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61

Ed. El Discreto, p. 167.

 

62

De las otras versiones clásicas, en la de Babrio, 139, el viento le quita la piel al asno y en la de Aviano, 5, lo reconoce un campesino.

 

63

Cito los Adagia de Erasmo, con excepción de los Sileni Alcibiadis (véase notas 58 y 59), por la ed. de los Opera omnia. II, Leiden, Petrus Vender, 1703.

 

64

«[...] Había una llena de pieles de raposas, y aseguraban eran más estimadas que las martas cebellinas. Creyéronlo cuando vieron entrar, y salir, en ella hombres famosos, como Temístocles y otros más modernos. Vestíanse muchos de ellas a falta de pieles de león, que no se hallaban; pero los sagaces servíanse de ellas por aforro de los misinos armiños [...]». Desde «Creyéronlo». Gracián sigue la glosa del adagio de Erasmo, haciendo uso de la aemulatio.

 

65

Sebastián Mey. Fabulario. Valencia, Felipe Mey, 1613 (facsímil), ed. C. Bravo-Villasante, Madrid. Fundación Universitaria Española, 1975.

 

66

Gian Francesco Poggio Bracciolini, Liber facetiarum, ed. Marcello Ciccuto. Biblioteca Universale Rizzoli, Milán. 1983.

 

67

También conoce la fábula de Poggio Gaspar Gil Polo, Diana enamorada, prólogo, ed. R. Ferreres. Madrid. Espasa-Calpe (Clásicos Castellanos, 135), 1962, p. 9: «Procuré en este libro variedad de versos y de materias acomodando mi gusto a los ajenos, y, como éstos sean tan diversos, tendráme por excusado quien topare con algo que no le cuadre, porque es imposible en todo satisfacer a todos».

 

68

Juan de Mal Lara, Filosofía Vulgar, ed. Antonio Vilanova, Barcelona, Selecciones Bibliófilas, 1958-59, 4 vols.

 

69

Hay otras fábulas paralelas: No H. 77 «El grajo soberbio y el pavo». Fedro, I, 3. Cols. Latinas: Gulielmus Canonicus, 29. Nevelet. Fedro, I, 3; Anonymus, 35. Fedro (1630), I, 3. Cols. Castellanas: Juan Ruiz, Libro de buen amor, 285-290 Esopete, II, 15; idem, 1546. Romero de Cepeda, 76. Col. Italiana: Le quattrocento favole. 128. H. 131«El grajo y las palomas». Esopo, 129, Cols. Latinas: Aldo, D4 vº y d4 rº. Simón Abril, H5 rº-vº. Col. Castellana: Romero de Cepeda, 71.

 

70

Sobre el uso de un codex exceptorius por parte de Gracián, véase Aurora Egido, ed. de El Discreto, pp. 40-43, y M. P. Cuartero Sancho, «La pervivencia...» art. cit. en n. 29.