Mío el subrayado, como en todas las citas que se hagan en adelante, a no ser que se apunte lo contrario.
En Barcelona, según el Diario de Madrid, fue llevado el enviado varias veces a la ópera y se dieron frecuentes conciertos en honor a su venida (¿serán estos los «saraos» a que se refiere Fátima?); el único «coche» de que se trata es el del Capitán General de Valencia que sirvió para los desplazamientos del Turco en la ciudad del Turia.
El enviado, de 45 años de edad, era «de estatura bastante alta, grueso, algo trigueño, muy cerrado de barba, de genio afable y de semblante y porte respetable»; no tenía tres mujeres escasas, sino... ¡cuarenta! (Diario de Madrid, 12 sept. 87). La afición del bello sexo al exótico cuarentón no es mera ficción, pues si el Diario evoca varias veces al «innumerable pueblo» y a la «Oficialidad y Nobleza» que concurrieron a ver a Achmet Vasif (el cual por su parte «de día y de noche no se ha negado a todos quantos han querido verle», comiendo incluso en público y dejándose visitar por los meros curiosos), también refiere que «muchas Señoras» asistieron a los festejos de Barcelona, y que el recién llegado las quiso ver él también desde más cerca, mandando que se arrimase a la valla el palco portátil de cuatro ruedas en que andaba; en Valencia, de regreso a su domicilio, encontró en él a varias señoras que le estaban aguardando, obsequiándolas con música turca, y el día de su salida para la Corte, «estuvo lleno su aloxamiento de gentes, especialmente de la Oficialidad y Nobleza de ambos sexos».
En cuanto a su barba, y a la virilidad que supone y de que carecen, por afeitarse, los españoles, según opina Ibrahim, interesa recordar que el 5 sept. 87 escribe un fingido corresponsal del Diario que «la gran desemejanza entre los antiguos forzudos habitadores de la tierra y los hombrecillos que ahora la ocupan, sobre todo en las partes más cultas de Europa, depende únicamente de la barba»... «Dexemos de rasurarnos -agrega- y veremos renacer los siglos de los Scanderberges» (sic). La misma relación entre la falta de la barba y la de la virilidad la establece aún en 1797 una tonadilla cantada por Joaquina Arreaga.
Nótese la generalización: «admiráis». En cuanto a los hombres «dictados de razón más clara», serán literalmente... «ilustrados».
Acto I. Ignacio López de Ayala habla en 1786 de «la máxima mahometana con que criamos [los españoles] a nuestras mujeres» (P. De Demerson, María Francisca de Sales Portocarrero, condesa del Montijo, M., Ed. Nac., 1971, p. 137).
M., 1790.
Nótese sin embargo que según Fátima se trata de «extremos de buena crianza», o sea de una actitud límite dentro del marco de la urbanidad.
B.N.M., ms. 20712-20786.
Ms. 20784, p. 61.
Véase el apéndice.