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41

San Juan de la Cruz, ed. cit., p. 363 a. Cfr. más adelante, p. 365 b: «De todo, con el favor divino, procuraremos decir algo, para que cada alma que esto leyere en alguna manera eche de ver el camino que lleva y el que le conviene llevar, si pretende llegar a la cumbre deste Monte». Ya Fray Francisco de Osuna había indicado que Cristo es «monte de muy alta perfección» (Tercer abecedario espiritual, ed. cit., p. 377 b), o que la vida de recogimiento conventual «te subirá muy alto de la tierra, y te comunicará con los ángeles del cielo, subiéndote a montes de gran perfección» (id., p. 423 a).

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42

Ed. C. Cuevas, p. 244. Y en otro lugar de la obra (p. 550): «Como Moysén en el tiempo pasado gozava de la habla de Dios, y en la cumbre del monte conversava con él y recibía su gracia [...] y descendía después al pueblo carnal e inquieto, y subjecto a differentes desseos, y que estava a la falda de la sierra [...] y, descendiendo a él, le ponía leyes de parte de Dios [...], assí la parte más alta nuestra, luego al principio que Christo en ella nasce, sanctificada por él y biviendo por su espíritu como subida en el monte con Dios, al pueblo que está en la falda, esto es, a la parte inferior [...] le escrive leyes y le enseña lo que le conviene hazer o huyr».

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43

Id., p. 247.

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44

Ibid.

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45

Consideraciones sobre el «Cantar de los Cantares», ed. cit., p. 329 b. Sobre derivaciones del tema en San Juan de la Cruz y los antecedentes del mismo, cfr. R. Ricard: Estudios de literatura religiosa española, Madrid, Gredos, 1964, pp. 174 ss. y 190.

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46

Ed. cit., p. 657 a.

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47

BAE, XXXVII, p. 51 b.

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48

De los nombres de Cristo, ed. cit., p. 248.

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49

Una actitud semejante se advierte en la traducción, muy libre y amplificada, que realizó fray Luis del salmo II, cuyas escuetas palabras finales -«Beati omnes qui configiunt ad eum»- se transforman en estos versos: «¡Dichoso el que tuviera, / no en el mundano y flaco pensamiento / puesta, mas en el cielo / su esperanza, su gozo y su consuelo!» (BAE, XXXVII, p. 46 a).

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50

Sobre el significado simbólico del aire y los olores, cfr. San Juan de la Cruz, ed. cit., pp. 677 s.

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