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«Porque el tiempo que los nuestros estuvieron en Asia fue muy poco, y éste le ocuparon siempre en vencer y alcanzar señaladas victorias de sus enemigos, de donde les resultaba infinita ganancia de las presas que hacían, que era tanta, que algunas veces las dejaban, o por no poderlas llevar o por estimarlas en poco». (Moncada, F., Expedición de los Catalanes y Aragoneses contra Turcos y Griegos. Captura de esclavos en Asia, capítulo XVIII).

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En una de las crónicas sobre la batalla de Las Navas de Tolosa, leemos a propósito de la intervención de los negros: «Al- Nasir vino a ocuparla y se sentó sobre su escudo con el caballo al lado; los negros rodearon la tienda por todas partes con armas y pertrechos. La zaga, con las banderas y tambores, se puso delante de la guardia negra... Los infieles los persiguieron espada en mano hasta llegar al círculo de negros y guardias que rodeaban a Al-Nasir, pero los encontraron que formaban como un sólido muro y no pudieron abrir brecha; entonces volvieron a las grupas de sus caballos acorazados contra las lanzas de los negros, dirigidas contra ellos, y entraron en filas. Montó Al-Nasir en la yegua y el árabe en su caballo le precedía, rodeados ambos por un fuerte destacamento de negros, a cuyos alcances iban los cristianos... Los negros, que iban delante de él en la guerra y que formaban su guardia, eran 30.000...» (Abi Zar, I., Rawd Al-Quirtas, Versión presentada por Huici Miranda, Valencia, 1964)..

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En este contexto es fundamental la expedición de Antâo Gonçalves, en 1441, que comenzó a orientar los viajes hacia la captura y trata de esclavos. Había sido enviado a buscar pieles y aceite de lobos marinos, pero, esto le parecía muy poco y así se lo expuso a sus compañeros: «Ca me parece que serya vergonha tornarnos assy ante a ssua presença com tâ pequeno seruiçio... Oo que fremoso aqueecimento serya nos que viemos a esta terra por leuar os primeiros catiuos âte a presença de nosso principe...» (Zurara, G. E. de, Crónica dos feitos notáveis que se passaram na conquista de Guiné por mandado do Infante D. Henrique, capítulo XII).

Hubo momentos en los que la iniciativa castellana se adelantó a la de los portugueses, como nos dice el propio Zurara que aconteció a una carabela, enviada a la bahía de Mesa, y allí su capitán se enteró de «como huû mercador de castella, que se chamaua marcos cisfontes, tijnha daquele lugar XXVJ mouros ja regatados pera se darem por certos guyneus...» (Ibidem, capítulo LRIIJ).

Sobre este particular puede consultarse nuestro trabajo: Cortés López, J. L., «Importancia de la esclavitud en la expansión portuguesa en África y su repercusión en el mundo hispánico», en Las relaciones entre Portugal y Castilla en la época de los descubrimientos y la expansión colonial, Salamanca, Ediciones de la Universidad de Salamanca, 1992.

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Así piensa, por ejemplo, San Isidoro de Sevilla: «Propter peccatum primi hominis, generis poena divinitus illata est servitutis, ita ut quibus aspicit non congruere libertatem, his misericordius irroget servitutem. Et licet peccatum humanae originis per baptismi gratiam cunctis fidelibus dimissum sit, tamen aequus Deus ideo discrevit hominibus vitam, alios servos constituens, alios dominos, ut licentia male agendi servorum potestate dominantium restringatur», (Sententia 3, 47).

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Archivo General de Simancas, Guerra Antigua, Varios, Cédula dada en el Pardo el 27 de enero de 1597.

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«También señora os levantan que tenéis una esclava lora o loca, la cual es muy grande hechicera, y dicen que os ha dicho y afirmado que en breves días os llamarán Señoría y a vuestro marido Alteza...», (Guevara, A., Epístolas familiares. Parte I. Epístola XLVII: Letra para Dña. María de Padilla, en la cual le persuade el autor se torne al servicio del Rey y no eche a perder a Castilla).

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«En el año de 1442, viendo el infante que se había pasado el cabo de Bojador... y que los navíos que enviaba traían muchos esclavos moros, con que pagaba los gastos que hacía, y que cada día crecía más el provecho y se prosperaba su amada negociación...», (Historia de las Indias, libro I, capítulo XXIV).

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«porque en Castilla y Portogal y Aragón y Italia y Cecilia y las islas de Portogal y de Aragón y las Canarias gastan muchos esclavos, creo que de Guinea ya no vengan tantos; y que viniesen, uno destos vale por tres, según se ve...».

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Archivo General de Simancas, Negociado de Cortes. legajo 7.

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«... llegamos en tres jornadas a Osuna, villa del Marqués de Cádiz, en la que vimos más de trescientos moros cautivos con grilletes...», (Munzer, Viaje por España (1494-1495) IX, Málaga, número 4).

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