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Calvete de Estrella, Rebelión de Pizarro en el Perú y Vida de don Pedro Gasca (Libro cuarto, Capítulo nono, Tomo segundo, en la edición de Madrid de 1889). A la gobernación de los Quijos se le señalan veinte leguas de norte a sur, y doscientas de occidente a oriente. El mismo La Gasca le dio esta gobernación a Rodrigo Núñez de Bonilla.
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Paz Soldán, Diccionario geográfico del Perú.
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La ciudad de Baeza se llamó Baeza del Espíritu Santo de la Nueva Andalucía, en los Quijos: como se fundó el día de la Pascua de Pentecostés, por eso la llamaron del Espíritu Santo, y a la provincia de los Quijos le dieron el nombre de la Nueva Andalucía.
Gil Ramírez Dávalos era natural de la ciudad de Baeza en el reino de Jaén en España, hijodalgo y persona digna de consideración; fue a la fundación de Baeza con sólo treinta y nueve españoles, y después de Quito se le enviaron otros cuarenta más; los primeros pobladores de Baeza fueron, pues, setenta, casi todos extremeños, andaluces y castellanos. Rodrigo Núñez de Bonilla alegaba tener derecho a la gobernación de los Quijos, por haberla merecido en premio de los servicios hechos a la causa del Rey cuando la rebelión de Pizarro; la Audiencia de Lima reconoció el derecho de Bonilla a la gobernación de Quijos, pero le obligó a pagar a Ramírez Dávalos cinco mil pesos de oro, que éste había gastado en la fundación de Baeza. El escudo que Felipe segundo concedió a la ciudad de Baeza era una imagen de Nuestra Señora del Rosario, con dos indios arrodillados a sus pies, uno a cada lado, llevando sendos rosarios pendientes del cuello.
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Andrés Contero era teniente de Melchor Vázquez de Ávila, como lo hemos advertido en el texto, y Bartolomé María era subalterno de Contero. La ciudad de Alcalá del río se fundó el 14 de agosto de 1563, en medio del valle del Coca: este valle en la lengua de los indios se llamaba Maza, y el cacique principal era Taje. La ciudad de Alcalá se llamó también Alcalá de los Quijos, y San Pedro de Alcalá del río dorado. Bartolomé Marín era natural de Archidona en España: cuando entró a la provincia de los Quijos, estaba ocupado en reunir algunos soldados para acompañar a Pedro de Ursúa en su expedición al Marañón; y, como supiera que Ursúa había partido ya de Lima, se asoció a Andrés Contero para la expedición a los Quijos. La primera fundación de Archidona hecha por Bartolomé Marín se deshizo, a consecuencia de lo muy malsano del punto en que estaba fundada; y Juan Mosquera la trasladó al sitio llamado los Algodonales.
En cuanto a Gil Ramírez Dávalos, ha cometido un error grosero nuestro historiador el padre Juan de Velasco, asegurando que los Ramírez Dávalos eran dos, ambos hermanos, el uno llamado Gil y el otro Egidio: no hubo más que un solo Gil Ramírez Dávalos, y Gil y Egidio no son dos nombres distintos, sino un solo nombre, de un solo personaje. Véase lo que acerca de esto escribió un americanista tan autorizado y erudito como el señor don Marcos Jiménez de la Espada. Gil Ramírez de Ávalos o Dávalos (páginas 156 y 183):
El error estaba ya rectificado en esta nota, cuando salió a luz en Madrid el Volumen tercero de las Relaciones geográficas de Indias; pero el Tomo sexto de esta nuestra Historia General de la República del Ecuador aún no se había dado a la estampa.
Rodrigo Núñez de Bonilla fue tesorero del ejército en la conquista de Quito: tuvo muy pingües repartimientos en diversas provincias, cayó prisionero en la batalla de Iñaquito y fue desterrado a Chile por Gonzalo Pizarro; pero logró fugar en el camino y se dirigió a Méjico, de donde regresó para militar bajo las banderas reales. Casose en Quito con doña María de la Cueva, hija de Francisco Flores, el cual con su esposa y dos hijas vino de Méjico a establecerse en Quito. Bonilla murió en Quito el año de 1560, a los dos meses de haber salido de Baeza.
Alonso Bastidas era casado con doña Isabel de la Cueva, la otra hija de Francisco Flores, uno de los compañeros y soldados de Hernán Cortés en la conquista de Méjico: Flores era casado con doña Francisca de la Cueva. Este Bastidas fue uno de los primeros descubridores y conquistadores del Nuevo Reino de Granada, en compañía del capitán Vadillo. (Informaciones de servicios de Gil Ramírez Dávalos y de Alonso Bastidas: documentos inéditos en el Real Archivo de Indias en Sevilla).
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Ortegón, Descripción de la gobernación de los Quijos (Todas las noticias relativas a los usos y costumbres de los indios quijeños se han tomado del informe o descripción, que el licenciado don Diego de Ortegón remitió al Consejo, después de haber practicado la visita de esas provincias. Quito, a primero de febrero de 1577. Inédito en el Real Archivo de Indias en Sevilla).
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Baeza tenía cinco mil trece indios.
Ávila, dos mil seiscientos trece.
Archidona, dos mil trescientos setenta y seis. Ésta era la población de la gobernación de los Quijos el año de 1576. Había varias parcialidades de indios distribuidas en los términos de todas tres ciudades.
Baeza contaba con tres provincias que eran Atunquijos la Coca y Cozanga: en la primera había cuatro poblaciones, a saber Atunquijos, Chalpe, Pachamama y Coxque.
En la de la Coca estaba el pueblo del Barco, llamado así por hallarse situado en el punto en que Gonzalo Pizarro hizo construir el bergantín en que se embarcó Orellana.
En la de Cozanga se contaban los pueblos siguientes: Cozanga, Guarioita, Seteta, Conduceta y Guacamayos.
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Ortiguera, La jornada del río Marañón (En los capítulos 56.º y siguientes hasta el 61.º inclusive se encuentra la relación, prolija y circunstanciada de la sublevación de los indios de Quijos y de la destrucción de Ávila y Archidona, con el sitio y defensa de Baeza). La obra de Toribio Ortiguera se conserva inédita en la Biblioteca Nacional de Madrid.
A la pacificación de Quijos fueron enviados Rodrigo Núñez de Bonilla, el joven, y don Diego López de Zúñiga, a quien se le gratificó dándole la gobernación de Esmeraldas.
Hemos dicho que los indios serraniegos auxiliaron a los blancos para la conquista y pacificación de Quijos: el cacique de Latacunga que auxilió a Gil Ramírez Dávalos fue un don Sancho Hacho, con cuya hermana carnal estaba casado uno de los principales curacas de Quijos. El cacique de Cayambi, llamado don Jerónimo Puento, acompañó, con doscientos indios, a Rodrigo Núñez de Bonilla a la pacificación de Baeza, y estos indios de Cayambi fueron los que, haciendo una trasnochada, cayeron de improviso sobre Jumandi y lo tomaron prisionero.
La primera rebelión de los indios de Quijos sucedió en julio de 1560, un año y algo más después de fundada Baeza: la segunda estuvo completamente debelada en mayo de 1579. Tanto el obispo Peña, como el presidente Barros informaron al Rey que la causa principal del levantamiento de los Quijos fue la visita del oidor Ortegón y la manera cómo la practicó.
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Ordóñez de Zevallos, Historia y viaje del mundo, del clérigo agradecido (En los capítulos 29.º, 30.º, 31.º, 32.º, 33.º, 34.º y 35.º del libro segundo está la narración de la entrada a la gobernación de los Quijos y los sucesos, que mientras desempeñó el cargo de Vicario en ella le acontecieron. En el libro tercero hace la descripción de algunas cosas naturales dignas de atención en las mismas provincias).
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Relaciones geográficas de Indias (Citamos esta obra como fuente de nuestra narración: contiene un gran número de documentos inéditos, publicados por la primera vez, y se halla enriquecida con una extensa introducción, con notas curiosísimas y con eruditos apéndices debidos a la pluma del señor don Marcos Jiménez de la Espada, académico de la Real Academia de la Historia, y uno de los más insignes americanistas que ha tenido España: la publicación consta de cuatro grandes tomos, de los cuales el tercero y el cuarto contienen documentos relativos casi exclusivamente al Ecuador. La muerte del señor Jiménez de la Espada ha sido una calamidad para los estudios americanistas; y en este lugar cumplimos el deber de tributar el merecido elogio a su memoria, por fortuna, muy respetada en la república de las letras; así es que, nuestras alabanzas no podrán atribuirse en manera alguna a parcialidad, por los honrosos y distinguidos calificativos con que citó nuestro nombre en el volumen tercero de estas mismas Relaciones geográficas de Indias).
En el tomo primero se encuentra la Descripción de la gobernación de los Quijos hecha por el Conde de Lemos, obra que era ya muy rara: lleva también la reproducción del mapa.
Los documentos relativos a las expediciones y descubrimientos de Juan de Salinas se hallan en el tomo cuarto. Los originales que se conservan en el Real Archivo de Indias en Sevilla fueron estudiados y extractados por nosotros el año de 1885.
López de Velasco, Geografía y descripción universal de las Indias (Se publicó por la primera vez en Madrid, el año de 1894, adicionada e ilustrada por el señor don Justo Zaragoza, americanista de nota; sin embargo, la edición está llena de incorrecciones graves y aún de defectos, que enmendó y rectificó en parte el señor Jiménez de la Espada, en la Introducción al Tomo tercero de las Relaciones geográficas de Indias).
Herrera, Descripción de las Indias occidentales (La que da de la gobernación de Yaguarsongo y Bracamoros, al hacer la del distrito de la Audiencia de Quito, es cortísima, lo mismo que la de la gobernación de los Quijos: tiene su mapa correspondiente. En el capítulo catorce del libro décimo de la década quinta, vuelve a hacer una descripción, asimismo brevísima, de ambas gobernaciones).
No será por demás citar también las obras de Alsedo, de Coleti y de Raimondi; el Diccionario histórico-geográfico de Alsedo contiene noticias escasas y no del todo exactas; el de Coleti es todavía más imperfecto. Raimondi sigue al cronista Herrera, cuya autoridad aduce, copiando literalmente sus palabras. En cuanto al padre Velasco, nos reservamos emitir francamente nuestro juicio en otro lugar de esta historia.
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En cuanto a las crueldades cometidas por Salinas contra los indios, se le acusó de que los hacía despedazar vivos con lebreles adiestrados a eso; de que los enterraba vivos en hoyos, donde adrede se habían clavado estacas agudas; de que los había quemado vivos, pegando fuego a las casas en que moraban ellos con sus familias; de que, por diversión, mandaba que un pastelero les sacara las muelas y los dientes; de que los mataba metiéndoles púas por las sienes o empalándolos con un palo que les introducía por el estantino; de que los amarraban en cueros junto a los árboles en que abundaban las hormigas bravas, para que comidos por éstas, pereciesen; a las criaturas que estaban mamando las mataban los soldados, sentándose sobre ellas y aplastándolas, a vista de sus madres; a éstas les cortaban un pecho, o una mano y un pecho; amarrándoles las manos a la espalda, los despeñaban en hondos precipicios.
Todas estas crueldades se las echó en cara a Juan de Salinas el Fiscal de la Audiencia de Quito, que lo era el doctor Juan de Peralta. ¿Hubo plena verdad en todo eso? ¿ Se exageraba, tal vez?... La historia no puede ni absolver ni condenar con fundamento.