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Con estas palabras comienza la dedicatoria del Cancionero de todas las obras de Juan del Enzina (Salamanca, 1496) del que hay una edición facsímile (Encina, 1928), que se basa en dos ejemplares incompletos de la princeps. Todas las citas contenidas en el presente trabajo, en cambio, vienen de la edición de las Obras completas a cargo de Rambaldo (Encina, 1978), que recoge el texto en facsímile y las obras encinianas publicadas posteriormente.
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Además del clásico trabajo de Beardsley (1970), imprescindible punto de partida, hay algunos artículos recientes que se centran en este mismo argumento: Carrera de la Red (2004), al detallar cuestiones como la presencia del prólogo, su contenido y la identidad de los traductores, informa del propósito de los traductores de contagiar a los súbditos con el espíritu guerrero del que estaban poseídos los soberanos; y Martín Abad (2004), recordando que desde 1480 los libros estaban libres de impuestos, concluye que los Reyes Católicos, tenían conciencia de su utilidad pública. Cf. también Coroleu (2004) sobre el papel de la imprenta. El trasfondo metodológico de estos artículos responde a lo expuesto por Lefevere (1992), quien afirma que hay que utilizar términos como ideología y mecenazgo para adentrarse en los vericuetos del poder y en sus relaciones con la producción cultural, de la que la traducción forma parte. Por otra parte, ya Meregalli (1964: 128) subrayaba que Lope de Ayala, en el proemio de su traducción, hace el elogio del poder educativo de las historias, y añade que el Rey le encargó la traducción para educar a los jóvenes caballeros.
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La cuestión de las interpretaciones medievales al texto de Virgilio es relevante para el tema que nos ocupa ya que su influencia se extiende más allá de los límites de la Edad Media e informa la tradición bucólica (no sólo española, sino además la italiana coeva) en lo sustancial, o sea la presencia de la alegoría, hasta el punto de que el disfraz pastoril ha llegado a ser parte integrante del género. En lo referente a la interpretación de Virgilio, fue estudiada hace ya más de un siglo y últimamente ha despertado un menor interés. Es imprescindible, a pesar de su antigüedad, la aportación de Comparetti (1872); consúltense también Menéndez Pidal (1932); Blecua (1985); Dolç (1986) y Moralejo (1985).
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Para la definición del concepto de adaptación y otras nociones del ámbito traductológico utilizadas aquí, se remite a Hurtado Albir (2001), que contiene además un glosario final. En cuanto a la cuestión de la labor enciniana en relación con las traducciones coevas, la magnitud del asunto trasciende los límites de estas pocas páginas, dada la ingente bibliografía sobre la traducción en la Edad Media.
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Reflejo quizá del problema que afectó al mismo Virgilio cuando las legiones de Roma conquistaron los territorios en los que se encontraban sus posesiones con el consiguiente despojo de estas. Detalles sobre esta cuestión y otras con ella relacionadas (entre las cuales la cronología de redacción de las églogas) se pueden encontrar en las páginas introductivas a la edición del poema en Saint-Denis (19875). De esta edición proceden también las citas textuales en el presente trabajo.
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Y de la misma hay rastro bien evidente en Prescott (1855) quien, contrariamente a buena parte de la historiografía actual, sigue la versión de las crónicas.
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Encina hace hincapié en ello, al añadir un título antes de las cinco estrofas que contienen el apóstrofe y constituyen la amplificatio («Týtiro al rey»). Las primeras dos estrofas en particular no tienen alguna relación con el texto de Virgilio y funcionan, en cierto modo, como un aparte teatral: «Maravillado me siento / ¡o gran rey! qué cosa fuesse/ passarme por pensamiento / de tener atrevimiento / que en tus hechos yo escriviesse; / tu justicia / a todos pone codicia / que en loarte nadie cesse. // En tu virtud trasportado / me parava yo a pensar / que estarías enojado / en verme tan descuydado / no escrevir de tu reynar / y aun asmava / que tu gloria me llamava / que la aprendiesse a contar»
(vv. 137-152).
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Este concepto, inicialmente planteado por Venuti (1995) para traducciones actuales, es -junto con sus implicaciones- de gran utilidad para estudiar la traducción enciniana en sus detalles.
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No es este el lugar para adentrarse en una cuestión tan tratada por la crítica como la rusticidad, que involucra diversos aspectos y diferentes perspectivas. Sobre la comicidad, cf. Lobato (1989).
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En realidad, el sentimiento mismo se modifica en la traducción, pasando del dolebas original a una envidia feroz: eso se puede motivar con la voluntad de extremar negativamente la personalidad de los contendientes.