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Uno de los defectos que deslucen la Introducción al volumen de los Prosadores de la Antología ecuatoriana, es el haber hecho, sin discernimiento ni crítica, enumeración de muchos escritos, que carecen absolutamente de mérito literario. Si el caudal de una literatura se midiera sólo por el número de las piezas manuscritas o impresas de los nacionales, la moderna literatura ecuatoriana sería una de las más ricas de Sudamérica. ¿No tenemos, acaso, el Derrumbe del Taguando y otros muchos poemas impresos del fecundísimo canónigo Antonio Acosta?... Toda hierba, por ser hierba, ¿merecerá los honores de ser cultivada en un jardín?... El que uno haya escrito algo, no es razón suficiente para calificarlo de literato ni menos de autor o escritor público.

 

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SANTILLANA, Relación del origen, descendencia, política y gobierno de los Incas. Esta obra permaneció inédita hasta el año de 1879, en que la dio a luz en Madrid el señor Marcos Jiménez de la Espada, incluyéndola en el volumen, que aquel año publicó con el título de Tres relaciones de antigüedades peruanas. Sospechamos que esta Relación es, acaso, la que el padre Velasco cita como del doctor Bravo de Saravia, oidor de Lima.

 

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MORGA, Sucesos de las Islas Filipinas, Méjico, 1609. La relación comprende hasta el año de 1607, y Morga narra sucesos en los cuales tomó parte él mismo, cuando estuvo ejerciendo autoridad en el Archipiélago Filipino.

 

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Aunque las obras de don Dionisio de Alcedo estaban publicadas por la imprenta, con todo el año de 1883, hizo de casi todas ellas una nueva edición en Madrid el señor don Justo Zaragoza, uno de los más eruditos americanistas que en estos últimos tiempos han tenido asiento en la Real Academia de la Historia; el volumen lleva el título de Piraterías y agresiones de los ingleses y de otros pueblos de Europa en la América española desde el siglo décimosexto al decimoctavo, deducidas de las obras de Don Dionisio de Alcedo y Herrera. Esta publicación va precedida de una extensa introducción y está enriquecida con notas muy oportunas.

El Compendio histórico de la provincia, partidos, ciudades, astilleros, ríos y puerto de Guayaquil, fue publicado por el mismo Alcedo, en Madrid el año de 1741, y tiene un mapa pequeño de Guayaquil y de la costa, bastante bien ejecutado. El padre Velasco, no sabemos con qué fundamento, asegura que esta obra de Alcedo no es de Alcedo, sino del padre Jacinto Morán de Butrón, quien la escribió para Alcedo, y que éste la imprimió como si fuese original suya. El año de 1879, hizo el señor don Pedro Carbo en Guayaquil una nueva edición del Compendio histórico de Alcedo, reproduciendo también el mapa; pero, por desgracia, esta edición, considerada tipográficamente, es muy inferior a la de Madrid.

 

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MONTENEGRO, Itinerario para párrocos de indios, su oficio y obligaciones. Madrid, 1668, en folio. Hay otra edición en cuarto, hecha en Amberes, el año de 1726. El señor Montenegro escribió su obra a petición de muchos curas de la diócesis de Quito; merece leerse detenidamente esta obra, recomendable por muchos respectos. Un ejemplar de ella se conservaba manuscrito en la biblioteca nacional de Quito, en dos volúmenes desiguales.

 

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Esta Pastoral no tiene lugar de impresión, pero parece haber sido impresa en Lima; está fechada, en Quito, el 30 de agosto de 1725; tiene una instrucción redactada en preguntas y respuestas sobre la sagrada Comunión y el modo de recibirla dignamente, y esta misma instrucción se reproduce en la lengua quichua, tal como la hablaban los indígenas de Quito.

 

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Las obras del obispo Calama las enumera prolijamente Beristain, cuyas palabras nos parece bien reproducir aquí, copiándolas de su Biblioteca hispanoamericana septentrional, dice así: «Carta apologética de la sentencia del Sumo Pontífice Benedicto XIV, sobre que el sacerdote, que al consagrar el Pan omite la palabra est, hace válida consagración». Imp. en México, por Ontiveros, 1780. 4. «Paráfrasis del Salmo: Judica me Deus». Imp. en México, 1780. 4. «Política cristiana». Imp. en Sevilla, 1782. 4. «Oración gratulatoria al Ven. Deán y cabildo de Quito». Imp. allí, 1791. 4. «Arenga dirigida al Presidente de la Audiencia de Quito en el día solemne de San Fernando». Imp. allí, 1791. 4. «Edictos sobre Sínodos y Visita del Obispado de Quito». Imp. allí, 1791. «Carta Pastoral sobre la literatura de los eclesiásticos». Imp. allí. «Exhortación a los Ciudadanos de Quito sobre la apertura de un nuevo camino público». Imp. allí, 1791. «Plan de estudios para la Real Universidad literaria de Quito». Tres tomos en 4. Imp. allí, 1791. «Apéndice y advertencias críticas al dicho Plan». Imp. allí. «Panegírico del Doctor Angélico, Santo Tomás». Imp. «Disertación sobre el remedio del gálico en el uso de las lagartijas...». «Notas críticas puestas al margen de la Biblia estampada». M. S.

 

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En su auto contra los contrabandos expedido en Quito el 29 de junio de 1791 enumeraba el señor Calama como probabilistas a los teólogos siguientes: La Croix, Bussembaum, Tamburini, Filuccio, Torrecilla, Bonacina, Sporer, Diana, Viva, Sánchez (Tomás), Lessio, el cardenal Lugo, Hurtado, y Escobar y decía que con dolor de su corazón sabía que esos autores aún andaban en manos de muchos y rogaba y exhortaba a los sacerdotes que dieran de mano a semejantes autores. En ese mismo auto calificaba del modo siguiente al probabilismo: «El probabilismo, hijo legítimo del padrastro Pirron; el probabilismo, enemigo capital del Evangelio, adulador engañoso y traidor de las conciencias, levadura que corrompe todo el pan de la sana doctrina, ponzoña y veneno en píldoras de oro aparente... El probabilismo, según la opinión del Ilmo. Calama, era nada menos que el precursor del Antecristo».

Dispuso el Gobierno de Madrid que circulara en América la obra titulada Incommoda probabilismi escrita por el dominicano fray Luis Vicente Mas de Casavalls; por Cédula, del 13 de marzo de 1768 se mandó que todos juraran en las universidades y colegios no enseñar ni siquiera como probable la opinión del Tiranicidio, atribuida calumniosamente a los jesuitas.

 

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Uno de los principales objetos que se propuso Carlos tercero al expedir el tomo regio para la reunión de los concilios provinciales en la América española, fue extirpar el probabilismo en las cátedras de Teología Moral. Merece leerse el Dictamen, que el señor Espiñeira presentó sobre el probabilismo al Cuarto Concilio provincial de Lima, el 26 de febrero de 1772; el señor Espiñeira era obispo de la Concepción en Chile. Su dictamen se imprimió el mismo año en Lima.

 

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La historia de las cátedras de Cánones en la llamada Universidad de San Gregorio Magno no deja de ser curiosa. Los jesuitas pidieron licencia para establecer estas cátedras y el Consejo de Indias se la dio, con la condición previa de que no serían dictadas por los mismos jesuitas, por lo cual éstos se comprometieron, por escritura pública, a pagar la renta de los profesores, que fue fijada y tasada por el Gobierno; esto sucedió el año de 1706, y durante el espacio de casi sesenta años las cátedras de Cánones fueron regentadas por los mismos jesuitas, quienes en tan largo transcurso de tiempo lograron conservarlas bajo su dirección, a pesar de las repetidas órdenes que el Rey daba para que se pusiesen profesores seculares, sacando las cátedras a oposición pública; y la cuestión vino a dirimirse en tiempo de Carlos tercero, cinco años antes de la expulsión, pues en el de 1762 comenzaron los profesores seculares a enseñar las cátedras de Prima y de Vísperas. Catedrático de Prima fue don Antonio Paz, y de Vísperas don Miguel Álvarez del Corro. En cuanto a la cátedra de Instituta, desde algunos años antes la enseñaba el doctor don Mateo de Aizpuro, abogado. (En nuestro archivo privado poseemos algunos de los documentos originales relativos a este asunto, como el expediente para la fundación de las cátedras, y los autos para el pago del sueldo íntegro de los profesores. Quito, 1789).

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