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Montesquieu: Espíritu de las leyes, lib. XXIV, cap. II. Dice en este capítulo el mismo filósofo, «que si la religión no fuese necesaria para los súbditos, porque al fin a estos se los podría amedrentar con el terror de las penas, sería indispensable para los príncipes, los cuales, sobreponiéndose a las leyes y sanciones penales, carecerían de todo otro freno».

 

182

Breve de Pío VI al cardenal de la Roche-Foucault y a otros obispos franceses, y bula Auctorem fidei (Colección eclesiástica española, notas 1.ª y 17 de monseñor Nuncio).

 

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Cavalario, después de reconocer la distinción establecida por Jesucristo entre el sacerdocio y el imperio, y de refutar el sistema de los protestantes, dice, poco consiguiente consigo mismo, que los príncipes, como cabezas del cuerpo político, pueden establecer leyes que, dirigidas a los legos y bienes temporales, constituyan la disciplina eclesiástica, poniendo enseguida como ejemplo una ley de Constantino que prohíbe ordenar a los curiales. Pero esta ley no prueba nada en favor de su teoría; el emperador estuvo en su derecho; la Iglesia no pudo menos de reconocerlo, sin que por tal disposición pueda deducirse que estableció leyes acerca de la disciplina, y mucho menos inferir de semejante hecho que, puesto que la Iglesia nació en el Estado y no el Estado en la Iglesia, pueden los príncipes dar disposiciones acerca de la disciplina externa que no pertenece a los ritos sagrados.

 

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La etimología de la palabra clérigos viene de la voz griega kleros, que significa suerte, pero acerca de su aplicación no están muy de acuerdo los escritores. Se llamaba kleros la parte que en la distribución de los campos de conquista se daba a los militares, y también la parte de herencia que correspondía a los herederos, porque una y otra se adjudicaba por suerte, según Pedro de Marca, Dissert. de discrimine clericorum et laicorum, cap. 5.º Dicen unos, como San Agustín, que habiendo sido elegido por suerte el apóstol San Matías, et cecidit sors super Mathiam, como se refiera en los Actos apostólicos, cap. I, v. 26, que por eso se llaman clérigos los que han sido escogidos para el ministerio sagrado. San Jerónimo, por el contrario, es de opinión que el llamar clérigos a los ministros del altar es porque son la suerte del Señor, es decir, su parte o herencia, o porque el mismo Señor es la suerte o parte de los clérigos, como sucedió entre los sacerdotes y levitas de la antigua ley, que no tuvieron suerte o herencia en la distribución de la tierra de Canaán, y su suerte o kleros consistió en los diezmos y primicias que daban a Dios las demás tribus, y que por la ley se destinaron a los sacerdotes.

 

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La palabra legos también viene de otra griega laos, que significa pueblo, porque los legos constituyen el pueblo o multitud de creyentes, o lo que es lo mismo, que llevan vida privada en la Iglesia, sin ningún oficio ni cargo público.

El historiador Eusebio divide los cristianos en prefectos, fieles y catecúmenos, y San Jerónimo hace una clasificación todavía más detallada, a saber: obispos, presbíteros, diáconos, fieles y catecúmenos; pero como es fácil observar, estas calificaciones están comprendidas en la denominación fundamental de clérigos y legos. La división en esclavos y hombres libres no tiene lugar en el Derecho Canónico, porque, como hemos dicho en el capítulo segundo, en el seno de la Iglesia no hay categorías, y todos participan igualmente de los derechos espirituales de la comunión cristiana. Las otras clasificaciones que suelen hacer los autores de justos y pecadores, seculares y ascetas tampoco tienen la presente aplicación a nuestro objeto, que es tratar de la organización de la Iglesia.

 

186

Attendite vobis et universo gregi, in quo vos Spiritus Sanctus posuit Episcopos regere ecclesiam Dei, quam adquisivit sanguine suo. Hechos de los apóstoles, cap. XX, v. 28.

 

187

Amen dico vobis quaecumque alligaveritis super terram erunt ligata et in coeliss, et quaecumque solveritis super terram erunt soluta et in coelis. Evangelio de San Mateo, cap. XVIII, v. 18.

 

188

Quod si quis non obedit verbo nostro per epistolam, hunc notate, et ne commisceamini cum illo. Thes., 2, cap. III, v. 14. Qui vos audit, me audit, et qui vos spernit, me spernit. Qui autem me spernit, spernit eum, qui missit me. Evag. de San Lucas, cap. XVI, v. 16. La palabra oír es equivalente de obedecer. Cum autem pertransiret civitates (San Pablo y su discípulo Timoteo) tradebant eis custodire dogmata, quae erant decreta ab Apostolis et senioribus; quae erant Jerosolymis. Hechos de los apóstoles, cap. XVI, v. 4.

 

189

Ex quibus est Himeneus et Alexander; quos tradidi Satanae; ut discant non blasphemare. Timot., 1.º, cap I, v. 20. El incestuoso de Corinto fue también separado por San Pablo de la comunión de la Iglesia. 1.ª ad Corint, cap. V, v. 5.

 

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Si quis dixerit in Ecclesia catholica non esse hierarchiam divina ordinatione institutam, quae constat ex Episcopis, presbiteris et mini stris anathema sit. Cone. Trid., ses. 23, can. 6.º, de Sacram ordinis.

La palabra jerarquía está compuesta de otras dos griegas que significan santo principado, la cual fue adoptada por los padres del concilio de Trento para condenar los errores de los protestantes, que no sólo impugnaban la jerarquía personal del Derecho Divino, sino también la jerarquía de potestad. Decían, en cuanto a la primera, que no hay distinción por Derecho Divino entre los obispos y los presbíteros; y en cuanto a la segunda, que la Iglesia no tiene más potestad que la de predicar y administrar los sacramentos, despojándola del imperio espiritual y sagrado para todo lo perteneciente a su régimen y gobierno. Por eso los protestantes llevaron a mal que se adoptase esta palabra tan significativa de poder y potestad, la cual, aunque era nueva en el Derecho Canónico, expresa, no obstante, lo mismo que otras de que habían usado la Iglesia, los Santos Padres y escritores eclesiásticos.