11
Véase, además de la obra de Lejeune del mismo nombre ya citada, Elizabeth W. Bruss, «L'autobiographie considérée comme acte littéraire», Poétique 17 (1974), pp. 14-26. Traduzco de dicho artículo: «En rigor no se puede decir que exista un "contrato autobiográfico" entre un escritor del siglo dieciocho y un lector del siglo veinte, dado que tal escritor sería incapaz de predecir la manera en que un lector futuro concebiría la literatura o el mundo»
.
12
Jorge Luis Borges, «Las versiones homéricas», en Discusión, Buenos Aires, Emecé, 1964, p. 105.
13
Ibid.
14
Sobre la función valorizadora del linaje en Recuerdos de provincia, ver el texto ya citado de Altamirano y Sarlo y también a Tulio Halperín Donghi, «Sarmiento: su lugar en la sociedad argentina post-revolucionaria», Sur, 341, julio-diciembre 1977, pp. 121-135.
15
Domingo Faustino Sarmiento, Cartas de Sarmiento a la Señora María Mann. Publicación de la Academia Argentina de Letras, Buenos Aires: Imprenta de la Universidad, 1936, p. 160.
16
En las cartas que escribe a su traductora (cf. nota 15) entre 1866 y 1868, la preocupación de Sarmiento por la imagen que de él está componiendo otro es constante, como lo es su afán de controlar la redacción de la obra. Envía a Mrs. Mann apuntes, textos, datos. Le recomienda «hacerla completa en lo que respeta a educación»
(p. 151). Se inquieta (sabe de lo que habla) de los peligros de la contaminación entre biógrafo y sujeto: «ya me estoi envaneciendo de verme retratado por V. temo que se retrate V. misma. No importa»
(p. 156). Acepta benévolamente (de nuevo porque la experiencia no le es ajena) la inclusión del detalle pintoresco y simpático: «que entre / sic / pues la Toribia i Ña Cleme en la biografía pues V. se ha enamorado de ellas»
(p. 179). Controla el criterio de su biógrafa: «No tengo objeción política alguna a que se introduzcan algunos detalles más sobre mis primeros años, i Benavides pero insisto en creerlos de poca importancia aquí, i alla menos hoi. Obre con prudencia y haga lo que le parezca. Ese rasgo de mi familia, es de poco valor»
(p. 180). Se opone a que se hable de su anticlericalismo: «No conviene tocar esa cuestión»
(p. 163). Por fin recomienda, con orgullo pueril, que se mencione su flamante doctorado honoris causa de la Universidad de Michigan como toque final de la biografía: «pondría V. el sello a su obra»
(p. 191).
17
Op. cit., p. 166.
18
Y que me propongo analizar en otra ocasión, estudiando los mecanismos de un texto que más que contar «descuenta»
, escamotea al yo personaje tras pliegues narrativos clave del relato.