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1

«A mezza strada tra Proemio di Santillana e lo "scrutinio" della biblioteca di don Chiciotte, Valdés si allontana dal farraginoso entusiasmo, di neofita dell'umanesimo, del primo (che preferisce il metro alia "soluta prosa" e ripudia i romances secondo un criterio lingüístico opposto a quello di Valdés) per avvicinarsi al secondo in un comune atteggiamento tra sentimentale e razionale e in un comune criterio di buon senso e moderazione» (Lore Terracini, «La sostanza del Diálogo de la lengua», en Lingua come problema nella letteratura spagnola del Cinquecento, Turín, Stampatori, 1979, p. 27).

 

2

Todas las citas textuales del Diálogo de la lengua se hacen por la edición de Cristina Barbolani, Madrid, Cátedra, 1990 (4.ª).

 

3

Es el primer verso de la célebre cantiga de Juan Rodríguez del Padrón (según el Cancionero de Baena y el Pequeño Cancionero), compuesta «cuando se fue a meter fraire, en despedimiento de su señora»:


«Bive leda, si podrás,
e non penes atendiendo,
que segund peno partiendo,
non espero que jamás
te veré nin me verás [...]».



A la cantiga parece que respondió la reina doña Juana (la segunda esposa de Enrique IV, o tal vez sería, conforme a la leyenda, doña María, esposa de Juan II). Según la leyenda, Juan Rodríguez tuvo amores reales.

 

4

«Acostúmbrase en Castilla que los grandes señores que quieren tener parte en las cibdades principales, que son el rey, procuren tener salariados, de los cavalleros que biven en ellas, los más principales y valerosos, de los quales se sirven assí en las cosas que ocurren en las cibdades donde biven como en acompañarse dellos quando sus personas van a la guerra y quando van por alguna cosa señalada a la corte, dexándolos estar todo el otro tiempo en sus casas, y a lo que dan a estos tales llaman acostamiento» (Diálogo de la lengua, ed. cit., pp. 227-28).

 

5

Copla mal identificada normalmente por los editores. Pertenece en realidad a una canción tradicional (catalogada por Margit Frenk, Corpus de la antigua lírica popular hispánica. Siglos XV al XVII, Madrid, Castalia, 1987, núm. 1752), que gozó de bastante difusión en el siglo XVI, a pesar de que el propio Valdés asegura no conocerla: «Vos sabéis más de las cosas españolas que yo; nunca avía oído essa copla, y de veras que me contenta mucho en su arte» (p. 201). Se halla recogida en el Cancionero de galanes, h. 1530, ed. M. Frenk, Valencia, 1952, p. 73; en un pliego poético citado por A. Rodríguez-Moñino en su Diccionario bibliográfico de pliegos sueltos poéticos (siglo XVI), Madrid, Castalia, 1970, núm. 14; en el Libro de la vida y costumbres de don Antonio Enríquez de Guzmán, ed. H. Keniston, Madrid, Rivadeneira (BAE, 126), 1960, p. 284b; y en un villancico de Juan Fernández de Heredia, en sus Obras así temporales como espirituales, Valencia, 1562, ed. R. Ferreres, Madrid, Espasa-Calpe, 1955, pp. 114-115 («La dama que dinero prende, / quítala dende. / Dama que prende dinero, / ni me quiera ni la quiero, / que es carne que el carnicero / me la pesa y me la vende: / quítala dende»).

 

6

Como ya advirtió José F. Montesinos, en nota correspondiente de su edición, la anécdota y la copla se citan en la Miscelánea de Luis Zapata, quien la atribuye, según fama, al comendador de la Magdalena, en Salamanca, «que iba con él no sé qué señor flaquísimo en extremo», siendo él «muy áspero y muy desabrido, como res flaca, uno le hizo estas dos coplas».

 

7

Antonio de Velasco es un poeta de los llamados del Cancionero General (aunque también tiene sus poemas en el ms. 617), de fines del XV y p. del XVI, en cualquier caso. Poeta ingenioso, mundano, mordaz, cortesano. Para las damas de la reina escribió un juego famoso, el de «Toma, vivo te lo do». El presente poema se halla recogido en el Cancionero de Palacio (ms. 617), 225v., bajo la rúbrica «De don Antonio de Velasco a don Bernardino Manrique, el Goloso, porque le pidió ostias». A Menéndez Pelayo, Antología de líricos, III, p. 157, no le entusiasmaba mucho la ingeniosa explicación de Valdés: «No sé si todos serán del mismo parecer que Juan de Valdés en lo tocante al chiste de la copla de D. Antonio. A mí me parece un juego insulso de palabras, y me admira que el severo reformista de Cuenca, tan descontentadizo por lo común en sus juicios literarios, se pasase aquí de benévolo». Diga lo que diga don Marcelino, hay que reconocer ingenio a la copla de Velasco y precisión y acierto a la explicación de Valdés.

 

8

Es una copla perteneciente a un poema más extenso, que también se halla en el Cancionero de Palacio, 224v.-25r., con la rúbrica: «Coplas del mismo [don Antonio de Velasco] a muchos cavalleros de la corte porque ivan a jugar a la pelota a casa de Antonio Sarmiento, donde él y otros andavan enamorados», y comienza: «El rei manda que no jueguen / a la pelota de viento / en las cassas de Sarmiento...». Nuestra copla ocupa los vv. 39-45 y presenta variantes superiores, que aclaran y hacen más inteligible el texto de Valdés:


«Don Diego de Bovadilla
no es maravilla que pierda:
siendo su amiga la cuerda
ganar sería maravilla.
Él sabe tan bien servilla
y saca con tan buen tiento
que está seguro Sarmiento».


 

9

Pertenece al mismo poema que la anterior, vv. 81-87. Ha resultado incomprensible para los editores modernos de Valdés (Usoz, Montesinos, Barbolani, etc.). Pero el texto valdesiano está deturpado y hay que corregirlo conforme al citado Cancionero de Palacio:


«El de la Cueva, a mi ver,
allí no ganará nada:
si no es falta de tomada,
serlo a de no saber.
Vérnosle tantas hazer
que de ver que son sin cuento
ya no va a cas de Sarmiento».


 

10

Es la primera copla del epitafio del conde don Pedro de Ansúrez. Se conserva en el Cancionero de Pero Guillén de Segovia, 540r., atribuida a Romero canónigo de Valladolid: «Coplas que fizo Romero canónigo de Valladolid para la sepultura del conde Dn. Pedro Anzúrez». También en el Cancionero de Palacio, 617, 214r.: «Letra que está en la sepoltura del conde don Perancúrez, en la yglessia mayor de Valladolid», con las siguientes variantes: vv. 9-10: «tubo siempre el brazo quedo / al foradar de la mano».