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La sublevación de Guano acaeció el 1.º de septiembre de 1778; fue contra don Juan José de Villalengua, y únicamente por cavilaciones de los indios, al ver hacer el primer censo de la población.
La de Imbabura fue en 1777 en el mes de noviembre; los sublevados fueron los indios de Otavalo, San Pablo, Atuntaqui, Caranqui y Cotacachi. Esta sublevación, tan espantosa y sangrienta, no tuvo más causa que la ligereza del oidor don Gregorio Zapata, de quien decía el obispo Minayo: Es bilingüe, petardista y estafador. Zapata era español y andaba propalando que se iba a establecer la aduana, y que entonces no habría indio a quien no se le pusiera marca en la cara; tan insípido donaire fue suficiente para que los indios se sublevaran y cometieran crímenes atroces con los blancos.
De todos estos levantamientos de los indios en el siglo pasado se conservan documentos contemporáneos judiciales en los procesos y sumarios que la autoridad formó para castigarlos; sobre el trato que los corregidores y los curas les daban, conviene leer las Noticias secretas de don Jorge Juan y de don Antonio de Ulloa; en los Cedularios, así del Obispo de Quito como del Presidente y de la Audiencia, se encuentran muchas cédulas dignas de consideración sobre el modo como quería el Rey que los indios fuesen tratados. Lo relativo a la obra de civilizar a los indígenas es demasiado arduo y exigiría un grueso volumen, si hubiéramos de escribir todo cuanto sobre esa materia debería escribirse para que sea plenamente tratada. (N. del A.)