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Juana de Arco

Drama en verso, en cuatro actos y un prólogo (Imitación de Schiller)

Manuel Tamayo y Baus

A mis padres

No una vez sola, objetos de todo mi cariño, os he debido la existencia. Y cuando, reprimidos sabiamente los desacordados ímpetus del abril de nuestros años, me habéis llevado a senda de dichas inefables, abriéndome con llave de oro la que dirige a conquistar el aprecio y consideración de los hombres, rebosando mi corazón en alegría, en gratitud eterna, os dedico este primer ensayo literario, que os pertenece, porque además le habéis concebido y escudado con vuestro nombre. En viva lucha con mil encontrados sentimientos; desalada vuestra alma y llena de ansiedad ante un público numeroso y entendido; interesadas las más caras prendas de vuestro amor, infundisteis fuego de vida a mi obra, y mudos de placer me brindasteis con un triunfo que era todo vuestro.

Ya he pisado venturosamente esa senda a que con tanto empeño me llamasteis. El cielo, propicio, ha coronado mi obediencia. ¿Llegaré al anhelado término de mis mejores esperanzas sin que desgarren las espinas mi corazón y le llenen de desaliento? ¿Podré algún día corresponder dignamente a vuestro esmero y al delirio con que me amáis? Quiéralo Dios.

Manuel.

REPARTO

en el estreno de la obra representada en el teatro de la Cruz el 21 de octubre de 1847, a beneficio de doña Joaquina Baus.

PERSONAJES

ACTORES

CARLOS VII,rey de Francia D. José Revilla
LA REINA ISABEL, su madreD.ª Concepción Samaniego
INÉS SOREL D.ª Carlota Jiménez
FELIPE el Bueno (Duque de Borgoña) D. Pedro Sánchez
EL CONDE DUNOIS (bastardo de Orleáns)D. Juan Lombía.
LA-HIRE y DUCHATEL D. Hilario Peña
(Capitanes del ejército del rey) D. José Aznar
EL GRAN CANCILLERD. Felipe Díez
LIONEL, General inglésD. Francisco Lumbreras
UN CAPITÁN, idemD. Pelegrín Ros
UN HERALDO, idemD. Mariano Serrano
THIBAUT DE ARCO, aldeano rico D. José Tamayo
MARGARITA D.ª Matilde Tavela
LUISA D.ª Joaquina Samaniego
JUANA D.ª Joaquina Baus
ESTEBAND. José Alverá
CLAUDIO D. N. N.
RAIMUNDO D. N. N.
UN CABALLEROD. Marcelino Lumbreras
UN MAGISTRADO DE ORLEÁNS Luis Rada
UN PAJE Hermenegildo Caltañazor

Soldados franceses e ingleses, pueblo, servidumbre del rey, obispos, eclesiásticos, mariscales, magistrados y cortesanos.

La acción pasa en el año de 1428.

El teatro representa un bosque sombrío.

Escena I

MARGARITA, LUISA, JUANA y sus tres amantes; poco después THIBAUT.

RAIMUNDO

(A JUANA.)

¡Siempre esquiva, siempre helada!
¿Merece mi amor tal pago?
JUANA
Yo bendigo el amor vuestro.
RAIMUNDO
¡Pero no me amáis!
JUANA
Os amo.
RAIMUNDO
¡Oh! Gracias, gracias.
JUANA
De hoy más
5
seréis...
RAIMUNDO
¡Oh dicha!
JUANA
Mi hermano.
RAIMUNDO
¡Cielos!
LUISA
Nuestro padre vuelve
de la ciudad.

(THIBAUT aparece en este momento con un casco en la mano.)

MARGARITA y LUISA

(Arrojándose en sus brazos.)

¡Padre amado!
THIBAUT

(Abrazándolas. A JUANA, que ha permanecido inmóvil.)

¡Hijas! Acércate, Juana.
Todas cabéis en mis brazos,
10
Me contempláis sorprendidos:
sin duda os habrá admirado
tan extraordinario objeto
contemplar entre mis manos.
RAIMUNDO
Sí, en verdad. Decidnos, ¿dónde
15
ese yelmo habéis hallado?
THIBAUT
Extraño ha sido el suceso.
Quizá no acierte a explicároslo.
De Vaucouleurs, cual sabéis,
hoy me dirigí al mercado.
20
Oprimíase en la plaza
un inmenso populacho,
porque allí los fugitivos
en los campos derrotados
de Orleáns, nuevas terribles
25
difundían en su espanto;
y mientras yo procuraba
a través abrirme paso
de la muralla viviente,
a mí se acercó llorando
30
una doncella y me dijo:
«Amigo, buscáis un casco;
no lo neguéis, tomad éste
y amparad a un desgraciado.»
Soy labrador, respondila,
35
nunca me fue necesario;
mas ella añadió obstinada,
vertiendo un raudal de llanto:
«Hoy lidiar a todos toca;
tomad el yelmo, tomadlo,
40
y que manche no temáis
vuestras sienes su contacto,
que sólo honrado se ha visto
por espacio de treinta años
en la ya blanca cabeza
45
del más valiente soldado;
y este soldado se muere
sin recursos, sin amparo;
y este soldado es mi padre;
salvadlo, señor, salvadlo,»
50
Cumplí, cual cumplir debía;
la joven besó mis manos,
y dejando en tierra el yelmo,
despareció como el rayo.
JUANA
Dadme el yelmo.
THIBAUT
¿Para qué?
55
El adorno delicado
no es de una tímida joven
este guerrero aparato.
JUANA
Es mío, me pertenece.

(Arrancando el yelmo de las manos de su padre.)

THIBAUT
¡Qué locura!
RAIMUNDO
Bien mirado,
60
razón tiene. Ese guerrero
adorno le será grato,
porque un corazón de bronce
su seno encierra. Acordaos
cómo rindió al fiero lobo
65
que asolaba los rebaños.
¡Bien sienta el adusto yelmo
en su frente de alabastro!
¿Cuál más digna, cuál más digna
que la suya de llevarlo?
70
THIBAUT
¡Hacéis bien; añadid fuego
al foco de su insensato
orgullo, y pronto, muy pronto,
será volcán irritado!
RAIMUNDO
¿Quién tiene, quién, sentimientos
75
más modestos, más humanos,
que vuestra Juana, amapola
perdida en desiertos campos,
cuando en un vergel pudiera
ser el adorno más grato?
80
THIBAUT
Yo sus virtudes conozco,
y cual nadie las aplaudo;
mas mi corazón lastima
con su corazón de mármol,
y no quisiera llorar
85
sin que enjugara mi llanto.
Su ingratitud mi cariño
avivar sólo ha logrado,
y amor con amor, Raimundo,
pretendo comprar en vano.
90
RAIMUNDO
Sois injusto.
THIBAUT
Por desgracia
no lo soy; mas no perdamos
en tan inútiles pláticas
estas horas de descanso.
Hoy mis secretos designios
95
va mi voz a revelaros.
El trono de nuestra patria
los ingleses derribaron.
RAIMUNDO
Aún somos libres y dueños
de la tierra que pisamos.
100
THIBAUT
Sí, mis queridos vecinos,
aún somos libres y dueños
del suelo que nuestros padres
cultivaron otro tiempo;
mas quizá pronto, muy pronto,
105
en la esclavitud lloremos.
Huye el rey de sus vasallos,
proscrito en su propio reino.
Su más cercano pariente
manda el enemigo ejército,
110
y su propia madre aviva
la rabia de los isleños.
La suerte de mis tres hijas
por tales razones quiero
fundar en sólidas bases
115
hora que cumplirlo puedo.
Una mujer necesita,
cuando Marte ruge fiero,
un protector que la cubra
con la egida de su afecto:
120
la mano me habéis pedido

(A ESTEBAN.)

de uno de mis tres luceros.
Vecinos están los campos,
los corazones de acuerdo,
¡cuán fácil nos es hacer
125
un dichoso casamiento!
Claudio..., ¡qué! ¿Silencio guardas?

(A CLAUDIO.)

Alza los ojos del suelo.

(A LUISA.)

¿Había yo de romper
el que os une lazo estrecho
130
porque tus afanes, Claudio,
no hallaron el justo premio?
¡Y qué valen las riquezas,
qué valen, y en estos tiempos!
El verdadero tesoro
135
tú le ocultas en el pecho.
LUISA
¡Ah, padre del alma!
THIBAUT
¡Luisa!
MARGARITA
¡Hermana mía!

(Abrazando a JUANA.)

THIBAUT
¡Oh contento!
Mi corazón se dilata
contemplando el gozo vuestro.
140
Treinta fanegas de tierra
a cada cual os prometo;
y una casa, y un establo
y un rebaño. Justo y bueno
Dios, a mí me ha bendecido,
145
y a vosotros desde el cielo
su bendición por mis manos
también os envía. Rectos
seamos en nuestras obras,
puros en los pensamientos,
150
y limpia de toda mancha
démosle una vida en premio.
Al brillar el sol mañana
tendrán las bodas efecto,
y quiero que con nosotros
155
las celebre el pueblo entero;
con que los preparativos
no descuidéis.
MARGARITA
Yo os prometo,
¡oh padre del alma mía!,
que quedaréis satisfecho.
160
ESTEBAN
Permitid, señor...

(CLAUDIO y ESTEBAN quieren arrodillarse.)

THIBAUT
¡Qué hacéis!

(Deteniéndolos.)

¡No, por Dios! Guárdeos el cielo.

Escena II

THIBAUT, RAIMUNDO y JUANA.

THIBAUT
Las dos en mi edad cansada

(A JUANA, que manifiesta la mayor indiferencia hasta que su padre empieza la descripción del sitio de Orleáns.)

siembran fúlgidos luceros,
que tú en nubarrones fieros
165
envuelves desapiadada.
¿Por qué para tu orfandad
apoyo aceptar no quieres?
¿Por qué a quien te adora hieres
con extremada crueldad?
170
Tu belleza está en su flor,
pero en vano espero, en vano,
que abra su cáliz ufano
a los rayos del amor
y brille fruto en sazón,
175
que frío y sin movimiento
en la edad del sentimiento
se cierra tu corazón.
JUANA
No con tan continua porfía
me culpe vuestro arrebato,
180
porque respeto y acato
los gritos del alma mía.
Ellos me ordenan no entrar
del hombre en la ruin morada
do está la angustia fijada,
185
do con virtud no hay gozar.
Quiero recorrer sin males,
con ms libres pensamientos,
los encumbrados asientos
de los mundos celestiales.
190
Cuando en ellos se retrata
la bondad del Dios que adoro,
cuando el sol los baña en oro
la luna los torna en plata.
THIBAUT
Tú me haces ver que mis quejas
195
justas son. Siempre obstinada
la sociedad animada
de tus dos hermanas dejas
para recorrer el prado,
de las montañas la cumbre;
200
antes de que el sol alumbre,
el lecho has abandonado,
y a la hora del horror
en que el hombre busca al hombre,
de hermano el tan dulce nombre
205
recordando en su temor,
con arrojo temerario
deslizaste en el imperio.
de la noche y del misterio,
cual pájaro solitario.
210
RAIMUNDO
Basta, y nuevas relatad
que hasta Vaucouleurs llegaron.
¿Qué nuevos males fraguaron
los infiernos?
THIBAUT
¡Oh! ¡Temblad!
El inglés ha triunfado en dos combates
215
que no recuerda iguales la memoria,
de mi patria en el centro levantando
sus altivas banderas triunfadoras.
En la diadema usurpadora brillan
los pueblos que se extienden hasta el Loira,
220
y de Orleáns para el horrendo sitio
ha llamado sagaz sus fuerzas todas.
RAIMUNDO
¡Dios salve a nuestro Rey!
THIBAUT
De todos lados
se ha reunido al punto una espantosa
e innumerable y fuerte artillería,
225
cuya gran pesadumbre el campo agobia.
Así, cual del estío en los rigores,
de la colmena en torno se amontonan,
de abejas los enjambres esparcidos;
así como las nubes de langostas,
230
que por contrarios vientos impelidas,
sobre nuestras campiñas se desploman,
las legiones así del mundo entero
sobre los muros de Orleáns se agolpan,
y el confuso rumor de sus lenguajes
235
cansando al aire el campamento asorda.
De sus vastos dominios los soldados
a él ha llevado el duque de Borgoña;
y Utrech, y Holanda, y Lieja y Luxemburgo
vibran allí sus armas numerosas.
240
Los que el sol en Namur contempló niños,
en el Brabante los que el bien corona,
los que de Gante en la ciudad altiva
la seda y oro, y terciopelo adorna;
el zelandés, cuya flotante cuna
245
se levanta del mar sobre las olas,
y hasta del Polo helado los vecinos
siguen ya la bandera triunfadora
del fuerte borgoñón, y todos, todos,
para hundir a Orleáns centellas forjan.
250
RAIMUNDO
¡Oh, deplorable división que vuelve
las armas nuestras de la patria en contra!
THIBAUT
A la reina Isabel correr han visto
por el campo, la furia destructora
del inglés encendiendo contra el hijo
255
que en su seno llevó.
RAIMUNDO
¡Misericordia!
THIBAUT
Salisbury, Lionel, Talbot dirigen
las invencibles armadas sitiadoras.
En su furor sacrílego han jurado
la doncella entregar a la deshonra,
260
y con la espada, cuanto lleve espada
sacrificar. Su astucia previsora
cuatro titáneas torres ha elevado
que a la ciudad impávidas acosan.
Paso dejan los vientos espantados
265
al hirviente metal. La tierra tocan
de los templos las cúpulas sagradas,
heridos los palacios se desploman,
y de Nuestra Señora la real torre
su elevada cerviz humilde dobla.
270
Han abierto también profundas minas,
sobre este abismo la ciudad reposa
y horrorizada aguarda ver la tierra
tocar los cielos en pedazos rota.
RAIMUNDO
Mas ¿dónde está Xaintrailles, dónde el bastardo
275
de nuestra patria baluarte y gloria?
Y ¿dónde el Rey está? ¿Contempla ocioso
de todo el reino suyo la derrota?
THIBAUT
En Chinón ha fijado el Rey su corte,
que todos los recursos le abandonan.
280
En vano ha llamado de los grandes,
aquí y allí retumba una vez y otra1.
Tan sólo escuché hablar de un caballero
que ha levantado una pequeña tropa,
y que en busca del Rey iba anhelante
285
de once enseñas no más bajo la sombra,
JUANA
¿Su nombre?
THIBAUT
Baudricourt.
JUANA
¿Dónde se encuentra?
THIBAUT
De Valicouleurs a una jornada corta.
Pero me asombran, Juana, tus preguntas;
a ti tales asuntos ¿qué te importan?
290
RAIMUNDO
¡Oh, seguid!
THIBAUT
Del inglés cuando han mirado
las no creídas fuerzas poderosas;
cuando al fin han perdido la esperanza
de que el Rey con sus armas los socorra,
han decidido de común acuerdo
295
ir a rendirse al duque de Borgoña.
Si con él nuestro Rey llegara a unirse,
pronto el inglés llorara su derrota,
JUANA
Nada de sumisión ni de tratados:
llena está la medida,
300
los tiempos de la siega son llegados.
Con furibundo embate
el salvador se lanza en el combate.
De los cielos purísimos desciende
para abatir su gloria
305
que del infierno en brazos se elevaba
y el mundo de los astros alcanzaba.
Y triunfará la cándida paloma
del águila caudal. Tiemble ese duque,
que horror será de los futuros siglos;
310
tiemble Lionel, espanto de las fieras.
Salisbury también y Talbot tiemble,
ese titán de bélico ardimiento
que parece tener mil y mil brazos
para dar el asalto al firmamento.
315
¡Basta ya de temor! Pronto, muy pronto,
antes de que se doren las espigas,
antes de que redondo
el disco de la luna resplandezca,
el enemigo bruto,
320
para saciar su sed, las limpias ondas
no turbará del Loira formidable,
que despierta por fin y se alza ufano,
gritando en ronca voz: ¡guerra al tirano!
THIBAUT
¿Qué espíritu de Juana se apodera?
325
¡Oh, su razón tal vez!...
RAIMUNDO
Loca quimera.
Divina inspiración su mente abrasa.
¡Siempre justo fue Dios y bondadoso!
JUANA
Antes el orbe entero sucumbiera
que el más fuerte país, el más hermoso
330
de cuantos halla el sol en su carrera.
Aquí la primer cruz fue levantada
de salvación enseña; aquí reposan
de San Luis las cenizas; los furores
del paganismo aquí se sepultaron,
335
y desde aquí los inspirados héroes
el sepulcro de Cristo rescataron.
THIBAUT
Aldeanos tranquilos, no sabemos
ni la espada blandir, ni el vigoroso
bridón guerrero dominar. Sumisos
340
y en silencio esperar nos cumple sólo,
y el Rey de nuestra patria,
hundiendo o levantando nuestra gloria,
nos mostrará soberbia la victoria.
Al trabajo pacífico tornemos
345
y en el santo deber sólo pensemos.
Repártanse los príncipes
el mundo hecho pedazos:
nosotros contemplar tranquilamente
los estragos podemos
350
de la tea del mal, que más luciente
cada minuto rápido se ostenta.
¡El suelo que nosotros cultivamos
logrará resistir a la tormenta!
Nuestros pueblos montones de ceniza
355
torne del mundo el destructor más fiero,
el maldito bridón del extranjero
la mies agoste, de inclemencia rayo:
tan pronto como fueran derribadas
serán nuestras cabañas levantadas,
360
y nuevas mieses brotará otro mayo.

Escena III

JUANA sola.

JUANA
¡Adiós, valles tranquilos y apacibles;
adiós, montañas dulces y risueñas,
adiós! En vuestras vírgenes alfombras
no hundirá ya su planta vuestra sierva.
365
¡Adiós eterno vuestra Juana os dice!
Césped que yo regué siempre contenta,
árboles que plantó mi débil mano,
reverdeced gozosos en mi ausencia.
Adiós, grutas y frescos manantiales;
370
adiós, eco sonoro, placentera
voz de los valles, que por tanto tiempo
jamás negaste a mi canción respuesta
¡Teatro de apacibles alegrías,
adiós; por siempre, adiós! En las praderas
375
dispersaos, incautos corderillos;
vuestra pastora amiga al fin os deja;
que otro rebaño sobre campos rojos
va en la furia a guiar de la tormenta.
Aquel que del Horeb en las alturas
380
presentose a Moisés; aquel que diera
al brazo de David fuerza bastante;
aquel que amigo del pastor se muestra,
en su furor me ha dicho: «Dar tú debes
testimonio de mí sobre la tierra.
385
Nunca en tu corazón de amor impuro
se clavará la ponzoñosa flecha.
Nunca de desposada la corona
adornara tu virgen cabellera,
y nunca el hijo de tu seno, nunca,
390
el beso te dará de la inocencia;
pero corre a la lid, vibra el acero,
en un duro metal tu cuerpo encierra,
y yo te elevaré radiante y pura
a tan alto lugar que al sol ofendas.
395
Cuando los más valientes ya vacilen
en la sangrienta y singular pelea,
levantarás terrible mi oriflama,
y cual abate las espigas tiernas
la segadora, al vencedor tirano
400
abatirás al polvo de la tierra.
¡Serás para los hijos de tu patria
de contento y de paz fuente serena!
A tu Rey salvarás; tus propias manos
ceñirán a su frente la diadema.
405
Ya por una señal me llama el cielo.
Mis ojos ven atónitos la prueba.
El valor de los santos querubines
al tocar este yelmo aquí penetra.
La mano del Señor que el viento oculta
410
al tumulto me arrastra de la guerra,
y adelante me impele el torbellino
que en densa nube me arrebata y vuela.
El grito atronador de los combates
llega hasta mí; la tierra pisotea
415
el guerrero bridón tascando el freno,
y bélica retumba la trompeta.
Sale precipitadamente.

Acto primero

Una morada del Rey Carlos en Chinón.

Escena I

DUCHATEL y LA-HIRE.

DUCHATEL
Arranquemos la esperanza
de nuestros pechos: que astuta
a nuestra vista aún sonríe
sólo para hacer más dura
la realidad que se acerca
5
con su corona de angustia.
¡Doquier sangre y luto y llanto,
doquier los ingleses triunfan!
LA-HIRE
¿Cómo no, si el Rey de enigmas
el sentido oculto busca,
10
y deliciosos festines
en dar a su Inés ocupa;
a esa encantadora joven
a quien ama con locura,
cual si la paz extendiese
15
sus alas de blancas plumas,
cuando el cañón enemigo
torna los pueblos en tumbas?
¡Oh patria! Si al fin sucumbes,
que tus ruinas me confundan.
20

Escena II

DICHOS y el REY con la espada del CONDESTABLE, que deja encima de una mesa.

REY
El Condestable su espada
nos ha enviado: renuncia
a sus derechos; por fin
la suerte no es tan adusta.
LA-HIRE
Es un hombre muy precioso
25
en el fragor de la lucha,
y no me resignaría
con su deplorable fuga
tan fácilmente cual vos.
REY
Su insolencia me disculpa.
30
Duchatel, cinco cadenas
do el oro más puro luzca,
quiero dar a los cantores
que mis pesares endulzan,
y cuya alígera fama
35
rápida los aire cruza.
DUCHATEL
Señor...
REY
Hablad.
DUCHATEL
Si es forzoso,
dirá mi lengua importuna
el secreto que brotar
de mi corazón rehúsa.
40
REY
Hablad, Duchatel, hablad.
DUCHATEL
Caudalosa en la ventura
la fuente de nuestros bienes,
hoy perdió sus gotas últimas.
Las tropas no han recibido
45
su soldada, y ya murmuran
y amenazan retirarse
si su demanda no escuchan,
y vos mismo sufriréis
mil privaciones.
REY
Sin duda
50
que es mi situación terrible;
mas ¿es justo, por ventura,
Duchatel, que un soberano
con sus deberes no cumpla?
LA-HIRE
¿Y soberano os llamáis,
55
cuando hasta el Loira se encumbran
los ingleses estandartes?
REY
Basta ya, La-Hire; aún muchas
y fortísimas provincias
nos pueden prestar ayuda.
60
LA-HIRE
Hasta que el hierro de Talbot
no quiera que así se cumpla.

Escena III

DICHOS, PAJE, y después un CABALLERO.

PAJE
Breve audiencia un caballero
solicita.
REY
¡Dios me acuda!

(Vase el PAJE.)

Entre; que aún mayores males
65
mi fiel corazón me anuncia.

(Sale el CABALLERO.)

CABALLERO
Las escocesas legiones
arden en rebelde furia;
su soldada reclamando,
prontas a emprender la fuga.
70

(Vase.)

Escena IV

REY, LA-HIRE, DUCHATEL, y después INÉS. El REY mira a DUCHATEL, sin atreverse a hablarle.

DUCHATEL
Ya os he dicho que agotados
todos los medios están.
REY
Prometedles...
DUCHATEL
Necio afán;
mil veces fueron burlados.
REY
Ven, Inés del alma mía;
75

(A INÉS que entra.)

Ven, mi refugio querido.
Nada, nada se ha perdido,
pues tú vives todavía.
INÉS
¡Oh! ¡Cuál tú camino yerras,
Destino insaciable!... Ved.
80

(Dando a DUCHATEL una cajita.)

Todas mis joyas; vended
mis castillos y mis tierras.
Agotad vuestra paciencia
para aplacar al soldado,
y después que hayáis triunfado
85
os premiará la conciencia.

(Sale DUCHATEL.)

Lejos de la senda errada

(Al REY.)

que del deber te ha apartado,
en vez del cetro dorado,
vibre tu mano la espada.
90
Torna en armados guerreros
tus brillantes cortesanos;
en vez de cantos livianos,
cruja el son de los aceros.
Partamos: las privaciones
95
y el riesgo dividiremos,
y de oír no cesaremos
latir nuestros corazones.
Plácido y seguro techo
las nubes nos formarán,
100
y las montañas serán
nuestro magnífico lecho.
REY
¡Inés de mi corazón!
Que una mujer algún día
cien victorias me daría
105
me auguró ha tiempo en Clermont
una religiosa. Inés,
por tu amor debo triunfar;
en Reims me has de coronar
y me has de adorar después,
110
INÉS
Es tu sola salvación
la espada de tus amigos.
REY
También de mis enemigos
cuento con la disensión.
Nueva cierta he recibido
115
de que el de Borgoña ya
con los ingleses no está
cual otro tiempo avenido.
Al fiel Dunois le he enviado,
y él le hará considerar
120
cuál va su honor a manchar,
cuál su deber ha olvidado.

Escena V

DICHOS y un PAJE.

PAJE
Enviados de Orleáns
solicitan una audiencia.
REY
¡Vengan, pues, a mi presencia!
125
¿Aún más me atormentarán?

(Sale el PAJE.)

Escena VI

DICHOS y MAGISTRADO DE ORLEÁNS.

REY
Sed bien venidos, fieles servidores.
¿Debo mi corazón abrir al gozo?
Decid, ¿prosigue mi ciudad querida
del inglés rechazando el fiero encono?
130
MAGISTRADO
Ávida de desastres y de horrores
la destrucción, señor, la cerca en torno,
y a cada instante en su rabiosa furia
una de sus murallas torna en polvo.
El noble Rochepierre, en tanto extremo,
135
consultando los tiempos más remotos,
un tratado ha firmado al enemigo,
en el cual le promete hallarse pronto
a entregar la ciudad si en doce soles
de ejército a salvarla poderoso
140
la llegada benéfica no anuncia
de la guerrera trompa el grito ronco.
Con un salvoconducto del contrario
de vos venimos a implorar socorro.
Librad a la ciudad que fiel sucumbe
145
de la cautividad, no vierta el lloro.
LA-HIRE
¿Y consentir Xaintrailles cómo ha podido
en tratado tan vil, tan vergonzoso?
MAGISTRADO
Mientras vivió soldado tan valiente,
ni en rendición ni en paz pensó uno solo.
150
Sin vida estaba, y la mitad del hierro
por su Rey esgrimía valeroso.
REY
Muerto Xaintrailles, ¡oh Dios!, lánzame un rayo
lánzalo por piedad.
MAGISTRADO
Pronto socorro
concedednos, señor, que a cada instante
155
gana un paso el inglés hacia nosotros.
REY
Ni una sola moneda, ni un soldado,
podéis de mí esperar.
MAGISTRADO
¡Dios bondadoso!
¿La estrella más luciente de la patria
veréis hundirse sin prestarla apoyo?
160
REY
¡Apoyo prestar yo, que de mí mismo
las privaciones apartar no logro!
MAGISTRADO
Que a Orleáns un ejército nos siga.
Por vos a vuestras plantas os lo imploro.

(Arrojándose a las plantas del REY.)

REY
¿Puedo brotar hacerle de la tierra
165
hiriéndola con golpe vigoroso?
¿Crecen bajo mi mano las espigas
y, cual a Dios, querer me basta sólo?
Tomad mi corazón; arde en su centro
de viva lumbre comprimido foco.
170
Arrojadlo en la lid, quizá reviente
y el rayo vengador lance gozoso.

Escena VII

DICHOS, DUCHATEL y después DUNOIS.

INÉS
¡Ah, Duchatel, hablad!
DUCHATEL
Más os valiera
que por siempre callara. Inútil todo:
a dar un nuevo impulso a nuestra ruina
175
huyen los escoceses presurosos.
REY

(A DUNOIS, que entra.)

¡Ah! La flor de la amargura
en mi pecho marchitad,
y la tormenta alejad
ante el sol de mi ventura.
180
Mas os calláis... ¡Dios eterno!
Volad, esperanzas mías.
¿Os brindó el cielo alegrías
o lágrimas el infierno?
¡Hablad! ¿Debemos ceder
185
al furor del enemigo,
o de la justicia, amigo,
nos llama el duque a vencer?
DUNOIS
Sólo, sólo vuestro acero
prestaros ayuda puede.
190
A la súplica no accede
de su Rey. ¡Mal caballero!
REY
¡Oh! Decidme las razones
que a obrar así le han movido.
DUNOIS
Antes de prestar oído
195
a vuestras proposiciones,
exige que Duchatel
lave en la tumba su honor;
de su padre el matador
le llama.
REY
Si a tan cruel
200
condición yo me negare...
DUNOIS
Os negáis a la alianza,
que de su injusta venganza
no hay nada que le separe.
REY
Con su Rey a pelear
205
le llamasteis de Montró
al puente, do sucumbió
su triste padre.
DUNOIS
¿Olvidar
tan noble reto pudiera?
Mas respondió su osadía,
210
que en Orleáns le hallaría
el que buscarle quisiera.
REY
¿Y mi madre?
DUNOIS
¿Para qué
de ese nombre os acordáis?
REY
¡Callando me atormentáis!
215
DUNOIS

(Después de una pausa.)

A San Dionisio llegué,
y mil florestas mentían
las calles engalanadas;
músicas alborozadas
hasta los cielos subían.
220
El pueblo, con mil clamores,
al Rey inglés saludaba,
y su carroza volaba
rompiendo nubes de flores.
Mis ojos con fiero encono,
225
quitando a mi rabia el dique,
miraron al niño Enrique
de Lancastre en vuestro trono.
A su lado sonreían
sus emponzoñados tíos,
230
y vuestros pares impíos
homenaje le rendían.
LA-HIRE
¡Oh lealtades compradas!
DUNOIS
Sordo murmullo se alzó,
porque el niño vaciló
235
del trono al subir las gradas.
Mas entonces vuestra madre,
rotos del honor los lazos,
pasó el niño de sus brazos
al trono de vuestro padre.
240
REY
¡Madre mía! ¡Madre mía!
DUNOIS
El pueblo se sonrojó,
y en silencio se trocó
su bulliciosa alegría.
Tal cambio hizo su conciencia
245
a vuestra madre notar,
y osó altanera exclamar
con susto de la insolencia:
«Bendíceme, pueblo ingrato,
porque tu suerte desvío
250
de las manos de un impío,
del hijo de un insensato.
Un tronco en achaques viejo,
hora acabo de quebrar,
y benigna en su lugar
255
una rama intacta dejo.»
INÉS
¡Oh tigre mal disfrazado!
REY

(Al MAGISTRADO.)

No esperéis ningún consuelo,
pues ya lo visteis: el cielo
a mi ruego se ha cerrado.
260
MAGISTRADO
¡Oh mi real señor! Piedad
para Orleáns; advertid
que ejemplo ha sido en la lid
de santa fidelidad.
REY
Mi propia madre, inclemente
265
al grito de amor primero,
nutre el retoño extranjero
en su seno de serpiente.
Pasemos al otro lado
del Loira, la mano fuerte
270
del que da vida y da muerte
tal senda nos ha trazado.
INÉS
¡Cuál rasgas su corazón!
¡Cuál extiendes tu renombre!
¡Oh madre sólo en el nombre!
275
Piedras tus entrañas son.
REY
Tres hermanos he perdido
por crímenes de una madre,
y en un delirio a mi padre
cuatro lustros han tenido.
280
El cielo ha ordenado ya
que nuestra raza sucumba,
y en mí debe hallar su tumba,
INÉS
Nueva cuna en ti hallará.
Ardan los bateles luego,
285
húndanse ardiendo los puentes,
y del Loira las corrientes
arrastren un mar de fuego.
REY
El hijo que me cautiva
no quiero que de mis brazos
290
arranquen hecho pedazos:
yo le entrego, y viva, viva.
DUNOIS
Sabed, señor, que en la tierra
de un monarca es el deber
en la paz un ángel ser
295
y un tigre ser en la guerra.
De cuantos contrarios son
de ese trono vacilante,
es el único triunfante
vuestro débil corazón.
300
¿Qué nación no ha de querer
dar su sangre por su honor?
¿Y qué ventura mayor
que morir por libre ser?
REY
Nada, nada me digáis,
305

(Al MAGISTRADO, que se acerca a él en ademán de súplica.)

Partid, y que os guarde Dios.
DUNOIS
Él os abandone a vos
cual vos los abandonáis.
Para la guerra engendrado,
por vuestro mal no habéis sido;
310
rayo de Marte no ha herido
vuestro corazón helado.
Yo parto; con Dios quedad,
que antes que Orleáns sucumba
hallaré en sus muros tumba,
315
y en la tumba libertad.
INÉS
¡Ah! No le dejes partir.
Te imploro por nuestro amor
que perdones su furor
al que no sabe mentir.
320
Acercaos vos, Dunois,
y abrid vuestro corazón,
que a ocultarse en su mansión
el de mi Rey volará.

(DUNOIS se acerca al REY en ademán de súplica.)

REY

(A DUCHATEL, después de una pausa.)

Mi equipaje conducid
325
al Loira.
INÉS
¡Carlos!
DUNOIS
Adiós.

(Vase, precedido del MAGISTRADO.)

INÉS

(A LA-HIRE.)

¡Oh! ¿Qué has hecho? Corred vos,
pronto sus pasos seguid.

(Vase LA-HIRE.)

Escena VIII

REY, INÉS y DUCHATEL.

REY
Cálmate, Inés; la corona
es una insufrible carga,
330
y espero con alegría
el momento de dejarla.
Cuanto ordené, cumplid vos.

(A DUCHATEL.)

DUCHATEL
¡Ah! Señor...
REY
Ni una palabra
más.
INÉS
Si tu deber no escuchas,
335
muévante a piedad mis lágrimas.
DUCHATEL
Haced la paz con el duque
de Borgoña. Vuestra patria
sólo así salvarse puede,
y a vos os toca salvarla.
340
REY
Ignoráis que es vuestra sangre
el sello de esta alianza.
DUCHATEL
Aquí tenéis mi cabeza.
Mil veces de las batallas
al furor la he presentado:
345
por vos a depositarla
en el cadalso orgulloso
iré con segura planta.
¡Feliz el que con su sangre
puede salvar a su patria!
350
REY
Por todo el orbe no diera
una sola de tus canas.

(Arrojándose en sus brazos.)

DUCHATEL
¡Ah señor! En este abrazo
me habéis arrancado el alma.
REY
¡Duchatel!
DUCHATEL
¡Ah! Ya os comprendo.
355
Ayudaré a la desgracia.

Escena IX

REY e INÉS.

REY
Al otro lado del Loira
la ventura nos aguarda.
Allí las flores de vida
crecerán a nuestras plantas,
360
en vez de las que nos hieren,
espinas emponzoñadas.
INÉS
Tus palabras me asesinan.
¡Oh! Tierra desventurada,
no pienses que te dejamos,
365
pues te quedan nuestras almas.
REY
Llora, llora, vida mía;
las lágrimas son la lava
del volcán del corazón,
y es forzoso derramarlas.
370
¿Qué mal, santo Dios, os hice?
¿Cuándo cometí mi falta?
¿Quizá hasta vos la injusticia
ose remontar sus alas?
Mas ¿qué digo, Dios eterno?
375
Perdón, perdón os demanda
el que para más amaros
más sufrimientos aguarda.

(Voces dentro.)

INÉS
¡Qué tumulto! ¡Cielo santo!
REY
Escuchemos...
VOCES
¡Gloria a Juana
380
de Arco!
REY
¡Gloria a Juana de Arco!
¿Por qué el aliento me falta?
¿Por qué mi sangre se hiela?
¿Es temor o es esperanza?

Escena X

DICHOS y DUNOIS.

DUNOIS
¡Las nubes huyen vencidas
385
ante el sol que las desgarra!
REY e INÉS
Mas ¿qué sucede?
DUNOIS
Sucede
que abrazaros Dios me manda.
Sucede que la victoria
a vuestras huestes aclama.
390
REY
¡La victoria! No es posible;
vano rumor os engaña.
INÉS
¡La victoria! ¡Qué bien suena
en mi oído esa palabra!

Escena XI

DICHOS, GRAN CANCILLER y varios CABALLEROS.

CANCILLER
Confundid en vuestros pechos
395
el rencor que los guiaba,
que benéficos los cielos
por nosotros se declaran.
Una tímida doncella,
vuestras huestes derrotadas
400
ha conducido al combate
y les ha dado la palma.
REY
¡Las manos de una doncella
el negado triunfo alcanzan!
No hay duda, señor, no hay duda;
405
el Salvador nos ampara.
VOCES

(Dentro.)

¡Gloria! ¡Gloria a la doncella
de Orleáns!
REY
¡A la enviada
del Eterno!
DUNOIS
Ya se acerca.
INÉS
¡Se conturba toda el alma!
410

Escena XII

DICHOS, JUANA, LA-HIRE, DUCHATEL. GUERREROS y CABALLEROS.

CANCILLER

(Después de una pausa.)

¿Quién eres tú, dulcísima paloma,
que al gavilán triunfante has derrotado?
¿En qué pensil tu vuelo has levantado
para venir al piélago violenta
a enfrenar la tormenta,
415
a extender la bonanza,
a lanzarnos el sol de la esperanza?
¿Qué bendecidos padres te engendraron?
¿Dó las auras tu nido acariciaron?
JUANA
Mi nombre es Juana; la existencia debo
420
a un humilde pastor; mi pobre cuna
meciose en Domrémy; corto rebaño
niña guardé; su número crecía
al par que la niñez abandonaba;
y cuando sierva impía
425
al padre abandoné del alma mía,
el sol que de mis triunfos se alegraba
con todo su rebaño me veía.
Siempre mi lecho fue peñasco frío,
halagado del viento y del rocío.
430
Escuchaba yo hablar de esos traidores
que a nuestras playas lanza el océano,
y del cielo al potente soberano
sin cesar elevaba mis clamores.
El precursor lucero de la aurora
435
viome una vez postrada todavía.
De mis sentidos dueño,
mi ser aletargó con dulce sueño.
La Reina de los ángeles entonces,
entre nubes de fúlgidas estrellas,
440
bajó hasta mí; purísimo estandarte
su diestra sostenía;
una fulgente espada triunfadora
en su siniestra ardía,
y era su vestidura, cual la mía,
445
de sencilla pastora.
Habla, y su voz el alma me enamora.
«El pueblo fiel su salvador espera,
y es tuya esta bandera,
y aqueste acero tuyo,
450
tuyo del querubín el ardimiento.
Al bravo inglés derrota en la pelea,
lánzalo al mar que protegió su intento,
y el que su cuna fue, su tumba sea
Adiós, adiós, se acerca la mañana:
455
levántate, yo soy; despierta, Juana.»
Dijo; despareció su vestidura,
mostrose cual la Madre del Eterno,
y elevose al vergel de la ventura.
El encendido sol a la montaña
460
a despertarme vino,
y en alas de mi espléndido destino
a hundir los opresores,
a salvar la oprimida
armada me lancé de muerte y vida.
465
En el profundo valle
en que sus alas de diamante rueda
el caudaloso Yonne, once pendones
de mi patria encontré; los enemigos,
aún más que las estrellas numerosos,
470
a hundirlos se acercaban presurosos.
El estandarte arranco de las manos
de aquel que lo llevaba,
y al reducido ejército
exhorto a que me siga a la pelea;
475
retrocede espantado,
mas, al fin, cual torrente desbordado
rápido en pos de mí se precipita,
y el viento rasga con rabioso empuje,
y en ronca voz con entusiasmo grita.
480
Lánzome al enemigo, y al mirarle
huye sin combatir; mas de los jefes
las fieras amenazas
establecen el orden del combate.
Embístense con furibundo embate
485
las dos contrarias huestes,
y el mundo estremecido
en poco es de sus ejes desprendido.
El grito aterrador de los guerreros,
del caballo la rápida carrera,
490
el crujiente ondear de la bandera,
el relampaguear de los aceros,
de la trompeta el bélico alarido,
el ¡ay! de la cabeza mutilada,
el hervir de la sangre derramada,
495
del tronante cañón el estampido...
Y todo a mis sentidos ofrecía
un cuadro de placer y de alegría.
Corta la lucha fue; los enemigos,
más bien que derrotados,
500
de contemplarme huyeron espantados.
Lánzanse a la carrera los más viles;
lánzanse los más fuertes a las aguas;
mas los aceros rápidos volaron,
y dos mil enemigos destruyeron.
505
Las aguas os dirán cuántos vencieron,
que por su libertad también lucharon.
¿Qué hacéis en esta tumba sumergido?
¿Vuestras manos, señor, en qué se emplean?
¡Mirad que Dios la esclavitud maldice
510
y quiere que los pueblos libres sean!
REY
¿Y cómo sobre mí, que del pecado
esclavo soy, los ángeles derraman
tan copioso torrente de consuelo?
Tú, cuyos ojos ven el alma mía,
515
sabes que, a mi destino ya cedía.
Tu mi humildad conoces.
JUANA
En el cielo
la humildad de los grandes resplandece;
porque vos resignado
tocabais el abismo con la planta,
520
el Eterno a las nubes os levanta.
REY
¿Feliz renacerá la patria mía?
JUANA
Sus cadenas serán ricas guirnaldas,
y para completar cuanto ambiciona,
brillará en vuestra frente la corona.
525
DUNOIS
Entusiasmado el corazón revienta,
límites al hallar en su morada.
Ven, y será en la lucha tu mirada
relámpago que alumbra en la tormenta;
rayo desolador será mi espada.
530
REY
Tú mandarás mi ejército, y sus jefes

(Dándole la espada del CONDESTABLE)

tus vasallos serán. Toma la espada
que el traidor Condestable nos devuelve;
en su furor insano,
ha encontrado por fin más digna mano.
535
JUANA
Blanca bandera dadme, en cuyo centro
la imagen vea de la Madre virgen,
en sus divinos brazos estrechando
al dulce objeto de su amor profundo,
al tierno Niño, Salvador del mundo.
540

Escena XIII

DICHOS y un PAJE, y después un HERALDO.

PAJE
Un heraldo enemigo se adelanta.
JUANA
Ábrete, corazón, a la alegría;
que venga al punto, porque Dios le envía.

(Entra el HERALDO.)

REY
Puedes, heraldo, hablar.
HERALDO
Considerando
cuán deplorable suerte
545
amenaza a Orleáns si al fin sucumbe
en furibundo asalto,
del soldado la furia nuestro jefe
contiene aún, y os ruega en su prudencia
se la entreguéis al punto,
550
contando con su honor y su clemencia.
JUANA

(Al REY.)

Dejadme responder.
HERALDO
¡Cielos! ¿Qué miro?
JUANA
A los viles decid que os enviaron
cuán locos son y cuánto los desprecio,
pues ciegos esperaron,
555
cual a débil barquilla, el reino mío
al remolque arrastrar de su navío.
Y volad, y volad, si al campamento
antes queréis llegar de que ilumine
la bandera triunfal de mi victoria,
560
el vivo sol de independencia y gloria.

Escena XIV

TODOS, excepto el HERALDO.

JUANA
¡A la lid! ¡A la lid! Los vientos rompa
de la guerrera trompa
el bélico clamor, y el extranjero
se ocultará en el polvo
565
al sentir de mis furias las centellas
como al lucir del sol la viva lumbre
en el cielo se ocultan las estrellas.
TODOS
¡La muerte o la victoria!

(Desnudando las espadas.)

JUANA
¡Ya, valientes,
veo el laurel brotar en vuestras frentes!
570
¡Tú, que a la tempestad prestas aliento

(Arrodillándose.)

y humillas su furor con la mirada!
¡Tú, que das a los mundos movimiento
y arrojas a los mundos en la nada!
¡Tú, que a Sansón esfuerzo concediste
575
para el templo tornar en polvo vano!
¡Tú, que lirio entre espinas te levantas
y al justo ayudas y al malvado espantas,
dame romper la esclavitud impía,
dame entonar el cántico divino
580
de gloria y libertad, paz y alegría!

Acto segundo

Un paisaje rodeado de rocas; a lo lejos se distingue la ciudad de Reims.

Escena I

LIONEL, el CAPITÁN INGLÉS, el DUQUE DE BORGOÑA, ingleses y borgoñones.

LIONEL
Estos peñascos nuestro albergue sean
y el triste corazón su paz recobre,
que a los ávidos ojos del contrario
nos oculta benéfica la noche.
585
Ocupen, sin embargo, las alturas
los que con más valor su sino afronten,
que para el que se oculta derrotado
nunca fueron de más las precauciones.
CAPITÁN
¡Derrotados! ¿Por quién? Por vil doncella
590
de Creey, de Poitiers los triunfadores.
LIONEL
¡Derrotados! Maldita esa palabra
que de mi corazón las venas rompe.
DUQUE
Aún levantar la frente nos es dado:
al infierno cedimos, no a los hombres.
595
LIONEL
Siempre la cobardía se disfraza
con la superstición.
DUQUE
¡Lionel!
LIONEL
Traidores
cobardes siempre huyeron los primeros
vuestros tan esforzados campeones.
DUQUE
¡Porque Orleáns del polvo se levanta
600
dirigís contra mí vuestros furores,
haciéndome, insensatos, responsable
de lo que Dios en su saber dispone!
LIONEL
El Eterno reprueba la mentira,
y en vuestros labios su ponzoña corre.
605
Tratos habéis con el Delfín, y astuto
los primeros rasgáis vuestros pendones.
DUQUE
Callad, callad, o aprenderéis bien pronto
cuánto puede un traidor con pecho noble.

Escena II

DICHOS y la REINA ISABEL.

REINA
Hora vuestro sostén es la concordia,
610
y hora las furias sus cadenas rompen.

(A LIONEL.)

Sólo Francia vencer a Francia puede,
aplacad de un amigo los furores.
LIONEL
Amigo vil el que falaz nos vende.
REINA
¿Cumpliose, ¡oh Dios!, lo que el delfín propone?
615
DUQUE
El rayo en polvo tornará los mundos
antes que Carlos mi amistad recobre;
pero nadie me ultraja impunemente.
REINA

(A LIONEL.)

Pues de nuevo la paz renazca entonces.
(El número pensad de sus parciales.
620
Cuánto alcanza, pensad, su solo nombre.)

(Al DUQUE.)

Vuestro perdón el general anhela,
pues hora su injusticia reconoce.
Cure un abrazo tan profunda llaga
Grites que para siempre se emponzoñe.
625
LIONEL
A la razón humilde se somete
el corazón que siempre late noble.

(Alargando la madre.)

La Reina dice bien; dadme la mano,
y al mirar nuestra unión retiemble el orbe.
DUQUE

(Estrechando la mano a LIONEL.)

¡Cuán satisfecho queda el ofendido
630
cuando su falta el ofensor conoce!
REINA
Tal generosidad, tanta nobleza
el merecido premio al punto logren.
Una mujer conduce al enemigo,
una mujer a su furor se opone.
635
Al infierno el Delfín ha convocado,
al infierno hundiréis de un solo golpe.
DUQUE
Vuestra conducta con el hijo vuestro
no pueden aprobar Dios ni los hombres.
REINA
La vuestra sí, que aprobación merece
640
truncar mil vidas con perjurio doble;
arrancar de sus sienes la corona
a un Rey que sólo os mereció favores.
Su madre soy, y aborrecerle puedo.
¿Quiénes vosotros sois? Duque, responde.
645
DUQUE
Vengando estoy la muerte de mi padre.
LIONEL
Quiero a mi patria ver reina del orbe.
DUQUE
Alarde haced de vuestro doble crimen.
REINA
A un destierro el malvado condenome;
¡querréis decir de mi venganza!
DUQUE
Un padre,
650
el mundo entero le dictó tal orden.
REINA
Antes que consentir feliz se llame,
antes que consentir Rey se corone,
paso hasta el mismo infierno me abriría
para pedirle rayos vengadores.
655
Aquí vengarme puedo, aquí respiro;
no esperéis, no esperéis que os abandone.

(Vase.)

Escena III

DICHOS, menos la REINA.

LIONEL
Dios te confunda, Jezabel impía.
El reposo nos brinda clara noche,
sus benéficos dones acojamos;
660
la luna calmará nuestros dolores.
CENTINELA

(Izquierda dentro.)

¡El enemigo! ¡El enemigo!
DUQUE
¡Cielos!
SOLDADOS FRANCESES

(Izquierda.)

¡Dios y la virgen de Orleáns!
DUQUE
Rompiose
el lazo que amarraba a nuestros males.
LIONEL
Volemos a la lid; si triunfadores
665
el sol no nos encuentra, por lo menos
que su luz en mi tumba se desplome.

(Salen precipitadamente por la izquierda.)

Escena IV

JUANA con su bandera, LA-HIRE y soldados que entran por la derecha.

JUANA
Derramando semillas de muerte,
ya el bastardo a la lid se arrojó;
vuestro brazo decida su suerte.
670
LA-HIRE
La victoria se rinde a tu voz.

(Marchan LA-HIRE y soldados por la izquierda.)

Escena V

JUANA, sola.

JUANA
¡Oh, qué gozo en mi pecho palpita!
La rodilla, tiranos, doblad.

(Desplegando la bandera.)

¡Oh, qué amparo tu imagen bendita!
Sólo tuya la gloria será.
675

Escena VI

JUANA y el DUQUE DE BORGOÑA.

DUQUE
Ya tu vida se apaga en mis manos.
JUANA
De Borgoña las armas, ¡gran Dios!
DUQUE
¿Entre tantos cobardes enanos
un gigante mirar te asombró?
JUANA
Di, ¿quién eres?
DUQUE

(Alzando la celada del casco.)

Esgrime la espada.
680
JUANA
Mi rodilla se dobla ante ti.
DUQUE
Muere, pues, por mi mano, malvada.

Escena VII

DICHOS y DUNOIS, armado y con una piel de tigre.

DUNOIS
Con los hombres, señor, combatid.
DUQUE
Impaciente te aguarda el acero.
JUANA

(A DUNOIS.)

Escuchadme, escuchadme, tened.
685
DUNOIS
Deja vengue a mi patria primero.
JUANA
No es venganza la sangre verter.
¿Qué intentas, Duque, qué intentas?
¿Dónde, dónde tu enemigo?
Este ilustre campeón
690
de tu propia madre es hijo.
Y yo también en tu patria
mecí mi silvestre nido.
DUQUE
¿Con engañosas palabras
quieres lanzarme al abismo?
695
Ante mí se estrellarán
tus malvados artificios.

(A DUNOIS.)

Los fuertes, no con palabras,
con acciones combatimos.
DUNOIS
El temor de las palabras
700
de cobardía es indicio.
Escuchad, que los aceros
pronto se verán unidos.
JUANA
Tú me acusas de emplear
infernales artificios.
705
¿Es un crimen, en los hombres,
apagar odios inicuos?
¿No es inocente, no es bello
dar a nuestra patria auxilio?
Si justas son mis acciones,
710
¿quién inspirarme ha podido
sino el que murió en la cruz
por redimir a sus hijos?
¡Olvida tu loca empresa,
venerable fugitivo,
715
y nuestros frescos laureles
besarán tu sien altivos,
que el derecho y la victoria
se alzan en un punto mismo!
Yo, la enviada de Dios,
720
fraternal amor te brindo;
sigue nuestro santo emblema,

(Indicando la bandera.)

por ella te lo suplico.
DUQUE

(A DUNOIS.)

¡A las armas, a las armas!
Pues conozco, a pesar mío,
725
que con brazo de gigante
tengo corazón de niño.
JUANA
No pienses que derrotados
a tus plantas nos rendimos,
Mira el campo del inglés
730
en cenizas convertido.
Mira la tierra sembrada
por doquier de troncos fríos.
Dios pronunció la sentencia,
y nuestra causa ha elegido.
735
Ángeles que tú no ves
luchan contra el enemigo,
llevando flores de lis
en sus labios purpurinos.
A tus plantas, gran señor,
740
tu salvación deposito.
Tu mano tiembla, por fin,
la razón tu mente ha herido.
Ya es inútil batallar;
la resistencia es delirio.
745
¿Qué vale cerrar los ojos
cuando el sol muestra su brillo?
Lancemos al extranjero
el rayo de su exterminio.
Compremos con nuestra sangre
750
la libertad que perdimos.
DUQUE
¡Qué pasa en mi corazón!
¡Quién trastorna mis sentidos!
A la convicción horrible,
en vano, en vano resisto.
755
JUANA
Abandona al extranjero,
que, en pago de tus servicios,
con mil horrendas injurias
desgarra tu pecho altivo.
Ven a lanzarte en los brazos,
760
no de tu Rey, de tu amigo;
ven a consolar al pueblo,
que te llama desvalido,
DUQUE
Los extranjeros me injurian,
sí, me injurian. Bien has dicho.
765
Y Carlos... ¡Oh! Por lo menos,
donde yo la luz ha visto.
JUANA
El llanto por tus mejillas
corre en anchuroso río.
Pon las armas, pon las armas:
770
eres nuestro, estás vencido.
¡Los brazos, Duque, los brazos!
DUQUE

(Abriendo los brazos.)

Tuyos son.
JUANA

(Arrojándose a ellos.)

¡Gracias, Dios mío!

Escena VIII

DICHOS, el REY con armadura y un manto azul bordado de oro, y CABALLEROS.

REY
¡Válgame Cristo! ¿Qué veo?
JUANA
La que os cercó noche umbría,
775
veis cambiarse en nuevo día,
en realidad el deseo.
Veis penetrar la razón
en la mente fascinada
del que os ofrece su espada
780
y os rinde su corazón.
REY
Tarde, a fe, su triste error
a conocer ha llegado.
DUNOIS
A remediar lo pasado
nunca fue tarde, señor.
785
REY
Pero si tal quiso obrar,
si tal pensaba, ¿por que,
cuando yo le supliqué,
mi voz no quiso escuchar?
JUANA
En las tinieblas perdido,
790
el faro entonces no vía
que conducirle debía
del bien al puerto florido.
Hoy que dó se encuentra sabe,
en su busca se adelanta.
795
REY
¿Será cierto, Virgen santa,
que el piloto de mi nave
vuelve al perdido sendero
que le ocultó el enemigo,
vuelve a llamarse mi amigo,
800
vuelve a ser mi compañero?
¡Oh, si tal placer hubiera,
soberana Virgen pura!
¡Qué más para mi ventura
y para mi patria entera!
805
Mas el ingrato, ¡oh dolor!,
la voz del pueblo no escucha,
que se levanta en la lucha
demandándole favor,
Desgarra con mano impía
810
mi regio y sagrado manto,
y es mi alegría su llanto,
y es mi llanto su alegría.
DUQUE

(Arrojándose a sus plantas.)

¡Oh! ¡Perdón! ¡Perdón!
REY
¿Qué hacéis?
DUQUE
Lo que el alma me dictó.
815
Perdón.
REY
A mis plantas no,

(Estrecha al DUQUE en sus brazos y permanecen un instante en silencio.)

en mis brazos le hallaréis.
DUQUE
¿Cómo a mi Rey pude odiar?
REY
Todo perdonarlo quiero.
DUQUE
¿Cómo en pro del extranjero
820
pude mil veces lidiar?
REY
Hoy sólo pensar debemos
cuán felices nos miramos;
hoy, Duque, nos despertamos,
hoy lo pasado olvidemos.
825
DUQUE
No; que al punto volaré
mis faltas a reparar,
pues de otro modo aplacar
mi conciencia no podré.
Juro, a fe de caballero,
830
tomar las flores perdidas
a su propio tallo.
REY

(Estrechando la mano del DUQUE.)

Unidas,
desafío al mundo entero.

Escena IX

DICHOS, DUCHATEL y SOLDADOS.

DUCHATEL
En el campamento ondea
triunfante vuestro pendón.
835
DUQUE

(Separándose del REY.)

¡Duchatel! ¡Oh padre mío,
cuán terrible es vuestra voz!
JUANA

(Al DUQUE.)

A todos sus puertas abre
un generoso Señor.
Bañadas todas las plantas
840
del claro rocío son,
en el espacio sin límites
vierte sus rayos el sol.
¡Infinito en su bondad
es el Supremo Hacedor!
845
No neguéis que, a imagen suya,
late vuestro corazón.
DUQUE
La tumba a mi padre encierra,
y yo soy su vengador.
JUANA
A pesar mío conozco
850
cuán justo es vuestro furor.

(Señalando a DUCHATEL.)

Mas ¿probaréis que a sus manos
vuestro padre sucumbió?
Y aun cuando hacerlo pudieseis,
¿pensáis que su maldición
855
os lanzara vuestro padre
porque lo que ya olvidó
vos olvidaseis, curando
de un pueblo entero el dolor?
No; sus restos palpitaran
860
con divina animación,
y vuestro nombre escribiera
con claras estrellas Dios.
DUNOIS
Algo inmolad en las aras
del bien del pueblo, señor.
865
REY
Hora compensar podéis
cuanto vuestro Rey sufrió.
JUANA
Venid, Duchatel, venid
a recibir su perdón,
que no sin justicia, el mundo
870
el Bueno le apellidó.
DUQUE
Entre sus benditas manos
de cera es mi corazón.
Os perdono, Duchatel,
os perdono.
DUCHATEL

(Estrechando la mano del DUQUE.)

¡Gran señor!
875
DUQUE

(Descubriéndose la cabeza.)

Dormid en paz, padre mío.
No con vuestra maldición
me castiguéis porque estrecho
la mano, que muerte os dio.
¡Perdón, perdón, padre mío!
880
¡Sombra ultrajada, perdón!
REY
¡Cuál va a ser mi gratitud!
DUCHATEL
Cual mi respeto y mi amor,
el último pensamiento
será, ¡oh Duque!, para vos.
885
REY
Partamos, que en Reims aguardan
con impaciencia y temor.
JUANA
Nosotros con vuestro ejército
iremos, señor, en pos.
REY
Adiós, pues, amparo mío.
890
DUQUE
Adiós, virgen del Señor.

Escena X

JUANA y DUNOIS.

JUANA
Id y convocad las tropas.
DUNOIS
¡Sola os quedáis!
JUANA
¿Por qué no?
DUNOIS
Algún enemigo astuto
pudiera vengarse en vos.
895
JUANA
Nada temáis, que en la tierra
mi destino aún no acabó.
DUNOIS
Pero ¿qué os detiene?
JUANA
A solas
quiero dar gracias a Dios.
DUNOIS
Para que luego partamos,
900
os juro tornar veloz.

Escena X

JUANA.

JUANA
Flor de madres y de esposas,
faro de los tristes seres,
fuente de claros placeres,
hermosa entre las hermosas,
905
bendita entre las mujeres.
¡Cuán grata tu voz sonó,
cuán dulce fue tu mirar!
En el sagrado lugar
en que mi patria alentó,
910
gracias mil te quiero dar.

Escena XII

JUANA y LIONEL, con espada en mano.

LIONEL
Al punto esgrime, maldita,
el acero furibundo,
que quiero elevarme un templo,
o abrir aquí mi sepulcro.
915
Y porque sepas la honra
que en este encuentro te cupo,
no ignores que soy, Lionel,
espanto y gloria del mundo.

(Alzando la celada de su casco.)

JUANA
¡Oh! ¡Qué horror, santos del cielo!
920
¡Lo que estoy mirando dudo!
Tú eres la sombra que vi
del combate en el tumulto,
y que creí de mi mente
ser el fantástico fruto.
925
Huye; ni yo misma sepa
tu vida en mi mano estuvo.
LIONEL
Deja la tuya termine,
y entonces huir te juro.
JUANA
¿A mí te atreves, infierno?
930
Yo castigaré tu orgullo.

(Desnuda la espada.)

Tiembla, tiembla, que la muerte
ya consigue un nuevo triunfo.

(Cruzan las espadas. Al primer golpe queda desarmado LIONEL; va a precipitarse sobre él y retrocede involuntariamente.)

Virgen santísima..., nunca.
Nunca en vano lucho2.
935
LIONEL
¡Maldición! ¿Por qué vacilas?
Haz completo mi infortunio.
JUANA
Huye.
LIONEL
¿Perdonarme quieres?
Yo tus bondades rehúso.
¿Quién tu brazo ha detenido?
940
JUANA
La compasión.
LIONEL
Negro insulto.
¿Cuándo sirvió al que venciste
tal sentimiento de escudo?
JUANA
¡Oh! ¡Qué verdad tan horrible!
Vamos, es fuerza; ¿qué dudo?
945

(Levantando las manos al cielo.)

Haz mi corazón pedazos,
mas deja respete el suyo.
LIONEL
(¡Qué rayo de luz! Probemos;
quizá vencer es seguro.)
La gratitud en mi pecho
950
triunfadora se detuvo,
y confieso con vergüenza
que son mis furores humo.
Arroja esas fieras armas
que en tus manos Dios no puso.
955
Ven, que para hacer tu dicha
amor eterno te juro.
JUANA
Calla, calla.
LIONEL
¿Qué me dice
esa turbación?
JUANA
¡Dios justo!
LIONEL
Sígueme, no te detengas;
960
son preciosos los minutos.
JUANA
¡Oh! ¡Qué angustia! ¡Qué tormento!

(En la mayor desesperación.)

¡Basta ya! ¡Basta, verdugo!
Cerrose el cielo a mis súplicas.
Ya ningún ángel descubro.
965
Virgen terrible, a tu encono,
¿por qué, por qué no sucumbo?
LIONEL
(Nada logro. Nueva lucha
será a mi honor nuevo insulto,
y, además, herirme puede
970
mientras el acero empuño.
Si lograse desarmarla,
entonces, ¡oh!) Los impulsos
del corazón pronta sigue.
¿Quién logró torcer su rumbo?
975
JUANA
Huye.
LIONEL
Jamás.
JUANA
A llegar
en mi encuentro van al punto.
LIONEL
En expirar a tu lado
todas mis delicias fundo.
JUANA
Sálvate. Si tú sucumbes,
980
en tus ruinas me sepulto.
LIONEL
Ya te obedezco...: venciste.
Mas sea el gaje seguro
de nuestro próximo encuentro
la espada que tanto pudo.
985

(LIONEL, que habrá ido acercándose a JUANA poco a poco, logra estrechar entre las suyas la mano en que aquélla tenía la espada, y se la arranca en este momento.)

JUANA
¡Traidor! Osaste...
LIONEL
En la guerra
todos los medios son justos.
Hora, cierta es mi venganza.
¡Maldición! ¡Tuyo es el triunfo!

(Al ver acercarse a DUNOIS y LA-HIRE, se oculta detrás de una roca.)

Escena XIII

JUANA, DUNOIS y LA-HIRE.

DUNOIS
Todo está pronto.

(Cediendo a la violencia de los esfuerzos que acaba de hacer, se apoya en DUNOIS.)

JUANA
Partamos.
990
DUNOIS
¿Qué tenéis?
JUANA
¿Yo? No presumo
cuál la causa puede ser...
Quizá la gloria..., el orgullo...,
harto placer me brindaron.
¡Soy... tan... feliz...! (¡Cuánto sufro!)
995
Partamos.
DUNOIS
¡Ah! Deteneos.
JUANA
¡Maldición! Ni un solo punto.

(Cediendo a su desesperación.)

Me espantan estos lugares
de desolación y luto.
¡Defendedme, defendedme!
1000
¡Ved el rayo! Sed mi escudo.
Mas no. Con sólo tocaros

(Apartando a DUNOIS y LA-HIRE, que se habrán acercado a ella.)

a cenizas os reduzco.

(Vase, seguida de DUNOIS y LA-HIRE.)

Escena XIV

LIONEL, que sale de detrás de las rocas en que se ocultó. A poco, la REINA.

LIONEL
Al fin triunfó... ¡Maldita mi fortuna!
¿Por qué no se tornó tumba mi cuna?
1005
REINA
Os conocí de lejos, y al momento
he volado hasta vos. ¡Suya es la gloria!
LIONEL
Nuestro será el honor del vencimiento.
REINA
De sueños locos, esperanza vana.
LIONEL
Amado soy de la triunfante Juana.
1010
REINA
¡Cielo! ¿Será verdad? ¿Quién tal os dijo?
LIONEL
Su propia boca. Contemplad su acero,
que abandonó en mis manos como prenda
de inextinguible amor. Luego corramos
a brindar nueva lid al enemigo,
1015
que de recuperar gloria perdida
yo con mi honor respondo y con mi vida.
REINA
Aún hay medio mejor si en vuestro pecho
palpita un corazón grande y osado.
LIONEL
Hablad, hablad; me abraso de impaciencia.
1020
REINA
Lo que infunde valor tan extremado
al contrario adalid es la creencia
de que Juana es del cielo un enviado.
¿No es su sola presencia
la que siempre a los nuestros ha espantado?
1025
Pues bien: volad a Reims, y al pueblo todo
hoy declarad, armado en osadía,
que sierpe engañadora es del infierno,
la que virgen creían del Eterno.
En vuestro apoyo, la pasión decidles
1030
que os confesara impúdica y traidora;
enseñadles la espada acusadora,
y brotarán en sus ingratos pechos,
a tan claras señales,
de la santa verdad limpios raudales.
1035
Si tal logramos, la victoria es nuestra.
¿Tendréis valor para arriesgar sereno
la dulce vida por la patria vuestra?
LIONEL
Adiós, señora; limpio el horizonte,
sin una sola nube, me sonríe.
1040
REINA
(¡Alienta, corazón!) ¡El cielo os guíe!

Acto tercero

Una gran plaza; en el fondo, la catedral, cuya fachada y entrada principal estarán de frente al público.

Escena I

LIONEL, CLAUDIO, ESTEBAN, LUISA, MARGARITA y pueblo.

ESTEBAN
Ya se acercan, ya se acercan.
MARGARITA
Al momento llegarán,
y sitio más ventajoso
no habremos podido hallar.
1045

(En tono de reconvención.)

ESTEBAN
¿Por ventura es culpa mía?
¿No ves cuál la calle está?
LIONEL
(Heme aquí; toda la sangre
en mis venas nieve es ya.)
MARGARITA
¿Vamos a volver a verla?
1050
¡Cuánta es mi felicidad!
LUISA
Sí, sí; y en el apogeo
de su gloria sin igual,
y entonces, «es nuestra hermana»,
nos será dado exclamar.
1055
LIONEL
(Envuelto en la muchedumbre
entrar pude en la ciudad,
y hasta estos propios instantes
nadie llegó a sospechar
que un enemigo se oculta
1060
bajo tan torpe disfraz.
Mas, ¡gran Dios! ¿Llegaré al puerto
con tan bonancible mar?)
MARGARITA
Hasta yo propia mirarlo,
no podré creer jamás
1065
que esa guerrera invencible,
la doncella de Orleáns,
es la hermana a quien perdida
no he cesado de llorar.
ESTEBAN
Allí viene; mira.
LUISA
¡Cielos!
1070
LIONEL
(Arde en mi pecho un volcán.)

Escena II

Una música militar abre la marcha, y todos los demás personajes atraviesan la escena y entran en el templo por el orden siguiente: dos heraldos, alabarderos, magistrados con traje de ceremonia, mariscales; el DUQUE DE BORGOÑA, con la espada; DUNOIS, con el cetro; otros grandes, con la corona, el globo, la mano de justicia y varias ofrendas; caballeros con hábitos de diferentes Órdenes; niños vestidos de blanco, con ramas de oliva en la mano; dos obispos, el arzobispo, el gran CANCILLER y JUANA con su bandera; lleva la cabeza inclinada, y todo en ella debe manifestar la mayor turbación y tristeza; después se adelanta el REY, seguido de su servidumbre; la tropa cierra la marcha.

PUEBLO
¡Gloria a Juana de Arco!
OTROS
¡Viva
el Rey!
LUISA
¡Cielos, mírala!
MARGARITA
¿Dónde?
LUISA
Delante del Rey.
MARGARITA
Ya la veo, a mi pesar,
1075
que una rosa era su rostro
y triste azucena es ya.
LUISA
¿Por qué en la iglesia no entramos?
MARGARITA
Ya la hemos visto.
LUISA
Quizá
podremos hablarla.
MARGARITA
¡Hablarla!
1080
Loca, hermana mía, estás.
Entre príncipes y reyes
logró su puesto fijar,
y los vínculos ya rotos
nunca a unirse tornarán.
1085
LUISA
Cómo, ¿nos despreciaría?
ESTEBAN
¡Qué locura! El manantial
de su ternura por siempre
su corazón regará.

(En este momento habrá acabado de entrar todo el pueblo en la iglesia.)

MARGARITA
Partamos.
LUISA
Pues lo deseas,
1090
partamos.
ESTEBAN
Como queráis.

Escena III

LIONEL, solo.

LIONEL
Cuando abandonen el templo
y en aquesta plaza se hallen,
yo pisaré la cerviz
de esa sierpe abominable.
1095
Y no importa que sucumba
sí logro, ¡oh patria!, salvarte,
que es contigo, dulce amiga,
mi vida llena de afanes,
lo que con un arroyuelo
1100
la inmensidad de los mares.
Pero alguien viene; entre el pueblo
será forzoso ocultarme,
que muchos en la refriega
ver pudieron mi semblante,
1105
y apartándome de todos
hago el peligro más grande.

(Se entra en la iglesia.)

Escena IV

THIBAUT, solo.

THIBAUT
¡Cuánto sufro, Dios clemente!
Tu santa bondad me ampare.
¡Hija de mi corazón!
1110
Es fuerza que yo te salve.
¡Devolvédmela, tiranos;
tened compasión de un padre!
¡Oh! Vosotros no sabéis
que en llanto mis ojos arden.
1115
Ved que a la flor no perdonan
los furiosos huracanes.
Es mía, me pertenece;
dádmela, dádmela, infames.

(El órgano se oye en este momento. Pausa.)

¡La salvaré! Sólo aguardo
1120
un momento favorable.
¡Si se negará a seguirme!
Sería el último ultraje,
y mi justa furia entonces...

(Sale JUANA del templo.)

¡Hija mía!

(Al verla, arrojándose en sus brazos.)

Escena V

DICHO y JUANA.

JUANA
¡Padre, padre!
1125
THIBAUT
¡Oh! No te apartes de aquí.
JUANA
¡Padre mío! ¿Será cierto
que en este vasto desierto
late un corazón por mí?
THIBAUT
¿A tu padre amas de veras?
1130
JUANA
¿Lo dudáis? ¡Destino impío!
THIBAUT
Si lo dudara, ángel mío,
muerto en tus brazos me vieras.
JUANA
¿Cómo no os hallo irritado
por mi injusto proceder?
1135
¡Oh, gracias! ¡Cuánto placer
habéis en mí derramado!
THIBAUT
Eres mi sola ilusión,
mi consuelo, mi tesoro,
y sólo sé que te adoro
1140
con todo mi corazón.
¡Oh! Cuanto más te contemplo,
más hermosa me pareces.
Mas, sin terminar las preces,
¿cómo abandonaste el templo?
1145
JUANA
Su voz el órgano alzaba,
y pausada y violenta
cual horrísona tormenta,
en mi oído retumbaba.
Llegome el aire a faltar,
1150
sentí extinguirse mi vida,
y corrí desfallecida
mis angustias a calmar.
THIBAUT
¡Oh! ¡Qué venturoso instante!
¡Qué placer tan grande pruebo!
1155
Ven, abrázame de nuevo
Mas, ¿qué tienes?... Tu semblante
pálido está... ¿Por qué lloras?
¿No eres feliz?
JUANA
Sí lo soy,
pues vos me recordáis hoy
1160
aquellas tan dulces horas
en que mil gratos olores
la montaña me ofrecía,
cuando el rebaño pacía
sobre su alfombra de flores.
1165
Nunca, nunca me digáis
que pasó tanta ventura,
pues mi eterna desventura
si tal hiciereis labráis.
Y, en efecto, no pasó;
1170
tan sólo soñando vi
los males que padecí.
y ya el sueño terminó.
Que después de quebrantar
del fuerte el rabioso encono,
1175
y de levantar un trono
que iba en el polvo a rodar,
desperté limpio mi honor,
y encontré, al abrir los ojos,
en vez de triunfos, amor,
1180
flores mil en vez de abrojos.
THIBAUT
Repite, por compasión,
que sus glorias trocarías
por aquellas alegrías
de la paterna mansión.
1185
¡Qué inexplicable placer!
¡Loco estoy! ¡Hija querida!
¡Muerto, me has dado la vida!
Hoy soy más joven que ayer.
Ni un solo instante perdamos.
1190
Todo preparado está,
y ni el mismo sol sabrá
do te oculto... Ven, huyamos.
¡Qué...! ¿Vacilas? ¡Maldición!
Aparta, traidora hiena,
1195
no más insultes mi pena;
mármol es tu corazón.
Pero, ¿qué digo? Perdona,
perdona mi desvarío,
y enjuga este llanto mio,
1200
que acerbo dolor pregona.
Domina ese frenesí
que va tu muerte a causar,
y torna al paterno hogar.
¡La reina serás allí!
1205
Desde tu adiós postrimero,
los prados no han florecido,
y con lúgubre balido
te llama el triste cordero.
No se despeña el torrente
1210
con sus gritos de alegría,
sino en ayes de agonía
murmura pausadamente.
No cantan cruzando el viento
los canoros ruiseñores,
1215
sino entre marchitas flores
lanzan agudo lamento.
No es el céfiro tan leve,
no brilla el sol tan seguro,
no es el rocío tan puro,
1220
y no es tan blanca la nieve.
Torna al marchito pensil,
do serás pura y contenta
lo que el sol tras la tormenta,
lo que la lluvia en abril.
1225
Ten piedad de mi dolor,
Qué, ¿tardas en responder?
¡Cielo santo! ¿Y he de ver
muerta mi esperanza en flor?

(Pausa, y óyese el órgano de nuevo.)

JUANA
En mi patria hay todavía
1230
ingleses que derrotar;
no me obliguéis a faltar
a lo que a Dios juré un día.
THIBAUT
Queda en paz; Naturaleza
en ti su camino errara:
1235
queda en paz; yo en paz quedara
si fuera en mí tu tibieza
Recibe mi adiós postrero.
No te doy mi maldición.
JUANA
Padre, padre, compasión;
1240
ved que Dios es lo primero.

(Vase THIBAUT.)

Escena VI

JUANA.

JUANA
¡Oh! Mi padre me abandona.
¡Cuánto sufro, Virgen pura!
Mas no llegó todavía
el castigo de mi culpa,
1245
que debe ser, ¡me estremezco!,
un abismo de amarguras.

(Queda abismada en su aflicción, y en este momento se perciben también los sonidos del órgano. Después de una pausa, exclama en el extremo de la desesperación:)

Sí, le adoro; en vano lucho:
toda el alma mía es suya.
¡Oh! Que nadie lo comprenda;
1250
primero mil muertes sufra.
¿Por qué, por qué no cumpliste
lo que juraste, perjura,
lo que te ordenara Dios?
Cual te prometió, ¿no triunfas
1255
en el combate? ¿Mil lauros
en tu frente no fulguran?
¡Lionel! Nunca mis ojos
vuelvan a mirarte; nunca.
De vergüenza y de dolor
1260
me ocultaría en la tumba,
dejando escrita en mi rostro
la acusación de mi culpa.
¿Por qué no hieren mi oído
los acentos de la lucha?
1265
¿Por qué la terrible espada
en mi mano no relumbra?
La sangre del enemigo
bálsamo fuera a mi angustia.

(Desde este momento el cielo empieza a cargarse de nubes.)

Escena VII

JUANA, el REY, todos los personajes que entraron en la iglesia e INÉS.

REY
Gracias doy a mis fuertes defensores,
1270
y perdonados son mis enemigos;
que su perdón el cielo me ha otorgado,
y flor inmarcesible
debe ser el perdón en mi reinado.
De nuevo respirad: en la corona
1275
que habéis regado con la sangre vuestra,
cuando sintió del sol la lumbre altiva,
comienzan a brotar ramas de oliva.
Contemplad el arcángel inocente
que el extranjero yugo
1280
logró romper con mano omnipotente.
Altares levantad a su memoria.
¡Su nombre bendecid, cantad su gloria!
CANCILLER
¡Gloria a la virgen de Orleáns!
LIONEL
(¡Oh rabia!)
REY
Si la primera luz viste en la tierra,
1285
a tu señor confía
el premio que tu ardiente fantasía
en sus más altos vuelos ambiciona:
tuya es mi vida y tuya mi corona.
¿Eres ángel de luz en el altura,
1290
o a la raza del hombre perteneces?
Habla, por compasión...
JUANA
¡Jesús mil veces!

(Al ver a LIONEL, que se adelanta y permanece con los brazos cruzados.)

REY

(Después de una pausa.)

¿Quién eres tú? Responde; yo lo mando.
¿Quién eres tú que rayo descendiste,
el verde tronco del placer quebrando?
1295
LIONEL
Mírame bien, Dunois: mil y mil veces
te hizo temblar mi rostro en el combate;
mírame bien, y dime si en tu pecho
tranquilo el corazón cual siempre late.
DUNOIS
¡Lionel! ¡Lionel! Tan vil insulto
1300
mi acero castigara
si no temiera que de negro oprobio
tu sangre de cobarde le manchara.
Digna es de ti la suerte que te espera:
mandad, señor, que cual villano muera.
1305
LIONEL
Pronto estoy a morir: insano advierte
que, pues llegué hasta aquí, busco la muerte.
Con Dios te queda, ¡oh pueblo desdichado!
Adiós, fuertes guerreros que al abismo
habéis en vuestra ayuda convocado.
1310
REY
Bendice a Juana y tiembla, fementido:
tus palabras dictaron tu sentencia.
LIONEL
Bendecidla vosotros, que mil veces
la jurasteis postrados obediencia;
mas ¿respetarla yo, que ansioso busco
1315
de mi muerte el horrendo precipicio,
para poder deciros solamente:
donde veis la virtud, se encuentra el vicio?
Con sólo yo quererlo, Juana de Arco,
alzando mis pendones, en el polvo
1320
los vuestros arrojara, cien victorias
mi brazo alcanzaría;
si a su maldito amor correspondiese,
la palma fuera de la patria mía.
REY
Basta, impostor.
LIONEL
Sin duda vuestros ojos
1325
pruebas anhelan ver. Tomad la espada
que la suerte trazó de la contienda;
es de su impuro amor nefaria prenda.
Amado soy de un ángel que maldigo.
Dunois ¡Mientes, traidor!

(En este momento estalla la tempestad.)

LIONEL
¡El cielo es mi testigo!
1330
INÉS
La sorpresa su voz tiene embargada.

(En la más viva ansiedad)

Habla, por compasión, tu voz oigamos.
LA-HIRE
Todos en vos, señora, confiamos.
DUCHATEL
(¡Santos cielos, qué suerte nos espera!)
INÉS
Silencio tan fatal me desespera.
1335
Harto bien tus virtudes conocemos.
Dinos: «Soy inocente», y te creemos.

(Truenos.)

JUANA
¡Oh!
LIONEL
Responde a la voz del ronco trueno;
di que tu corazón es inocente,
que soy un impostor; alza los ojos;
1340
mirame, si te es dado, frente a frente.
¡Su silencio os revela su delito,
vuestra misma razón os le revela!
¿Mil veces vuestros labios no dijeron
que una doncella que a la lid se lanza,
1345
y hiere y mata con la vista sola,
ser sobrenatural era sin duda?
Pues bien: a Dios pertenecer no puede,
que con impuro amor está manchada.
Ved cuál confunde... vuestro santo celo.
1350

(Con ironía.)

Las obras de Luzbel con las del cielo.

(Trueno. El pueblo, dando muestras de horror, huye despavorido por todos lados.)

DUNOIS
¿Dó despeñado vas, ingrato pueblo,

(Con energía.)

sin virtud, sin razón sin fe, sin brío?
¡A ti..., y a la tormenta desafío!
¡Es pura cual la estrella más brillante!
1355
Si alguno lo dudó, coja ese guante.

(Le tira.)

CANCILLER
¡Ah! ¡Deteneos! El furor celeste

(Cogiendo el guante.)

doblar podemos sangre derramando.
La de un padre es mi voz: responde luego.

(A JUANA.)

que de Dios en el nombre te lo ruego.
1360
¿Eres digna del alma que te diera?
JUANA
No, no mil veces no; nunca lo fuera.

(Cediendo a la violencia de la desesperación.)

En la voz de ese monstruo rebelado
me acusa enfurecido el mismo infierno.
¡La ronca voz me acusa del Eterno!
1365
Huid, huid; las dudas os condenan;
mi contacto y mi aliento os envenenan.
Pero si algún mortal, a su despecho,
llega a compadecer mi triste suerte,
venga sin dilación con mano fuerte
1370
y el corazón arránqueme del pecho.
INÉS
¡Oh! ¡Qué horror!
DUNOIS
¡Maldición!
REY
Destino impío.
CANCILLER
¡Treguas da a su furor, treguas, Dios mio!
Castigadla, señor, y así salvemos

(Al REY.)

el insondable mar de acerbos males
1375
que el indignado cielo nos prepara.
Su muerte decretad.
DUNOIS
¡Basta, inhumano!
REY
Antes mi propia muerte decretara.
CANCILLER
¡No cumple de tal suerte un Rey cristiano!
REY
Yo no puedo olvidar que no ha un momento
1380
recibí la corona de su mano.
CANCILLER
Pronto, señor, tus ojos
la llorarán perdida.
REY
Con mi corona, pues, compro su vida.
Libre partid.

(A LIONEL.)

DUNOIS
Señor.
REY
Bien te comprendo;
1385
mas es mi voluntad que al campo torne
para que al fin comprendan los cobardes
que en las sangrientas lides derrotamos
cuanto al débil nosotros respetamos.
LIONEL
No te impacientes, pronto nos veremos.
1390
Mi ejército os espera
a una milla de Reims.
REY
Pronto, muy pronto
en la lid me hallarás.
DUNOIS
Allí tu sangre

(A LIONEL.)

la sed aplacará de mi venganza,
mi rabia llevaré; corre y apresta
1395
tu más fuerte bridón, tu mejor lanza.

(DUNOIS y LIONEL salen cada uno por su lado.)

INÉS
Venid, señor, venid.
REY
Al punto os sigo...
Juana de Arco, tu juez aún es tu amigo.
La ciudad abandona libremente;
mas nada temas, ni el menor insulto,
1400
que aunque ya tu baldón ninguno duda,
contra la patria mía
y el orbe entero mi poder te escuda.
JUANA
¡Oh!

(Cae de rodillas, ocultándose el rostro con las manos. Vanse el REY y todo el acompañamiento dando muestras de horror y sentimiento; se oye un trueno lejano y en seguida sale THIBAUT.)

Escena VIII

JUANA y THIBAUT.

THIBAUT
¡No es posible!... ¿Y a dudar me atrevo
lo que acabo de oír? ¡Destino impío!
1405
¡Hija de mis entrañas!

(Viendo a su hija.)

JUANA
¡Padre mío!

(JUANA se precipita en los brazos de THIBAUT. Quedan un momento abrazados y cae el telón.)

Acto cuarto

Interior de una torre. Un muro en el foro, desde el cual se descubre el campo

Escena I

LIONEL
Si el francés cumple cual debe,
en breve nuestras banderas
se levantarán triunfantes
en medio de la refriega.
1410

Escena II

LIONEL y la REINA

REINA
Albricias, Lionel, albricias;
ya nuestra dicha es completa.
LIONEL
Mas ¿qué sucede? Explicaos,
que me abraso de impaciencia.
REINA
En cuanto vos me dijisteis
1415
que la maldita hechicera
hoy mismo de Reims salía,
concebí la gran idea
de acercarme a sus murallas
por escondidas veredas,
1420
para ver si al fin podía
rendirla a mis plantas presa.
Seguida de seis valientes
partí cual veloz centella,
sin detenerme un instante,
1425
con riesgo de mi existencia.
El cansancio todavía
no agotaba nuestras fuerzas,
cuando muy próxima vimos
a la temible guerrera
1430
sostenida por un hombre
de nevada cabellera.
Lánzome como el milano
sobre mi tímida presa,
que se rinde en el instante
1435
conociendo su impotencia.
El viejo, por el contrario,
se propuso defenderla;
pero, levemente herido,
cayó sin sentido en tierra.
1440
VOCES

(Dentro.)

¡Muera! ¡Muera!
REINA
Escuchad bien.
Muera dicen. Ya se acerca.
Es forzoso que apaguéis
el sol de su vida.
VOCES
¡Muera!
LIONEL
Bien, morirá; mas primero
1445
quiero hablarla.
REINA
Bien hicierais
en no dilatar un punto...
LIONEL
Dejadme solo con ella.
REINA
Mas advertid...
LIONEL
Advertid
que yo a solas quiero verla.
1450
Mandad que al momento mismo
la traigan a mi presencia.
REINA
El infierno te confunda;
morirá, quiero que muera.

(Vase.)

Escena III

LIONEL.

LIONEL
¡Si cumplo lo que deseo,
1455
tuyo es el orbe, Inglaterra!

Escena IV

DICHO, JUANA, con una cadena que la sujeta las manos, y SOLDADOS.

LIONEL
Retiraos.

(Salen los SOLDADOS.)

JUANA

(Al ver a LIONEL.)

¡Santo Dios!
LIONEL
Acércate, nada temas.
Juro respetar tu vida;
no en mí tu enemigo veas.
1460
JUANA
Enemigo de mi pueblo,
cesa de injuriarme, cesa.
LIONEL
Haces bien: de abnegación
da a tu patria nuevas pruebas,
hora que a saber llegaste
1465
cuál los sacrificios premia.
Corres en pos de la muerte
por comprar su independencia,
y ella, su deber hollando,
a nuestro furor te entrega.
1470
¡Si nuestra causa amparases,
cuál otra tu suerte fuera!
Amada y obedecida
te alzarías nuestra Reina,
y sólo con tú quererlo
1475
al sol hiciéramos guerra.
Una vez rendida Francia,
Rindiérase Europa entera,
y el orbe retemblaría
al son de las trompas nuestras.
1480
¡Oh fuerte y divino Marte!
Empuña nuestras banderas,
y exclamar entonces puedes:
«Yo soy el Dios de la tierra.»
JUANA
¿Cómo mi amparo pretendes,
1485
el de una vil hechicera?
LIONEL
Yo nunca supe si moras
entre serpientes o estrellas,
mas sé que obediente gira
hacia donde tú la ordenas
1490
la rueda de la fortuna,
y esto sólo me interesa.
¡Maldición! Te odio y desprecio
cuando mi vida respetas.
JUANA
¡Cielos!
LIONEL
Te admiro y te adoro
1495
cuando tú ya me desprecias.
JUANA
¡Cese tu enojo, Dios mío!
¡Dame fuerzas! ¡Dame fuerzas!
Si es verdad que el alma tuya
dulce gratitud encierra,
1500
entre tu patria y mi patria
brote oliva placentera.
El gran botín restituye,
rompe grillos y cadenas.
Da rehenes de gran precio
1505
de santo convenio en prueba,
y en nombre del soberano
te ofrezco paz duradera.
LIONEL
Vuelve en ti, los ojos abre,
y tu situación contempla.
1510
No dictar leyes te toca,
sino implorar mi clemencia.
Cual tormentoso nublado
mis enemigos se acercan.
Ampáranos en la lucha;
1515
allí vengarás tu ofensa,
allí te esperan guirnaldas,
aquí... la tumba te espera.
JUANA
Corre y ajusta las paces,
toda condición acepta:
1520
¡mira que pronto, muy pronto,
quizá ya tiempo no sea!
¡Piensas que la libertad
puede extinguirse en la tierra;
piensas que el Eterno, en balde,
1525
las naciones dividiera;
piensas triunfar en la lucha!
¡Tiembla, insano! ¡Tiembla! ¡Tiembla!

Escena V

DICHOS y el CAPITÁN inglés.

CAPITÁN

(Desde la puerta.)

Señor, es fuerza que os hable.
LIONEL
Habla, pues, no te detengas.
1530
CAPITÁN
A las puertas de la torre
cien enemigos se encuentran,
que parte formar pretenden
de nuestro ejército.
JUANA
¡Oh mengua!
LIONEL
Diles que tu general
1535
dichoso se considera
al acceder a sus ruegos.
¿Y qué razones alegan
para disculpar...?
CAPITÁN
Ninguna.
Ya con un diablo no cuentan
1540
que los ayude, y emprenden
de su salvación la senda.
Según entender pudimos,
todas sus tropas se encuentran
desalentadas, malquistas
1545
con el Rey, porque, con mengua
de todos, a Juana de Arco
desterró; también sin treguas
sufre el Rey arrepentido
¡Gran día se nos presenta!
1550
LIONEL

(Al CAPITÁN, que se iba.)

Escucha. Cuando salgamos
para trabar la contienda,
el interior de la torre,
los que ya traidores fueran,
queden guardando; los nuestros
1555
nunca de vista los pierdan,
y guarden los exteriores,
No quiero que a luchar vengan;
pudieran en el combate
fraguar una traición nueva,
1560
que por siempre a los traidores
dañada el alma les queda.
En esa puerta, al momento,

(Señalando la de entrada.)

coloca una centinela:
de los contrarios elige
1565
el que más viejo parezca,
y quedará bien guardada;
que jamás el viejo arriesga
la vida que tanto adora,
y obedece a quien le ordena.
1570

Escena VI

DICHOS y la REINA, precipitadamente.

REINA
Corred, señor, corred; en vuestro campo
la ronca voz de Marte se levanta.
Rápido el enemigo se adelanta.
Desplegados sus bélicos pendones,
en los aires se mecen altaneros,
1575
y sus armas relumbran cual luceros
entre el polvo que mueven sus bridones.
JUANA
No te detengas, el raudal desata
de tu loco furor. Corred, ingleses,
hora de combatir sólo se trata.
1580
REINA
Desgraciada, reprime tu alegría;
terminar no verás la luz del día.
JUANA
Hiéreme, por favor, a tu albedrío,
ensangrienta tus manos inocentes.
¿Qué me importa morir, si mis valientes
1585
hoy ya no han menester del brazo mío?
LIONEL
Quedaos, Reina, aquí; ni un solo punto
de Juana os separéis.
REINA
Partid tranquilo.
CAPITÁN
¿Cómo, señor, marcháis a la pelea
sin dejar su existencia terminada?
1590
JUANA
¿Te asusta una mujer encadenada?
¿Y eres un hombre? No, que si lo fueras,
de vergüenza y dolor muerto cayeras.
LIONEL
Júrame no fugarte de esta torre,
bendecir mi clemencia, respetarla.
1595

(Vase el CAPITÁN.)

JUANA
Mi libertad, mi libertad anhelo;
a toda costa juro recobrarla.

(Se oyen clarines al pie de la torre.)

LIONEL

(A la REINA.)

Pues que lo quieres, sea.
Antes su muerte que su fuga vea:
Muera también si vence el enemigo.
1600
REINA
Nada habéis que temer, queda en mis manos.
LIONEL
Ruégale al cielo que te dé su ayuda.
JUANA
Tiemblen ante su encono los tiranos.

(El CAPITÁN coloca un centinela en el lugar indicado por LIONEL.)

Escena VII

JUANA, la REINA, el CAPITÁN y el CENTINELA.

JUANA

(Al oír la música marcial de los franceses.)

Ya la canción guerrera de mi pueblo
retumba aquí, mi rabia despertando.
1605
¡Adelante, valientes, adelante!
¡La campiña tornad sangriento charco;
rodad sobre el inglés cual roca enorme
desprendida del monte por el rayo!
¡Muera! ¡Adelante! ¡Muera, pueblo mío;
1610
nada debes temer voy a tu lado!
¡Ya delante de ti, blanca bandera,
llevar no puedo, cual triunfante ornato;
pero los fuertes muros que me oprimen,
rápida el alma mía ha traspasado,
1615
y ardiendo en sed de libertad y gloria,
contenta sigue tus guerreros cantos!
REINA
¡Me causas compasión! Dime, ¿qué fueron
esos tus campeones denodados,
antes de que brotases del abismo
1620
para perder sus almas y ayudarlos?
JUANA
¿Cuál de las dos, purísima señora,
ha del abismo por su mal brotado?
Responde por piedad. Dime, ¿no es cierto
que la culpable soy? ¿Cómo dudarlo?
1625
Corred, hijas, corred; esposas, madres,
venid, venid do encontréis trazado
por la mujer más santa de la tierra
el sendero que al bien puede llevaros.
Ceñid su frente de guirnaldas, premie
1630
tantas virtudes general aplauso.
Empuña del traidor el impío acero,
y en mi pecho sumérjalo tu mano;
que así coronar puedes tus hazañas,
y hacia tu salvación das otro paso.
1635
Tranquila estoy: desprecio tus furores.
Mírame sonreír. El golpe aguardo.
¡Oh!, del averno inexorable furia,
polvo debiera hacerte entre mis brazos.
REINA
Vas al punto a morir; pero, no, vive
1640
hasta que hayas mi gloria contemplado.
Subid al muro, y de la fiera lucha

(Al CAPITÁN.)

sin treguas referid los trances varios.

(El CAPITÁN sube al muro.)

JUANA
¡Valor, valor! Es el postrer combate.
¡Otra victoria más, y al fin triunfamos!
1645
REINA
Dinos lo que ver puedas.

(Al CAPITÁN.)

CAPITÁN
Un furioso
que monta un alazán del aire espanto
y que de un tigre con la piel se adorna,
su corazón de tigre revelando,
hiende los más espesos batallones
1650
cual un rayo de sol monte nevado.
JUANA
Es el conde Dunois. ¡Fuerte guerrero,
sólo vales por mil de los contrarios!
Adelante, contigo es la victoria.
CAPITÁN
El duque de Borgoña ataca el campo.
1655
REINA
Permita Dios que matador acero

(Con reconcentrado furor.)

rasgue tu corazón en mil pedazos.
¿Ondea aún la enseña de los nuestros?
CAPITÁN
Hundirla todavía no han logrado.
REINA
Mira si descubrir al Delfín puedes.
1660
CAPITÁN
Ya todos en el polvo se ocultaron.
JUANA
Si tuviera mis ojos, ¿qué importara
se alzase el polvo guerra a declararnos?
En su rápida fuga contar puedo
la inmensa multitud de aves de paso,
1665
y el fiero halcón descubro sumergido
de la región del aire en lo más alto.
CAPITÁN
Cerca del foso lidian los más fuertes;
encarnizada lucha aquí trabaron.
JUANA
¡Oh! ¡Maldición! ¿Por qué, por qué no puedo
1670
al través de una brecha contemplarlos?
A lo menos así, con la mirada,
la lucha dirigir me fuera dado.
CAPITÁN
El general inglés ha sucumbido.
REINA
¡Cielos! Tu muerte es cierta.
1675
CAPITÁN
¡Ya está en salvo!
REINA
En tu favor acuden los infiernos.
Hablad.
JUANA
¡Por compasión!
CAPITÁN
¡Qué estoy mirando!
¡A un príncipe no más, ciento acometen!

(Después de una pausa.)

¡Es al conde Dunois!
REINA
¡Nuestro es el lauro!
1680
JUANA
¡Y sola una mujer, encadenada,
el medio soy de tan horrendo estrago!
REINA
A desmayar empiezas.
JUANA
¡Nunca, nunca!
CAPITÁN
¿Quién lleva un manto azul, de oro bordado?
JUANA
Mi Rey, mi Rey.

(Con ansiedad.)

CAPITÁN
Su bruto se desboca,
1685
espantado sin duda.
JUANA
¡Cielo santo!
CAPITÁN
¡Al fin cayó!
REINA
¡Oh ventura!
Ya los nuestros
se abalanzan a él.
JUANA
¡Fuera! ¡Apartaos!

(Forcejeando por romper la cadena que la sujeta las manos.)

¡Oh! ¡Malditas cadenas, cuál resisten!...
¡Y habrán de ser más fuertes que mis manos!...
1690
¡Aguardad! ¡Aguardad!... ¡Sólo un momento!
¡Oh! ¡Desesperación! ¡Van a matarlo!
Gózate, al fin, en tu gloriosa hazaña.
De tu impiedad aplaude el resultado.
¡Qué digo... ¡Loca estoy!... ¡Perdón, señora!
1695
Tus plantas riega mi copioso llanto.
Es tu sangre, tu sangre, y al herirle
clavarás en tu pecho el fiero dardo.
Sé madre al fin y sálvalo: dos veces
te deberá la vida el desdichado.
1700
Dame al lado volar del hijo tuyo,
dame la tabla ser de su naufragio,
y en el momento en que su vida salve,
vendré a dejar la mía entre tus manos.
Estos hierros me muerden, me devoran,
1705
rómpelos, por piedad..., me están matando.
REINA
A mis plantas..., así... Reptil inmundo,
del tigre compasión implora en vano;
ya lo ves, ya lo ves, tú al fin sucumbes,
y yo sobre tus ruinas me levanto.
1710
JUANA
¡Oh! ¡Qué rumor!...

(Desde este momento dejan de oírse la música y los clarines, únicas señales del combate que deben haberse percibido muy confusamente.)

REINA
¡Gran Dios!
JUANA
¿Qué significa?
CAPITÁN
Ya persigue el inglés al derrotado.
REINA
¡Oh! ¡Placer sin igual!
JUANA
¿Por qué, Dios mío,
el brazo de la muerte no es mi brazo?
Sólo la madre que aborrece a un hijo
1715
puede tornar los libres en esclavos.
REINA
Tan grandioso espectáculo mis ojos
anhelan presenciar.
CAPITÁN
Yo corro al campo.

(Vase.)

JUANA
Siempre tú fuiste mi esperanza y gloria.
Eres justo, señor. Dame tu amparo.
1720

(El centinela, que habrá hecho cuanto esté de su parte por que el público no le conozca, mira con precaución a todos lados, se lanza sobre JUANA y la quita la cadena.)

THIBAUT

(Con la mayor rapidez.)

Corre a la lucha, pues así lo quieres;
preferible es tu muerte a tu quebranto.
JUANA

(Con la mayor rapidez.)

¡Cielos!

(Sorprendida al reconocer a su padre.)

THIBAUT

(Con la mayor rapidez.)

Tu padre soy.

(Dándola su espada.)

JUANA

(Con la mayor rapidez.)

¡Bendito seas!

(Arrojándose en sus brazos.)

¡Gracias, clemente Dios! ¡Tiembla, tirano!

(Vase precipitadamente con la espada en la mano.)

Escena VIII

THIBAUT y la REINA, bajando del muro precipitadamente.

REINA
¡Traición! ¡Traición! Osaste fementido
1725
Aparta.
THIBAUT
Atrás, señora.

(Colocado delante de la puerta.)

REINA
Paso, paso.
THIBAUT
Esperad a que salga de la torre.
REINA
Guardadas son las puertas, insensato,
y antes la mirarás muerta que libre.
THIBAUT
¡Cómo he podido, cielos, olvidarlo!
1730

(Desde este momento se empieza a oír más cercano el ruido del combate, la música y los clarines, pero de modo que no interrumpa la representación.)

Mas ¡qué rumor! Oíd, oíd..., no hay duda,
ya vuela libre por el rojo campo.
¿Olvidaste, señora, que al mirarla
siempre retrocedieron tus vasallos?
REINA
¡Oh baldón sin igual! ¿Pero quién eres
1735
para arrostrar mi furia, viejo insano?
THIBAUT
Un hombre soy que morirá contento
si a Juana logra contemplar en salvo.
Su padre soy; el infeliz, señora,
que ser le dio su dicha asesinando;
1740
el que hirieron los tuyos cuando, loco,
sin mirar su aislamiento ni sus años,
quiso arrancarte la paloma suya.
REINA
Mientes; aquel traidor no era un soldado.
THIBAUT
Cercado de una turba de guerreros,
1745
que para ser ejemplo de malvados
a esta torre sus pasos dirigían,
me encontré al despertar de mi desmayo.
Con la esperanza de volver a verla
con el guerrero traje me disfrazo,
1750
sagaz entre los viles me confundo,
llego a la torre, al fin, y a Juana salvo.
REINA
Segura muerte al batallar le espera.
THIBAUT
Mil y mil muertes vos le hubierais dado.

Escena IX

DICHOS, el CAPITÁN y SOLDADOS.

CAPITÁN
Los soldados franceses, gran señora,
1755
en pos de la hechicera se fugaron;
temerosos los nuestros también huyen.
REINA
¿Y decírmelo osáis? ¿Y vuestros labios
no abrasaron palabras tan fatales?
¡Sois cobardes a fe! Pronto, vengaos.
1760
Ese traidor ha roto sus cadenas.

(Señalando a THIBAUT.)

SOLDADOS
¡Muera, muera!
REINA
Corred.

Escena X

DICHOS, DUNOIS y SOLDADOS franceses.

DUNOIS
Atrás, villanos.

(Poniéndose delante de los ingleses, que iban a precipitarse sobre THIBAUT con las armas en la mano.)

Mi prisionera sois.

(A la REINA.)

REINA
¡Poder del cielo!
Arrastradme al confín más apartado
con tal de que no vea al Rey impío,
1765
que el seno maternal desgarra ufano.
DUNOIS
La madre sois de nuestro Rey, señora.
Respetados serán vuestros mandatos.
REINA
En el instante huyamos de estos sitios.
DUNOIS
Seguidla vos.

(A un jefe de los soldados que con él entraron. Vase la REINA y el jefe.)

Escena XI

DUNOIS, THIBAUT y SOLDADOS ingleses y franceses; éstos desarmarán a aquéllos.

THIBAUT
Señor, y Juana de Arco
1770
vive, ¿no es cierto?
DUNOIS
¡Contemplad mis ojos!
¡Cuántas lágrimas, cielos, derramaron!
THIBAUT
¡Desdichado de mí!
DUNOIS
¡Cortó la parca
de su temprana edad el tierno tallo!

Escena XII

DICHOS, cuatro SOLDADOS, que conducen una camilla adornada con escudos y banderas enemigas, en la cual viene JUANA mortalmente herida y sin dar ninguna señal de vida. El REY, que entra lentamente, apoyado en el DUQUE DE BORGOÑA, LA-HIRE, DUCHATEL y SOLDADOS franceses con banderas.

DUQUE
Basta, basta, señor, injustos fuimos.
1775
Ella ve nuestros pechos angustiados.
REY
¡Oh! Tranquila reposa cual un niño

(Acercándose a JUANA, después de una pausa.)

que de su madre duerme en el regazo.
THIBAUT
¡Hija de mis entrañas!

(Arrodillándose delante de la camilla.)

REY
¡Vos su padre!

(Sorprendido, pero con dulzura.)

THIBAUT
¡Su padre, gran señor!
REY
¡Oh! ¡Pobre anciano!
1780
DUNOIS
Yerta no está su mano.

(Que habrá cogido una mano de JUANA.)

THIBAUT
¡Dios clemente!
Mi vida toma de su vida en cambio.
DUNOIS
Esperemos.
REY
¡Dunois!
DUQUE
¿Será posible?
THIBAUT
¡Respira, vive!
DUNOIS
¡Cielos!
DUQUE
¡A sus manos
la muerte sucumbió!
JUANA
¿Dónde me encuentro?
1785

(Esta escena debe ser representada por JUANA con voz desfallecida e incorporándose, apenas ayudada por su padre y el REY.)

DUNOIS
En medio de los tuyos.
REY
En los brazos
de tu Rey, de tu amigo.
JUANA
Yo os lo juro;

(Levantando las manos al cielo.)

sobre todas las cosas le idolatro.
REY
Eres un ángel, sí... ¡De las virtudes
ciega la viva luz a los malvados!
1790
JUANA
¡Qué ventura! ¡No me odiáis,
cielos! ¡No me maldecís!
¿Es cierto lo que decís?
¿Cual otro tiempo me amáis,
o por lástima mentís?
1795
¡Padre de mi corazón,

(Abrazándole.)

os conozco a todos ya!
¡Rey querido! Fiel Dunois,
de mi patria enseñas son.

(Mirando las banderas.)

Pero y la mía..., ¿do está?
1800
REY
Hoy tus cadenas romper.

(Tomándola de las manos de un soldado, que se la presenta a una señal suya.)

y volvértela quería.
JUANA
Tú me ayudaste a vencer,

(Con la bandera en la mano.)

dulce amiga; ven a ser
paño de mi tumba fría.
1805
¡Adiós, padre! ¡Adiós, señor!

(Abrazándolos.)

¡Adiós, bella patria mía,
adiós! ¡Venturoso día!
¡Pasajero es el dolor!

(Después de una pausa.)

¡Ay! Eterna la alegría.
1810

(Expira.)

(El REY coge la bandera, que se ha caído de las manos de JUANA, y cubre con ella su cuerpo; todos los que llevan estandartes le imitan. THIBAUT cae de rodillas, y todos los demás personajes manifiestan el mayor dolor.)

NOTA. -La bandera de Juana debe ser blanca, rodeada de un bordado de púrpura, y dos veces y media más larga que ancha, abierta hasta poco menos de la mitad, de donde salen dos puntas sesgadas hasta los extremos. En su centro se ve la imagen de la Virgen, estrechando al niño Jesús en sus brazos.

OTRA. -El papel del gran Canciller se confiará al que ejecute el de Duchatel, siempre que no se cuente con un actor que pueda desempeñarlo dignamente.