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M.ª Rosa LIDA de MALKIEL, Juan de Mena, poeta del prerrenacimiento español, México, El Colegio de México, 1950; F. LÁZARO CARRETER, «La poética del arte mayor castellano», en Studia Hispanica in Honorem R. Lapesa, I, Madrid, Gredos, 1972, pp. 343-76.
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Las composiciones amorosas recogidas en el Cancionero general son las que comienzan: «Más clara que non la luna», «El sol clarecía los montes acayos» (también llamada Claroescuro), «Ya dolor del dolorido», «Presumir de vos loar», «Guay de aquel hombre que mira», «¡O raviosas tentaciones!», «Ya non sufre mi cuidado», «Cuidar me faze cuidado», «La lumbre se recogía», «Por ver que siempre buscáis». Sobre los textos y sus variantes, así como en general sobre la poesía amorosa de Mena, véase nuestro estudio y edición, Juan de Mena, Obra lírica, Madrid, Alhambra, 1979.
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Considérense, por ejemplo, estos versos de una esparsa del bachiller de la Torre, con ágil uso de la antítesis y del concepto:
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| (fol. 83r.) | ||
o estos otros de Guevara, ciertamente mejor en la inspiración que en la ejecución:
| (fol. 104r.) | ||
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Es la célebre canción de Florencia Pinar, nuestra principal poetisa de la Edad Media. Se le atribuyen una decena de poemas, todos de carácter amoroso. Éste es el más conocido. Lo ha transmitido el Cancionero general con la rúbrica «Otra canción de la misma señora a unas perdizes que le embiaron bivas»
. Esa rúbrica nos aclara de qué aves se trata, puesto que no lo dice el poema, que alude a ellas con un juego de palabras: «sus nombres [perdices] mi vida son, / que va perdiendo alegría»
. Esta imagen animalística que compara el cautiverio de la perdiz con la pasión de la dama, encierra seguramente, como ha sido interpretado, una fuerte carga erótica y sexual, dado que en el bestiario medieval la perdiz es símbolo de la lascivia y del deseo carnal.
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Es una canción transmitida por el Cancionero general, 126v., «Otra de Lope de Sosa»:
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Puede verse M. Á. PÉREZ PRIEGO, «Sobre la transmisión y recepción de la poesía de Santillana: el caso de las serranillas y los sonetos», en Homenaje al profesor F. López Estrada, Dicenda, 6 (1897, aunque, 1990), pp. 189-197.