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Tomás Navarro Tomás (Métrica española, Madrid, Guadarrama, 1973, p. 474) destaca la particularidad de los poemas en liras de Leopoldo de Luis ya que en el siglo XX no habían sido prácticamente usadas, salvo en algún ejemplo de la generación del 27, como la Fábula de Equis y Zeda, de Gerardo Diego.
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Formaba parte de una peculiar publicación exquisitamente editada sin coser por Juan Ramón Masoliver y Fernando Gutiérrez, que se titulaba «Entregas de Poesía». El n.º 23 incluía seis colaboraciones amplias (en este caso merece la pena destacar también Fragmentos de un poema a España, de Eugenio de Nora). Creo que dos motivos explican la desaparición de Laurel incluso de los volúmenes de la Obra poética: desde luego que le pareciera al autor un libro primerizo (del mismo modo que prescindió de los Sonetos de Ulises y Calipso), pero no descarto, puesto que le ayudé a preparar las poesías completas, que se olvidase de su existencia, dado que el tamaño de «Entregas de Poesía» obligó siempre a situarlo en un estante distinto del de sus demás libros.
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No se publicó hasta 1980 (Madrid, Ayuso), precisamente con prólogo de Leopoldo de Luis. Además de este libro y de Noticia de mí, ya citado, otros libros de José Luis Gallego fueron Cinco poemas (Madrid, Ágora, 1953), Prometeo XX (Barcelona, El Bardo, 1969) y Prometeo XX y Prometeo liberado (Madrid, Orígenes, 1983).
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Leopoldo hizo dos viajes a París a principios de los años cincuenta (uno de ellos, al menos, junto a Gabriel Celaya) para reunirse con políticos del exilio. De uno de esos viajes trajo la reproducción de Manet. Hacia 1954, ante la permanencia de José Luis Gallego en prisión y tras la muerte de su padre, lo que le dejaba como único hombre adulto de la familia (compuesta por su madre, su hermana, su mujer, su sobrina y su hijo), decidió interrumpir la actividad política directa, ante la petición de su mujer.
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Leopoldo de Luis nunca quiso publicar íntegros esos libros. Entendía que los libros, como los actos, cargan con su propio avatar histórico y que recogerlos modificados respondería a una impudicia y a la presunción de haber sido tan importante que la sociedad lo consideraba peligroso. De la misma forma, no solía hablar de actividades personales durante la guerra porque, decía, no hubo en ello mérito alguno, sino que fue una cruel experiencia que sufrieron todos los jóvenes de la generación.
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Uno de los jurados, queriendo congraciarse, le escribió una carta que demostraba que ni siquiera lo había leído, pues pensaba que estaba dedicado «a nuestro primer coliseo». Es verdad que la metáfora de la vida como teatro sustenta el libro, pero es el teatro de la realidad, no el madrileño teatro de ópera.
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Gabriel Celaya, Poesías completas, vol. I, Madrid, Visor, 2001, p. 862.
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Poesía social española contemporánea. Antología (1939-1968), edición de Fanny Rubio y Jorge Urrutia, Madrid, Biblioteca Nueva, 2000. La primera edición es de Madrid, Alfaguara, 1965. La segunda de 1968. Hay una tercera, Madrid, Júcar, 1981.
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El poeta será el llamador, como queda claro en el poema que da título a El viejo llamador (1996).
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El Premio Internacional «Miguel Hernández» de la Comunidad de Valencia, el Premio de Valores Humanos «León Felipe», el Premio «Atlántida» del festival poético de Las Palmas, dos años más tarde el Premio de las Letras «Teresa de Ávila».