11
A. Hermenegildo, «Burla y parodia del discurso oficial en el teatro primitivo», Madrid, Fundamentos, 2005 y F. Cazal, «Del pastor bobo al gracioso», Criticón, 1994. La comida con uso teatral aparece en el Passo quinto de L. de Rueda, Pasos, Madrid, Castalia, 1992.
12
M. Bajtín, ob. cit., pp. 252-255 y A. Vian, Una aportación hispánica al teatro carnavalesco..., Viterbo, Centro di studi, 1990, pp. 127-128.
13
J. Encina, Teatro, Barcelona, Crítica, 2001, pp. 303-304.
14
J. L. Rodríguez, «Correr los gallos», Revista de folklore, 2013, p. 19.
15
Se creía que el gallo era el espíritu del cereal y que con su fuerza reproductora hacía crecer la mies, J. Frazer, La rama dorada, pp. 513-515.
16
C. Stern, «Juan del Encina’s Carnival Eclogues…», 1965, p. 187; A. Vian, ibid., p. 137
17
Hernández, ob. cit., s. v. antroido. Véase «androjar» o «antroidar» para los excesos alimenticios.
18
J. Ruiz, Libro de buen amor, Barcelona, Crítica, 2001, coplas 1.067-1.127. Para la tradición teatralizada de la batalla, Lecoy, Recherches sur le Libro de buen amor, 1974, pp. 246-247; y la relación con el ciclo popular carnavalesco F. Maurizi, Théâtre et tradition populaires, 1994, pp. 49-87.
19
Cuesta, «Banquete, batalla y disfraz…», 2010, pp. 60-61.
20
Covarrubias, ob. cit., «gallo». J. L. Rodríguez, ibid., recoge la tradición en Extremadura, pero en la Cantalapiedra salmantina todavía se corren los gallos y son consumidos por los quintos y sus familias en una comida colectiva. Los quintos también entonan el «Alegre son» mientras danzan alrededor del vino, del que beben a menudo. Véase C. Gaignebet, ibid., p. 92 y F. Barroso, «El carnaval jurdano», p. 52.