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Mondonguera: la que dispone, guisa y vende los intestinos y panza del animal (DA). Difícilmente podría concebirse en el contexto de las obras serias de Calderón una alusión más burda al gran mito colectivo de la sociedad del Barroco. No debe ser casualidad el que Quevedo, en una de sus frecuentes sátiras antisemitas contra Góngora, llegue a llamarle «mondonguero del Parnaso» (OPCFQ, t. III, p. 237, v. 138). En realidad todo el entremés es una clara inversión especular del principio de nobleza de sangre, lo que se desprende de la propia ironía del título, y que refleja, en cierta forma, el descrédito de este tema entre «engañadores» y «engañados», como alude J. A. Maravall, citando a T. Geiger, en Poder, honor y élites en el siglo XVIII, Madrid, 1979, p. 49, n. 74 bis.
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Como en el resto de la literatura del seiscientos, la dueña aparece caracterizada negativamente (se insiste siempre en su caricatura terceril). Vid. Ricardo del Arco y Garay, «La dueña en la literatura española», Revista de Literatura, Madrid, 1953, t. III, pp. 293-343.