V. nota 7. V. también JOAQUÍN CASALDUERO, op. cit., p. 223.
El gesto, pues, trasciende en mucho el simple «rito de reconciliación» de que habla Nigel Glendinnig (op. cit., p. 15).
Desenlace feliz debido, no a la renuncia bondadosa y melancólica de Diego por amor al sobrino -como generalmente sostiene la crítica-, sino a esta gozosa clarificación mental y toma de conciencia.
Muchos críticos, siguiendo el parecer de Azorín, ven en esta pieza «nuestra primera obra romántica» (AZORÍN, «El sí de las niñas», en ABC, 11 de febrero de 1957). Así JULIÁN MARÍAS: «con él empieza históricamente la época romántica» (España y Europa..., op. cit., p. 7), JOSÉ MONTERO PADILLA, L. F. de M.: la vida..., op. cit., p. 189. ENRIQUE MORENO BÁEZ habla de «fusión de lo prerromántico y lo neoclásico, o dicho de otro modo, del tratamiento neoclásico del tema romántico del derecho de las muchachas a elegir marido» (op. cit., p. 466).
Cfr. E. MORENO BÁEZ, ibíd., p. 469 y LUIS SÁNCHEZ AGESTA, «Moratín y el pensamiento político del despotismo ilustrado», en Revista de la Universidad de Madrid, Madrid, IX, n. 35, 1960, p. 577, que corroboran mi opinión. Según ello, no sorprende que M. quisiera que sus comedias trataran la «clase media» (L. F. DE MORATÍN, Discurso preliminar..., op. cit., pp. 321-322) y no «fábulas y problemas [...] sublimes, horribles, maravillosos ni bajos» (F. LÁZARO CARRETER, Moratín en su teatro..., op. cit., p. 16). V. también JOSÉ A. MARAVALL, «Del despotismo ilustrado a una ideología de clases medias: Moratín», en Actas del Coloquio Internacional sobre Moratín, Bolonia, 1978.
Para la función estamental del ejército en la época, «reclutado casi por entero dentro de la nueva clase media», V. ANTONIO DOMÍNGUEZ ORTIZ, op. cit., pp. 622 y ss.
Difiero, por lo que a la interpretación de los criados se refiere, de la crítica en general. Cfr. CHARLES V. AUBRUN, op. cit., p. 34 y MANCINI, op. cit., pp. 292-294.
Independientemente de las opiniones de M. acerca de las clases sociales inferiores, de esta obra se desprende la creencia en una aristocracia intelectual proveniente de cualquier estamento, concepción, por otra parte, perfectamente concorde con las ideas y el sentir de los iluministas europeos. El «vulgo», o «pobre hombre», de que M. habla en la escena primera del acto III («Di que has dormido como un pobre hombre, que no tiene ni dinero, ni ambición, ni pesadumbres, ni remordimientos», p. 235), no coincide necesariamente con la clase económicamente más baja. Además, principal preocupación de los ilustrados fue rescatar de la manipulación del poder a aquellas fajas de la sociedad que, por ser más incultas, se hallaban mayormente expuestas a ella.
Que yo sepa, la crítica no ha señalado este aspecto. V. aún la opinión de RENÉ ANDIOC: «Lo que se critica en el casamiento desigual, no es la desigualdad como tal, sino la opresión ejercida sobre uno de los contrayentes» (L. F. de Moratín, El sí..., op. cit., p. 157). Cfr. también JOHN DOWLING, op. cit., p. 103.
Los comentaristas suelen ver en Irene lo que Berra llama «protesta contro il dispotismo dei genitori in materia di matrimonio delle figlie» (L. FERNÁNDEZ DE MORATÍN, Il «si» delle ragazze, a cura di Camillo Berra, Turín, UTET, 1944, p. 35).