101
El ministro Gálvez le escribía a Pizarro, a nombre del Rey, desde Aranjuez, el 17 de abril de 1781 en los términos siguientes: «Se ha enterado el Rey, con mucha satisfacción, del celo, actividad y desempeño, con que Vueseñoría le ha servido en los varios empleos y comisiones que se dignó poner a su cargo, y del visible incremento que ha tenido el Real Erario por sus acertadas providencias; y me manda que en su Real Nombre manifieste a Vueseñoría su real gratitud, asegurando lo muy satisfecho que se halla Su Majestad de sus operaciones y aciertos». (N. del A.)
102
Don José Antonio de Ascásubi se casó en Quito con doña Rosa Mateu y Aranda, hija legítima de los Marqueses de Maenza; fue el primer Director del ramo de Temporalidades, con el sueldo de 1.500 pesos por año. Ascásubi era natural de Vizcaya y recibió su nombramiento dado por Diguja. El segundo Director de Temporalidades fue don Antonio de Aspiazu, a quien lo nombró Pizarro. (N. del A.)
103
Don José de Aguirre Irrisarri renunció el empleo de Gobernador, y en su lugar fue nombrado como interino don Víctor Salcedo y Somodevilla, el cual gobernó desde 1795 hasta febrero de 1796. Véase el Libro de títulos y reales cédulas de 1753 (Archivo de la Corte Suprema). (N. del A.)
104
En el capítulo siguiente volveremos a hablar de Vallejo, y, por eso, en esta nota nos limitaremos a las noticias siguientes, que como pormenores individuales no estarían bien en el texto. Zabala se llamaba Juan Mariano y era hijo natural de don Juan Ignacio Zabala en Josefa Alvarado, mujer soltera, la cual murió cuando su hijo tenía apenas tres años, por lo cual Juan Mariano vivía con Magdalena Alvarado, hermana de su madre. Estas Alvarados eran hijas de doña María Ochoa de Berna, mujer de don Dionisio Alvarado. Se le acusaba a Zabala de haber dado una herida a un zapatero y hasta de haberse robado las alhajas de la Virgen del Rosario; no alcanzó a recibir ni la absolución, y su cadáver quedó por un rato tendido boca arriba en la calle; vestía aquel día calzones y chupa de color negro. Constan estos y otros pormenores del expediente que sobre la muerte de Zabala existe original en el Archivo de Indias en Sevilla.
Con esta narración, fiel y verídica, de la muerte de Zabala se rectificarán las noticias con que se ha desfigurado el hecho, pues ni en leyendas poéticas es lícito decir lo que del espadachín Zabala ha cantado uno de los poetas del Azuay. (N. del A.)
105
El padre Ávila llamaba baile de la cuadrilla al ejercicio de las milicias. Cuando se le intimó la orden de salir de Cuenca, predicó un sermón de despedida, en el cual, entre otras cosas, dijo: «Ahora, cuando queráis oír Misa, que la diga el Gobernador; cuando queráis confesaros, que os confiese el Gobernador; cuando queráis comulgar, que os dé la Comunión el Gobernador; cuando os estéis muriendo, que os absuelva el Gobernador, &., &.». Después regresó a Cuenca y se le alzaron las censuras que se le habían impuesto. Véase el Cedulario de los Obispos de Quito, Volumen 6.º (Archivo de la Curia metropolitana). Dio una satisfacción cumplida al Gobernador y hubo además una representación de los vecinos de Cuenca en favor del padre. (N. del A.)
106
En 1781 Tovar tenía 45 años de edad, estaba viudo y era muy pobre. Entre los papeles que se le tomaron a éste, se encontró un paralelo entre los presidentes Pizarro y Diguja; se titulaba Antipatía entre Diguja y Pizarro, y se suponía escrito por la Abadesa de las monjas de la Concepción de Riobamba (Duplicados del Virrey de Bogotá: años de 1783, Archivo de Indias en Sevilla). (N. del A.)
107
Michaud, Biografía universal. Don Domingo Guerrero, Gobernador interino de Guayaquil, remitió un lagarto vivo, un tigre cachorro, dos venados, un mono de color de canela, un joyoyo pichón, un par de patos gurrufaes, un par de patos marías, doce periquitos, tres pájaros predicadores, y una culebra tigre muerta, llena de lana; eran para el Real Jardín Botánico.
En cuanto a Zelaya, se sabe que mandó para el Museo de Historia Natural de Madrid un lagarto, cuya manteca (según se refiere en la descripción que se hizo del animal) era tenida como un remedio eficaz contra el pasmo y contra el gálico. No consta que de las otras provincias que componían la presidencia de Quito se haya remitido cosa alguna para el Museo. Don Ramón García y Pizarro envió dos sillas de piedra de los antiguos indígenas pobladores de Manabí.
Entre los documentos relativos a los sucesos narrados en este capítulo, enumeraremos Las Memorias de la vida del excelentísimo señor don José García de León y Pizarro, escritas por él mismo (Tres volúmenes, Madrid, 1894, 1896 y 1897). Este don José fue hijo del Presidente de Quito y él mismo, a quien se le confirió la Sacristía de la iglesia matriz de Guayaquil. Este señor Pizarro en sus Memorias como buen hijo no dice nada que pudiera deslustrar la fama de su padre, pero la historia tiene otros deberes. Véase cómo fue recibido en Ambato el presidente Pizarro. Estaba de Alguacil de Corte un tal don Antonio de la Sala, el cual impuso a todos los vecinos una contribución de uno hasta cinco pesos a los que podían pagarla en dinero; a los que no tenían cómo contribuir en dinero les exigió la contribución en especies como gallinas, huevos, pollos, pavos y puercos gordos, y allegó así la enorme suma de treinta mil pesos sencillos. Pizarro se dejó obsequiar en Ambato durante veintiocho días seguidos y entre otros regalos se le dieron unos estribos de oro para su mujer. El tal Antonio de la Sala estaba en Ambato confinado por orden del presidente Diguja, mas Pizarro le alzó inmediatamente el confinamiento. (N. del A.)
108
Azcaray, Serie cronológica de los Presidentes de Quito. (N. del A.)
109
Villalengua fue el primero de los presidentes de Quito que redactó una Memoria para su sucesor en el mando.
De esta Memoria de Villalengua y de otros documentos contemporáneos constan los trabajos que durante su gobierno se llevaron a cabo para aseo y ornato de la ciudad. Entonces fue cuando se construyeron algunas de las fuentes públicas de piedra; de esa misma época son el altar y las imágenes o Calvario de la capilla de Belén, y la fuente que, en forma de cascada, se conserva todavía en el barrio de San Blas, frente a la iglesia de la parroquia. (N. del A.)
110
Expediente formado sobre el Hospicio y recogimiento de esta ciudad (Quito). Año de 1785 (Archivo de la Notaría eclesiástica en la Curia metropolitana). La Pastoral del señor obispo don Blas Sobrino y Minayo se imprimió aquel mismo año en Quito; no tiene lugar de impresión, pero lo fue en la única imprenta que entonces había aquí en Quito.
Parece muy conveniente dar a conocer los primeros fondos que se le asignaron al Hospicio. Un real por cada arroba de azúcar; un peso por cada botija de vino ordinario; dos pesos por cada botija del vino de Chile; dos reales por cada carga de ropas de la tierra, que se extrajeran de la ciudad a cualquiera punto del distrito de esta Audiencia.
Un mil pesos sobre cada una de las mitras de Quito y de Cuenca.
El arrendamiento del ejido de Añaquito, que producía 400 pesos anuales. Ésta era una de las entradas del Cabildo civil y fue cedida al Hospicio.
Nueve mil pesos dejados para una casa de huérfanos por el doctor don Vicente Anagoitia, Arcediano de Quito; el Obispo los adjudicó al Hospicio y se pusieron a crédito con el interés del cinco por ciento. (N. del A.)