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Cito según la traducción española, publicada bajo el altisonante y publicitario título de Problemas clínicos de medicina psicosomática (Barcelona, 1946). Además de este librito, y dejando aparte las publicaciones de orden neurológico (Der Gestaltkreis Gestalt und Zeit, artículo en el ya mencionado Handbuch de Bethe y Embden, etc.), deben leerse los siguientes trabajos de Von Weizsaecker: Zum Begriff der Krankheit (1919); Der Arzt und der Kranke (1926); Seelenbehandlung und Seelenführung (1926); Der neurotische Aufbau bei den Magen-Darmerkrankungen (1927); Kranker und Arzt (1929); Aerztliche Fragen (1934) y Studien zur Pathogenese (1935).
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Además de los trabajos originales de los psicosomatopatólogos norteamericanos (Dunbar, Álvarez, Massermann, Wolff, etc.), pueden leerse dos muy buenas exposiciones españolas: la de López Ibor antes citada y la de Rof Carballo: Patología psicosomática y medicina interna, en «Revista Clínica Española», 21, 195, 1946. En las dos hay bibliografía idónea. López Ibor muestra con mucha claridad la diferencia entre «Patología psicosomática» y «Patología personal». Es igualmente muy valioso el trabajo de Sacristán: Algunas consideraciones acerca de los fundamentos de la Medicina psicosomática, en la «Revista de Psicología aplicada», 1-1-1946.
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Citado por Oswald Schwarz, Medizinische Anthropologie (Leipzig, 1929).
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El libro de Schwarz, aludido en la nota anterior, recoge lo más importante hasta 1929. Para lo posterior a esa fecha, remito a los trabajos que he venido mencionando. Véanse también los tomitos en que se recogen las conferencias dadas en el Institut für Geschichte der Medizin, de la Universidad de Leipzig, cuando lo dirigía Sigerist; especialmente Grundlagen und Ziele der Medizin der Gegenwart (1928) y Philosophische Grenzfragen der Medizin (1930).
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«Es un modo de vivir anormal, en que el organismo reacciona contra algún daño», escribe Corral (Elementos de Patología general, 2.ª ed., Valladolid, 1904). La definición tiene un buen arranque, pero es insuficiente. La que da Nóvoa Santos en su Manual de Patología general es «demasiado biológica», es decir, no suficientemente antropológica; y también lo es la de Letamendi (Patología general, Madrid, 1883, tomo I), desconocedora, por otra parte, de lo que de «reacción» hay en el proceso morboso.
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La «anomalía» o «anormalidad» de la reacción puede ser también social, cosa que han solido desconocer los tratadistas de Patología.
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Uso la palabra «psicópata» en el sentido riguroso con que la emplean los psiquiatras, no en el genérico de «enfermo de la psique».
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El término alemán Geisteskrankheiten encierra una contradicción in terminis, si se tiene una idea precisa del «espíritu». Mejor sería hablar de Seelenkrankheiten, entendidas en el sentido antes apuntado.
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La «situación» está integrada por el mundo cósmico, biológico y humano en que vive el enfermo: tanto pertenece a ella un gas tóxico, como una atmósfera infectada, como el medio familiar, profesional e histórico. Llamo, por otra parte, «disposición» al estado de la «vitalidad» del paciente -una vitalidad cualitativa y cuantitativamente determinada- en el momento de comenzar la enfermedad. Genotipo y biografía codeterminan la ocasional «disposición» del individuo en cada momento de su vida.
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Por ejemplo: hace falta una «ampliación analógica», si se me admite la expresión, de las ideas de cuerpo, sustancia, tiempo, causalidad, finalidad, movimiento, etc., con objeto de que sean enteramente aplicables a la realidad del hombre. Hoy por hoy, concebimos muy «galileanamente» todas esas ideas. Y así se entiende que en los libros de Fisiología humana no se diga, verbi gratia, cómo y por qué digiere peor nuestro estómago cuando estamos de mal talante. ¿O es que eso no es Fisiología humana?