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21

Con todo, hemos de tener en cuenta que existía una serie de rasgos comunes que aproximó en la práctica a ambos grupos, hasta el punto de perfilar una «clase decente» -como subraya Jitrik- cuyos integrantes fueron alternativamente federales o unitarios, rosistas y antirrosistas.

 

22

Para profundizar en este aspecto recomiendo el estudio de Sergio Bagú, El plan económico del grupo rivadaviano, Rosario, Facultad Filosofía y Letras, 1966.

 

23

La drástica dependencia de Argentina respecto de la economía británica ha sido estudiada por Rodolfo Fitte, en su Historia de un empréstito, Buenos Aires, Emecé, 1962. Este libro analiza las turbias gestiones que se llevaron a cabo en el empréstito Baring Brothers y las funestas consecuencias que supuso para la economía argentina.

 

24

Parece ocioso recordar la autoridad moral que ejerció este profesor en la generación de Echeverría. Elogios de Alberdi, Gutiérrez, Mármol, Sarmiento, lo avalan. Este último todavía en el Facundo (capítulo XIV) lo respeta como depositario del honor de la Sala de Representantes.

 

25

Para una somera e inicial aproximación al «Socialismo Utópico», véase el capítulo IV del libro de Jacques Droz, Europa: Restauración y Revolución 1815-1848, México, Madrid, Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 1974, titulado «Socialismo y movimiento obrero».

 

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Lo que ya no está tan claro es si Echeverría conoció las ideas de Leroux antes de volver a su patria -como insinúa Jitrik-, o si fue en Argentina donde, a instancias de Alberdi, se adhirió a la creencia saint-simoniana. Los textos del propio Alberdi resultan un tanto contradictorios: por un lado afirma «Yo les hice admitir en parte, a Echeverría y Gutiérrez las doctrinas de la Revista Enciclopédica, en lo que más tarde llamaron el «Dogma Socialista»; y por otro, que Echeverría «hizo conocer en Buenos Aires, la Revista Enciclopédica, publicada por Carnot y Leroux, es decir, el espíritu social de la revolución de julio». Raúl A. Orgaz niega cualquier tipo de influencia «saint-simoniana» en Echeverría durante su estancia parisina, pero tampoco aporta datos concluyentes: Sociología argentina, Córdoba, Talleres Gráficos de la Editorial Assandri, 1950, pp. 135-137.

 

27

Caillet-Bois, cit., p. 98.

 

28

Bouilly, Víctor, «En el archivo de los López. Aspectos de una correspondencia entre padre e hijo», en BAAL, XXXVI, 1971, pp. 323-343. Interesa este artículo para observar, de una parte, la fuerte sincronización entre la ideología francesa y la ideología argentina, y de otra, para subrayar, una vez más, que las bases educativas de los proscritos estaban sentadas en el pensamiento rivadaviano; es decir, que la generación de Echeverría en el fondo no hizo sino continuar una costumbre inaugurada por la política ilustrada del gobierno Rivadavia.

 

29

Para este punto es básico el estudio de Víctor Bouilly, Le Romantisme argentin et ses sources françaises (These Université París IV, Lettres, 1971). También del mismo autor, «L'option romantique au Rio de la Plata», en Revue de Littérature Comparée, n.º 1 (janvier-mars, 1978), pp. 5-22.

 

30

Rafael Alberto Arrieta nos ofrece una clara y apretada exposición del ánimo de la Generación de 1830, en su op. cit., pp. 64-79.