11
Literatura europea y Edad Media latina, México, FCE, 1955, p. 280.
12
Cfr. sobre todas estas cuestiones el libro de H. R. Patch: El otro mundo en la literatura medieval, México, FCE, 1956. Sobre el tópico del locus amoenus, cfr. además las observaciones de Alicia C. de Ferraresi, «Sentido y unidad de Razón de Amor» (Filología, XIV, 1970) espec. pp. 26 ss.
13
El afán por encontrar una exacta correspondencia entre literatura y realidad lleva, por ejemplo, al P. Vega a un positivismo crítico extremado, en su pretensión de ajustar los versos del poeta al paisaje actual: «A la falda del monte está el arbolado que fray Luis dice haber plantado él, y mejor haberlo mandado plantar. En el centro hay una extensa pradera o campo. Después, viene la fontana y nuevo arbolado salvaje, el que, por lo mismo, no da flor ni muestra en esperanza fruto alguno»
(ed. cit., p. 441).
14
«La serenidad pretendida está lejos de lograrse, y por eso aparece una y otra vez como objeto de voliciones que ora se expresan mediante el empleo de querer, ora mediante el subjuntivo optativo»
(R. Lapesa: ob. cit., p. 156).
15
BAE, XXXVII, p. 249.
16
Id., p. 253 b.
17
«El lenguaje de los místicos va caminando de metáfora en metáfora. Una historia del origen y evolución de estas metáforas y una clasificación de su aplicación doctrinal y de sus modalidades estilísticas, nos darían más luz sobre la historia de la espiritualidad mística que muchas disertaciones teológicas»
(P. Sáinz Rodríguez: Espiritualidad española, Madrid, Rialp, 1961, p. 302). Cfr. por otra parte las consideraciones de Denis de Rougemont en su conocido libro, El amor y Occidente (cito por la trad. de Buenos Aires, Sur, 1959, p. 171): «Cuando un místico quiere expresar sus experiencias inefables, se ve obligado a valerse de metáforas. Las toma como las encuentra y tales como son, sin perjuicio de modificarlas luego. Ahora bien, a partir del siglo XII las metáforas corrientes son las de la retórica cortesana»
. Cfr. también Ángel L. Cilveti: Introducción a la mística española, Madrid, Cátedra, 1974, espec. pp. 52 y ss., donde se analizan algunos aspectos del lenguaje de los místicos.
18
SAN JUAN DE LA CRUZ: Obras completas, BAC, 15, p. 559 b. En otro lugar distingue San Juan entre la purgación sensitiva y la espiritual. «La primera acaece a muchos y éstos son los principiantes [...]. La espiritual es de muy pocos»
(p. 552 a). También Fray Francisco de Osuna recuerda, glosando a San Mateo, que «muy angosta es la puerta y estrecha la vía que lleva a la vida y pocos la hallan»
(Tercer abecedario espiritual [1544], NBAE, 16, p. 418 b).Y Fray Juan de los Ángeles, ya en 1606, corroborará: «Esta elevación o rapto es de pocos» (Consideraciones sobre el «Cantar de los Cantares», en NBAE, 24, p. 118 a). Antes, en 1595, había escrito: «Poquitos hay verdaderos contemplativos» (Diálogos de la conquista del reino de Dios, IX, 6; ed. A. González Palencia, p. 316). Para el P. Ángel C. Vega, la expresión los pocos sabios «apunta sin duda a los falsos sabios que bullían y se agitaban por los claustros universitarios» (ob. cit., p. 29), opinión que no puedo compartir en absoluto.
19
Apud Fray Juan de los Ángeles: Triunfos del amor de Dios [1590], Madrid, Gregorio del Amo, 1901, p. 242.
20
Tercer abecedario espiritual, ed. cit., p. 329 a. La «senda del cielo» es sintagma habitual en la literatura religiosa (cfr. por ejemplo López de Ubeda en BAE, XXXV, p. 269 b).