Niña querida, reconozco tu grandeza de alma.
(Tomándola una mano, la lleva
aparte.) Ven, óyeme un momento. Confía en mí.
|
|
SUSANA.-
Prométame...
|
|
MARQUÉS.-
Berenguer no morirá...
|
|
SUSANA.-
(Con alegre efusión.)
Tío del alma, júremelo usted.
|
|
MARQUÉS.-
Basta que lo afirme.
(Alto.) Que se retiren los
presos. Tenemos que deliberar.
(Salen los guardias, y a una señal
de
DON JUAN les conducen por el foro.)
|
|
JUAN.-
(Dando prisa.) Vamos...
|
|
VALERIO.-
(Aparte a
BERENGUER, con rencor.) Infame, te salva
el amor, la estupidez sentimental.
|
|
BERENGUER.-
(A
SAN VALERIO.) Rencoroso, ni ante la muerte
perdonas.
|
|
VALERIO.-
¡A ti, nunca!
(Con saña.) Morirás
conmigo.
|
|
BERENGUER.-
Cúmplase el destino.
|
|
FABRICIO.-
(Aparte a
BONAIRE.) El tunante se salvará por
el amor.
|
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BONAIRE.-
(Aparte a
FABRICIO.) Cállate... Nosotros
también.
(Se llevan los presos por el
foro.)
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Escena VII
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SUSANA,
EL MARQUÉS DE TREMP,
DON JUAN,
DOÑA MONSA y
DOÑA SATURNA; después
BONALD y
CASTELL.
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SUSANA.-
No morirá.
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MONSA.-
No, hija mía... Si le
amas...
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SATURNA.-
Imposible.
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SUSANA.-
Pero no me basta la palabra de mi
querido tío.
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MARQUÉS.-
¿Cómo?
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SUSANA.-
Quiero más garantías.
(A
DON JUAN.) Necesito también la
palabra del jefe militar de la Plaza.
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—77→
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JUAN.-
Yo te la doy.
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SUSANA.-
¿De veras?
Júramelo.
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JUAN.-
Por la cruz de mi espada juro que
Berenguer no irá al Consejo de guerra.
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MONSA.-
¿Ves qué generoso y
magnánimo?
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JUAN.-
No dirán que no soy
benigno.
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MARQUÉS.-
Pero alguno ha de sufrir el
castigo...
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SUSANA.-
Ninguno. Perdonadles a todos, para
que os perdone Dios...
(Suenan tiros lejanos.)
¿Oís?
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MARQUÉS.-
¿Qué es eso?
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MONSA.-
¡Santo Dios!
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SUSANA.-
El enemigo está cerca.
Vuestras represalias son tardías. Ni aun tendréis tiempo de ser
inhumanos, ni de regatear la piedad, porque la necesitáis toda para
vosotros mismos, para poneros en salvo, para huir...
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JUAN.-
¡Huir, nunca!
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BONALD.-
(Presuroso y anhelante por el
foro.) Señor Regente, mi General...
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TODOS.-
¿Qué?
(Óyense tiros lejanos.)
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BONALD.-
La gente de Misas no ha podido
resistir al número, y los liberales están ya en la vega de Urgell
y avanzan sobre la plaza.
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MARQUÉS.-
(Con resignación.)
¡Dios lo quiere!
(Las dos damas hacen aspavientos de
terror.)
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JUAN.-
Mejor. ¡Húndase el
mundo... perezca la causa... vivan los traidores!
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MARQUÉS.-
Vámonos. ¡La Regencia
decidirá!...
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BONALD.-
Señor, los otros dos Regentes
se disponen a salir para Francia.
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SATURNA.-
Nosotros también.
(A
SUSANA.) Ven.
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SUSANA.-
Yo no.
(EL MARQUÉS DE TREMP
y
DOÑA SATURNA tratan de llevarse a
SUSANA, que se resiste a salir. Entra
CASTELL por el foro.)
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JUAN.-
(Hablando aparte con
CASTELL y
BONALD.) Ya sabéis...
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CASTELL.-
¿Les soltamos a todos?
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JUAN.-
A todos. Y a San Valerio y a Berenguer
les mandáis venir aquí.
(Vase
BONALD por el foro.
CASTELL, después de recibir órdenes
de
DON JUAN, vase por la izquierda.)
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—78→
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SUSANA.-
(Resistiéndose con
tenacidad.) Digo que no me voy.
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MARQUÉS.-
Pues yo sí... No hay tiempo que
perder.
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SATURNA.-
A casa... Salvaremos lo que se pueda,
y partiremos inmediatamente. Vamos.
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JUAN.-
(A
DOÑA MONSA, que quiere
llevársele.) Yo no; yo no me muevo de aquí.
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MONSA.-
Pues yo contigo.
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JUAN.-
Déjeme ahora... Cuando todos
huyan, aquí me encontrarás, en mi puesto.
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MARQUÉS.-
(Cogiendo a su mujer de la mano.)
Ven... pronto.
(Vanse
EL MARQUÉS DE TREMP,
DOÑA SATURNA y
DOÑA MONSA.)
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