Interviu monumental
Ricardo Gullón
Obedeciendo órdenes de nuestro Director, me dirigí ayer tarde a la plaza del Obispo Alcolea a fin de interviuvar al león sito en dicha plaza.
Llegué y le pasé mi tarjeta por un elegante lacayo, cojo y bigotudo por más señas, con aspecto de utensilio de cocina y al momento fui amablemente recibido por el simbólico animalejo.
Y ahora lector amigo transcribo sin quitar punto ni coma sus declaraciones.
¿[...]?
Disgustado, muy disgustado, a causa del poco respeto con que me tratan en todo el pueblo.
¿[...]?
¡No me hable V. de los ediles! Nuestro Concejo que ha permitido incluso poner delante de mi respetable y glorioso cuerpo, estos mamotretos cubiertos de alambres que me quitan las buenas vistas de que antes disfrutaba, especialmente a la hora de llegada del correo, está fastidiándome todo lo que puede, ¡Yo que represento aquí a España cubierta de gloria, estoy actualmente por la desidia de nuestros concejales, cubierto de polvo!
¿[...]?
Ya lo creo, pasaban y pasa cada chica por la acera de la bajada de la estación, de esas que quitan el hipo.
¿[...]?
Sí señor, leí LA SAETA; en cuanto la oí pregonar mandé al águila que fuera en un vuelo a comprarla, y luego la leímos en familia.
¿[...]?
Cansadísimo, amigo Sansón, no puede V. figurarse lo pesado que resulta ser monumento y estar quince años en la misma postura.
¿[...]?
Ciertamente que no estamos siempre en la misma postura, porque todas noches el águila o yo nos vamos de occultis a dar unas vueltas por la ciudad y a veces vemos algunas cosas la mar de curiosas.
¿[...]?
Sin ir más lejos, el martes a las once y media de la noche, vi en la travesía de Torrecillas a un grave y sesudo concejal bajarse los pantalones con no muy católicos fines.
¿[...]?
¡Histórico! Sí señor, pero me está vedado decir su nombre, mucho más a un indiscreto periodista que sería capaz de ponerlo en LA SAETA.
¿[...]?
En fin, puesto que tiene V. tanto interés en decirlo a sus lectores, vuelva el martes de la semana próxima y le diré el nombre del citado edil.
Y ahora, lector amigo, ya sabes que sabrás en la próxima Tecla el nombre de quien osó cometer tamaño desafuero, siendo el primer obligado a velar por la ciudad... y su buen olor.
Sansón Carrasco.